martes, 18 de febrero de 2014

GRIETAS EN EL DISTRITO RIN

 

 

 

 

Grietas en el Eurodistrito del Rin

Rafael Poch | 17/02/2014

El referéndum de Suiza contra la emigración de la UE solo es un síntoma de cómo el proyecto europeo, socialmente devaluado por la crisis y sus estafas, pierde cohesión y base social.

La frontera  de Saint Louis, junto a Basilea

EL EUROPÍSMO SE DERRUMBA EN ALEMÁN

 

La frontera de Saint Louis (en Francia), junto a Basilea (Suiza) / Foto: Rafael P. de Feliu

Esto era la granja modelo de la Unión Europea: tres países, Francia, Alemania y Suiza, dos de ellos enemigos históricos y hoy pilares de la UE, y el tercero históricamente neutral y hoy con acuerdos estrechos con Bruselas, conviviendo, sin fronteras y con infraestructuras comunes, alrededor del Rin: el corazón de Europa.

Es el llamado “Eurodistrito del Rin” o “Aglomeración trinacional de Basilea”, con 2,3 millones de habitantes de las tres naciones. A un lado la ciudad suiza, sede de importantes industrias, al otro Saint Louis, villa francesa de la alta Alsacia, y un poco más allá Lörrach, parroquia de Baden-Württemberg, el estado más boyante de la dominante Alemania. Todo en razonable armonía. Y en eso llegó el referéndum suizo.

El día 9 los suizos aprobaron en consulta limitar la emigración europea, renegociando los acuerdos vigentes establecidos en la materia con la UE. El mandato, que habrá que ver cómo se aplica, contempla el establecimiento de unas cuotas de emigración dentro de tres años. La UE, que cada vez más se comporta como un imperio arrogante y autoritario ha recibido una bofetada de la pequeña Suiza. ¡Intolerable!

En la prensa alemana se lee que en el referéndum de Suiza, “ha ganado la estrechez de miras y la cerrazón” y ha perdido, “la tolerancia y la justicia”. La canciller Merkel ve “importantes problemas”. En Bruselas se enfadan, congelan acuerdos y amenazan con represalias.

Nadie parece ser consciente del espejo que ese referéndum, en el que indudablemente la derecha suiza ha capitalizado un resentimiento nacional hacia ciertos deterioros, ofrece a toda Europa y en primer lugar a Alemania.

Desayuno

Desayuno en Saint Louis, 20.000 habitantes y una calle sin gracia que acaba en la frontera. Bajo las banderas de Francia y Suiza un edificio de aduanas abandonado desde 2008 y con las ventanas polvorientas. Edouard Dombó es uno entre las decenas de miles de franceses que atraviesan diariamente esta frontera para trabajar en Basilea. Treinta años en “Swiss Metall”, una empresa metalúrgica que fabrica piezas para relojes. La empresa la han comprado los chinos que se van deshaciendo poco a poco de la plantilla. “Alguno de mis compañeros se ha suicidado”, dice. Ya sesentón, él se ha podido jubilar. El referéndum del domingo va a cambiar aún más el ambiente hostil hacia los “frontaliers” (en alemán “Grenzgänger”, en italiano “frontalieri”) los que atraviesan cada día la frontera para trabajar en Basilea, explica. “Mi hijo, que nació en Suiza se ha encontrado con que esta semana le han puesto problemas para obtener el pasaporte suizo, le han dicho que hay que esperar a ver qué pasa”. “Todo esto no anuncia nada bueno para Europa”, dice Dombó, nacido en Martinica y votante de François Hollande. ¿Decepcionado?, “claro, pero, ¿qué se podía esperar de Hollande? Todo esto supera a los políticos. Tampoco Obama ha podido cambiar nada en Estados Unidos”, dice. “El euro lo desordena todo, esto no hay quien lo arregle”, concluye encogiéndose de hombros.

En la sede del Comité de defensa de los trabajadores del Alto Rin (CDTF) la organización de los frontaliers, los teléfonos no paran de sonar. “El referéndum ha sido una bêtise total”, dice Jean-Luc Johaneck, presidente de la CDTF.  “Ante la crisis todo el mundo tiene miedo y éstas son las reacciones”, explica. “Va a ser muy difícil aplicar el resultado del referéndum porque Suiza necesita esa mano de obra”, pronostica Johaneck.

Almuerzo

Almuerzo en Basilea, magnífica ciudad. En su catedral gótica, tumbas de comerciantes burgueses judíos del siglo XVI junto a las de la aristocracia y el clero local. La industria de Basilea es enormemente dependiente de los “frontaliers /Grengänger” para su funcionamiento. Por eso, la ciudad ha sido, junto con Zurich y el cantón de Zug (sede de empresas fantasmas), el único de la Suiza alemana donde no ganó el referéndum.

“La consulta no va a tener incidencia inmediata, todo dependerá de cómo el gobierno aplique su mandato”, dice Katrin Bauman, jefa de recursos humanos de “Bell”, primera empresa suiza de procesamiento de carne. Con 3000 empleados en el país, “más del 60%” de la plantilla empleada en producción de la fábrica de Basilea son “frontaliers”, dice Bauman. La fábrica se ve desde la frontera y en su parking la mitad de los coches son de matrícula francesa. Al lado de “Bell” hay una fábrica del gigante Novartis, segunda empresa farmacéutica mundial. Su sede es Basilea, pero su contabilidad se hace en Chequia. Sin los extranjeros, y especialmente contra Europa, Suiza se hundiría económicamente. El pequeño país recibe de Europa la mitad de sus inversiones y le vende dos tercios de sus exportaciones. Para muestra el queso.

“Europa absorbe el 80% de la exportación de nuestro queso, que podría pagar la factura de la limitación de la emigración”, dice Manuela Sonderegger, portavoz de Switzerland Cheese Marketing. La mayor parte del emmentaler, gruyère y del apenzeller se vende en Alemania, Italia y Francia, explica.

Té a las cinco

Té vespertino en Lörrach, 48.000 habitantes. Un centro histórico antiguo destrozado por el comercio y por un sentido práctico germano sin la menor concesión a la estética. Aquí son 50.000 los alemanes que atraviesan cada día la frontera hacia Suiza para trabajar. Gracias a la tacañería salarial alemana, médicos y enfermeras ganan más del doble en Suiza. En Lörrach una enfermera gana, con suerte, 1500 euros, en Suiza 4000 francos, equivalentes a 3200 euros. En el Tesino, en la suiza italiana, una secretaria de abogado gana 3100 euros, en Italia un abogado joven, si encuentra trabajo, unos 1500. En Francia el salario mínimo es de 1700 euros. Y la diferencia va en aumento: en Suiza en mayo se votará, en otro referéndum, el establecimiento de un salario mínimo de 3300 euros. Más franceses, alemanes, e italianos, querrán ir a Suiza.

“Aunque el referéndum no tendrá una consecuencia inmediata, habrá una reacción de la UE y probablemente empeorarán las relaciones con Suiza y la actitud negativa hacia los extranjeros”, pronostica la alcaldesa de Lörrach, Gudrun Heute-Bluhm. “Quien contribuye al bienestar de un país debería sentirse bien acogido”, sentencia. La frase es buena, pero de aplicación universal.

Tal como están las cosas, cualquier sociedad europea habría respondido igual a la misma pregunta. En Alemania, por ejemplo, las encuestas arrojan una mayoría de adversarios y críticos con la emigración. Pero la diferencia entre Suiza y suis grandes vecinos no es solo los más desarrollados procedimientos de democracia directa y consultas vigentes en ese país.

Hartazgo suizo

El dato central de la emigración en Suiza es su importancia, muy superior a la de los grandes países europeos: De los casi 8 millones de habitantes de Suiza, 1,8 millones son emigrantes. En Suiza hay un 23% de emigrantes, tres veces más que en Alemania donde representan un 8,2% de la población. En el cantón suizo de Tessino, de 300.000 habitantes, cada día vienen a trabajar 60.000 “frontalieri”. Traducido al alemán es como si cada día vinieran a trabajar a Baviera 2,5 millones de checos.

A pesar de la enorme diferencia de magnitud, la derecha alemana se declara inspirada por el referéndum suizo: tanto representantes de la CSU bávara como de los euroescépticos deAlternative für Deutschland, dicen querer seguir su ejemplo.

En 40 años, la población suiza casi se ha doblado. Desde la entrada en vigor del acuerdo con la Unión Europea en la materia, en 2002, hay un flujo anual de 80.000 europeos que se instalan en Suiza, diez veces más de lo que esperaba el gobierno, y más gente de la que entra en España o casi lo mismo que en Francia, países diez veces mayores.

Entre el 30% y el 40% del personal en el ámbito de la sanidad y la asistencia es extranjero, frecuentemente alemanes mal pagados en su país. La situación no es muy diferente en otros sectores como la hostelería, el turismo y las universidades. Casi dos tercios de los profesores de la Universidad Técnica de Zurich (ETH) son extranjeros.

En ese contexto la derecha suiza no ha necesitado gran esfuerzo para atribuir a los extranjeros los cuellos de botella en la asistencia sanitaria, los atascos de tráfico y hasta la especulación y degradación del paisaje resultado del aumento de población y la metástasis de infraestructuras de transporte.

Al lado de la realidad suiza, la histeria que se ha organizado en Alemania alrededor del supuesto “turismo social” de rumanos y búlgaros, es notable. Desde que los ciudadanos de esos dos países pueden circular libremente, “en Alemania no ha habido un gran incremento del flujo ni se espera”, dicen en el consulado rumano de Berlín. Los rumanos y búlgaros que vienen a Alemania tienen mayor formación que el alemán medio (un 19% con estudios universitarios, frente al 14% alemán) y su peso entre los receptores de ayuda social es ridículo: un 0,7%.

No solo Alemania, sino Europa entera achaca a Suiza lo que ella misma practica, y con una brutalidad bien cruda, con los extracomunitarios, e incluso con los pobres del maltrecho club continental cada vez más dividido en categorías.

El problema que contiene el referéndum contra la emigración de Suiza supera con creces la cuestión del denostado “populismo” y apunta hacia algo mucho más profundo. Privada o mermada en su estado social, que era la base de su consenso civil, y convirtiéndose a marchas forzadas en un club oligárquico y autoritario con cada vez más desigualdades (entre sectores sociales y entre países), Europa se agrieta y pierde su base social. Con más explotación y más desigualdad Europa, simplemente, no vale la pena. Lástima, porque la integración de sus naciones era un buen paliativo para su histórica agresividad dominadora, por lo menos de puertas adentro.

“Fuck the EU”

Ante el retroceso del bienestar que la crisis introduce, los ciudadanos redescubren sus estados nacionales como retaguardia. El resultado es algo parecido a esa vulgar expresión que la vicesecretaria de Estado norteamericana, Victoria Nuland, dedicó a Bruselas/Berlín por no contribuir lo suficiente al cambio de régimen en Ucrania: “Fuck the EU”.

Eso es lo que han dicho los suizos, han mandado a hacer puñetas a la UE, pero sobre todo es lo que está en el ambiente en muchos países de Europa, un descontento que seguramente irá a más y que a falta de alternativas sociales y democratizantes desagua casi exclusivamente hacia la derecha política.

Polonia tiene problemas con la política medioambiental europea, Alemania quiere abrir su mercado de trabajo restrictivamente solo a la mano de obra cualificada y al final se verá tentada por crear su Kerneuropa, un club de países pata negra, en la Europa del sur se querrá renegociar la deuda, en el Reino Unido el “Fuck the EU” es programa político idiomáticamente literal… Todo el mundo quiere cambiar los torcidos contratos de un club y una moneda que tienden a ser vistos como vacas sagradas a las que hay que sacrificar el nivel de vida.

En su torre de marfil los señores de Bruselas y Berlín, parecen ignorar que el “proyecto europeo” se va al garete desde el mismo momento en el que las solidaridades (o aparentes solidaridades) y bienestares que contenía su promesa se han disuelto.

El primero en decir el “Fuck the EU” fue el propio gobierno alemán, al cerrarse en banda en el otoño de 2008 a cualquier solución solidaria del desbarajuste bancario-financiero. En lugar de eso se optó por una estrategia nacional-oligárquica para que la banca, en primer lugar  alemana y francesa, cobrara íntegramente sus deudas a costa de las clases medias y bajas. Deudas contraídas financiando estúpidas especulaciones -en el caso del ladrillo de España, Estados Unidos o Irlanda- con los enormes capitales del excedente comercial exportador, logrado a su vez,  en gran parte, con una tacañería salarial que desestabilizó a los socios.

Tras aquel primer corte de mangas al “proyecto europeo”, siguieron otros, todos antisociales y autoritarios; se cambiaron constituciones en 24 horas, se fulminaron primeros ministros por proponer referéndums (Papandreu) o por replicar (el impresentable Berlusconi), y se les sustituyó por gente de la banca; se fustigaron y reprimieron movimientos sociales como los de Grecia, España, Portugal y otros que protestaban contra la estafa (mientras se aplaudía el de Ucrania por consideraciones imperiales). Después de todo eso nadie puede extrañarse de la reacción. Suiza forma parte del mismo reflejo contra una UE crecientemente desagradable, pero seguramente será Francia la que genere el Fuck the EU más decisivo…

Hay que espabilarse para que todo ese malestar, de base completamente racional, no lo monopolice la derecha y conduzca al continente hacia un universo pardo

lunes, 10 de febrero de 2014

Miles de personas se manifiestan en Suiza por el resultado del referéndum

BERNA, CONFEDERACIÓN HELVÉTICA

La Comisión Europea señaló en un comunicado que "lamenta" esta iniciativa para la restricción de la inmigración europea a su mercado laboral. La campaña denominada "Contra la migración en masa" fue probada por un margen de apenas 0,3%

Opositores a la iniciativa denominada "Contra la migración en masa" se han manifestado en varias ciudades suizas contra el  resultado del referéndum celebrado ayer en el país.

La Comisión Europea señaló en un comunicado que "lamenta" esta iniciativa de introducir cuotas para la restricción de la inmigración europea a su mercado laboral. La medida "va en contra del principio de libertad de movimiento entre la UE y Suiza", reaccionó el Ejecutivo comunitario, a lo que añadió que "examinará las implicaciones de la iniciativa en las relaciones bilaterales entre el bloque y la Federación Helvética teniendo en cuenta el resultado del referéndum".

El miedo al trabajador inmigrante procedente de la Unión Europea se ha impuesto frente a todos los argumentos en su defensa de la clase política y de las organizaciones económicas de Suiza, que en tres años restablecerá el sistema de cuotas para regular su entrada al mercado laboral.

El Gobierno Federal suizo reaccionó señalando que este desenlace "es la expresión de un malestar" social provocado por el aumento de la población y admitió que "marca un punto de inflexión que tendrá repercusiones".

Las dos principales organizaciones empresariales de Suiza manifestaron su decepción y pidieron a las autoridades "soluciones modernas y no burocráticas" para reducir los daños a la economía nacional.

Por un estrecho margen, de apenas 0,3% , los votantes suizos aprobaron hoy en referéndum volver al antiguo sistema para limitar la entrada de trabajadores de la UE, como lo hace en el caso de todo el resto de países.

Esta iniciativa fue apoyada con el 50,3% de votos, así como por la mayoría de los 26 cantones suizos, una situación que se vive como un verdadero terremoto político y que ya ha levantado los temores sobre sus consecuencias en el conjunto de las relaciones con Bruselas.

Este referéndum fue promovido por la Unión Democrática de Centro (UDC), un partido de extrema derecha que tiene en sus registros numerosas iniciativas contra los extranjeros y los solicitantes de asilo.

Las cifras oficiales desmienten el impacto negativo de la entrada de trabajadores europeos en Suiza

El lema elegido hablaba por si sólo: "Contra la inmigración en masa", en alusión a la importante entrada en Suiza de europeos en busca de empleo, particularmente desde el inicio de la crisis económica mundial.

El resultado de hoy restablece, además de las cuotas, el principio de la preferencia por el trabajador nacional frente al extranjero, que estaba abolida desde 2002, en aplicación del acuerdo con la UE sobre la libre circulación de personas.

Todos los comentarios coinciden en que el resultado de esta consulta popular abre un periodo de gran incertidumbre en las relaciones con el bloque comunitario, del que Suiza es evidentemente muy dependiente desde el punto de vista comercial y económico.

Sin embargo, el argumento del grave impacto macroeconómico que podía tener entrar en una renegociación con la UE no fue suficiente para calmar los temores de un importante sector de la población.

La UDC acusó a la inmigración del aumento insostenible de la población y del supuesto aumento del desempleo, particularmente en las regiones fronterizas.

A nivel nacional, sin embargo, las cifras oficiales desmienten el impacto negativo de la entrada de trabajadores europeos en Suiza, donde la tasa de desempleo de 3,2% hace palidecer de envidia a casi a cualquier otro país.

Los promotores del referéndum acusaban también a los trabajadores inmigrantes del incremento de precios en el sector inmobiliario, de la sobrecarga en los trenes, de los problemas de circulación en las carreteras, así como de competencia salarial desleal, al aceptar remuneraciones menores a las que se ofrecería a un suizo.

Se considera que este resultado hará inevitablemente una renegociación no sólo del acuerdo sobre la libre circulación de personas, sino de todo el paquete de acuerdos bilaterales del que forma parte y que están vinculados jurídicamente. Esto lleva a que, si uno de los acuerdos cae, el conjunto caduca, en virtud de la denominada "cláusula guillotina", que varios políticos temen que la UE pueda decidirse a aplicar.

miércoles, 5 de febrero de 2014

SEMOS EUROPA


 
 


 

Primero fue el Mercado Común, luego la Unión Económica y por fin la Unión Europea, simulacro diferido de lo que sigue siendo puro mercado, lonja de contratación, compraventa y almoneda, conciliábulo de verduleras y carniceros.  Los valores culturales presuntamente compartidos, las tradiciones comunes, la religión y la filosofía, pura filfa, camuflaje y parafernalia, la única libertad es la libertad de mercado, la libre circulación de mercancías y de mercaderes, no de personas. Las viejas fronteras no se han borrado, algunas están más vivas que nunca, nacionalismos atávicos, banderas y banderías, el fratricidio antes que la confraternización, la Europa de las fratrias , de las patrias chicas y provincianas, del ADN y del RH. En Bruselas, burócratas y tecnócratas supervisan las transacciones, penalizan, recortan o presionan a los gobiernos subsidiarios. El  Parlamento Europeo se convierte muchas veces en el retiro de viejos guerreros de la política, jubilación bien remunerada, horarios cómodos, dietas de lujo y discreción garantizada, exilio dorado. El 50 por ciento de los ciudadanos españoles convocados a las elecciones europeas declinará comparecer ante las urnas. Bruselas no es sinónimo de unidad, su nombre es una amenaza: Bruselas dicta, impone, recomienda bajadas de sueldos, despidos más baratos, más protección y más recursos para las entidades bancarias y financieras.
En la España preuropea de los años sesenta y setenta, fuera del mercado común, en la España apestada por el franquismo, los españoles se sentían más integrados en Europa, aunque fuera a través del festival de Eurovisión. Abundaban en los cines las películas francesas, inglesas, italianas y hasta soviéticas con reparos. Londres era la meta de la modernidad, los Beatles, la Carnaby Street de Mary Quant y el Free Cinema, el modelo sueco y las canciones francesas e italianas, los provos holandeses, los hijos de Mayo del 68… Europa todavía era un sueño que hoy se ha transformado en pesadilla. Alemania va ganando la tercera guerra mundial sin disparar un tiro, la bandera europea es el euro, la moneda única, solo nos hemos puesto de acuerdo en lo monetario. Europa nos ajusta las cuentas, Europa a cara y cruz. Norte contra Sur,  Atlántico contra Mediterráneo, Europa de dos velocidades, Europa rigurosamente vigilada por los guardianes del sistema capitalista. Cayó el Muro de la Vergüenza y hoy las vergüenzas están más repartidas y a la vista.
La historia común europea es una crónica de agravios, de luchas intestinas de guerras mundiales o de andar por casa, guerra de los cien años, de los treinta, de los siete, guerras y guerrillas, genocidios y cruzadas, del imperio romano a los tercios de Flandes y a las SS, con la bendición del Papa de Roma, hogueras para los herejes, hambrunas a la sombra de los palacios. Cuando oigo hablar de tradición europea, de legado común y patrimonio espiritual echo mano a los manuales de Historia o a la Wikipedia. Esta es su Europa, quédense con ella

Por: Moncho Alpuente

Fuente:Público.es






martes, 4 de febrero de 2014

¡Las propuestas del Banco Central alemán tienen orden y concierto!

 

MARIO DRAHI. EL BANQUERO DE EUROPA

 

Yanis Varoufakis · · · · ·

02/02/14

 

Me niego a creer que el personal de la Bundesbank sea un conjunto de idiotas ilustrados. ¿Cómo interpretar, entonces, su pintoresca propuesta de que los miembros de la Eurozona que puedan llegar a verse amenazados de quiebra en el futuro tengan que recurrir a un impuesto único sobre el patrimonio y el ingreso?

Una interpretación posible es, desde luego, de la variedad del idiota especializado. Por ejemplo, Karl Whelan tuiteó: “La propuesta de la Bundesbank de un impuesto único sobre el patrimonio es una idea excelente para quienes sientan que ninguna crisis fiscal es realmente completa sin un buen pánico bancario”.

Mi interpretación, movida por una reluctancia radical a creer que el Banco Central alemán esté poblado de necios, es harto diferente. Sus propuestas no carecen de orden y concierto. Solo que hay que cavar hondo para descubrírselos…

El pasado mes de abril me quedé estupefacto tras leer el testimonio del señor Jens Weidmann ante el Tribunal Constitucional Alemán (diciembre 2012). En ese documento, el jefe de la Bundesbank dirigía sus dardos y sus flechas contra los “presuntuosos” intentos del BCE de salvar el euro (en referencia al “haremos lo que haga falta” de Draghi en junio de 2012, así como al anuncio de su Programa de OMT [Operaciones Monetarias sobre Títulos] que se puso en práctica unos meses más tarde). Dado que el señor Draghi se enfrentaba en verano de 2012 a la más dura de las elecciones –o intervenir para salvar el euro de la manera harto minimalista en que terminó haciéndolo, o dejar colapsar la moneda de la que la organización por él presidida es la única guardiana—, ¿qué tenía en la cabeza el señor Weidmann cuando, en la sede del Tribunal Constitucional de su nación, se avilantó a entrar en disputa con el señor Draghi (y con el BCE), que tiene todo el derecho, y aun la obligación, de tratar de salvar la Eurozona?

Mi respuesta entonces (en este post) fue:

“Una lectura más atenta del testimonio prestado por la Bundesbank ante el Tribunal Constitucional nos deja sólo ante dos posibles interpretaciones. Una es que el señor Weidmann ‘no lo pilla’; que no puede ver que una salida de Grecia en 2012, o una salida de Italia en 2014, significaría el final de la Eurozona; que no puede ver que el anuncio de un programa OMT por parte del señor Draghi jugó un papel crucial a la hora de frenar la desintegración de la moneda común el año pasado; que no se percata, en definitiva, de la catástrofe que representaría para empresas españolas e italianas buenas y sólidas la ruptura del mecanismo de transmisión del tipo de interés. La otra es mi interpretación: el señor Weidmann puede ver perfectamente bien que lo que se acaba de decir ocurriría inexorablemente, pero presta su testimonio y realiza sus críticas ante el Tribunal Constitucional alemán a sabiendas y como parte de una estrategia que busca la muerte del euro con mil cortes casi silenciosos.”

Pues bien; la última propuesta que acaba de avanzar la Bundesbank, de adoptarse –eso es lo que venía sarcásticamente a decir por implicación Karl Whelan en su tuit—, crearía las condiciones para que se diera un proceso de fuga de capitales desde la Periferia; de combustión lenta al principio, llegado empero un momento de crecida de la tensión fiscal, la paulatina fuga de capitales trocaría en un verdadero éxodo. Yo no tengo la menor duda de que los escalafones superiores de la Bundesbank entienden eso perfectamente. Y precisamente por eso proponen el impuesto único: porque el propósito a largo plazo de la Bundesbank ha sido siempre el de una Eurozona más pequeña, preferiblemente no perturbable por ningún Estado miembro al oeste del Rin y al sur de los Alpes.

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, acaba de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

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martes, 28 de enero de 2014

Disputar Europa

 

 

Catedral de Estrasburgo

 

Gerardo Pisarello  [SinPermiso]

 

Para un sector importante de la población, las elecciones europeas son una convocatoria inservible. Si la clase política local se encuentra bajo severa sospecha, en el caso europeo el juicio es aún más duro. El Parlamento Europeo es percibido como una institución lejana, con competencias misteriosas pero más bien inútiles y un papel marginal en el entramado institucional de la Unión Europea (UE). En parte del imaginario colectivo, su mayor servicio al bien común consiste en haber acogido a políticos retirados, asegurándoles una jubilación plácida, sin sobresaltos. Son este tipo de imágenes las que alimentan, no sin razón, las previsiones abstencionistas. De ahí la tendencia a minimizar la importancia de estos comicios, a tratarlos si acaso como una oportunidad para medir fuerzas locales y para ganar músculo de cara a pugnas electorales posteriores.

Y sin embargo, todo ello ocurre en un momento en el que Europa se ha convertido en un terreno de batalla decisivo. Más, sin duda, que hace cinco años, cuando la expropiación política y económica de las poblaciones del continente -sobre todo del Sur y del Este-, no era tan drástica. Es en la UE, de hecho, donde se fraguan parte de los rescates a entidades financieras que hincharon las burbujas especulativas y que ahora se benefician impunemente de su estallido. Es en la UE donde los hombres de negro y el club de amigos de Goldman Sachs ultiman los planes de austeridad que condenan a millones a la precariedad y a la exclusión. Es en la UE donde los lobbies de las principales transnacionales presionan para limitar la libertad de expresión en la red y otros medios o para laminar los estándares laborales, sociales y ecológicos.

Combatir esta ofensiva desde la propia UE no es fácil. Antes de 1979, el Parlamento europeo estaba integrado por delegaciones de los parlamentos estatales. Esto permitía un vínculo algo más estrecho entre la política local y la comunitaria. Cuando se introdujeron las elecciones directas al Parlamento, los diputados de uno y otro ámbito dejaron de reunirse. El cambio dio pie a una paradoja. Había cuestiones que se discutían en Estrasburgo, pero cuando llegaba el momento de plantearlas en los parlamentos estatales, nadie sabía lo que su propio partido había propuesto.

Este alejamiento, sumado al creciente protagonismo de instituciones sin legitimidad democrática como la Comisión Europea, el Banco Central o el Tribunal de Luxemburgo, acabó por dinamitar el carisma del Parlamento. Daba igual que cada nuevo Tratado recordara la conquista de unas cuantas competencias. La percepción generalizada era que allí había poco que hacer. Esto se reflejó de manera nítida en la participación electoral. En 1979, fue de un 63%. Desde entonces, no ha dejado de caer. 61% en 1984; 58,5% en 1989; 56,8% en 1994; 49,8% en 1999; 45,5% en 2004; 43% en 2009.

Para algunas posiciones críticas, esta tendencia señalaría una línea de actuación: dejar languidecer el Parlamento y replegarse en el ámbito local. El europapanatismo profesado por las elites que se han rendido a la Troika y que en estos días desfilan en los salones de Davos hace comprensible esta reacción. Pero afirmarse sin más en ella puede resultar peligroso.

De entrada, ninguno de los partidos responsables de la actual deriva antidemocrática y autoritaria de la UE -incluidos el PP y el PSOE- dejarán de ir a Estrasburgo a cumplir su papel. La extrema derecha de Marine Le Pen o de Geert Wilders tampoco resignará este espacio. Aborrecerá en público la pérdida de “soberanía nacional” en beneficio de la “tecnocracia de Bruselas”. Pero hará todo lo posible por conseguir en el Parlamento un altavoz que le permita propagar sus causas: atacar a la “plutocracia” mientras pacta con banqueros y grandes empresas, convertir a la inmigración en chivo expiatorio de la crisis o azuzar el chovinismo y la islamofobia.

Los movimientos sociales y sindicales partidarios de una radicalización democrática y las fuerzas transformadoras de izquierdas y ecologistas no pueden dejar el campo libre a estas iniciativas. Ni aquí, ni en Grecia, ni en Portugal, ni en Alemania. Quizás el Parlamento europeo cuente poco y su presencia mediática sea escasa. Pero también puede ser una caja de resonancia y un espacio de contrapoder y resistencia. La experiencia de los últimos años lo atestigua: mientras más controladas estén las instituciones europeas por fuerzas tecnocráticas o reaccionarias, mayor será el sufrimiento y la impotencia de las poblaciones locales, comenzando por las más vulnerables.

Dar batalla en las instancias supraestatales no está reñido con la defensa de la organización desde abajo y de las iniciativas cooperativas en el territorio, en los lugares de trabajo, o en las pequeñas escalas en general. Por el contrario, el fortalecimiento de la democracia en estos ámbitos depende estrechamente de lo que se consiga en escalas más amplias. Para revertir el fraude y la regresividad fiscal, para poner fin a las deudas ilegítimas e impagables, para combatir la xenofobia y la homofobia o para contrarrestar, sencillamente, la oligarquización de la vida política y económica. Llevar la necesidad de una ruptura democrática más allá de las fronteras, denunciar los cantos de sirena del repliegue estatal y crear las condiciones para un proceso constituyente, también europeo, no es sencillo. Pero o se hace desde premisas solidarias, internacionalistas, o la serpiente incubará su huevo racista y anti-igualitario también en el corazón del continente.

Gerardo Pisarello es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

lunes, 20 de enero de 2014

Hungría: panorama pre-electoral

BUDAPEST EN CONSTRUCCIÓN

 

Jake Blumgart · · · · ·

12/01/14

Todo en Budapest parece estar en construcción. Al salir de la estación central de ferrocarril, tras llegar a la ciudad, tuve que abrirme paso entre un montón de maquinaria pesada y de hormigón hecho pedazos: la herencia de una línea de metro que ha estado en construcción desde 2009. En la orilla oriental del Danubio, los turistas se pasean entre encorvados trabajadores de la construcción para acceder al gran número de tiendas pijas en las calles que están siendo repavimentadas. El edificio del parlamento húngaro, con su bosque de agujas puntiagudas en fila, se encuentra vallado e inaccesible desde el este debido a un proyecto masivo de renovación: una eficaz pantalla contra las concentraciones de protesta que se realizan en la plaza con regularidad.

La renovación de las secciones más importantes de la ciudad parece que se debe a la proximidad de las elecciones del 2014, que serán las primeras desde que el partido conservador de Fidesz consiguió 262 de los 386 escaños en el parlamento. El líder del partido, Víktor Orbán, es el más respetado de los antiguos oponentes al régimen comunista. Orbán fue descrito por el historiador Timothy Garton Ash en 1989 como el activista “fogoso de la barba negra” que fue el único orador en la conmemoración de la muerte del líder disidente Imre Nagy capaz de inspirar una ferviente respuesta entre la inquieta multitud. “De entre todos los líderes de la era poscomunista , es el único al que se construirá un monumento”, según me contó un periodista.

Pero desde los embriagadores días de 1989, Orbán ha girado más que nunca hacia la derecha. De nuevo, su partido parece destinado a otra victoria electoral. Los partidos de centroizquierda disponen de poca legimitidad o incluso de poca energía para desafiarle. Sus débiles filas están integradas por viejos fieles militantes y tecnócratas neoliberales. Y la única fuerza que parece querer aprovechar el descontento masivo es el partido fascista Jobbik, una de las formaciones de extrema derecha más fuertes de Europa.

De vuelta al autoritarismo

La mayoría parlamentaria absoluta que Fidesz ganó en 2010 fue de tal dimensión que el partido pudo reescribir la Constitución a voluntad, sin tener que consultar a otros partidos políticos. En 2011, hicieron exactamente eso: diseñarla desde cero con artículos que atentaban contra la independencia de los medios, el poder judicial, el Banco Central, y enfatizaban la identidad cristiana de Hungría. (El nuevo documento engloba la idea de que la vida empieza en la concepción, y que el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.) Los llamamientos a un referéndum popular para aprobar la nueva Constitución fueron desechados, e importantes responsables de instituciones culturales en Budapest fueron reemplazados por miembros fieles al partido.

Las reformas de Fidesz que tenían en el punto de mira a las instituciones socialdemócratas han sido objeto de menor atención. Se ha acabado con la educación superior gratuita y ahora se cobran tasas. Los impuestos progresivos han sido reemplazados por un impuesto fijo del 16%, sin que ni siquiera formase parte de su programa electoral. El gobierno está intentando recuperar los ingresos perdidos con una versión bastarda del impuesto Tobin, que tasa no solo a las altas finanzas, sino también a las transacciones cotidianas, como pagar las facturas de la luz y el agua o las tarjetas crédito.

Se ha impuesto un sustancial aumento de un 27,5% en los impuestos sobre bienes de primera necesidad. Las nuevas reformas laborales han debilitado drásticamente los derechos de los trabajadores, haciendo que sea más fácil echar a los empleados enfermos o a los que protestan; ha limitado la protección legal reduciéndola a un número restringido de sindicalistas en el lugar de trabajo, y ha eliminado las negociaciones colectivas de las empresas públicas.

La izquierda gira hacia el neoliberalismo

Estas políticas de mano dura de Orbán han provocado críticas internacionales. Sin embargo, la debilidad de los movimientos de oposición en el país y la falta de una alternativa progresista eficaz ha sido todavía menos estudiada.

Recientes artículos en el Wall Street Journal y en The Economist han vitoreado las maniobras de los principales partidos de centroizquierda: el tímidamente moderado Juntos-2014, y los socialistas de centro-izquierdas del MSZP, que gobernaron entre 2002-2010 en coalición con el ahora difunto partido liberal, la Alianza de los Demócratas libres. La victoria total de Fidesz en 2010 se debió a la corrupción, a los errores policiales, y a una clara incompetencia del MSZP. Su liderazgo está compuesto básicamente por remanentes de la vieja clase gobernante del Partido Comunista, que han renovado sus tendencias oligárquicas y que ahora gobiernan como neoliberales, aplicando las órdenes que vienen ahora de Washington y Bruselas en lugar de Moscú.

Tras las elecciones de 2006, el MSZP privatizó el sistema sanitario universal, que tenía más de 40 años, y lo sustituyó por un sistema dualizado, que se basa en un sistema de asistencia pública para los pobres y seguros privados para aquellos que se lo puedan permitir. El plan cerró muchos hospitales públicos. Existen problemas reales en el sistema sanitario húngaro, incluyendo la excesiva prescripción de medicamentos, doctores con bajos salarios y dispuestos al soborno y resultados médicos terribles. Pero los esfuerzos del MSZP no dieron lugar a ahorros significativos: “la mayor parte del fracaso (en el gasto médico) proviene del éxito del ministro a la hora de promover los genéricos más baratos en lugar de medicamentos de marca”, en palabras de un think tank pro-privatización.

Los socialistas desmontaron las instituciones social-demócratas, y Orbán vio una salida política. Encabezó la lucha contra las políticas de privatización del MSZP y se las arregló para forzar un referéndum nacional sobre ellas, en el que en 2008 fueron derrotas por un 80% de los votos. La derrota de la reforma sanitaria fue una avanzadilla de lo que tenía que venir: en 2010, el MSZP perdió 131 escaños en el parlamento, y sus aliados liberales fueron expulsados del parlamento por primera vez desde la caída del comunismo. Desde entonces, las estadísticas les han mostrado una y otra vez con un apoyo de menos de la mitad que el de Fidesz, y un reciente seguimiento por edad muestra que su base tiende a disminuir. Fidesz va muy por delante de sus competidores en todas las categorías por edad; el MSZP solo mejora en un 20% entre aquellos encuestados con más de 47, y se acerca a los conservadores solo entre los encuestados de 73 años y mayores.

Otros factores hacen que la revitalización de la izquierda sea improbable. Por encima de todo, la densidad sindical en Hungría ha caído del 19,7% en 2001 al 12% en 2009. La mayoría del movimiento obrero húngaro está formado por sindicatos que ya eran miembros de la SZOT, la domesticada federación oficial de la era comunista. La segunda federación sindical más grande, basada en el sector privado, MSZOSZ, ha seguido afiliada al MSZP, pero no tiene relación con grupos progresistas.

El movimiento obrero en su conjunto parece moribundo, con una palpable falta de nuevos esfuerzos organizativos y con unos afiliados relativamente mayores, la mayoría entre los 40 y los 54 años. En mayo de 2013, tres de las federaciones sindicales, incluyendo MSZOSZ y la mayor de ellas, implantada en el sector público, SZEF, anunciaron sus planes para unirse en una supra federación, en un intento de presentar un frente unido a Fidesz. (Orbán ha estado valiéndose de tácticas de “divide y vencerás” en sus negociaciones con las facciones del movimiento obrero). Pero a menos que la nueva gran organización, haga precisamente eso, organizar a nuevos afiliados, parece poco probable que los esfuerzos den sus frutos.

Aunque el movimiento obrero puede resurgir (los sindicatos de enfermeras lucharon contra el intento del MSZP de privatizar el sistema sanitario, y la mayoría del movimiento obrero luchó a la defensiva contra las reformas antiobreras de Fidesz), sus dirigentes muestran un marcado desinterés en lograr alianzas con otros movimientos sociales. Los activistas sociales que han intentado sumarse a los piquetes o coordinar acciones de solidaridad han sido recibidos con sorpresa. Entretanto, las ONG’s tienen una fuerte presencia en Budapest, incluyendo una serie de organizaciones que defienden los derechos de los gitanos, pero que no tienen ninguna implantación popular, ninguna capacidad de movilización y tampoco de influir en el gobierno. Las ONGs no tienen poder para forzar cambios o para influir en políticos destacados, a la vez que los sindicatos no disponen de recursos para llegar más allá de sus propios afiliados.

Los bárbaros a las puertas

El tercer mayor partido en Hungría es Jobbik, una formación filofascista con una ideología racista antisemita y anti-gitana, y con un sector paramilitar, la Magyar Garda, con la que se coordinan. Este grupo es el que tiene peor fama por la bárbara ocupación de Gyöngyöspata, una pequeña y empobrecida ciudad que, como en la mayoría de pueblos húngaros, hay tensiones entre la minoría gitana, relegada a escuelas destartaladas y a casas por debajo de los estándares normales en las afueras de la ciudad, y los húngaros étnicos.

Con la excusa de que la ciudad ha sido destruida por los “crímenes gitanos”, las milicias de la extrema derecha afiliadas a Jobbik marcharon sobre la ciudad con hachas y después llevaron a cabo “patrullas de vigilancia del vecindario” durante dos meses, simplemente para aterrorizar a los gitanos. A pesar de que el gobierno ha supuestamente tomado medidas contra tal despliegue, el partido todavía convoca marchas con antorchas, repletas de uniformes escalofriantes y de eslóganes racistas, y los miembros uniformados de la milicia hicieron abiertamente su instrucción frente a la reciente convención en Budapest del Congreso Judío Internacional. Su legitimidad política es intocable –en claro contraste con sus homónimos griegos, el partido Aurora Dorada, que ha sido prohibido por el gobierno y que se ha visto enfrentado en las calles por la izquierda organizada.

Las poblaciones rurales en la zona económicamente deprimida del este de Hungría, donde habita la mayor parte de la población gitana, constituyen una base potencial para un partido de extrema derecha. No obstante, el apoyo fascista entre los jóvenes habla por sí solo de la falta de alternativas reales a los partidos políticos establecidos. Las encuestas favorecen a Jobbik más que a MSZP en todos los grupos menores de 47, con un mayor apoyo entre los 18 y 22 años. Con su estable base entre los pensionistas de la tercera edad, el partido socialista no consigue llamar la atención de los jóvenes. Ningún otro grupo progresista ha conseguido llenar el vacío, dejando que los partidos de la derecha atraigan a aquellos insatisfechos con el statu quo. La accidentada integración de Hungría en la Unión Europea y el shock de la gran recesión tuvieron lugar durante el gobierno del centroizquierda; solo Fidesz y Jobbik se han reforzado con sus terribles consecuencias, gracias a sus esfuerzos organizativos sobre el terreno.

Jobbik ofrece becas universitarias, una táctica especialmente popular dado a la reciente introducción de tasas. A medida que se iban reforzando a mediados de la década del 2000, los fascistas organizaron conciertos, fiestas, y otras celebraciones con poco contenido político explícito, pero que sirvieron para construir su popularidad entre los jóvenes húngaros. Hoy, todos los partidos políticos mayoritarios tienen presencia en los mercados públicos, normalmente un puesto con publicaciones sobre el partido y un complaciente representante. Pero Jobbik fue el primero, años antes que los demás. También ha desarrollado su propio juego sobre el terreno, con visitas puerta a puerta, recavando votos. La recompensa por esta estrategia, de organización a ras del suelo, puede verse en sus ascendentes estadísticas.

El camino a seguir

No existe un equivalente húngaro a la Die Linke alemana o a la Syriza griega, que ofrezcan alternativas progresistas a los partidos de centroizquierda de toda la vida. Los tres mayores partidos húngaros de centroizquierda están a la gresca unos con otros, con muy poco interés público por sus rasgos ideológicos. Todos ellos se contentan con una propaganda anti-Orbán, mientras que su partido sigue subiendo en las encuestas con más fuerza que ninguno de ellos.

Podría haber sitio para que emergiera un nuevo partido de izquierda, pero el único esfuerzo visible en el horizonte es el Movimiento por la Cuarta República (4K!), un partido socialdemócrata que se presenta a las urnas por primera vez en 2014. Dicen tener 400 miembros, la mayoría en los veinte o treinta años (poca afiliación, pero la militancia política no supone un fiel indicador de la fuerza electoral en Hungría).

La sede del 4K! en el centro de la ciudad parece pequeña, todavía provisional. Situados en un laberinto de oficinas que incluyen una unidad de periodismo de investigación, un teatro, y una cafetería en un viejo almacén, unos pocos hombres y mujeres bromeaban en sus pantallas de ordenador el día que los visité, sentados entre cajas de pegatinas y carteles de György Dózsa, un campesino que lideró, alrededor del 1400, una cruzada contra la nobleza local. El presidente del 4K!, András Istvánffy, es joven, un chico simpático con un inglés casi perfecto, que puede hablar entusiasmado sobre política y macroeconomía sin parecer estar dando clase.

4K! tiene pocas posibilidades de alcanzar en 2014 el umbral del 5% que se necesita para conseguir representación parlamentaria, pero Istvánffy no parece especialmente preocupado por este hecho. Son un partido joven, fundado en los dos últimos años tras una larga lucha por conseguir su legalización. Estas serán sus primeras elecciones y creen que tienen una oportunidad de subirse al carro: solo con que el partido gane el 1% de los votos, serían elegibles para una financiación estatal para su campaña-.

4K! espera convocar tanto a los jóvenes como a aquellos hartos del centroizquierda establecido, pero que no están interesados ni en Jobbik ni en Orbán. El nombre del partido se refiere a la nueva constitución de Orbán, que ellos consideran ha puesto punto final a la Tercera República formada tras la caída del comunismo. Quieren volver a las normas democráticas del período post-1989, pero con un mayor contrato social.

“La Tercerca República solo cumplió unas pocas de sus promesas… [creando] un sistema estable multipartidista, un estado de derecho, y libertades básicas garantizadas para todo el mundo” La plataforma del partido 4K! dice: “El país ha perdido el mínimo común de civilización que se logró tras el socialismo, es decir, que la sociedad no abandonase a ninguno de sus miembros. Además, la Tercera República casi ha abandonado a los gitanos.”

Pocos húngaros recuerdan la era comunista con afecto. Pero tal y como la plataforma 4K! apunta, hay muchos que echan de menos un poco la seguridad económica del sistema. En aquellos días, el Estado daba trabajo a casi todo el mundo, incluyendo a los gitanos, que ahora se enfrentan a la violencia de Jobbik y a una tasa de desempleo seis veces peor que la de la media nacional del 10%. El Estado comunista proscribía la indigencia. Pero como casi todo el mundo tenía trabajo, incluso los más pobres podían al menos permitirse pagar una habitación en las enormes instituciones conocidas como munkásszálló, hostales donde la gente soltera podía alojarse.

Hoy, Fidesz también ha proscrito la indigencia (una ley que el tribunal Constitucional declaró inconstitucional, y Orbán simplemente cambió la constitución para que encajase en ella), pero la nueva Hungría no ofrece nuevos programas sociales para albergar a aquellos que lo necesitan. Las estaciones y las bocas del metro de Budapest están llenas de gente en sacos de dormir: una visión impactante para aquellos que recuerden la era comunista, cuando nadie dormía en la calle. La indigencia es la enfermedad más obvia de las que acechan a Hungría, como la rampante falta de empleo y el atribulado sistema sanitario, de lo que no puede culparse solo a Orbán: los socialistas y otras élites post-1989 comparten también responsabilidades.

La masiva oposición al programa de privatización de la sanidad y la erosión de la base del partido sugieren que podría haber pronto espacio en el espectro político húngaro para un partido dispuesto a luchar por el estado del bienestar. Hasta entonces, las opciones se quedan en lo neoliberal, fascistas o Orbán. Dadas una opciones tan poco apetecibles, Fidesz no necesita estar reconstruyendo constantemente Budapest para recordar a todo el mundo que ellos son la única apuesta seria en el país.

Jake Blumgart es un joven periodista independiente norteamericano que colabora con la revistaJacobin

jueves, 26 de enero de 2012

HUNGRÍA NAZI

Viktor Orban

Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania convierte en tabú el holocausto judío y en Budapest se sueña con la gran Hungría

El parlamento de Estonia aprobará en marzo, por amplia mayoría, conceder el título de "luchadores de la libertad" a los miembros de la "Legión SS" estonia que combatió al lado de Hitler contra los soviéticos en la segunda guerra mundial.

Los veteranos estonianos de la SS, unos 12.000 hombres en 1944, glorifican desde hace años su participación en la guerra en actos oficiales concurridos por veteranos de las SS y jóvenes neonazis de otros países, pero la de marzo será la primera ley en materia de "luchadores por la libertad".

Algo parecido ocurre en Ucrania Occidental, donde se glorifica desde hace años a los combatientes de la división "Galizia" de las SS.

En Budapest, cada 11 de febrero se reúnen ultraderechistas de Alemania, Eslovaquia, Bulgaria y Serbia para conmemorar el llamado "Día del honor". La jornada recuerda el fin de la batalla por Budapest en la que un ejército de 100.000 soldados, alemanes y húngaros, rodeados por los soviéticos mantuvieron la posición durante 52 días, en 1945.

"Occidente se defendió de las hordas rojas de las estepas de Asia con un inmenso tributo de sangre y heroísmo", señala la convocatoria de grupos neonazis alemanes para acudir este año al acto de Budapest.

El cerco de Budapest tuvo entre sus consecuencias la aniquilación de gran parte de los últimos judíos que aun quedaban en la ciudad, a manos de los fascistas húngaros.

"En muchos países del antiguo bloque oriental se está abriendo paso una unilateral versión de la historia a la medida de la ultraderecha", constata el periodista rumano-alemán William Totok.

El fenómeno supera lo meramente histórico para manifestarse en una creciente hegemonía política derechista que parece estar calcando el mapa de los años treinta, cuando la región estuvo dominada por regímenes ultraderechistas.

Regreso a un mapa conocido

Los países bálticos, Rumanía, Bulgaria, Hungría, la Ucrania occidental y la católica y conservadora Polonia, vuelven a destacar en papeles en los que ya se les vio en vísperas de la segunda guerra mundial.

En la segunda guerra mundial seis países europeos fueron aliados militares de Hitler: Finlandia, Hungría, Rumanía, Italia, Eslovaquía y Croacia. Sólo Finlandia, que no se identificó con la ideología racista que animaba la guerra, mantuvo un sistema democrático dentro de aquel bloque y contó hasta el final con soldados y oficiales judíos en su ejército.

Otro grupo de países oficialmente "neutrales" u ocupados como, España, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca y Noruega, enviaron voluntarios a luchar con Hitler.

En los países bálticos, en el Cáucaso del norte, en Polonia, Ucrania y Bielorrusia, así como en la misma Rusia, los agravios históricos del dominio imperial ruso, de la represión y deportación estalinistas, de la colectivización agraria y la cuestión nacional, o los ecos de la propia guerra civil rusa, se tradujeron en luchas activas contra la URSS de Stalin, que Hitler instrumentalizó en su favor de diversas maneras.

Nuevo "macartismo" europeo

La llamada "Declaración de Praga" de junio de 2008, iniciada por Vaclav Havel y otros disidentes anticomunistas del antiguo bloque del Este, y parcialmente bendecida por la Unión Europea, dio alas a no pocas tendencias internas en esos países al equiparar nazismo y comunismo. Con el paquete del anticomunismo regresa el antisemitismo y el maltrato al gitano.

En Lituania, por ejemplo, desapareció de la visión, la aniquilación del 95% de los 220.000 judíos locales, entre 1941 y 1944. Los alemanes daban las órdenes, pero la mayoría de los ejecutores del exterminio fueron voluntarios lituanos. La memoria de ese colaboracionismo criminal no existe.

Los lituanos, que sufrieron mucho a manos de los soviéticos, se han escudado en los 30.000 de ellos que fueron deportados a Siberia en 1941, y en las decenas de miles que volvieron a serlo o fueron ejecutados al concluir la guerra, para construir una conciencia nacional limpia y sin tacha, pese a que tiene 195.000 cadáveres judíos en el armario.

En el Museo Nacional de Vilnius la narración salta desde el periodo 1939-1941 hasta 1944, sin detenerse en los años claves del holocausto y el colaboracionismo. Desde junio de 2010 el código penal lituano criminaliza la puesta en cuestión del "doble genocidio".

En 2008 se estableció la prohibición de símbolos nazis y comunistas, pero un tribunal de Klaipeda sentenció en 2010 que la esvástica pertenece al "patrimonio cultural lituano".

Por la misma equiparación, en Rumanía una organización no puede denominarse "comunista" sin exponerse a ser considerada, "amenaza para la seguridad nacional".

El gobierno rumano prepara una ley que prohíbe actos públicos que "propaguen ideas totalitarias, es decir fascistas, comunistas, racistas o chovinistas".

En Chequia el Partido Comunista está amenazado de ilegalización por la misma idea. La situación en Polonia quedó ilustrada el pasado diciembre cuando el periodista polaco Kamil Majchrzak, redactor de Le Monde Diplomatique, una publicación de izquierdas, pidió, durante una conferencia pronunciada en Berlín, que no le hicieran fotos por estar amenazado por la extrema derecha en su país.

En Hungría, los miembros del ex partido comunista, muchos de ellos ahora en el partido socialista, podrán ser perseguidos judicialmente por "delitos comunistas" cometidos antes de 1989, de acuerdo a las nuevas normas introducidas por el gobierno de Viktor Orban.

Revanchismo nacional

El nuevo derecho electoral contemplado por Budapest para los húngaros residentes en el extranjero, es decir en primer lugar para las abultadas minorías húngaras existentes en Eslovaquia, Serbia y Rumania, es una invitación al revisionismo de las fronteras, a cuestionar el Tratado del Trianon, que, después de la Primera Guerra Mundial, restó a Hungría casi la tercera parte de su territorio.

Tal revisionismo es impensable, o muy difícil, en el cuadro de la Unión Europea, y por esa razón hay que vigilar las tendencias anti Unión Europea que comienzan a aflorar al calor de la crisis.

En Hungría, la degradación socio-económica ha liberado el sueño de la "Gran Hungría", explica el periodista y experto en cultura magiar, Bruno Ventavoli.

"Los valores de la democracia, del pluralismo, del diálogo o de la diversidad parecen superfluos, cuando en la vida cotidiana no hay dinero para hacer la compra o pagar facturas. Así nace la tentación de replegarse sobre si mismos, soñando con una Gran Hungría, aderezada con una sospecha de victimización por las heridas de la historia; desde las guerras contra los turcos a la invasión soviética, pasando por el tratado del Trianon", dice Ventavoli.

Bruselas y Budapest

En Bruselas no pasó gran cosa mientras el primer ministro húngaro, Viktor Orban, se limitaba a restringir la democracia con medidas y proyectos que atentan contra la libertad de prensa o la división de poderes, o a purgar la administración y los medios de comunicación de voces críticas y afirmar una constitución que recuerda a la época del Almirante Horthy.

El Partido Popular Europeo, al que pertenecen los partidos del gobierno de Sarkozy y Merkel, no se inmutó por ello.

El problema empezó de verdad cuando Orban apuntó medidas como: modificar el sistema fiscal, nacionalizar los fondos privados de pensiones, dar al parlamento derecho de veto sobre la legislación europea y, sobre todo, someter a su banco central al control directo del gobierno.

Fue entonces cuando Bruselas clamó que "los valores europeos" están en peligro en Hungría y comenzó a urdir, en compañía del FMI, el propósito de desplazar a Orban del gobierno.

La banca austriaca está muy expuesta en la economía húngara, que está al borde de la quiebra. Aunque Hungría no esté en el euro, esa conexión austriaca es vista con prevención.

Fraguando el tercer golpe

Pero realizar un tercer golpe de estado tecnocrático en Europa, después del griego y el italiano, es complicado, señala el diario "Népszabadság". "No es fácil destituir a un primer ministro desde el exterior cuando ha resultado electo y cuenta con dos tercios de los escaños del Parlamento, y aun lo es más si la oposición está fragilizada", observa.

Orban llegó al poder en 2010 como reacción al desencanto con una coalición de gobierno anterior encabezada por los socialistas.

Aquel desencanto también consagró al partido fascista Jobbik como tercera fuerza del país. En 2008 los socialistas y sus socios iniciaron duras medidas de ajuste y de desmonte del sector público bajo el dictado del FMI que Orban ha continuado.

El primer ministro tiene una sólida mayoría apoyando su proyecto retrógrado-populista, frente al escenario europeo, que responde a lo que la canciller alemana, Angela Merkel, define como una "democracia acorde con el mercado".

Los cien mil húngaros que salieron el 2 de enero a la calle en Budapest contra Orban, están aprisionados entre dos escenarios antidemocráticos, el nacional derechista de su gobierno y el europeo tecnocrático de Berlín y Bruselas, en muchas cosas redundantes, que disuelven ambos la democracia y la soberanía nacional.

"Además de querer conservar un régimen representativo y constitucional, las potencias occidentales y la Comisión Europea quieren que Hungría adopte una política económica que no sirve a los intereses del pueblo magiar", dice el filósofo Gáspár Miklós Tamás.

"Decepcionado en muchas ocasiones, el pueblo húngaro podría no ver en la "causa democrática" de Bruselas más que un mero adorno puesto como colofón a unas medidas de austeridad cada vez más pesadas, impuestas por las potencias occcidentales preocupadas por la estabilidad financiera", dice. Esa contradicción convierte en "muy frágil" la situación de la oposición húngara, concluye.

La extrema derecha puede liderar

"El gobierno debe repensar varias leyes, sobre todo las que conciernen a la independencia del Banco Central", señala el Financial Times Deutschland, una declaración en la que lo más significativo es ese "sobre todo".

Cuestionar la "independencia" bancaria, que no es más que servicio al sector privado y que en el caso del Banco Central Europeo condena a la eurozona a la miseria especulativa con los bonos de la deuda pública, es un peligroso precedente europeo de rebeldía y desafio a la nueva seudodemocracia europea "acorde con el mercado".

La paradoja es que ese precedente de rebeldía lo está sentando un gobierno populista con tendencia de extrema derecha, no un gobierno de izquierda. El mensaje no puede ser más claro: En Europa la crisis está creando agujeros negros.

El caso húngaro advierte, de la forma más clara, que la extrema derecha, con su desprecio al débil, su racismo, su xenofobia y su propensión al militarismo, está dispuesta a rellenar ese agujero con programas y propuestas perfectamente capaces de conquistar la calle y el liderazgo.

Rafael Poch, amigo y colaborador de SinPermiso, es el corresponsal en Berlín del diario barcelonés La Vanguardia.

La Vanguardia, 16 de enero de 2012

Traducción para www.sinpermiso.info: Betsabé García

1914: El fin de la Belle Epoque

 

Michel Winock · · · · ·

19/01/14


 

Bella, desde luego, no lo fue para todos. Pero esta edad de oro de la burguesía supuso un periodo de una creatividad excepcional. El gran historiador francés Michel Winock relata lo que fueron estos tiempos, cuya nostalgia no dejará de cultivar la Francia de postguerra, en una entrevista con Claude Weill para el semanario parisino Le Nouvel Observateur.    

Le Nouvel Observateur - ¿Existió la Belle Epoque? ¿O es un mito, una ilusión retrospectiva?

Michel Winock – Un mito, si se quiere, porque esta época no fue bella para todo el mundo. La protección social era débil, las desigualdades considerables, la esperanza de vida al nacer no superaba los 50 años…Buen número de índices nos sugieren que esta “bella época” fue sobre todo la de una burguesía triunfante cuya felicidad no era muy compartida por los mineros de Carmaux o los obreros del textil de Roubaix. 

¿De cuándo data la expresión misma?

Nace tras la gran matanza del 14-18. La Belle Epoque era, en primer lugar, la preguerra: los años de vida, por oposición a los años de muerte. Las viudas, los huérfanos, los mutilados, los supervivientes de la catástrofe, en resumen, todos los franceses tenían alguna razón para pensar que había un “antes” del gran drama asesino. Y luego, los años que siguen a la paz de Versalles son años difíciles, el franco se hunde y con él los ahorros, la inflación es galopante, el aparato productivo ha quedado devastado, las privaciones se imponen…Entonces sí, ¡fueron hermosos los años de la preguerra! Sin embargo, más allá de esta explicación, mecánica en suma, la expresión se justifica por los hechos, las creaciones, las invenciones, una cierta situación de las costumbres que debemos tener en cuenta: está el mito, pero también una quincena de años excepcionales. En eso es en lo que la leyenda de laBelle Epoque tiene un fondo histórico.

Sigamos por un momento en el mito: una sociedad desigual, dice usted…

Francia sigue siendo entonces un país enormemente rural. Hace falta esperar al censo de 1931 para que la población urbana supere numéricamente a la población rural. ¡Y tanto! Se llamaba ciudad a una aglomeración de más de 2.000 habitantes. La preponderancia del campesinado no debe enmascarar su naturaleza jerárquica: 150.000 propietarios poseen el 45% de la superficie agrícola. El mayor número lo constituyen los pequeños propietarios, cuya situación es a menudo mediocre y precaria, dependiendo de la coyuntura. La revuelta de los viticultores del Midi en 1907 muestra la fragilidad de las economías agrícolas. En lo más bajo de la escala, los parias: asalariados agrícolas, jornaleros, sirvientes. Paralelamente, no ha dejado de crecer el número de obreros industriales. Son cerca de 5 millones en 1914, o sea, un tercio de la población activa. Pero su concentración es todavía débil: sólo el 10% trabaja en fábricas de más de 500 asalariados. La evolución va, con todo, en el sentido de esta concentración: Renault, que daba empleo a 110 personas en 1900 cuenta con 4.400 en 1914. Como media, el salario real anda a la baja a partir de 1905, lo que explica en parte los movimientos sociales violentos a partir del año siguiente. El paro sigue siendo consubstancial a la condición obrera: paro endémico, estacional, coyuntural, ¡y sin ninguna garantía contra el mismo! Sin duda, el conjunto del mundo obrero ha salido de la miseria, pero sigue careciendo de seguridad, aunque se voten algunas leyes sociales en el curso de este periodo: la ley de descanso dominical en 1907, la ley sobre retiro obrero en 1910…¡Estamos todavía lejos del Estado del Bienestar!      

En resumen, una bonita época para los que tienen…

Lo que en efecto llama la atención de esta sociedad es el reinado no compartido de la burguesía. Compuesta aproximadamente de un millón de personas, no sólo posee las palancas de la producción económica sino que impone también su modelo de civilización, monopoliza la cultura letrada, domina los medios de comunicación –los periódicos-, fija las reglas de la condición femenina y de la vida familiar. El aspecto positivo es que constituye lo que Veblen ha llamado la “clase ociosa”. Al disponer de capital, al contrario que los campesinos y obreros, fomenta el desarrollo de los deportes, el auge del automóvil, las artes y las letras. Pero, en su totalidad, insisto, la sociedad de esta época es una sociedad vivamente en contraste, jerarquizada, desigual, nada como para estar contento como no sea echando la vista atrás a lo que la precedió: los franceses viven a buen seguro mejor bajo M. [Armand] Fallières [presidente de la República entre 1906 y 1913] que bajo Luis Felipe.     

Es también la época de los grandes inventos: los que anuncian el nuevo siglo…

Sí, ¡una profusión triunfal de creaciones! La Exposición Universal de París, en 1900, parece dar el impulso de arranque a los inventos y desarrollos técnicos. La primera línea de metro atraviesa la capital. El "hada Electricidad" está llamada a transformar la industria y la vida cotidiana. El cine, que nació en 1895, se convierte en el gran arte popular, en el que Louis Feuillade se impone a Georges Méliès. Los automóviles surcan las carreteras de Francia. Enseguida la aeronáutica apasiona a las multitudes; Blériot realiza la primera travesía del Canal de la Mancha en 1909 y Roland Garros, la del Mediterráneo en 1913. 

Y París, capital de las artes y las letras: ¿otro mito?

¡Claro está que no! París se convierte en la Ciudad-Luz, la que atrae a escritores y artistas del mundo entero: Picasso, Chagall, Stravinsky y los ballets rusos…En París es donde se libra la gran batalla entre el arte académico, que ocupa todavía las instituciones, y las vanguardias: el fauvismo, el cubismo, el futurismo…

Los cafés de Montparnasse son los cuarteles generales de artistas y escritores de todas las nacionalidades. La vida teatral es intensa. En los bulevares se aplauden la puesta en escena de [André] Antoine, las piezas de Claudel, [Jacques] Copeau crea el Vieux Colombier. Pensemos asimismo en el gran florecimiento musical que conoce Francia, con Debussy, Satie, Ravel…En el Collége de France, hay codazos por escuchar a Bergson. La literatura vive uno de sus momentos más fastuosos: fundación de la Nouvelle Revue Française, en torno a André Gide, creación del Premio Goncourt, rivalidad entre Maurice Barrès y Anatole France, resplandores de Charles Péguy y Leon Bloy, aparición de Guillaume Apollinaire, descubrimiento de Alain-Fournier y de Marcel Proust…Se puede hablar de una luz cegadora de la Belle Epoque.

En el terreno político es también una época de debates intensos. ¿La Belle Epoque supone a la vez el apogeo de la burguesía y el poderoso ascenso del socialismo?

De hecho, el movimiento socialista conoce un auge considerable. El año 1905 ha sido testigo de la creación de la SFIO [Sección Francesa de la Internacional Obrera, el socialismo francés], sobre la base de las tesis guesdistas [de Jules Guesde] que, en nombre de la lucha de clases, prohibían a un socialista participar en un gobierno burgués. Pero Jaurès, aparentemente derrotado por Guesde, no deja por ello de ser menos la gran figura de un partido socialista al que convence de la "evolución revolucionaria": conservar la revolución en la cabeza, pero aceptar y promover todas las reformas sociales, que, lejos de debilitar el dinamismo revolucionario, no pueden más que aguijonearlo.  

Sin embargo, el socialismo de partido debe contar con su rival, el sindicalismo revolucionario de la CGT, que es otra forma de socialismo, pero separada de prácticas partidistas, parlamentarias y electorales. Este sindicalismo de acción directa, cuyos principios se reafirman en el congreso de Amiens de 1906, contempla la revolución por medio de la huelga general. La separación entre partido y sindicato impide la formación de una socialdemocracia a la alemana. Jaurès no cejará en su búsqueda de una alianza entre los dos movimientos; lo logra parcialmente en la gran campaña contra la ley del servicio militar de tres años, que es también una campaña contra la guerra. En las elecciones de 1914, la SFIO consigue un centenar de diputados elegidos para la Cámara, y es una fuerza con la cual han de contar las demás formaciones de izquierda, empezando por los radicales 

Sin embargo, la pasión nacionalista está viva

Es incontestable que el nacionalismo no es una pasión extinguida a comienzos del siglo XX. Pero el nacionalismo exacerbado xenófobo y antisemita del asunto Dreyfus ha perdido mucho de su vigor. Desde luego, la Acción Francesa se mantiene en esta filiación, pero en la derecha se afirma otra forma de nacionalismo, encarnada por una nueva generación intelectual que ilustra la encuesta aparecida en 1912 bajo el pseudónimo de Agathon y titulada “Los jóvenes de hoy en día”. Dicha encuesta nada tiene de científica, pero la corroboran en parte otras encuestas del mismo género en la prensa. En ellas se expresa un nacionalismo belicista, el gusto por el deporte, por la disciplina y el mando, un retorno al catolicismo…Hay periplos individuales que completan estos testimonios, sobre todo los de los antiguos dreyfusards [Charles] Péguy y [Ernest] Psichari, vueltos a la fe cristiana y que hacen apología de la guerra.

Más que nacionalismo, Francia está henchida de patriotismo. La batalla en torno a la  ley de tres años de servicio militar no debe ocultar la de un Jaurés que predica contra sus adversarios no el antipatriotismo, como ciertos anarquistas, sino una reforma militar destinada a crear un ejército de ciudadanos, organizado en función de la defensiva. En L´Armée Nouvelle [El nuevo ejército], expone esta idea y hace apología, contra Marx, de la idea de patria, incluyendo a los proletarios. Concurren la unificación del territorio gracias a los transportes modernos, la escuela obligatoria, el servicio militar, los grandes diarios y la literatura popular para formar una consciencia nacional. Julien Benda escribirá que nunca se sintieron los franceses pertenecer a una misma nación como en 1914.   

Así pues, es el ¡Viva Déroulède y “abajo los boches”! ¿No está obsesionada la Francia de entonces con la cuestión de Alsacia-Lorena?

Es más complejo. El recuerdo de Alsacia-Lorena, desde luego, sigue estando vivo. En enero de 1913, [Gabrielle] Réjane pone en escena en su teatro una pieza mediocre de Gaston Leroux, Alsace, que obtiene un gran éxito. Los hechos de Saverne, en 1913, cuando un oficial alemán la emprende con reclutas alsacianos e insulta a la bandera francesa, suscitan una gran oleada de emoción. Y sin embargo, en un clima electrizado por las crisis franco-alemanas de 1905 (Tánger) y de 1911 (Agadir), la voluntad de una guerra de revancha contra la Alemania victoriosa de 1871 no es perceptible más que en grado muy débil. De hecho, nadie o casi nadie cree en la guerra. La muerte, a principios de 1914, de Paul Déroulède, profeta de la revancha, es como un símbolo. Cuando sucede el atentado de Sarajevo, los diarios en absoluto pronostican un conflicto armado: consagran sus portadas del mes de julio al proceso de la señora Caillaux, asesina del director de Le Figaro.  

Desde hace cuarenta años, Francia se dedica a escuchar a las sirenas de la paz: ha superado sucesivas crisis internacionales, primero con los ingleses, luego con los alemanes; ni siquiera las guerras balcánicas, en 1913, han hecho estallar Europa. Únicamente el ultimátum de Austria-Hungría a Serbia, el 23 de julio de 1914, es el que, de un solo golpe, hace sonar las alarmas. Cinco días más tarde, Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. Se desencadena el engranaje infernal de las alianzas. La Belle Epoque se termina.

Michel Winock (1937), profesor universitario y especialista en la historia de la República Francesa, así como de los movimientos intelectuales, el nacionalismo, el fascismo y la extrema derecha, es autor, entre otras muchas obras, de Siècle des intellectuels (Seuil, Premio Médicis de ensayo, 1997), La Belle Epoque: la France de 1900 à 1914 (Perrin, 2002) y Clemenceau, (Perrin, 2007).

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón