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viernes, 4 de diciembre de 2015

La porra del CIS

 

Los españoles confían más en las porras que en las encuestas. Porque una encuesta es presupuesto, que como se sabe nunca se cumple, y una porra es un deseo. La porra es la encuesta off the record de España. Sin embargo, de la encuesta publicada hoy por el CIS o Centro de Investigaciones Sociológicas, y que es la más amplia y acreditada, se puede decir, con tristeza y con dolor, que es congruente con lo que, en mi opinión, desea la sociedad española en este tiempo: No quiere que siga gobernando el PP con su actual mayoría y lo castiga pero no lo retira de la competición pese a sus desmanes de corrupción y libertades cercenadas. Le reconoce sus méritos económicos y se fía más de ellos que los de sus opositores. El pueblo español no quiere aventuras que juzga peligrosas. Sin embargo le nombra un tutor, que le pondrá condiciones aun desde la misma trinchera. Según el CIS, en los próximos cuatro años en España mandará Ciudadanos. Que no caerá en la trampa de entrar en el Gobierno con el consiguiente desgaste. Se reservan para la próxima. El PSOE, el pobre PSOE, no solo no sube sino que cae hasta índices que apuntillarán a su líder Sánchez. Ha nadado entre tantas aguas que se lo llevará la corriente, probablemente andaluza. Le han faltado embrujo y garra, por mucha simpatía que quiera irradiar. Podemos y Asociados, o Asociados y Podemos, no entran en el meollo del poder por los tumbos que ha dado y por el miedo que ha infundido y no ha conseguido disipar. Podemos se ha quedado en un “sí, pero no”. Los españoles, parece, no están por extremismos ni por centrismos no validados y sin pedigrí. Prueba de ello sería el paupérrimo resultado de Izquierda Unida, fundida en Unidad Popular. Los nacionalismos, a causa de sus cuitas, quedan reducidos a comparsas innecesarias.

Tampoco parece probable que PSOE, Podemos y Ciudadanos acuerden tras las elecciones unirse para desbancar del Gobierno al PP a costa de hacer Presidente al líder de Ciudadanos.

Total que la encuesta del CIS coincide con la porra más previsible. Si esto es lo que quiere la mayoría de españoles, habrá que aceptarlo, además de lamentarlo. Desde el día 21 España se habrá hecho una pequeña cirugía estética, pero su esencia y comportamientos serán los mismos. Los pobres seguirán siendo pobres, y los ricos, ricos. Ni el PP ni Ciudadanos aliviarán la desigualdad, y las clases medias estarán satisfechas. Seguiremos haciendo porras y encuestas, y la mediocridad intelectual y social será nuestro algoritmo vital. Cuatro años más para solucionar la decepción. Salvo que todavía pensáramos que aún es tiempo para la porra de la sorpresa. Si todos los políticos dicen siempre que la mejor encuesta es la de las urnas, ¿por qué no decir nosotros los ciudadanos que la mejor porra es la que racionalmente quiebre las encuestas?

¡Qué dura de pelar es esta encuesta del CIS! ¿Y si no fuera más que una porra que han hecho unos funcionarios? Hagan ustedes la suya, que seguro será la buena.

Arturo González

Fuente: Público.es

viernes, 30 de mayo de 2014

Elecciones europeas, continuismos y temblores de tierra

COPHENAGUE-DINAMARCA

 

Jesús Sánchez Rodríguez

Rebelión

Los resultados de las elecciones en Europa

Las elecciones europeas tienen dos características diferenciadoras en relación a otro tipo de elecciones como las parlamentarias, las regionales o las municipales, y estas características son comunes a la mayoría de los países del continente.

La primera de ellas es la alta abstención. En las siete elecciones al Parlamento Europeo celebradas entre 1979 y 2009 la participación ha bajado, cita tras cita, desde el primer 61,99% al 43,08% de hace 5 años. Correlativamente a cada descenso de participación en cada nueva elección se correspondía con un Europa comunitaria más amplia, de los 9 miembros de 1979 se ha pasado a los 27 actuales. A mayor espacio, menor porcentaje de participación. Esto orienta hacia una primera hipótesis interpretativa, los ciudadanos europeos se sienten cada vez más extraños a unas instituciones cada vez más lejanas, siendo percibido, además, el Parlamento Europeo como un órgano sin impacto en las decisiones que les afectan. En las elecciones de este año por primera vez la participación se ha mantenido al mismo nivel que la de 2009 lo que podría interpretarse en el sentido de que la abstención europea ha tocado fondo. Sin embargo utilizar el dato de la participación media entre los 27 Estados de la UE oculta las grandes diferencias entre algunos extremos como la alta participación de alrededor del 90% en países donde es obligatorio votar, como en Bélgica y Luxemburgo, y la muy baja participación en otros, sobre todo en los países de reciente incorporación en el este europeo, donde la participación se situó por debajo del 30%, o casos extremos como la República Checa (19%) o Eslovaquia (13%).

La segunda de las características de las elecciones europeas es que suelen ser utilizadas por los ciudadanos para expresar un voto de protesta de manera más acusada que en otro tipo de elecciones donde los efectos sobre la vida cotidiana tienen consecuencias más inmediatas y directas. El parlamento europeo sigue viéndose como una institución lejana y con poca o nula capacidad de intervención en los asuntos que afectan a los ciudadanos europeos, percepción agudizada con la actual crisis económica en la que esta institución ha tenido un protagonismo absolutamente secundario frente al peso de países como Alemania u otras instituciones como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Dicho esto, los resultados generales pueden englobarse dentro de las siguientes tendencias: Permanece el dominio de los conservadores y socialdemócratas aunque con correctivos para los cuatro principales grupos de europarlamentarios, los conservadores pierden 64 escaños (212), los socialistas 10 (186), los liberales 13 (70), y los verdes 2 (55). Por el contrario crecen los grupos que representan un voto de protesta contra la actual UE, tanto por la izquierda como por la extrema derecha, la izquierda gana 8 parlamentarios (43), los ultraderechistas del grupo europeo de la Libertad y la Democracia ganan 5 (36) sin contar con dos grandes vencedores en Francia y Gran Bretaña que no pertenece a este grupo, así, el Frente Nacional ha pasado de 6 a 24 escaños y el UKIP que pasa de 13 a 23.

Efectivamente continua la preocupante tendencia, expresada en las elecciones europeas de 2009 y en otras de tipo nacional en estos últimos cinco años, de implantación y crecimiento de partidos xenófobos y ultraderechistas por toda Europa hasta alcanzar cerca de un 25%, y englobando tanto a países especialmente golpeados por la crisis y las medidas de austeridad, como Grecia donde Amanecer Dorado se sitúa en tercera posición con un 9,4% de votos y Laos con el 2,8%, como a países que han sorteado la crisis con menos problemas como en Dinamarca y Austria donde han obtenido un 25% de los votos. Pero sin duda ha sido la victoria obtenida por el Frente Nacional en Francia el dato que más repercusión ha tenido al situarse como el primer partido más votado, convirtiéndose, de esta manera, en la referencia de toda la extrema derecha en Europa. Este ascenso de las posiciones xenófobas y ultraderechistas tendrá consecuencias seguramente en tres aspectos, primero, servirá de aliciente al crecimiento de estos partidos en toda Europa, segundo, arrastrará hacia posiciones más derechistas a los partidos conservadores para intentar recuperar electorado o evitar mayores pérdidas y, tercero, repercutirá en las decisiones del parlamento europeo. Mucho es de temer que las posiciones xenófobas y ultranacionalistas continúen creciendo en Europa tras este resultado.

En el campo de la izquierda los resultados han sido mediocres con la excepción de Grecia, con la victoria de Syriza, y España con el ascenso de IU y la irrupción de Podemos, pero sobre España dedicaré un análisis más detallado más abajo.

Efectivamente, con la excepción de Syriza, los resultados de la izquierda europea no han supuesto avances significativos. En Grecia por primera vez, y después de varias elecciones, Syriza se ha convertido en la fuerza política más votada, multiplicando por seis los resultados de hace cinco años, esto significa que se ha consolidado como referente de la izquierda tanto en Grecia (donde la izquierda sigue fragmentada y el KKE (comunistas) ha obtenido un 6%) como en Europa. Su gran reto es consolidar este resultado en futuras elecciones nacionales, evitando que una parte de su apoyo sea una expresión de protesta solo en las europeas. Como ya se había comentado en artículos anteriores esta situación de la izquierda en Grecia es fruto de tres circunstancias especiales, primero la dureza de las medidas de austeridad con las que se ha castigado a las clases populares griegas y las continuas movilizaciones de protesta con las que han respondido éstas, segundo, la capacidad de la mayoría de la izquierda griega para levantar una organización unitaria para responder a la crisis y, tercero, al hundimiento de la socialdemocracia griega, inicialmente por la traición a su electorado cuando gobernó en solitario y luego por su alianza con los conservadores.

En el resto de Europa la izquierda ha mantenido unos resultados mediocres para una época de crisis como la actual. En Alemania La Izquierda obtiene 7 eurodiputados, perdiendo uno. En Portugal la coalición de comunistas y verdes alcanzó el 12,4% y el Bloque de Izquierda ha bajado al 4,5%, perdiendo en conjunto un eurodiputado. Y en Francia, el Frente de Izquierdas alcanzó un modesto 6,34% y tres eurodiputados, después de los desastrosos resultados obtenidos en las últimas elecciones municipales.

Los resultados de las elecciones en España

Las elecciones europeas de 2014 han producido un pequeño terremoto político en cuatro países por diferentes circunstancias. En Gran Bretaña por la victoria del partido xenófobo y antieuropeo del UKIP, en Francia por la victoria del Frente Nacional, en Grecia por la victoria del izquierdista Syriza y en España por varios factores que ahora pasaremos a analizar.

El primero de estos factores ha sido el hundimiento del bipartidismo conformado por los conservadores y los socialistas que había dominado el sistema electoral español desde la transición. En concreto, ambos partidos han cosechado ahora un 49,07% de los votos cuando en las anteriores elecciones europeas obtuvieron el 82,05%. Los votos perdidos por el PP y el PSOE han redundado en beneficio de partidos menores ya existentes o de nueva creación. Esta situación ha fragmentado el sistema electoral español, y su consolidación en las próximas elecciones del 2015 obligaría a gobiernos de coalición, entre los que no puede descartarse uno entre los dos principales partidos como evocó el ex-presidente de gobierno Felipe González.

El segundo factor lo representa el fuerte aumento de la izquierda en España, tanto de la ya existente, IU, que pasa de un 3,77% y dos eurodiputados en 2009 a un 9,99% y 6 diputados en las actuales elecciones, como del recién creado partido Podemos que ha irrumpido con un inesperado 7,94% y 5 escaños. España era el país de Europa donde más avanzado estaba el proceso para intentar repetir el modelo de Syriza, el de una izquierda fuerte capaz de ponerse a la altura electoral del PSOE. En España la socialdemocracia, al contrario que en Grecia, que ha sufrido una debacle por los motivos más arriba apuntados, lo que está sufriendo es un fuerte desgaste que hace que la izquierda ascienda, también, de manera progresiva. Los pronósticos daban un mayor crecimiento de IU en estas elecciones, de manera que se aproximase al modelo Syriza. Sin embargo la irrupción de Podemos, como partido representante del movimiento 15-M, ha cortocircuitado esta posibilidad. Lo que resta por ver ahora es si el modelo Syriza de ascenso de la izquierda a primeras posiciones en el terreno electoral queda definitivamente arruinado en España o puede ser retomado por una alianza entre IU y sus socios de una parte, y Podemos de otra. Entre ambas formaciones representan prácticamente un 18% de los votos frente al 23% del PSOE. Este es un proceso lleno de incógnitas que debe resolverse en los próximos meses. Podemos es un partido recién creado sobre la base de una nebulosa de activistas y algunos partidos de la izquierda radical que han tenido como punto de unión un personaje mediático, un proceso de primarias y un discurso anti-partidos y anti-austericidio. Pero ahora, con el peso adquirido, se encuentra ante la obligación de elaborar un programa detallado para llevar a la práctica y una política de alianzas. Veremos si el modelo Syriza se retoma en España a otro nivel o queda definitivamente descartado.

El tercer factor originado en estas elecciones europeas y que ha provocado el pequeño terremoto del que hablamos ha tenido lugar en un territorio concreto, en Cataluña, y como consecuencia del proceso soberanista que está allí planteado. En primer lugar, en Cataluña la participación en las elecciones ha sido un 10% superior a la registrada en 2009 y, en segundo lugar, los resultados han reflejado el contencioso por el derecho a decidir. Así el partido gobernante, CiU, que ha aplicado una política de austeridad similar a la del PP en el resto de España, sin embargo apenas ha sufrido un ligero desgaste del 0,65%, aunque ha sido desbancado por ERC que ha triplicado el número de votos y se ha convertido en la fuerza más votada en Cataluña. La izquierda, ICV-EUiA, que también apoya el derecho a decidir y ha combatido las medidas de austeridad ha duplicado sus apoyos hasta el 10,3%. Estos resultados, especialmente el de ERC, sin duda que servirán para reforzar la voluntad en Cataluña de celebrar el referéndum en noviembre próximo, en contra de la posición del gobierno y el parlamento español.

El conjunto de estos factores plantean un panorama con un desarrollo abierto a múltiples posibilidades entre las que se encuentran la disputa por el liderazgo de la izquierda, la política de alianzas ante una perspectiva de fragmentación electoral, y el conflicto soberanista en Cataluña. Y como telón de fondo de todo ello, la lucha entre las clases populares y la burguesía en torno a la crisis económica y social que sigue pesando sobre España.

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martes, 28 de enero de 2014

Disputar Europa

 

 

Catedral de Estrasburgo

 

Gerardo Pisarello  [SinPermiso]

 

Para un sector importante de la población, las elecciones europeas son una convocatoria inservible. Si la clase política local se encuentra bajo severa sospecha, en el caso europeo el juicio es aún más duro. El Parlamento Europeo es percibido como una institución lejana, con competencias misteriosas pero más bien inútiles y un papel marginal en el entramado institucional de la Unión Europea (UE). En parte del imaginario colectivo, su mayor servicio al bien común consiste en haber acogido a políticos retirados, asegurándoles una jubilación plácida, sin sobresaltos. Son este tipo de imágenes las que alimentan, no sin razón, las previsiones abstencionistas. De ahí la tendencia a minimizar la importancia de estos comicios, a tratarlos si acaso como una oportunidad para medir fuerzas locales y para ganar músculo de cara a pugnas electorales posteriores.

Y sin embargo, todo ello ocurre en un momento en el que Europa se ha convertido en un terreno de batalla decisivo. Más, sin duda, que hace cinco años, cuando la expropiación política y económica de las poblaciones del continente -sobre todo del Sur y del Este-, no era tan drástica. Es en la UE, de hecho, donde se fraguan parte de los rescates a entidades financieras que hincharon las burbujas especulativas y que ahora se benefician impunemente de su estallido. Es en la UE donde los hombres de negro y el club de amigos de Goldman Sachs ultiman los planes de austeridad que condenan a millones a la precariedad y a la exclusión. Es en la UE donde los lobbies de las principales transnacionales presionan para limitar la libertad de expresión en la red y otros medios o para laminar los estándares laborales, sociales y ecológicos.

Combatir esta ofensiva desde la propia UE no es fácil. Antes de 1979, el Parlamento europeo estaba integrado por delegaciones de los parlamentos estatales. Esto permitía un vínculo algo más estrecho entre la política local y la comunitaria. Cuando se introdujeron las elecciones directas al Parlamento, los diputados de uno y otro ámbito dejaron de reunirse. El cambio dio pie a una paradoja. Había cuestiones que se discutían en Estrasburgo, pero cuando llegaba el momento de plantearlas en los parlamentos estatales, nadie sabía lo que su propio partido había propuesto.

Este alejamiento, sumado al creciente protagonismo de instituciones sin legitimidad democrática como la Comisión Europea, el Banco Central o el Tribunal de Luxemburgo, acabó por dinamitar el carisma del Parlamento. Daba igual que cada nuevo Tratado recordara la conquista de unas cuantas competencias. La percepción generalizada era que allí había poco que hacer. Esto se reflejó de manera nítida en la participación electoral. En 1979, fue de un 63%. Desde entonces, no ha dejado de caer. 61% en 1984; 58,5% en 1989; 56,8% en 1994; 49,8% en 1999; 45,5% en 2004; 43% en 2009.

Para algunas posiciones críticas, esta tendencia señalaría una línea de actuación: dejar languidecer el Parlamento y replegarse en el ámbito local. El europapanatismo profesado por las elites que se han rendido a la Troika y que en estos días desfilan en los salones de Davos hace comprensible esta reacción. Pero afirmarse sin más en ella puede resultar peligroso.

De entrada, ninguno de los partidos responsables de la actual deriva antidemocrática y autoritaria de la UE -incluidos el PP y el PSOE- dejarán de ir a Estrasburgo a cumplir su papel. La extrema derecha de Marine Le Pen o de Geert Wilders tampoco resignará este espacio. Aborrecerá en público la pérdida de “soberanía nacional” en beneficio de la “tecnocracia de Bruselas”. Pero hará todo lo posible por conseguir en el Parlamento un altavoz que le permita propagar sus causas: atacar a la “plutocracia” mientras pacta con banqueros y grandes empresas, convertir a la inmigración en chivo expiatorio de la crisis o azuzar el chovinismo y la islamofobia.

Los movimientos sociales y sindicales partidarios de una radicalización democrática y las fuerzas transformadoras de izquierdas y ecologistas no pueden dejar el campo libre a estas iniciativas. Ni aquí, ni en Grecia, ni en Portugal, ni en Alemania. Quizás el Parlamento europeo cuente poco y su presencia mediática sea escasa. Pero también puede ser una caja de resonancia y un espacio de contrapoder y resistencia. La experiencia de los últimos años lo atestigua: mientras más controladas estén las instituciones europeas por fuerzas tecnocráticas o reaccionarias, mayor será el sufrimiento y la impotencia de las poblaciones locales, comenzando por las más vulnerables.

Dar batalla en las instancias supraestatales no está reñido con la defensa de la organización desde abajo y de las iniciativas cooperativas en el territorio, en los lugares de trabajo, o en las pequeñas escalas en general. Por el contrario, el fortalecimiento de la democracia en estos ámbitos depende estrechamente de lo que se consiga en escalas más amplias. Para revertir el fraude y la regresividad fiscal, para poner fin a las deudas ilegítimas e impagables, para combatir la xenofobia y la homofobia o para contrarrestar, sencillamente, la oligarquización de la vida política y económica. Llevar la necesidad de una ruptura democrática más allá de las fronteras, denunciar los cantos de sirena del repliegue estatal y crear las condiciones para un proceso constituyente, también europeo, no es sencillo. Pero o se hace desde premisas solidarias, internacionalistas, o la serpiente incubará su huevo racista y anti-igualitario también en el corazón del continente.

Gerardo Pisarello es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso