sábado, 9 de agosto de 2014

El último europeo. Entrevista

 


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure


Uno de los principales problemas de los que se habla cuando se intenta analizar el patente fracaso de la UE es el económico: los países miembros tenemos la misma moneda, pero no así las mismas políticas económicas. ¿Qué punto de vista aportáis respecto a este tema?


Àngel Ferrero: No quisimos entrar a fondo en esta cuestión, porque ninguno de nosotros es economista, y como otros ya han escrito sobre este tema con mayor conocimiento de causa, preferimos arrojar luz sobre otros fenómenos a los que los medios de comunicación prestan (o hasta hace muy poco tiempo prestaban) menos atención, como la geopolítica, la política migratoria o el ascenso de la derecha radical. Pero es en cualquier caso ineludible, así que también lo mencionamos en el libro. En nuestra opinión, el debate sobre la salida del euro ha
centrado durante demasiado tiempo la atención mediática, desplazando otras cuestiones. Los errores de diseño son evidentes pero, como ha señalado Michael R. Krätke, un economista
alemán, todos los espacios monetarios presentan disparidades económicas (incluso en países pequeños, como Bélgica o los Países Bajos) y de eso no se desprende que cada provincia haya de disponer de su propia moneda. Un retorno a la divisa nacional y su devaluación en un 20 ó 30% dificultaría el pago de la deuda, que seguiría denominada en euros. No hay una solución fácil a este problema. Si un Estado miembro, pongamos por caso Grecia tras una
victoria de Syriza, quisiese modificar la estructura de la Unión, un número suficiente de los restantes siempre podría bloquear sus propuestas en el Consejo de la Unión Europea. La única
posibilidad de cambio es que la izquierda conquiste mayorías sociales en cada Estado miembro, hasta formar un bloque que aúne las fuerzas suficientes como para replantear el proceso de integración. En cualquier caso, creer que con una salida del euro mejorarían las
cosas es llamarse a engaño. En cuanto a la palabra “fracaso”, todo depende de para quién. Para algunos, la gestión de la crisis de la eurozona ha sido un éxito...


Roger Suso: En origen, la UE se construyó a partir de un diseño neoliberal, propicio al fomento de la competitividad y la expansión del capital. Su propio diseño es el que está facilitando que la crisis actual se haga recaer sobre las clases trabajadoras y dificulta la aplicación de políticas keynesianas anticíclicas. El economista Costas Lapavitsas identifica tres escenarios para salir de la crisis: la austeridad, la reforma institucional y la salida del euro. El primera es el que se ha impuesto: recortes públicos, privatizaciones, venta de patrimonio y rescates.

Más que de la economía, habláis de otras problemáticas: el racismo, el imperialismo, la ultraderecha. ¿Cómo han trascendido estos fenómenos de nacionales a europeos? Es decir, ¿por qué no decís que España (o Portugal, Austria o cualquier otro país de la UE)
es xenófoba, sino que la UE es xenófoba? ¿Cómo se produce esa internacionalización de los problemas y de las ideologías? Y, en ese sentido, ¿es la UE un espacio estanco del que no salen esos problemas o, por el contrario, hace de catalizador para expandir
esos problemas al resto del mundo?


Àngel Ferrero: La Unión Europea es por ahora, a falta de la entrada en vigor de la Unión Euroasiática en 2015 y de una mayor integración de la ASEAN, el mayor bloque comercial del mundo. Y lo seguirá siendo después de 2015 en términos económicos y demográficos. La
capacidad de propagación en un espacio tan integrado es sin duda mayor.
Las economías capitalistas son ya mayoría, el capitalismo ha alcanzado su momento de mayor expansión geográfica. Las economías están unidas por numerosos vínculos comerciales.
Difícilmente puede considerarse a la Unión Europea como un espacio estanco del que no salen ni entran ninguno de estos problemas. Lo que sucede en puntos muy distantes del globo tiene
repercusiones en nuestras economías, y los medios de comunicación contribuyen a la propagación de la información con una rapidez sin precedentes históricos, aumentando el sentimiento de inmediatez y proximidad. La relación también funciona en el sentido inverso, por
lo que la Unión Europea, efectivamente, puede actuar como un catalizador de problemas. Su consolidación como bloque geopolítico, por ejemplo, ha empujado a otros países a forjar alianzas supraestatales y constituir sus propios “centros” capitalistas. Ya he mencionado dos ejemplos. Teniendo en cuenta el agotamiento de los recursos naturales, la crisis económica
que atraviesa el propio modelo de capitalismo occidental y la competición entre “centros” por lainfluencia en determinadas zonas, todo esto puede conducir a un escenario internacional
altamente inflamable, como estamos presenciando en Ucrania.
Corina Tulbure: Tal vez la idea de la UE conforme un reto para los mismos pueblos europeos. No se trata de la UE que funciona ahora, la de las multinacionales que tienen más poder que un Estado, sino de la UE de los ciudadanos. Allí el asunto es más complicado y existe un
problema inicial. Hoy en día ni siquiera somos capaces de crear una comunidad que no se vincule mediante el concepto de nacionalidad. Pero por otro lado hablamos de ciudadanos europeos. Tal vez sea el reto del futuro, porque el ciudadano europeo que no se defina
mediante su nacionalidad todavía no ha nacido. Esta contradicción se observa entre los mismos Estados de la UE, en cuanto a la movilidad de los trabajadores dentro de la UE: se expulsa a los ciudadanos europeos de los países europeos, es decir que la UE no aplica ni los
tratados que ella misma emite, como la libre circulación de los trabajadores.


Habláis del papel de EEUU en la creación de la UE. ¿Hasta qué punto es la UE una creación estadounidense? ¿Qué repercusiones tiene la influencia de EEUU tanto para Europa como para el resto del mundo? En ese sentido, ¿cómo se conjugan el imperialismo estadounidense y el europeo?


Àngel Ferrero: Estados Unidos intervino en la creación de la Unión Europea más de lo que la propia Unión Europea, a través de sus portavoces, está dispuesta a admitir. El Plan Marshall es el ejemplo más conocido. Estaba destinado a dotar de fondos a las economías de Europa occidental, porque los Estados habían perdido (o estaban a punto de perder, debido a los movimientos de emancipación nacional) sus colonias, una de sus principales fuentes de ingresos. El ERP -ésas eran las siglas oficiales- creó un mercado para absorber las mercancías

estadounidenses. Apuntalar a las economías europeas occidentales, que de lo contrario hubieran tenido que hacer frente a una recuperación larga y costosa, también tenía fines políticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética había logrado extender su
influencia hasta el corazón mismo de Europa. Pese a todos sus aspectos negativos (y no todos se conocían en la época), la URSS había emergido de la Segunda Guerra Mundial como la principal potencia ganadora. El nuevo bloque socialista era diverso en todos los sentidos -en 1949 se extendía desde la República Democrática Alemana hasta la República Popular China-, y su modelo, atractivo para los países que buscaban una rápida industrialización. En Europa occidental existían partidos comunistas fuertes y con una amplia base social, como en Francia o en Italia, con serias posibilidades de entrar en el gobierno. La guerrilla comunista en Grecia contaba con el apoyo y el antecedente de la vecina Yugoslavia. Una cierta unión económica y política de Europa occidental servía a los objetivos de la política de contención del comunismo, y así lo expresaba abiertamente George Keenan, su ideólogo, en un telegrama que se desclasificó en 1974 y que se puede encontrar sin problemas en Internet. Conviene subrayar
que esa reconstrucción Europa occidental pasó por tolerar la presencia de antiguos nazis en el sistema judicial o los servicios secretos de la República Federal Alemana y los crímenes
coloniales de países como Francia o los Países Bajos. Obviamente, modelos de una unión política para Europa los ha habido de todas las tendencias políticas, pero si hablamos del actual, ahí es donde arranca todo. Esa influencia sigue existiendo hoy. La ilusión de una Unión Europea como un modelo alternativo, e incluso opuesto, al de Estados Unidos, que tanta prédica tuvo durante la guerra en Irak por la
oposición de algunos Estados miembro, se ha evaporado. La política de privatizaciones nos conduce a un modelo “más estadounidense”, si puede llamársele así, y si a alguien le quedaba alguna duda, sólo tiene que seguir las informaciones que se publican sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Compartiendo los mismos intereses, es obvio que el imperialismo de uno y otro se complementen. Al fin y al cabo, la mayoría de Estados miembro de la Unión Europea también lo son de la OTAN, y esta relación aún puede profundizarse más si se responden a las llamadas del Presidente estadounidense a una mayor
implicación militar.
Roger Suso: Un ejemplo de esto fue la intervención militar de la OTAN en Libia. Este año, Barack Obama, de visita en Polonia, anunció un plan para aumentar la presencia militar estadounidense en Europa del Este, en el contexto del conflicto de Ucrania, las tensiones con
Rusia y el temor de países como Polonia a un expansionismo ruso en la región. Las tropas de la OTAN han sido desplegadas en la base de Łask, cerca de Łódź, y el ejército polaco ha participado en los ejercicios de la OTAN en Estonia. Desmantelado el Pacto de Varsovia, los EEUU han usado el bloque del este para sus intereses geopolíticos, respeto a Moscú y también Bruselas. Cabe recordar que la UE fue escenario de varías operaciones, a cambio de dinero,
de los servicios de inteligencia de los EEUU: los centros clandestinos de detención de la CIA dónde interrogaron y torturaron a supuestos “líderes del terrorismo islamista” que después
fueron enviados a Guantánamo. Ahora se ha destapado el caso de espionaje de la NSA.
En el caso de la crisis, una vez estalló fueron muchas las voces que dijeron que esto se veía venir. Algo así está ocurriendo con la UE: hemos pasado del europeísmo a un cada vez mayoreuroescepticismo, pero solo cuando los problemas se han revelado evidentes. ¿Se analizaron –y difundieron- en su día suficientemente los potenciales
problemas que podía acarrear la creación de la UE? ¿Qué relevancia tiene la falta de información ciudadana sobre el calado y la importancia de las instituciones europeas en su fracaso?
Àngel Ferrero: Sí que se analizaron, pero no se difundieron suficientemente. Y no lo hicieron porque algunos medios tenían intereses, pero quizá en muchas más ocasiones fue por ingenuidad, simplemente. Y esa ingenuidad era hasta cierto punto comprensible, porque en

Europa meridional y oriental a la Unión Europea se la veía como un progreso, no sólo económico, sino también político: formar parte de una comunidad solidaria de países que durante mucho, demasiado tiempo, habían despilfarrado sus fuerzas en conflictos de toda
índole. En países como España (pero también Portugal o Grecia) que habían vivido en el atraso económico y dictaduras que los aislaban del resto del mundo la idea de una Unión Europea había de tener, a la fuerza, atractivo, y eso explica su “europeísmo” histórico. La propia noción ideológica de “Europa” tiene una fuerza psicológica que no conviene subestimar.
El agotamiento del ciclo económico ha desgarrado en buena medida este velo. La Unión Europea es un club de iguales pero, como en la fábula de Orwell, unos son más iguales que otros.
La falta de información ciudadana es clave, no sólo en este aspecto. Tampoco es que las instituciones europeas contribuyan mucho. Algunas funcionan de manera poco transparente, con decisiones tomadas a puerta cerrada. Otras, como el Parlamento Europeo, son en cambio muy transparentes, pero no mucha gente parece estar interesada, y su influencia es en cualquier caso limitada. Entiendo que la falta de tiempo de los trabajadores (quien no está buscando un trabajo ahora mismo tiene uno en el que tiene que consumir más horas) contribuye. La enorme cantidad de documentos que edita la Unión Europea tampoco facilita el trabajo. De todos modos, vuelvo a la respuesta de la primera pregunta: es un “fracaso”...
Dependiendo de para quien. La falta de interés en el funcionamiento interno de la Unión Europea favorece a sus prácticas actuales y dificulta su fiscalización por parte de los partidos que lo intentan a través del Parlamento Europeo. Por ese motivo la Unión Europea es tan apreciada por los grupos de presión.

 
¿Cómo se explica que la UE crezca constantemente y que a la vez esté generando un mayor empobrecimiento de algunos de sus más antiguos países miembros? ¿Conviene limitar el crecimiento de la UE o todo lo contrario: expandirlo más allá de las ‘fronteras naturales’ (si es que existen) de Europa?


Àngel Ferrero: Se explica porque no son fenómenos opuestos, sino complementarios. Perdidas las colonias, los Estados más fuertes que componen la Unión Europea no pueden competir en el plano internacional contra países que pueden hacer valer su “peso” demográfico o geográfico, o su posesión de recursos naturales. Piénsese por un momento en el enorme potencial que encierran países como China, Rusia, la India o Brasil. Todos estos países se
mencionan con frecuencia como una “amenaza” a la economía europea. Los ideólogos de los principales partidos políticos alemanes lo expresan sin tapujos en sus revistas: una Alemania sin la Unión Europea sería un “Estado de tamaño medio”. Pero uniéndose, los Estados europeos pueden proyectar ese “peso” y competir con ellos. Por eso cuantos más países se unan, más “peso” pueden proyectar los Estados miembro de la Unión Europea en los mercados
internacionales. La guía de los ciudadanos de la Unión Europea, que cualquier visitante puede recoger en Bruselas, lo dice con toda claridad. La Unión Europea es una organización singular,
flexible, en la que sus Estados miembro ceden una parte de su soberanía. Si la Unión Europea fuese una federación, sólo tendría un asiento en los organismos internacionales. No siéndolo
puede llegar a tener hasta veintiocho. Y si se coordina lo suficiente, puede hacer que la mayoría de ellos vote en un mismo sentido. Cuándo actúa como una unión de Estados y cuándo como una “federación” depende del momento y de las necesidades.
Esa competencia entre “centros” capitalistas sólo puede llevarse a cabo con lo que David Harvey ha denominado “acumulación por desposesión”, conduciendo al empobrecimiento de
las poblaciones europeas. Que los países de la periferia europea, especialmente de Europa oriental y las tres repúblicas bálticas, aceptasen este estado de cosas se explica tanto por el
deseo de las oligarquías locales por recoger las migajas del reparto y acceder a los fondos estructurales como por la voluntad de huir de la influencia rusa. La población lo aceptó por las
causas que he mencionado antes, a las que hay que sumar las facilidades para emigrar a Europa occidental.
Según el profesor Sami Naïr, Europa es una determinación geográfica. Yo no creo que sea ni siquiera eso. Europa es un concepto geográfico históricamente determinado. Según una
concepción muy extendida, se extiende desde la península occidental del continente euroasiático hasta los Urales, en Rusia, comprendiendo el Reino Unido e Irlanda, y también la parte occidental de Turquía. Napoleón decía que la geografía es destino y ése parece ser el
lema que ha adoptado Bruselas (excluyendo a Rusia), confundiendo interesadamente “Europa” con la “Unión Europea”. Pero si las que he mencionado antes son las fronteras “naturales” de “Europa”, y un ruso que vive en la parte “europea” de Rusia comparte los mismos “valores
europeos” (sea lo que sea eso) y forma parte de la “comunidad cultural europea”, ¿por qué un ruso que vive en Vladivóstok, que también los comparte no es “europeo”? Turquía, ¿también es
Europa? ¿O solamente una parte de ella? Los restos coloniales y “regiones ultraperiféricas de la Unión Europea”, a miles de kilómetros del continente, ¿también son Europa? Si tuviésemos
todo esto más en cuenta, veríamos que los cimientos sobre los que se asienta todo el “proyecto europeo” son mucho menos estables de lo que parecen, y que la “identidad europea” tiene mucho de proyecto ideológico todavía en construcción.
Roger Suso: A la vez que la UE amplia sus fronteras geográficas -como con Croacia el 2013 o la actual candidatura de Albania-, ésta vive inmersa en una deslegitimación social apabullante,
Estado tras Estado, que llega, por ejemplo a cifras del 83% de abstención en Eslovaquia o del 63% en Portugal. Pero estos no son fenómenos contrapuestos. El mismo Tratado de Lisboa
tiene como objetivo convertir la UE en el espacio económico más competitivo del mundo. Esto atrae, cómo no, a las élites de países como Ucrania, Moldavia, Georgia, Serbia o Islandia.
Ahora bien, si la UE quiere competir con las economías emergentes de los BRICS, tiene que intentar, como bien dice Ferrero, reunir el mismo "peso" demográfico y económico, y, a la vez,
reducir los salarios y las condiciones laborales y construir, como hace, un espacio económico más homogéneo y cada vez menos democrático y más precario y pobre.


¿De dónde surge esa preponderancia de la extrema derecha de la que habláis en el libro? Y, en ese sentido, ¿qué papel está jugando la derecha?


Roger Suso: La idea de que las crisis económicas llevan al aumento del apoyo a los partidos ultraderechistas se remonta a la República de Weimar y el ascenso de Hitler después del crack del 29. Una idea que ha vuelto a llenar páginas de periódicos después de dos rescates
económicos y la llegada del partido neonazi Amanecer Dorado a las instituciones griegas. Pero también por la victoria del UKIP (Reino Unido) con el 27'5% de los votos, del Partido Popular
Danés (Dinamarca) con el 26'6% y del Frente Nacional (Francia) con el 25'4%. Pero no toda la derecha radical es igual -esto lo hemos presenciado con la imposibilitad de que se creara un grupo ultra en el Parlamento de Estrasburgo-, hay una derecha radical que abraza postulados del strasserismo y del fascismo de acción social, anticapitalista y organizándose, en algunos casos clandestinamente, como los grupos autónomos de camaradería libre neonazis, y hay
otra, que se posiciona de manera populista “más allá de la derecha y los liberales” que opta para desarrollar una identidad de “civilización europea” en contraposición y confrontación frontal con la inmigración, el islam y las instituciones europeas.
La preponderancia de la derecha radical yace en el hecho que ha llevado al centro político y social de la sociedad temáticas y discursos que tienen sus orígenes en el extremo, en la ultraderecha. Su discurso, propagado a través del miedo, los temores, las mentiras, el
resentimiento, el chovinismo y el odio, ha sido abrazado y adoptado en repetidas ocasiones y para contrarrestar sus subidas electorales por los partidos del establishment, tanto por la democracia cristiana como por la socialdemocracia. En paralelo, el auge de estas formaciones ultraderechistas se ha traducido también en la presencia de representantes neonazis en las
instituciones -como Udo Voigt del partido alemán NPD o Béla Kóvacs del húngaro Jobbik- y en el acercamiento entre los grupos extraparlamentarios, clandestinos y violentos y los partidos ultraderechistas que participan a las elecciones.
Corina Tulbure: El auge de la extrema derecha es un síntoma visible de unas políticas que no se definen en teoría como de extrema derecha, todo lo contrario, forman parte del arsenal político de partidos de centro, y que miran al ser humano como mercancía para producir un beneficio. El filósofo G.M. Tamás hablaba de la época de postfascismo, el odio del discurso de extrema derecha de antes se ha transformado hoy en día en desprecio. ¿Cómo se explicaría
toda la guerra declarada en las fronteras de la UE contra los inmigrantes, rociar a un inmigrante agarrado a la valla de Melilla con un extintor y otras barbaridades semejantes? ¿Cómo explica
la UE todo eso? Son consecuencias de las políticas de partidos considerados de derecha o de centro, pero que no distan de los gestos promovidos por la extrema derecha.


¿Tiene arreglo la UE? ¿Sería posible dar marcha atrás a un proyecto de esta envergadura? ¿Cuáles son los problemas concretos y tangibles más urgentes y cómo abordarlos?

Àngel Ferrero: La creación de organizaciones supraestatales no es per se ningún problema. No es una cuestión de tamaño, sino de organización. El problema es su diseño institucional. El
profesor Pedro Chaves ha visto bien esta cuestión. Si la Unión Europa, decía, ha de reformarse para ganar en democracia, entonces hay que plantearse cuánta transferencia de soberanía es
deseable, y qué mecanismos articulan la toma de decisiones y garantizan en todo momento la democracia del proceso. Prefiero no utilizar metáforas espaciales como “marcha atrás”, porque
dan pie a interpretar una reforma como un “retroceso” o como un retorno a lo que había antes y que tampoco era un estado ideal de cosas. Si lo que planteas es si la Unión Europea, sometida
a tensiones centrífugas, puede romperse en algún momento por algún lado, lo único que puedo añadir es que todos los imperios -y según José Manuel Durão Barroso, la Unión Europea “se parece bastante a uno”- fueron creados para durar para siempre... ¿y cuántos de ellos quedan?


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure son coautores del libro El último europeo: Imperialismo, xenofobia y
derecha radical en la Unión Europea, editado por La Oveja Roja, 2014
Fuente: http://www.infolibre.es, 25 de julio 2014

viernes, 1 de agosto de 2014

UCRANIA, Un tablero de ajedrez empapado en sangre

EL BOEING MALASIO

 

Pepe Escobar

Asia Times Online

«Los datos de inteligencia y los hechos están ajustados a la política». Todo el mundo recuerda el Memorando de Downing Street, que reveló la «política» de Bush/Blair en el período que llevó al bombardeo / invasión / ocupación de Irak en 2003. La «política» era deshacerse de Saddam Hussein a través de una guerra relámpago. La justificación era el «terrorismo» y (las inexistentes) armas de destrucción masiva (ADM), que han «desaparecido», montadas en camiones, profundamente en Siria. Olvidemos los datos de inteligencia y los hechos.

La tragedia de MH17 -convertida incidentalmente en un ADM- puede ser vista como una retorcida repetición deformada de la política imperial en Irak. Esta vez no hay necesidad de un memo. La «política» del Imperio del Caos es clara, y multifacética; diversificar el «pivote hacia Asia», estableciendo una cabeza de playa en Ucrania para sabotear el comercio entre Europa y Rusia; expandir la Organización del Tratado del Atlántico Norte a Ucrania; romper la asociación estratégica entre Rusia y China; evitar por todos los medios la integración económica y comercial de Eurasia, desde la asociación entre Rusia y Alemania para la Nueva Ruta de la Seda convergiendo desde China hasta (la cuenca del) Ruhr; mantener a Europa bajo la hegemonía de EE.UU.

La razón clave por la que el presidente ruso, Vladimir Putin no «invadió» el Este de Ucrania -tanto como él fue tentado por Washington / OTAN- para detener un facilitado asesoramiento militar de EE.UU. que va hacia la matanza de civiles es que él no quiere antagonizar con la Unión Europea, el principal socio comercial de Rusia.

De manera crucial la intervención de Washington en Kosovo invocando R2P -Responsabilidad de Proteger- se justificaba en su momento exactamente por las mismas razones que una intervención rusa en Donetsk y Lugansk pueden justificarse totalmente ahora. Salvo que Moscú no va a hacerlo -ya que el Kremlin está jugando un juego de muy largo alcance.

La tragedia MH17 quizás ha sido un error terrible. Pero puede también haber sido una maniobra desesperada de los esbirros de Kiev al servicio del Imperio del Caos. Por ahora, los datos de inteligencia rusos ya han quizás dominado los hechos claves. El predecible modus operandi de Washington era disparar desde la cadera, encendiendo y en teoría ganando la guerra de cómo presentar los hechos, y doblando la apuesta mediante la presentación del proverbial ejército de «altos funcionarios» rebosantes de pruebas de los medios sociales. Moscú tomará su tiempo para constituir un meticuloso expediente, y sólo entonces lo presentará en detalles.

La hegemonía perdida

La «gran imagen» nos muestra a las elites del Imperio del Caos como extremadamente incómodas. Tomemos al Dr. Zbigniew «El Gran Tablero de Ajedrez» Brzezinski, quien como ex mentor de la política exterior tiene los oídos del cada vez más abatido repartidor de periódicos de la Casa Blanca. Este domingo el Dr. Zbig estaba en CNN desafiando a los líderes europeos para que «hagan frente a Putin». Se preguntó si «Europa quiere convertirse en un satélite» y se preocupa por «el momento de importancia decisiva para el futuro del sistema -del sistema mundial».

Y todo es culpa de Putin, por supuesto:... «No estamos comenzando la Guerra Fría. Él [Putin] la ha comenzado. Pero él mismo se ha metido en un atasco terrible. Yo tengo la firme sospecha de que una gran cantidad de personas en Rusia, incluso cercanas a él están preocupadas de que el estatus de Rusia en el mundo está siendo socavado de manera dramática, que desde el punto de vista económico está comenzando a caer, que Rusia está amenazada por la perspectiva de convertirse en un satélite de China, que Rusia está aislándose y desacreditándose».

Obviamente el Dr. Zbig es dichosamente ignorante de los puntos más finos de la asociación estratégica entre Rusia y China, así como de sus voces concertadas dentro de los BRICS, el G-20 y una miríada de otros mecanismos. Al final su conocida rusofobia siempre saca lo mejor de él. ¡Y pensar que en su último libro, Strategic Vision (2012), el Dr. Zbig estaba a favor de un «Occidente» ampliado que anexaría Turquía y Rusia, con el Imperio del Caos actuando como «promotor» y «garante» de la unidad más amplia en el Occidente, y actuando como «equilibrador» y «conciliador» entre las grandes potencias en el Este. Una mirada rápida en el registro desde 2012 -Libia, Siria, Ucrania, el encerclamiento de China- revela el Imperio del Caos sólo como fomentador de, qué otra cosa, el caos.

Ahora comparemos el temeroso Dr. Zbig con Immanuel Wallerstein -quien fue de una gran influencia en mi combado libro de viaje geopolítico Globalistan, en el 2007. En esta obra (en español) Wallerstein sostiene que el Imperio del Caos simplemente no puede aceptar su decadencia geopolítica -y que es por eso que se ha vuelto tan peligroso. Restaurar su hegemonía en el sistema-mundo se ha convertido en la obsesión suprema; y ahí es donde toda la «política» que es el trasfondo esencial para la tragedia MH17 revela a Ucrania como el campo de batalla definitivo.

En Europa, todo gira en torno a Alemania. Sobre todo después de que el escándalo de la Agencia de Seguridad Nacional y sus ramificaciones, el debate clave que hace estragos en Berlín es cómo posicionarse geopolíticamente pasando por alto a EE.UU. Y la respuesta, como presionan amplios sectores del gran capital alemán, se encuentra en una asociación estratégica con Rusia.

Muéstrame el misil

Poco a poco, sin exageraciones y sin sesgar, los militares rusos están empezando a entregar las mercancías. Aquí, por cortesía del blog Vineyard of The Saker, es su presentación clave hasta este momento. Como lo pone The Saker, Rusia tenía -y tiene- una «visión radar 20/20», o vigilancia de espectro completo, sobre todo lo que sucede en Ucrania. Y así, sin duda, lo hace la OTAN. Lo que el Ministerio de Defensa ruso está diciendo es tan importante como las pistas que está presentando para que las sigan los expertos.

El dañado motor a reacción de estribor del MH17 sugiere deformaciones por la explosión de un misil aire-aire -y no un Buk; eso es consistente con la presentación gráfica del Ministerio de Defensa de Rusia, que destacó un SU-25 ucraniano siguiendo el vuelo MH17. Cada vez más, el escenario Buk -histéricamente pregonado por el Imperio del Caos- está siendo descartado. Por no hablar, de nuevo, que ni un solo testigo ocular vio el muy gráfico grueso trazo de un misil, que habría sido claramente visible de haberse utilizado un Buk.

Mucho más allá del hecho establecido de un SU-25 ucraniano seguía el MH17, hay un montón de preguntas sin respuesta, algunas sobre un turbio procedimiento de seguridad en el aeropuerto de Ámsterdam Schiphol -donde la seguridad es operada por ICTS, una empresa israelí con sede en los Países Bajos y fundada por ex oficiales de la agencia de inteligencia israelí Shin Bet. Y luego está la presencia inexplicable de asesores «extranjeros» en la torre de control de Kiev.

Por mucho que Bashar al-Assad en Siria no tenía absolutamente ningún motivo para «gasear a su propio pueblo» -como afirmaba la histérica narrativa del momento- los federalistas del Este de Ucrania no tienen motivo alguno para derribar un avión civil. Y de la misma manera que a Washington le importa un comino la masacre actual de civiles en Gaza, también le importa un comino las muertes de civiles del MH17; la única y sola obsesión es forzar a los europeos a sancionar a Rusia a la muerte. Traducción: romper la integración comercial y geopolítica de Europa y Rusia.

Una semana antes de la tragedia MH17, el Instituto Ruso de Estudios Estratégicos ya estaba sonando la alarma en relación con la «política» del Imperio del Caos y su negativa a «adherirse a los principios y normas del derecho internacional y a las normas y el espíritu del sistema existente de las relaciones internacionales».

Moscú, al constituir su caso sobre la tragedia del MH17, aguardará el momento propicio para desacreditar las afirmaciones de Kiev y maximizar su propia credibilidad. El juego ahora se traslada a las cajas negras y el registrador de voz de cabina. Pero Ucrania seguirá siendo el campo de batalla de vida o muerte -un tablero de ajedrez empapado en sangre.

Pepe Escobar es un periodista brasileño del periódico Asia Times Online y de Al-Jazeera. Pepe Escobar es también autor de: «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007); «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge»; «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009).

Traducido del inglés para El Correo por Alberto Rabilotta

Fuente: http://www.elcorreo.eu.org/Ucrania-Un-tablero-de-ajedrez-empapado-en-sangre?lang=fr

lunes, 21 de julio de 2014

¿GRIETAS EN OCCIDENTE?

 

LA NUEVA CANCILLERÍA ALEMANA (BUNDESKANZLERAMT)

Esos cuatro llamados Puntos Cardinales, son algo con lo que casi nacimos, el amanecer y el ocaso, la mañana y la tarde, el principio y el final de los tiempos. Esos puntos esenciales, tienen varios nombres que se usan con diferentes significados. Algunos de esos elementos denominativos, poseen valores culturales muy conocidos y potentes y así se habla con toda evidencia de ORIENTE y OCCIDENTE, idea geográfica, desde luego, pero mucho más amplia y polisémica.

Dada la esfericidad del planeta, todo es naturalmente relativo y es Oriente para unos y Occidente para otros según el lugar en que se encuentren de la Tierra.

Pero la Historia y las Culturas o Civilizaciones, en presencia y en lucha, se han apoderado de la neutralidad geográfica y han marcado a fuego de modo indeleble determinados contenidos y valores y les bautizaron con uno de los puntos cardinales como señas de identidad. La parte del mundo basada en origen en el cristianismo y la huella greco - romana que lo envuelve, fue llamada OCCIDENTE con muchos otros caracteres y matices bien conocidos para todos.

Sin tener que profundizar en análisis históricos o culturales, tras la Segunda Guerra Mundial la humanidad fue dividida por un teatral espantajo llamado TELÓN DE ACERO inventado al parecer por el singular CHURCHILL, el belicoso dirigente inglés de la contienda contra Alemania y del acoso y deseado derribo de Rusia. La parte dominada por las lenguas inglesas y norteamericanas se autoproclamó como MUNDO LIBRE con su mercantilismo económico y su liberalismo político.

 

DOWNING STREET

La popular GUERRA FRÍA era algo muy cómodo ya que de un lado estaban los tenidos por buenos, los de la libertad ante todo y por el otro estaban los enemigos, Stalin y su herencia, Mao y su revolución cultural, allí estaban justificadas las novelas y películas de espías.

Pero el final de la URSS rompió la aburrida bipolaridad, durante bastantes años el tenido por el OCCIDENTE VENCEDOR anduvo errante a la búsqueda del imprescindible enemigo que diese cohesión a la gran tramoya y el 11 S fue un maravilloso regalo, ya tenía OCCIDENTE un adversario malvado el ISLAM FUNDAMENTALISTA Y TALIBÁN, de nuevo se podía, se debía invertir en armamento, el esquema se había salvado y América e Inglaterra podía acaudillar de nuevo la irrenunciable LUCHA O CRUZADA POR LA LBERTAD. De paso la hegemonía cultural y económica quedaba asegurada para las dos potencias nimbadas con la bendición de su DESTINO MANIFIESTO e incuestionable.

Como entorno y apoyo a los legitimados como PAÍSES JEFES, están los otros miembros de la OTAN y los integrantes de la UE todos marcando el paso de los angloparlantes.

 

SÍNTOMAS DE GRIETAS

La Guerra de Iraq, y la intervención en Libia empezaron a dibujar un cierto resquebrajamiento de las unanimidades del tiempo reciente, la fiel Alemania se distanciaba y París dudaba en Iraq.

Pero entre tanto ha ocurrido lo que el pensador político francés JACQUES SAPIR ha denominado como EL Regreso de Rusia, que ya no es la odiada Unión Soviética pero resulta que tiene otra vez bastante poder y tiende a tener más. Primero Siria y la caliente UCRANIA están sacando a la luz dudas y tendencias de independencia de los países no ingleses, hace muy poco tiempo inimaginables, el gas ruso, la guerra de Gaza la vieja cuestión cubana y otros asuntos serios del tablero mundial, hacen ver que el llamado OCCIDENTE ya nos es tan unitario sin olvidar los paulatinos abandonos del compromiso en Afganistán.

UNA GRIETA INIMAGINABLE.

Se viene diciendo, y es globalmente cierto, que lo que llamamos convencionalmente occidente, al menos desde el punto de vista del enfrentamiento político a escala mundial, es un conjunto de países sometidos y dirigidos por el conglomerado anglosajón. Pero la guerra de Siria puso de manifiesto una desavenencia impensable que no apareció en el conflicto de Iraq o en la guerra de Afganistán. Esta discrepancia consistió en una rotunda negativa del Parlamento inglés a la participación de las tropas de ese país en las operaciones de bombardeo contra Damasco y otras ciudades como, Latakia y Tartús esta última base de la flota rusa del mediterráneo. El parlamento de Londres recogiendo posiciones muy claras de la población, que no deseaba arriesgar soldados en una operación fundamentalmente estadounidense, sacó a la luz que incluso el núcleo fundamental de occidente comienza a experimentar ciertas dudas respecto a su unanimidad interna.

DE LE PEN A SYRIZA

Algo va surgiendo en Europa que no es liberal y no es invitado a los fastos doctrinales del CLUB BILDENBERG, los llaman extremistas y anti sistema, pero es el caso que desde el 25 de mayo traen por la triste calle de la amargura a los consagrados bipartidismos liberales y socialistas, ALEXIS TSIPRAS Y MARIN LE PEN no aprueban las sanciones contra Rusia y Austria ha firmado un acuerdo de gas con Putin. La sucesión de Durao Barroso y la Comisión Europea están resultando ser un guirigay, Obama debe de andarse con cuidado. Nos hallamos en el centenario de la Gran Guerra que fue también llamada  Guerra Europea, los biempensantes decían que eso de la guerra ya no es propio de la hermosa Europa, pero SARAJEVO, BELGRADO, KIEV Y SLAVIANSK ¿Dónde están?

José Ramón Montes, de GATONEGRO, Madrid 21 de julio de 2014

Etiquetas de Technorati: ,,

jueves, 17 de julio de 2014

1914: La brutalización del mundo.

 

TRINCHERAS

 

Entrevista

Stéphane Audoin-Rouzeau · · · · ·

 

Se esperaba una guerra corta. Durará más de cuatro años y en ella cambiará todo: la estrategia militar, la psicología de los soldados, pero también el mapa del mundo y, más allá de ello, nuestra visión del progreso y de la democracia. André Burguière, periodista del semanario parisino Le Nouvel Observateur entrevista en profundidad al historiador Stèphane Audoin-Rouzeau.

Le Nouvel Observateur: Se ha dicho a menudo que los soldados de 1914 partieron en los dos bandos con flores en los fusiles. En París se gritaba: “A Berlin!” y en Berlín: “Nach Paris!”. ¿Qué debemos pensar de este lugar común?

Stéphane Audoin Rouzeau: Los historiadores –sobre todo Jean-Jacques Becker en el caso de Francia- le han hecho justicia desde hace mucho a la idea de que los movilizados partieron en medio del entusiasmo. En algunas grandes ciudades hubo manifestaciones de ardor patriótico. En las capitales y en las estaciones, sobre todo. Pero se puede uno preguntar si esas manifestaciones no eran ante todo una forma de negar la angustia que oprimía a los soldados en el momento de dejar a los suyos. En lo más hondo de los países afectados, la noticia de la guerra fue acogida con un sentimiento de consternación y también de aceptación, que se transformó progresivamente en resolución. Pero fue raro el entusiasmo. Por un fenómeno de selección o de deformación del recuerdo es cómo las manifestaciones de belicismo exaltado en el momento de la partida, puestas de relieve por la prensa y a veces filmadas, han acabado por invadir la memoria.    

Se esperaba una guerra corta, siguiendo el ejemplo de la guerra franco-prusiana de 1870, y fue larga. Al cabo de cuatro meses, el frente se inmoviliza y comienza entonces la guerra de trincheras. ¿Quién había previsto que la guerra tomara ese giro?

Los estados mayores eran conscientes de que podía ocurrir una nueva forma de guerra, y eso desde la guerra ruso-japonesa que todos habían escudriñado atentamente. Sobre todo la batalla de Mukden de febrero-marzo de 1905: de pronto, pareció que la batalla desaparecía, los ejércitos quedaron inmovilizados y enterrados. El mito de la guerra muy ofensiva y breve, que inspiraba los planes de los estados mayores en víspera del conflicto, era una forma de negar la obsesión de que se reprodujera dicho esquema. Habían visto en que se convertía un ejército que se enterraba. Y luego, queriendo evitar la trampa de enterrar a las tropas, han caído en ella. A partir de otoño de 1914, por lo menos en el oeste, se instala un interminable asedio de 700 kilómetros de largo a campo abierto. Las causas de esta inmovilización son las mismas que las de la guerra ruso-japonesa: la intensidad de fuego (el cañoneo de una artillería completamente renovada, en particular) que obliga a enterrarse.      

¿Se trata de una guerra totalmente nueva?

Los soldados se quedaron pasmados ante la potencia del fuego a distancia en los primeros enfrentamientos en septiembre de 1914, en las fronteras de Bélgica o de Alsacia-Lorena: combates extraordinariamente mortíferos. Para los estados mayores, una vez más, esta intensidad no suponía nada nuevo: la habían observado durante la guerra de los Boers, la guerra ruso-japonesa o en última instancia en las guerras balcánicas. Se atenía esencialmente a los perfeccionamientos de la artillería, al papel desempeñado por la artillería pesada en el campo de batalla junto a la artillería de campaña, al muro de balas levantado ante ellas por las ametralladoras, al aumento del alcance de las armas individuales y al nuevo poder de penetración de las balas, propulsadas por pólvora sin humo. El perfeccionamiento técnico se aceleró durante el conflicto, pero sin innovación radical, con excepción de los gases tóxicos puestos a punto por Alemania y rápidamente imitados por el otro bando. 

Por lo que respecta a la pareja “tanques-aviones”, se impone tardíamente, en el curso del año 1918. Desde entonces, los aviones, utilizados al principio para vuelos de reconocimiento o combates aéreos individuales que recordaban a la antigua caballería, al final de la guerra atacan a las tropas en tierra por medio del bombardeo o el ametrallamiento.    

Pese a la existencia de combates a corta distancia, es verdad que raros, la muerte es, por tanto, esencialmente anónima. Se asiste a una despersonalización profunda de la violencia bélica.

Los mandos tuvieron las mayores dificultades a la hora de pensar este tipo de guerra e intentaron recuperar la movilidad perdida. Pero en vano…y al precio de espantosas pérdidas. Los franceses, en particular, subestimaron el papel de obstáculo que desempeñaban las alambradas y no reconocieron más que lentamente la necesidad de moverse en las diferentes líneas de trincheras escalonadas en profundidad.

En 1918, generalizando una táctica ya aplicada en 1917 en otros frentes, los alemanes lanzan a las Sturmtruppen (de las que formó parte Ernst Jünger) para penetrar en las primeras líneas enemigas, sacándole partido a su agresividad y autonomía con el fin de desorganizar el frente adverso. Frente a esta táctica tan provechosa, los franceses se mantienen en la defensa de la primera posición, antes de admitir el principio de defensa en profundidad. En el fondo, es la recurrencia de ofensivas desastrosas la que hizo evolucionar a los estados mayores, pero al precio de la rotación de los generales en jefe…y de espantosas pérdidas humanas.   

Por tanto, la guerra ha cambiado de naturaleza. ¿Y el combatiente?

El combatiente, también. Hay una novedad antropológica en esta guerra. Se pasa del combate del “cuerpo enderezado” al del “cuerpo acostado” y escondido. En septiembre de 1914, los soldados se dejan matar cargando de pie. El equipo militar no había abandonado los colores (los pantalones rojos de los franceses seguían siendo un caso extremo). Luego, con las trincheras, se pasa al cuerpo disimulado, acostado, protegido. La retro-innovación del casco (para proteger de los desprendimientos y de la caída de rocas, y no de las balas) fue adoptada por todos los ejércitos, con excepción de los rusos. Es ésta una experiencia corporal nueva: la batalla, en tanto que experiencia de enfrentamiento muy intenso pero breve, se ve reemplazada por una violencia discontinua pero interminable.

Este nuevo tipo de combate ha configurado un nuevo tipo de soldados. Sobre todo de soldados que ya no saben moverse. En el verano de 1918, cuando los Aliados retoman la ofensiva, los soldados ya no saben avanzar y son por tanto los contingentes norteamericanos, que no han adoptado todavía la costumbre de enterrarse, los que mejor reaccionan. Eso es también lo que explica que los Aliados, pese a una superioridad técnica y demográfica aplastante a partir del verano de 1918, no hayan podido quebrantar al ejército alemán en el campo de batalla. Lo rechazan progresivamente, como un muro que retrocede, pero sin llegar a derribarlo, lo cual ha tenido su parte asimismo en el mito alemán de un ejército invicto en 1918.           

¿Por qué estos forzados de las trincheras han aguantando tanto tiempo en ambos lados, pese a algunos baches, como, por ejemplo, en 1917?

La “leva masiva” había existido desde la Revolución, pero no con la misma intensidad. Gran Bretaña, aferrada a una larga tradición de soldados de enganche. no recurrió a la conscripción más que a partir de 1916, y Australia, que envió, sin embargo, contingentes militares importantes, no llegó nunca a establecerla. La coacción del aparato militar no puede explicar por sí sola que los “poilus” hayan podido soportar tales sufrimientos durante tanto tiempo. La razón esencial de su tenacidad tiene que ver con el hecho de que se trata de ejércitos de ciudadanos con educación, salvo en el caso del ejército ruso, que no ha aguantado tan bien y ha acabado por sublevarse literalmente en el otoño de 1917.   

La escolarización, la conscripción y la lectura de periódicos, como ha mostrado Eugen Weber, han homogeneizado las actitudes y las expectativas. Han reforzado el apego a la nación. Los soldados comprenden y aceptan los objetivos de guerra de sus gobiernos. Sus motivaciones defensivas  han seguido siendo fuertes, pese al aflojamiento de 1917, y en el campo aliado se aprecia una “removilización” en 1918. Pero la experiencia de las trincheras, con sus sufrimientos y sus violencias, va a endurecer a cambio los comportamientos políticos. Se ha descrito este endurecimiento de los comportamientos como un proceso de “brutalización”, una forma de transposición en la vida política de postguerra de las representaciones y de las prácticas adquiridas en el combate: el culto del jefe, de la obediencia, de la fuerza y de la acción violenta, por ejemplo. El fascismo, el nazismo y en cierto modo también el bolchevismo son igualmente herederos de la violencia de guerra.       

Otro resorte secreto de la resistencia de los combatientes tiene que ver con los beneficios de la educación: se trata del apoyo moral que les aportó la correspondencia. En momentos de calma en el frente occidental, los soldados escriben de media una carta al día a su mujer, a su novia, a sus padres o a sus allegados. Se enviaron miles de millones de cartas por medio de un servicio postal al que las autoridades militares dedicaban la máxima atención, pues valoraban su interés psicológico. En la correspondencia no se habla ni de detalles de la guerra (censura obliga) ni de política sino antes bien generalmente de lo que han dejado atrás. Los campesinos y los comerciantes siguen gestionando sus negocios. Los padres vigilan la escolaridad y el comportamiento de sus hijos. Se habla también de amor, y mucho. Como una inmensa red inmaterial tendida más allá de los campos de batalla, estos innumerables intercambios epistolares han permitido a los muertos-vivos de las trincheras seguir siendo civiles de uniforme, animados por la esperanza de volver entre los suyos.    

Los imperios centrales (Alemania y Austria-Hungría) han perdido la guerra. Pero, ¿quién la ha ganado?

En 1918, la cuestión de la victoria queda zanjada: los Aliados han ganado la guerra de la manera más nítida y el Tratado de Versalles, impuesto sin discusión a Alemania, expresa perfectamente este predominio. Pero las primeras dudas sobre la extensión real de la victoria se revelan con bastante rapidez, pues la cuestión no estriba en ganar la guerra sino en ganar la paz: desde mediados de los años 20, esas dudas asaltan a la opinión pública de las potencias victoriosas, y no dejarán, después, de propagarse. Añadamos que la dominación de Europa sobre el mundo se ve profundamente afectada por la guerra, en beneficio de nuevas potencias, como los Estados Unidos, que forman parte de los vencedores. Su dominación colonial, que reposaba sobre una imagen de autoridad moral e invulnerabilidad, conocía sus primeros cuestionamientos por parte de los pueblos colonizados. Han asistido al enfrentamiento de las potencias coloniales, que han perdido todo su prestigio a sus ojos matándose entre ellos, y que han tenido que ir a mendigar su implicación para evitar la derrota.

Hoy en día, el problema del desenlace de la I Guerra Mundial se plantea de manera diferente: se ha impuesto el sentimiento de que la gran Guerra no dejó más que vencidos, lo que me parece bastante exacto. No queda gran cosa, en efecto, de las inmensas esperanzas suscitadas por la victoria de 1918, tal como las expresaron sus contemporáneos. De lo que más nos damos cuenta ahora es de hasta qué punto la idea de “progreso”, consubstancial a la idea democrática en el siglo XIX y a principios del XX, ha sido subvertida en profundidad por el primer conflicto mundial:  me parece que nunca ha llegado exactamente a recuperarse.    

¿1918 no es por tanto una victoria de la democracia?

En apariencia, o a corto plazo, con el hundimiento de los imperios, la victoria de las democracias parece completa: la creación de la Sociedad de Naciones constituye una suerte de transposición de esto en el plano internacional. Y en efecto, hay que reconocerlo, las democracias se han mostrado más eficaces que los regímenes autoritarios a la hora de efectuar los buenos arbitrajes que imponían las economía de guerra, repartiendo más armoniosamente la carga del conflicto entre el frente y el “frente interior”. En este sentido, su victoria es también la victoria de los valores y del tipo de régimen que encarnan.

Con todo, esta victoria ha sido de corta duración: la democracia retrocede enseguida en todas partes, hasta el punto de tomar la forma de ciudadela asediada en el curso de la década de 1930. Hay que señalar aquí varias cosas: a corto o a más largo plazo, la “brutalización” de las sociedades europeas por la guerra, por retomar el concepto evocado anteriormente, introducido por el gran historiador norteamericano George Mosse, tuvo importantes efectos en el campo político. No se puede comprender la afirmación de los grandes totalitarismos del siglo XX sin hacer referencia a la experiencia bélica: la victoria del bolchevismo en Rusia no es concebible sin referencia a la guerra, lo mismo que la brutalidad que despliega en la guerra civil, en el curso de la cual el nuevo régimen, nacido en 1917, vuelve a usar de modo intensivo todas las técnicas del campo de batalla. El fascismo italiano, ese “producto” ideológico nuevo, surge del intervencionismo italiano y de la experiencia combatiente.    

En cuanto al nazismo, es en grandísima medida una derrota rechazada tanto como una Gran Guerra que se vuelve a librar: contra el enemigo interior, en primer lugar, los judíos y los rojos, que habrían apuñalado por la espalda al ejército alemán e instaurado la República de Weimar, abandonista y, luego, contra el enemigo exterior. No se comprende nada de su energía asesina sin hacer referencia a sus raíces, que se hunden en la Gran Guerra, tal como la vivió Alemania, en sus modalidades de derrota militar no percibida y no asumida como tal. 

Los pueblos vencedores, los franceses, ingleses, italianos, ¿se dejaron llevar por la sensación de victoria?

Los festejos de la victoria que tuvieron lugar en los países aliados en 1918, 1919 o 1920, según calendarios diferentes, son indiscutiblemente fiestas espectaculares. Las escenas de alborozo podrían hacer pensar que la ebriedad de la victoria lo arrastra todo entre los antiguos beligerantes victoriosos. En realidad, y más en profundidad, las sociedades europeas han quedado marcadas por el luto masivo; un luto integrado por otra parte en la fiesta, en forma de homenaje a los muertos.    

El culto de los muertos reviste en la postguerra en Europa una intensidad sin precedentes, a escala nacional (los monumentos y los homenajes al Soldado Desconocido) como a escala local (los monumentos a los caídos erigidos en cada localidad). Domina la impresión de que las sociedades europeas intentaron, tras la gran matanza, una forma de catarsis. ¿La lograron? Lo dudo. El aspecto espectacular de la conmemoración de los muertos no significa necesariamente que haya aliviado el luto de los vivos. Este es masivo, a menudo redoblado o multiplicado. También es prolongado. Estoy persuadido de que esa huella es todavía perceptible en Francia, donde, es verdad, dos tercios de la sociedad están, de una forma u otra, de luto al concluir la guerra.   

La relación que mantenemos con esta guerra parece dar la razón a Maurice Barrès: la patria son nuestros muertos. Pero los supervivientes, ¿no nos han transmitido nada?

El legado de la Gran Guerra debe entenderse de diferentes maneras, según las generaciones. Tenemos en principio la experiencia de la primera generación, la de los combatientes, la de las familias de luto. Una experiencia a menudo callada, oculta: el libro de Jean Rouaud Les Champs d´honneur, de 1990, [Los campos del honor, Anagrama, Barcelona, 1991] muestra esto admirablemente. A continuación está la experiencia de la segunda generación, que ha vivido en esta sociedad, en estas familias enlutadas, y que ha sufrido ese silencio sin poder traspasarlo, cuestionarlo. Y luego está la tercera generación, la que plantea las preguntas, de diferentes maneras: es la mía.

En Quelle histoire. Un récit de filiation (1914-2014) quise mostrar cómo la guerra y sus traumatismos podían inscribirse en el parentesco, destruyendo, por ejemplo, los lazos de los veteranos con sus ascendientes, con sus allegados, con sus descendientes. He intentado la experiencia del relato y del análisis de un proceso de este género en mi propia familia, centrándome en mi abuelo paterno, que volvió vivo y aparentemente intacto de la guerra, pero destruido en profundidad, luego en mi propio padre, el cual, a falta de haber comprendido la guerra de su padre, se vio atrapado por la violencia del conflicto, que no sólo se desplegó en ese instante sino también posteriormente. Es lo que he terminado por comprender a través de mi labor de historiador y lo que, al mismo tiempo, le da acaso más sentido.  

Stéphane Audoin-Rouzeau (1955), director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y presidente del centro internacional de investigación del Historial de la Grande Guerre de Peronne, en el Somme, es uno de los máximos especialistas franceses en la I Guerra Mundial, a la que ha dedicado numerosos estudios, además de dirigir la obra colectiva Encyclopédie de la Grande Guerre 1914 - 1918 (Éditions Bayard, 2004).

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Ucrania, génesis de un conflicto

 

 

SLAVIANSK 

 

 

Rossana Rossanda · · · · ·

 

 


Prensa y televisión pintan un cuadro de una Ucrania pobre pero democrática que se debatiría entre las garras del oso ruso, el cual, después de haberle arrancado la península de Crimea, querría devorarla entera. Pero la historia de las relaciones entre Rusia y Ucrania es todo menos lineal. Y Europa parece haber olvidado historia, geografía y política.

Cierto es que Europa no nació en clave antiamericana sino, dadas las dimensiones y el número de habitantes, al menos como gran mercado autónomo y  con una moneda acaso competitiva; y durante algunos años esto es lo que ha sido. Pero desde hace algún tiempo ha subrayado de modo pasmoso un papel que antaño se habría llamado “atlántico”. Ya no bajo enseña anticomunista, al haber desaparecido el comunismo de golpe, sino antirrusa. 

Hace algunos años me decía Immanuel Wallerstein que, agotados todos los enfrentamientos ideológicos, las nuevas guerras habrían de ser comerciales. ¿Y qué otro sentido darle al conflicto que se desarrolla en Kiev? Parece tener por objeto la identidad nacional de Ucrania. Excepción hecha de Il Manifesto, toda la prensa y la televisión pintan el cuadro de una Ucrania pobre pero democrática que se debatiría entre las garras del oso ruso; el cual le ha arrancado ya la península de Crimea y querría devorarla entera. Poco falta para que se defina a Rusia como un nuevo Tercer Reich. Con ocasión del 70 aniversario del desembarco de Normandía, el presidente francés Hollande fue acusado de haber invitado también a Putin a las celebraciones - como si la batalla de Stalingrado no hubiera permitido a los Estados unidos el desembarco mismo, distrayendo del norte de Europa al grueso de la Wehrmacht –, cuando al mismo tiempo había invitado nada menos que a unidades alemanas a participar en la conmemoración del primer lanzamiento paracaidista aliado sobre el pueblo de Sainte-Mère-l’Eglise.

Desde algunos días más tarde sabemos que los Estados Unidos, ni siquiera el presidente Obama sino su antiguio rival Mc Cain – han exhortado a Bulgaria, Serbia y los demás países involucrados en un proyecto de gaseoducto para transportar el gas ruso por Europa (con un trazado que evitaba Ucrania, por ser mala pagadora) a clausurar las negociaciones en curso, preferiendo un nuevo trayecto a través de Ucrania a ese otro que iría directamente por Europa occidental. Estupor y tímidas protestas de Bruselas, convencida de que se trata de una amenaza simbólica. Que se inserta, no obstante, en el marco de un cambio de las exportaciones de los EE.UU., ya dirigidas al comercio del gas de esquisto, que, por lo demás, todavía no está en marcha.

Europa teme represalias de Rusia por haber aplaudido el derrocamiento del presidente ucraniano filorruso Yanukovich a manos de las fuerzas (de la plaza Maidán) que hoy están en el gobierno en Kiev. Pero la historia de las relaciones entre Rusia y Ucrania es todo menos lineal. El principado de Kiev fue la primera forma del futuro imperio ruso, anexionado por Catalina II a Rusia hacia la mitad del siglo XVIII y que estableció en Crimea su base naval más fuerte. Su cultura, su desarrollo y sus personajes, de Gogol a Berdiaev, han estado entre los protagonistas de la literatura rusa del siglo XIX. Toda la literatura rusa queda marcada por la guerra entre Rusia, Inglaterra y Francia, que trataron de ponerle las manos encima: no hay más que pensar en Tolstoi y en la topografía de las capitales correspondientes, ricas en avenidas y arterias que la conmemoran (Sebastopol). Pero al país, que en su origen había sido recorrido, como Italia, por multitud de etnias, de los escitas en adelante, le ha costado unificarse como nación, distingiuéndose por luchas crueles y no sólo de ideales entre diversos nacionalismos, a menudo de derecha. La culminación se produjo en la I y en la II Guerra Mundial: en la primera bajo la presidencia de Petliura, nacionalista de derecha, cuando Ucrania se convirtió en refugio último de los generales “blancos” Denikin y Wrangel, con el enfrentamiento entre él y la república soviética de Jarkov. Sólo con la victoria definitiva de la URSS se consolidó la república soviética nacida en Jarkov, destinada a convertirse en los años 30 en centro de la industrialización. Industrialización desarrollada exclusivamente en el este (la cuenca de Donbás, con capital en Jarkov), mientras el oeste del país seguía siendo en su mayor parte agrícola (capital Kiev, asimismo de toda la república); y ésta sigue siendo la base del contencioso entre la dos partes del país. Luego, durante la II Guerra Mundial, la ocupación alemana concitó el favor de una parte del panorama político ucraniano, una herencia evidentemente todavía viva en los recientes hechos de la Plaza Maidán: el partido explícitamente nazi todavía se muestra activo y no es la última de las razones por las que el país sigue dividido entre la zona oriental y la occidental. Tras la II Guerra Mundial, Jruschov dio a Ucrania plena autonomía administrativa, Crimea incluida, sin ninguna consecuencia políticamente relevante, pues seguía siendo un proceso interno de la Unión Soviética.

Sólo desde 1991 y el derrumbe de la URSS, bajo presión asimismo polaca y lituana, mira el gobierno de Ucrania a Europa (y  a la OTAN) y aumenta su enfrentamiento con su parte oriental. Parece imposible que en Occidente no se haya considerado que la Unión Soviética no era sólo una fórmula jurídica: disolverla arbitrariamente y desde arriba, como ocurrió en 1991, significaba crear una serie de situaciones críticas, tanto en la cultura como en las relaciones económicas que atraviesan todo ese vasto territorio. Desde entonces no ha escondido Kiev que apuntaba a una unificación étnica y linguística también forzosa de las dos zonas, hasta llegar a prohibir el uso de la lengua rusa a los habitantes del este para los que era habitual. 

Europa y la OTAN no han dejado de apoyar las políticas de Kiev ni la insurrección, luego, contra un presidente Yanukovich muy corrupto, obligado a cortar los lazos con Moscú. Pero la zona oriental seguro que no lo lamenta: no tolera el gobierno de Kiev y su complicidad con la OTAN, pero no porque tenga nostalgia de este personaje. Se ha rebelado contra la política pasada y reciente de Kiev que ha intentado incluso impedir el uso de la lengua rusa, usada por la mayoría de la población en el este. Europa y la OTAN, apoyadas por Polonia y Lituania, afirman que no se trata de una verdadera y espontánea solución nacionalista sino de una ingerencia directa de Rusia, y así lo dicen la prensa y la televisión italianas. No hay duda de que Rusia ha querido el retorno de Crimea a su seno, pero la propuesta del este de formar una federación con el oeste, garantizando la autonomía de ambas partes, fue bloqueada por Kiev y el gobierno de los insurgentes. La decisión de votar en un referendum contra Kiev en el Este la tomó no Putin, puesto en un brete, sino la población del Este que ha votado en este sentido en un 98%. No se trata de un proceso regular (no aceptaríamos que el Alto Adigio [región del norte de Italia de lengua alemana] votase uno de estos próximos domingos su incorporación a Austria sin algún precedente diplomático negociado), pero no ha sido siquiera una maniobra rusa, como ha sostenido Europa entera. 

Es sorprendente que hasta lo poco que queda de las izquierdas europeas haya abrazado esta tesis y que no hayan tenido ningún eco en Italia las reservas de Alexis Tsipras respecto a las políticas de Brusela. Hay incluso quien evoca de modo irresponsable acciones armados contra Moscú. La deriva de los conflictos, militares también, y no solamente en Ucrania, corre el riesgo de dejar todavía más señales en una Europa que ha olvidado historia, geografía y política.

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

viernes, 11 de julio de 2014

EL AGUA DERECHO HUMANO





 Infraestructuras Públicas para el derecho al agua

  
Los miedos de Aquafed, el principal lobby europeo del agua
Pablo Elorduy
Diagonal
Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, federación que une a Suez y Veolia, muestran su inquietud ante la iniciativa por el derecho al agua.
Hay palabras que se gastan con el uso y otras que nunca acaban de popularizarse. Si hablamos de la Unión Europea, lobby es el primero de esos casos y el neologismo “comitología” está en la segunda categoría. Dicen que el primer Conde de Romanones dijo aquello de “Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, y eso da muestra de la importancia que tiene el desarrollo que sigue a una ley –o directiva, en el caso de la Comisión Europa–, en la que “expertos” o comitólogos, ponen la letra que acompaña a la música que propone la Comisión Europea.
Dos documentos enviados a la Comisión Europea por Aquafed, la federación internacional de operadores de agua privada, que agrupa a los dos gigantes internacionales del sector, Suez y Veolia, muestran el impacto que una Iniciativa Ciudadana Europea ha tenido a la hora de plantear cómo se gestiona y cómo se garantiza el derecho al agua en la Unión Europea. Pero la batalla del agua en Europa aún no se ha terminado, y a partir de septiembre se decidirá quién pone la letra al cambio de ritmo propuesto por la sociedad europea en una consulta sin precedentes que, a decir de Aquafed, tambalea las bases del Tratado de Lisboa de 2007.












EMBALSES PARA EL SUMINISTRO DE AGUA PÚBLICA



Dicha iniciativa, que se cerró en septiembre de 2013, llegó a la Comisión Europea gracias a que más de 1.880.000 personas de los distintos Estados europeos pusieron su firma en una campaña, Right2Water (derecho al agua), que ha obligado a las instituciones a tomar en cuenta las demandas de la sociedad civil, especialmente de la Europa central, respecto al agua. Lo que se pretende con ella, según explica Pablo Sánchez Centellas, responsable de comunicación de la Federación Europea de Sindicatos de Servicios Públicos, es conseguir una directiva vinculante que dé garantías sociales, como el acceso a un mínimo vital de agua por persona, y que ésta no se pueda cortar a personas en situación de pobreza. La Comisión ha abierto un periodo de consultas a la ciudadanía, que comenzó el 23 de junio y terminará el 23 de septiembre, que se utilizará “como base para decidir si es necesario mejorar la Directiva 98/83/CE sobre el agua y qué aspectos en particular”. De este modo, la iniciativa ha acompañado un debate de actualidad en países como Alemania, donde el Ayuntamiento de Berlín optó por la remunicipalización del agua a pesar de que tendrá que pagar cuantiosas indemnizaciones, o Grecia, donde, en mayo, el Gobierno central prohibió una consulta sobre la privatización del agua impulsada por la ciudad de Tesalónica.
Aunque no se propone un único modelo, la iniciativa recoge los casos de aumento de tarifas tras el paso de un operador público a uno privado, así como la “trampa” de los cánones concesionales, el elemento “que más limita a los ayuntamientos”, según explica Eloi Badia, de la plataforma Aigua és Vida. Cánones que han supuesto la subida del recibo del agua, por medio de la “ingeniería en el recibo”, como la califica Badia, destinada a asegurar un beneficio que ronda, según los casos, entre el 10 y el 20% de la factura y que han servido también para usar el agua “como un activo financiero” de los ayuntamientos.
Como recuerda Badia, en las elecciones del 25 de mayo, cinco de los seis candidatos a la presidencia de la Comisión se posicionaron a favor del derecho al agua. Antes, en 2013, la sociedad civil obtuvo una victoria con la exclusión del agua y el saneamiento de la directiva de concesiones. Una retirada de calado, ya que, según se calculó entonces, el 50% de las concesiones afectaban al agua. Para Sánchez Centellas, esta decisión, que fue calificada como “vergonzosa” por Aquafed, llevó al principal lobby del agua a “activar su batería de vínculos en la Comisión Europea”.
El tono es distinto en los dos documentos enviados por Aquafed a la Comisión Europea, publicados por la organización Acces Info Europe. El primero, de fecha 31 de enero, es un análisis legal de la Iniciativa Legislativa Popular, de la que dice que puede llevar a procesos “opacos y discriminatorios”. Aquafed muestra su inquietud con la Iniciativa Legislativa Popular y recuerda en varias ocasiones que “la iniciativa no crea una obligación de actuar” sino que es una mera “invitación” y que “crearía un precedente peligroso que puede suponer la desintegración del mercado interno”. Además, instó a Eureau, una plataforma técnica a atacar la iniciativa, lo que generó una fuerte controversia, y los representantes de Aquafed denunciaron que la iniciativa es un “mecanismo de los lobbies del agua pública de Alemania”.
El segundo informe de Aquafed, en febrero, es un cambio de tercio ante la exitosa trayectoria de la iniciativa. Para Sánchez Centellas, es una muestra de que “la ola les sobrepasa”. Así, el informe considera que es “muy difícil interpretar” qué querían decir los casi dos millones de personas que firmaron la declaración cuando dice que “el suministro y mantenimiento de los recursos hídricos no debe sujetarse a las reglas del mercado interno y que el agua debe excluirse de la liberalización”.
En vista de eso, Aquafed ha optado por una jugada propia de la “comitología”, en primer lugar pide la inclusión del derecho humano al acceso al agua potable y sanitaria segura en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, algo para lo que se necesita mayoría en el Parlamento y unanimidad en el Consejo Europeo –lo que parece difícil dada la posición de Reino Unido respecto al acceso al agua–. Además, Aquafed pide la creación de un comité de expertos o “terceras partes” para el debate en el Parlamento y la Comisión.
Pero hay otro punto de apoyo para Aquafed y es que, aunque de momento el tema del agua se mantiene bloqueado en las negociaciones del acuerdo comercial entre EE UU y la UE (TTIP, por sus siglas en inglés), su liberalización puede reactivarse en el futuro. Esto acarrearía dificultades ya que las empresas tendrían derecho a exigir indemnizaciones por beneficios no obtenidos o ­demandar en un mecanismo de solución de diferencias entre inversor y Estado a las localidades que opten por la remunicipalización de su servicio de aguas. Decisiones recientes como las del Ayuntamiento de Ermua (Bizkaia), donde la presión ciudadana terminó con la concesión a Aquarbe, del grupo Agbar, o Montpellier, donde se ha remunicipalizado el servicio, dependerían aún más de las decisiones políticas de municipios, regiones y mancomunidades para mantener en un nivel de gestión democrático un recurso común y básico como el agua