jueves, 6 de noviembre de 2014

MUNDO REVUELTO

 

BREMEN, LA ALEMANÍA DE SIEMPRE

Rafael Poch de Feliu

Europa, su crecimiento en entredicho, y la política exterior del Occidente en crisis

Alemania está técnicamente en recesión y no crea empleo. Estancamiento puro y duro. Son los datos de la oficina federal de estadística del año 2012 (crecimiento del PIB, 0,4%) y del 2013 (0,1%). Cifras fundamentales de su (engañosa) contabilidad, que en Alemania vienen siempre rodeadas de toda una sinfonía de índices del Instituto IFO, sobre la “confianza empresarial” (casi siempre en aumento) y el “buen ambiente” del raquítico consumo interno nacional. El número de empleados está estancado, las cifras de paro (3 millones) siguen sin moverse y el número de horas trabajadas ha retrocedido (un 0,3%) en ambos años. Desde 2008 el PIB alemán ha crecido un 2,2%. A eso antes se le llamaba estancamiento. ¿Ha venido para quedarse?

No es que creamos en su “crecimiento”. Ese desastre consiste en consumir más de lo que el planeta es capaz de generar y transferir una factura inconmensurable a las futuras generaciones. La política de austeridad de los últimos años parece condenar a Europa a un largo proceso de estancamiento a la japonesa. Quizá el “crecimiento” se ha acabado. El estancamiento puede ser una buena noticia, una invitación a reformar las engañosas contabilidades basadas en el incremento del PIB que ignoran la degradación humana del cambio global; en el clima, en los océanos, en los ecosistemas, y, por supuesto, en las sociedades.

Sin creer en ello, lo que constatamos es la contradicción de su disparatada doctrina: La estrategia europea para continuar alimentando ese errado ídolo no funciona. Toda la construcción austeritaria del eje Berlín-Bruselas, con sus vasallos incondicionales en Madrid, y sus comparsas, socialdemócratas o conservadores, un poco por todas partes, se viene abajo a la luz de las cifras alemanas que pasaban por ser ejemplo continental. ¿En nombre de qué se va a justificar ahora la prioridad del pago a los causantes del casino? Por mucho que se reste a la esfera social no hay “crecimiento”. ¿Cómo van a seguir justificando el recorte?

El otro gran vector europeo del momento es el Acuerdo comercial con Estados Unidos, negociado en secreto en nombre de los europeos, para incrementar la primacía de las finanzas y las transnacionales sobre el control público, es decir todo aquello que está en el origen de la crisis. La crisis del proyecto europeo es la suma de esos dos vectores; el estancamiento, por un lado, y el esfuerzo manifiestamente antidemocrático por incrementar la regresión humana, por el otro. Es la fórmula perfecta para la desintegración que propone la tecnocracia oligárquica de Bruselas. Las sociedades de consumidores cada vez más desiguales (entre ellas y en su interior) que componen la UE, difícilmente volverán a apoyar un “proyecto europeo” privado de la promesa de prosperidad y visto cada vez por más gente como la autopista de la involución, el recorte y la desposesión. Pero, ¿se rebelarán?

De la indignación a la organización

En Francia, el país con la tradición social más despierta de Europa, la resistencia de la sociedad a las “reformas” —cuando “reforma” en el actual contexto solo puede equivaler a “cambio a peor”— y las acusaciones de “conservadurismo” —que, tratándose del propósito de conservar lo que queda de derecho laboral y de soberanía, es todo menos denigratorio—, confluyen en un panorama turbio. Por un lado el Partido Socialista está en vías de “psoización” o “pasokización”, por el otro las aguas de ese más que justificado desencanto generacional con la “gauche” (recordemos que su abrazo al neoliberalismo, vía el europeísmo, data de 1983 con Mitterrand) las recoge más el ultraderechista Frente Nacional de la Señora Le Pen que el Front de Gauche de Mélenchon y compañía. No es que la sociedad gire hacia la ultraderecha, es que el Frente Nacional tiene mayor credibilidad antisistema que incluso que el Front de Gauche salpicado por sus parentescos con una gauche sin credibilidad: el PCF sigue empeñado en pactar con las “fuerzas sanas” del PS, un partido de gente favorecida, como los verdes alemanes, en el que, “la mitad de los miembros son cargos electos y la otra mitad aspirantes a serlo”, explica un observador. Partido Socialista del que el propio Mélenchon fue miembro y ministro del gobierno hasta no hace mucho.

Mélenchon, un líder potente, menos brillante que Oskar Lafontaine pero con la ventaja de que predica en terreno mucho más fértil para la rebelión, no cree en la “unión de la gauche”, sino que va más allá: llama a “reunir al pueblo” por encima de partidos para iniciar un proceso constituyente. Palabras mayores. Dice que las de 2017, “no serán unas elecciones, sino una insurrección”… Aún es pronto para vislumbrar hacia donde evolucionará toda esa bien fundada cólera que hay en la sociedad francesa, que ya no se expresa a través de los canales tradicionales vigentes desde el siglo XIX: las fuerzas políticas y los sindicatos, sino por medio de movimientos parecidos a una jacquerie como el de los bonnets rouges. Esa cólera se ha expresado también en decenas de atentados e incendios, apenas noticiados, contra sedes de hacienda un poco por todo el país, o en las movilizaciones conservadoras de la manif pour Tous que tanto recuerdan al Tea Party. En Halluin, localidad de 20.000 habitantes del norte de Francia, el alcalde explica que se han quemado 23 coches en dos semanas. Es el tipo de sucesos de la crónica de provincias que no llegan a París. El alcalde de Halluin, de derechas, le pide a Hollande que en lugar de meterse en guerras contra el Estado Islámico, envíe policías a su ciudad…

En España, donde finalmente la indignación se está organizando —esa es la ventaja con Francia, en todo lo demás se va claramente por detrás— sigue incubándose la tormenta perfecta: un big bang en el que saltan por los aires todas las instituciones sobre las que se apoyó la modélica transición. ¿Será Grecia el detonante, con una victoria electoral de Syriza que cuestione la legitimidad de la deuda e inspire la contestación de toda la región? De momento, allá se vuelven a pagar intereses astronómicos por la deuda.

Política exterior

Ese panorama de latente polvorín tiene su correspondiente política exterior. Una política violenta. Dos crímenes de distinta envergadura marcaron la crónica estival: la última masacre de Gaza a cargo de Israel, con una destrucción inmensa, 2000 muertes palestinas (la mayoría civiles, entre ellas 500 niños y 13 periodistas), y la guerra que Estados Unidos y la Unión Europea apadrinan en Ucrania contra Rusia.

En Palestina todo fue según el guión habitual: comprensión y apoyo occidental al decimonónico colonialismo del Herrenvolk israelí hacia los subhumanos (Untermenschen) palestinos, todo ello acompañado del establecimiento de 7500 colonos más en tierra ocupada de Cisjordania en el primer semestre del año: ya son 382.000. El crimen no es la ampliación de esta ocupación, sino la ocupación misma. Suma y sigue.

En el frente del Este el derribo sobre el cielo de Donetsk del vuelo de Malaysia Airlines (MH17) en el que perecieron 283 pasajeros y 15 tripulantes el 17 de julio de 2014. El examen del tono con el que los medios de comunicación rusos informaron de aquel suceso dejó la sensación de que se trató de un criminal error de los rebeldes de Ucrania Oriental, pero, pasado el intercambio de acusaciones, por razones desconocidas se ha dejado de hablar del asunto. Si en el caso del crimen de Gaza, la impunidad es lo corriente, en un avión cargado de pasajeros holandeses de primera clase, lo es mucho menos. Tarde o temprano esto traerá cola judicial. No es este el mayor misterio de la serie Malaysia Airlines…

Mientras tanto, el ejército ucraniano ha sido batido en el frente de Donetsk y la criminal chapuza euroatlántica en Ucrania comienza a cobrarse sus facturas. Los encargos a la industria alemana cayeron un 5,7% en agosto en relación al mes anterior. Fue en julio cuando la Unión Europea estableció, por primera vez desde la guerra fría, sanciones directas contra Rusia. Con la eurozona económicamente estancada por su propia política económica y con China enfriada, las sanciones contra Rusia son la guinda que corona el pastel al que nos ha llevado la política de austeridad alemana. Al mismo tiempo, el “Consejo de Seguridad” de la Unión Europea (es decir, la OTAN, otro concepto que debemos a Pepe Escobar), confirmaba en su cumbre de septiembre en Gales el intento de Estados Unidos de aprovechar la crisis inducida con Rusia para integrar la Europa del Este con mayor fuerza en su esfera. El resultado es ambiguo.

Formalmente no miembros, Suecia y Finlandia pasan a ser países “anfitriones” de la OTAN, se crea una “fuerza de reacción rápida” con varios miles de hombres para ser desplegada de urgencia y se apoyan las sanciones. Al mismo tiempo, por doquier señales de descomposición y recomposición en las placas tectónicas imperiales.

En Berlín un debate, que apenas trasciende a los medios de comunicación, sobre la necesidad de reformular el vínculo con Estados Unidos. Durante veinte años Europa ignoró los intereses de seguridad rusos y sus reiteradas quejas, conforme la OTAN se saltaba, una tras otra, todas las “líneas rojas” formuladas por Moscú. Llegados a Ucrania, cuando el forzado cambio de régimen en Kíev y el avance de la OTAN a las mismas fronteras de Moscovia, han hecho reaccionar defensivamente al Kremlin, esa reformulación está al rojo vivo. Merkel se debate ahora entre la necesidad de una entente con Moscú y su disciplina atlántica.

Entre Moscú y Pekín un idilio ambiguo. Moscú hace ver que considera a China como su alternativa de repuesto a la Unión Europea, cuando en realidad el sueño de Putin sigue siendo llegar a un acuerdo con Merkel que integre a Rusia en la “seguridad continental” (el problema de Merkel es que eso tiene un precio con Washington, de ahí las vacilaciones). Respecto a China, algo parecido: quienes ya dan por hecho un bloque ruso-chino opuesto a Occidente, ignoran la enorme desconfianza que China suscita en Moscú desde los años setenta. En el Kremlin, en el ejército y en el espionaje (incluso en la sinología soviético-rusa), siempre ha habido una corriente que consideró a China como el “principal peligro”. El sueño de Pekín es alcanzar algún tipo de acuerdo, un modus vivendi, no con Rusia, sino con su principal quebradero de cabeza: Estados Unidos. Tanto Rusia como China tienen cartas marcadas en el juego de su idilio. Aunque una locura del tamaño de una guerra occidental contra Irán, podría cambiar el sentido de muchos sueños.

En la zona petrolera

Nueva espiral de caos junto a los pozos de petróleo, la sangre vital de ese crecimiento que ha costado la desaparición de la mitad de los animales salvajes del planeta en solo cuarenta años. Hagamos memoria.

El resultado de la segunda guerra de Irak (la de Bush, hijo) fue un país dividido en reinos de taifas controlados por sunitas, chiítas y kurdos, con el gobierno de Bagdad reducido a una camarilla corrupta alimentada por dinero americano, explica Peter van Buren, un ex funcionario del Departamento de Estado norteamericano que participó en la “reconstrucción” de Irak. El precio de tan magnífico resultado fue el siguiente, recuerda; 25.000 millones para entrenar al ejército iraquí, 60.000 millones para la “reconstrucción”, 2 billones para la guerra, 4.500 soldados de Estados Unidos muertos y más de 32.000 heridos. A todo ello hay que sumar un verdadero holocausto iraquí que las diferentes estimaciones cifran entre 190.000 y un millón de muertos.

En Afganistán la cuenta de costes, humanos y económicos, y resultados alcanzados, es igualmente reveladora: trece años después los talibán siguen dominando gran parte del territorio y la mayoría del ejército occidental está haciendo las maletas. La estrategia occidental contra el “Estado Islámico” continúa sobre la estela de esos mismos desastres. Nacido entre las ruinas de Siria, primero fue subvencionado y armado y ahora es bombardeado. ¿Puede concebirse algo más demencial?

Los dos componentes esenciales de esta obra de arte son el militarismo más la “diplomacia de la exclusión”: acuerdos internacionales para bombardear (creando nuevas víctimas civiles y desastres parejos a los que en su día generaron la actual crisis), que dejan siempre fuera a los países y organizaciones capaces de contribuir a acuerdos pacificadores, sea Siria, Rusia e Irán, o Hamas, Hezbollah u otros.

Esta estrategia —si se puede llamar así a algo tan disparatado en su desastrosa reiteración— es tan contradictoria como sugiere el hecho de que en esta excluyente coalición bombardera figuren países como Turquía, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos que desde el principio financiaron y armaron —incluso con recursos químicos propagandísticamente achacados al adversario, como explicó el periodista Seymour Hersh en otro gran informe silenciado— al extremismo sunita contra el régimen sirio, convirtiendo en guerra abierta la fractura de Siria que con una genuina diplomacia (la que reúne en la negociación a todas las partes implicadas con un objetivo de evitar violencia) podría haberse evitado.

Esos países, “estaban tan decididos a derrocar a el-Assad y a promover una guerra entre sunitas y chiítas, que inundaron con centenares de millones de dólares y miles de toneladas de armas a cualquiera que luchara contra el”, reconoció cándidamente el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, en una charla ante estudiantes de Harvard el pasado 2 de octubre. La consideración fue disciplinadamente silenciada por los medios de comunicación, aunque Biden no dijo lo principal: que Washington y sus agencias formaban parte de “esos países” y que el “Estado Islámico” ha sido producto de los métodos habitualmente empleados por Estados Unidos en la región desde 1979. Fue entonces cuando, ante la revolución iraní y la intervención de la URSS en ayuda del régimen laico afgano, se decidió promocionar y organizar una “internacional radical sunita”, de las que los talibán, al-Qaeda y el Estado Islámico han sido epígonos más o menos desmadrados. Primero se financia, organiza y arma al sujeto para utilizarlo contra un adversario, luego, cuando el sujeto (talibán o al Qaeda) se vuelve contra uno, se le combate. La película del Estado Islámico es una vieja reposición. La novedad es la rapidez del giro: entre 1979 y el 11-S neoyorkino pasaron más de 20 años. Ahora, entre el apoyo a la oposición siria y el combate a su principal vector, apenas pasaron tres años. La misma rapidez en el paso de los amigos que se arma y financia convertidos en amenaza, se observa en Libia.

El auge del tradicionalismo religioso radical y de derechas representado por el actual integrismo, tiene, naturalmente, raíces propias, pero no se entiende sin recordar la sistemática destrucción de la izquierda árabe que Occidente, y especialmente Estados Unidos, vino practicando durante la guerra fría, cuando casi todos los movimientos de liberación nacional árabes eran laicos y “progresistas”, lo que solía llevar implícito la voluntad de salvaguardar sus recursos naturales de la rapiña extranjera, y, lo que era aún más grave, utilizar esos recursos hacia el desarrollo de sus propias poblaciones o proyectos nacionales.

Mucho de todo eso fue recordado por el Presidente iraní, Hassan Rujani, en el discurso que pronunció el 25 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU, igualmente silenciado, pese a la actualidad del más que moderado sentido común que expresó:

“Todos aquellos que tuvieron un papel en la financiación y apoyo de estos grupos terroristas deberían reconocer sus errores que condujeron al extremismo, deberían disculparse no solo ante las pasadas generaciones sino hacia las futuras”. (…) “la experiencia de la creación de al-Qaeda, los talibán, y otros grupos extremistas, ha demostrado que esos grupos no pueden ser utilizados contra Estados adversarios, manteniéndose al mismo tiempo inmune a las consecuencias. La repetición de estos errores, a pesar de tantas y tan costosas experiencias, es desconcertante”.

Y como resumen, una constatación: se cumple, en todos los frentes, el pronóstico de Immanuel Wallerstein acerca de la volatilidad de esa multipolaridad que sucede al mundo de la guerra fría. El de ahora es, verdaderamente, aún más convulso y revuelto que el anterior. El fin de la bipolaridad ni siquiera ha traído pasos significativos en materia de armas de destrucción masiva. Tanto en las relaciones internacionales, como en el calentamiento global —y en el cambio global en general— se observa la misma peligrosa dinámica de aceleración.

[Fuente: Diario de París, La Vanguardia]

martes, 4 de noviembre de 2014

LA INANIDAD DAÑÍNA DE LA UE

 
LOS PADRES FUNDADORES

La actual crisis ha puesto en evidencia las graves carencias y contradicciones de la Unión Europea (UE). Es por ello que a nuestro parecer sus causas hay que buscarlas más allá de la coyuntura económica a partir de 2007, sino en su propia configuración como proyecto neoliberal. Las grietas abiertas en la UE no son solo el resultado ante los estragos de una crisis, sino también consecuencia de las respuestas para enfrentarla. Una respuesta que, como veremos, resulta carente de argumentos democráticos que la legitimen.
Punto de partida. El fracaso de un modelo neoliberal
Sin ánimo de idealizar el período precedente, la creación de la Unión Europea (UE) supone un punto de inflexión en el proceso de construcción europea. La firma del Tratado de Maastricht en 1992 implicaba una institucionalización del neoliberalismo en Europa. Pero en realidad podemos fijar una fecha alternativa, el 1 de julio de 1990, cuando se firma la libre circulación de capitales como significativo primer paso hacia ese modelo de Europa neoliberal.
La viabilidad de la UE implicaba la capacidad de hacer converger en un mismo espacio a economías con importantes asimetrías en sus especializaciones y capacidades productivas, en niveles de renta, protección social… Esto no supone en sí mismo un problema, pero exige articular una serie de mecanismos y políticas comunes en materia de inversiones, equiparación de necesidades sociales básicas, etc. Todo ello coordinado en unas instituciones comunitarias democráticas. Sin embargo, al anteponer la liberalización financiera, se coloca el carro por delante de los bueyes, siendo los mercados quienes pasan a ser considerados en sí mismos como instituciones a cuyo criterio los Estados han de supeditarse disciplinariamente. Resulta significativo al respecto que el símbolo de la nueva ciudadanía europea quedase reducido a una moneda.
El punto de partida de la UE es pues el de unas importantes asimetrías entre sus Estados miembros y los esperados automatismos de mercado su principal elemento vertebrador. Además, las instituciones europeas se conforman en un complejo aparato burocrático sin control democrático y un Parlamento Europeo muy limitado en sus funciones.
En consecuencia, si bien la crisis se evidencia en la UE a partir de 2008 procedente del crac financiero en Estados Unidos, sus determinantes se remontan más atrás en el tiempo. Coincidimos así con otros autores, cuando señalan que la crisis iniciada en el verano de 2007 al otro lado del Atlántico constituye más un punto de llegada que de partida. La crisis no surge en la UE pero pone en evidencia sus graves fallas estructurales. De igual modo, aunque nos centremos aquí en el caso europeo, éste ha de encuadrarse en un contexto más amplio de crisis internacional, que obedece a múltiples causas pero que evidencia el fracaso del régimen neoliberal imperante a escala global.
Tras una fugaz primera respuesta vía gasto público, el discurso oficial cambió, sobre todo a partir de la crisis griega en 2010, para responsabilizar a la deuda pública como factor causante de la recesión. Se obvia con ello que el endeudamiento precrisis se concentraba mayormente en el sector privado, sobre todo empresas y bancos. También en Grecia. La liberalización de la cuenta de capital y los desequilibrios financieros, tanto en la eurozona como a escala global, propiciaron un modelo de crecimiento impulsado por el crédito privado canalizado por la banca, sobre todo en Europa, donde los bancos tienen un mayor protagonismo sobre el conjunto del sector financiero. El rescate bancario no comenzó en la periferia, sino en el núcleo de la eurozona y Reino Unido, dada su elevada exposición en EE.UU.
Los problemas para la banca periférica vinieron por otro lado. No tenían una elevada exposición en los mercados estadounidenses, pero dependían sobremanera de la financiación externa para ofrecer sus préstamos. La caída de Lehman Brothers en 2008 cortó los mercados internacionales de crédito y dejó a estos bancos sin acceso a financiación mayorista. En esta situación carecían de capacidad para prestar y como la demanda interna se mantenía vía crédito, al caer éste la demanda sencillamente se desplomó. El problema en la periferia revertía en los bancos de las principales economías de la UE porque una parte de su actividad financiera se hallaba precisamente en prestar a esos bancos de la periferia que buscaban financiación externa.
El problema de gobernabilidad en la UE se complicó especialmente en la eurozona. Sin duda por las múltiples carencias de su unificación monetaria pero sobre todo, y vinculado a ello, el hecho de que acreedores y deudores compartan una misma área. La lentitud en la toma de decisiones en las autoridades europeas, ya sea la Comisión en Bruselas o el BCE en Fráncfort tiene a nuestro juicio mucho que ver con este hecho. También la naturaleza de la respuesta en forma de medidas de “austeridad”. El tiempo no es una variable neutral. La falta de decisiones y el bloqueo liderado por Alemania permitían que esos bancos, especialmente germanos y franceses, se deshiciesen de activos de las economías periféricas en dificultades.
De igual modo, las políticas de recortes son para rescatar a los pretendidos rescatadores. En este sentido, la dinámica del proceso recuerda a la de América Latina. Dos son al menos los factores comunes a destacar: uno, el problema de impago se niega durante años mientras los bancos prestamistas reparan sus balances; y dos, la aplicación de severos programas de ajuste exigidos por los acreedores precisamente para maximizar la recuperación de sus empréstitos.
Resulta especialmente elocuente la actitud del BCE. A menudo las críticas se centran en su prohibición de financiar directamente a los Estados miembros. Al respecto coincidimos con la necesidad de un banco central que actúe también como prestamista de último recurso para los gobiernos y no solo para los bancos. Pero cabe advertir que esta misma restricción la tienen los principales bancos centrales del mundo, incluida la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón, entre otros. El elemento distintivo y llamativo del BCE está en su actitud con las compras de deuda soberana en los mercados secundarios. Nada se lo impide y forma parte normal de las operaciones de mercado abierto en cualquier banco central como mecanismo para regular la liquidez en los mercados financieros. Pero la posición de algunos países, de nuevo encabezados por Alemania, consideró que esto era un rescate encubierto a Estados. Ante la agudización de los problemas en dos economías periféricas de gran tamaño, como son España e Italia, a partir de 2011 las compras se hicieron inevitables ante el riesgo de que su acceso a los mercados financieros se hiciera inasumible, como ya pasara con Grecia, Portugal e Irlanda.
Pero la novedad era que, para realizar esas compras, el BCE imponía medidas de condicionalidad exigiendo compromisos en materia de recortes y reformas estructurales. Obviamente la verdadera preocupación del gobierno alemán o el de otras economías del núcleo no estaba en los límites jurídicos del BCE, sino que su intervención permitiría relajarse a los deudores en las medidas exigidas por los acreedores para maximizar la devolución de sus deudas. Sin embargo, con esa condicionalidad el BCE se extralimitaba claramente de sus funciones. Nada en sus estatutos le permitía tal chantaje a los gobiernos. Ello plantea el hecho de que el sobreendeudamiento causado por su inacción hasta entonces pueda ser considerado como ilegal y dicha deuda haya de ser entonces anulada.
Las grietas sociales, laborales y sociales del ajuste
«Es duro pero no hay más remedio». Es el mantra recurrente a la hora de justificar los ajustes. Sin embargo, hace ya muchos años que incluso desde la economía más ortodoxa quedó evidenciada la falacia de la austeridad. Es decir, los efectos perniciosos de estas políticas se conocen desde hace mucho tiempo, y su pretendida justificación “técnica” es solo ideológica y afín a determinados intereses de clase.
Básicamente, ante una situación de sobrendeudamiento de los agentes privados (bancos, empresas y hogares) la demanda se hunde porque priorizan el pago de deuda. En esa situación una política de recortes del gasto público solo agrava la situación y ahí el Estado es el único capaz de aumentar su gasto para remontar la demanda y revertir la situación. Por supuesto no cualquier gasto público tiene el mismo efecto. Por ello entendemos que esa política fiscal expansiva ha de tener la creación de empleo como objetivo prioritario y aprovecharse para una verdadera transformación del tejido productivo y energético con criterios ecológicos, equidad y de equilibrio territorial.
La creación de empleo estable y con equidad de género es una urgencia en la UE. En apenas cinco años, entre 2008 y 2013, el número de personas desempleadas en la UE-28 ha aumentado en más de 9,5 millones de personas hasta superar los 26 millones de parados.
Aproximadamente una de cada tres personas que han perdido empleo en estos años procede de España. O una de cada dos si consideramos solo la eurozona. En el caso del paro juvenil España y Grecia tienen tasa superiores al 50%.
En cuanto a la eurozona, la mitad del desempleo era en 2013 de larga duración, es decir, de uno o más años. Un porcentaje similar al de España, pero que en el caso de Portugal supera el 56%, en Irlanda el 60% y 67,5% en Grecia. Esta larga duración del paro aumenta evidentemente los riesgos de pobreza y exclusión social. Al respecto, la UE-28 contaba en 2012 con cerca de 124,5 millones de personas (24,8% de la población) en tal situación, casi 6,5 millones de personas más que apenas dos años antes, en 2010. En el caso de la eurozona el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión superaba en 2013 los 77 millones (23,4% de la población).
Y si conseguir un empleo se complica, trabajar tampoco garantiza escapar de la pobreza. En Grecia el 15,1% de las personas con empleo sigue siendo pobre. Los otros dos países de la eurozona con mayor porcentaje de trabajadores pobres son España e Italia con 12,3% y 11% de empleados respectivamente.
El aumento del desempleo, la precariedad laboral y la devaluación salarial elevan los niveles de desigualdad. Según datos de Eurostat España es ya la economía más desigual de la UE en términos de la proporción de ingresos del 20% más rico con respecto al 20% más pobre. Así, en 2012, el quintil de renta superior tenía unos ingresos de 7,2 veces los del quintil inferior.
En todo caso, tanto en España como en el conjunto de la UE la desigualdad ya seguía una dinámica creciente antes de la crisis, siendo precisamente la deuda privada la encargada de mantener animada la demanda, mientras los salarios reales se estancaban y caía su participación sobre la renta total en la mayor parte de economías europeas.
Austeridad o Derechos Humanos
Las políticas de ajuste exigidas por los acreedores encuentran un elevado grado de comprensión en las élites locales de los países de la periferia quienes, de hecho, no pocas veces, han superado en dureza las recomendaciones comunitarias. No es para menos, pues las políticas de devaluación salarial les han permitido atacar la negociación colectiva debilitando así la capacidad de los trabajadores en la fijación de sus salarios y facilitando a las empresas los despidos. Por otra parte, las privatizaciones de empresas públicas, o de su gestión, la liberalización de nuevos sectores, etc. ofrecen importantes posibilidades de negocio a grandes empresas locales y extranjeras. El objetivo pues no ha sido solo el cobro de la deuda, sino un auténtico saqueo en muchos casos a costa de quienes menos tuvieron que ver con la crisis y que ahora más padecen sus consecuencias.
A su vez, los programas de austeridad, especialmente los impuestos por la llamada Troika (Comisión Europea, BCE y Fondo Monetario Internacional) suponen una vulneración de los derechos humanos fundamentales. Partamos de una idea sencilla: en cualquier Estado de derecho la legislación ampara al acreedor a la hora de recuperar sus deudas. Pero de igual modo existen límites. Así, por ejemplo, sería contrario a derecho que el acreedor pudiera exigir a su prestatario que vendiese un órgano de su cuerpo o que le sirviese durante un tiempo en régimen de esclavitud para saldar cuentas. Hay una serie de derechos fundamentales que amparan a la persona y a los que no puede renunciar. Esto mismo pasa con respecto a las políticas de austeridad. La exigencia para garantizar el pago de una deuda no puede nunca estar por encima de las necesidades básicas que un Estado tiene obligación de atender. Desde este punto de vista, por cierto, la reforma de la Constitución española en 2011 resulta un auténtico escándalo.[
Diversos informes, como el publicado por el Consejo de Europa han evidenciado las graves vulneraciones de los derechos humanos ante el desproporcionado impacto ante los grupos sociales más vulnerables y marginados. Otro elaborado por el Comisario de la Cámara de Trabajo de Viena, muestra igualmente la vulneración de derechos en los Memorándums de Entendimiento firmados en los rescates de la troika. Asimismo, Oxfam ha puesto en evidencia los nocivos efectos de las políticas de austeridad en términos de pobreza y desigualdad.
La UE sufre los estragos de una severa crisis bancaria por sobreendeudamiento privado, propiciada por un modelo neoliberal que ella misma institucionalizó. Un sobreendeudamiento privado que se trasvasa ahora al sector público mediante rescates a los bancos y como efecto de unos insuficientes ingresos fiscales, más los efectos desastrosos de la austeridad. Pero después de gastarse entre 2008 y 2012 un total de 591,9 miles de millones de euros solo en recapitalizaciones directas a sus bancos (un 4,6% del PIB de la UE-28), se afirma que lo insostenible es el Estado de bienestar. Mientras, el sector financiero y sobre todo la banca que gestó la crisis se mantienen intactos.
Existen alternativas pero las soluciones no vendrán solas y tampoco con ninguna elite. La verdadera y novedosa esperanza surge, como siempre, desde abajo; de la organización democrática desde diversos movimientos sociales que defienden que otra Europa es posible. Que apuestan por alternativas democráticas al ajuste neoliberal, como las plataformas que trabajan por la realización de auditorías ciudadanas de la deuda, en las que se determine la parte ilegítima, ilegal, insostenible y/u odiosa de ésta para su anulación. Ninguna crisis de deuda se ha superado sin aplicar importantes quitas. El debate real no es pues el impago, sino determinar quién lo asume. Por eso, lo interesante de estas plataformas es que plantean un proceso de desendeudamiento democrático, guiado por los deudores, desde abajo para que por fin paguen los de arriba.


Antonio Sanabria es economista investigador en el CADTM Bélgica.

Éric Toussaint es Doctor en Ciencias Políticas por las Universidades de Lieja y París VIII y portavoz del CADTM Internacional.
Texto aparecido originariamente en el nº 28 del Boletín Ecosocial de la FUHEM (septiembre-noviembre) de 2014 y el blog del Coletivo Novecento disponible en este enlace.

jueves, 23 de octubre de 2014

Una nueva ofensiva neoliberal: estamos hablando del Acuerdo Transatlántico (TTIP)

 

 

 

Dolors Comas · · · · ·

19/10/14


 

¿Conocemos estas siglas?: TTIP. Son las siglas en inglés del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones que se está negociando en secreto desde inicios del año 2013 entre Estados Unidos y la Unión Europea. El objetivo divulgado, facilitar la cooperación. El trasfondo, no explicitado, fortalecer las grandes corporaciones y socavar el poder de los gobiernos. Una nueva ofensiva neoliberal, potente, de la cual no estamos hablando.

El 5 de enero de 2013, Javier Solana, ex secretario general de la OTAN y alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común, publicaba un artículo en el periódico El Paísdonde defendía vigorosamente la necesidad de cooperación económica entre Estados Unidos y Europa que, según él, aportaría crecimiento económico y empleo. El mismo rotativo ha publicado recientemente una entrevista con Anthony Gardner, donde el embajador de Estados Unidos en la UE destaca también los grandes beneficios y oportunidades que ha de aportar el TTIP. Ésta es la perspectiva de quienes satisfacen las aspiraciones de los grandes poderes corporativos, a pesar de que utilicen un lenguaje impregnado de ideas de progreso económico y social, y es la perspectiva que nos arriba mayoritariamente desde los medios de comunicación.

¿Nos podemos imaginar que las empresas multinacionales demanden a los gobiernos porqué han hecho disminuir sus beneficios? Podemos concebir que puedan reclamar (y obtener!) una generosa indemnización para compensar las legislaciones laborales o medioambientales que dificulten su actividad? Así comienza el artículo publicado a Le Monde Diplomatique porLori M. Wallach, presidenta de Global Trade Watch, para hacer notar que lo que nos parece absurdo es justamente lo que posibilita el Acuerdo Transatlántico. El TTIP no se limita a eliminar aranceles y a abrir los mercados a los inversores de una parte y otra del Atlántico: va más allá, como nos explica José Anastasio Urra en la web d’Attac. Se trata de armonizar las normas sociales y ambientales, rebajándolas, y poniéndolas al servicio de las grandes corporaciones.

Las perspectivas que abre el TTIP son terroríficas si las confrontamos con aquel ya viejo “modelo social europeo” que se está haciendo trizas a pasos agigantados. Degradar los derechos laborales, todavía más, para fragmentar a los trabajadores y negar incluso el derecho a hacer huelga. Suavizar las normativas europeas en materia ambiental, para hacer posible el fracking, por ejemplo. Modificar las normativas que afecten a la agricultura y al consumo para que los productos modificados genéticamente puedan entrar sin problemas a Europa. Abrir los servicios públicos (como los sanitarios) a la inversión privada. Reforzar las patentes farmacéuticas, con el encarecimiento de los medicamentos. Desregular de forma definitiva todo el sector financiero. Otorgar más poder a las corporaciones en la lucha contra la piratería, cosa que comporta su acceso a la información privada ciudadana. Y, para colmo, resolver los conflictos entre corporaciones y gobiernos en tribunales especiales, de carácter mercantil, compuestos por miembros escogidos por influencia de las corporaciones y con funcionamiento opaco. Todo ello está pendo para favorecer a las grandes empresas multinacionales, a costa de los intereses de la gente.

El TTIP se inspira en el acuerdo de partenariado transpacífico (Trans-Pacific Partnership, TPP), que entró en vigencia a inicios del 2006. La opacidad es también una característica de este Acuerdo más antiguo: actualmente se quiere incorporar un capítulo sobre propiedad intelectual y se está negociando con total secreto per parte de los 12 países implicados. Vale la pena entrar en la web de WikiLeaks, que revela los contenidos de esta parte del acuerdo. Cubre temas que afectan a las industrias farmacéutica, registros de patentes y derechos de autoría digitales. Los expertos dicen que afectan a la libertad de información, a las libertades civiles y al acceso a los medicamentos. Hacia esta misma dirección se dirige el Acuerdo Transatlántico.

Estamos hablando muy poco de todo esto. En el caso de Cataluña, el ensimismamiento con el proceso soberanista no nos está dejando ver ni analizar cómo operan los verdaderos mecanismos de poder, los que están haciendo avanzar una nueva ofensiva neoliberal: más bienestar para las corporaciones, más mala vida para los trabajadores y trabajadoras: más poder para el mercado, y mucho menos poder para los estados: y ¿aún hablamos de soberanía? ¿Por qué nuestro Parlamento o el Congreso de Diputados no está discutiendo este tema? ¿Qué dice el Parlamento Europeo? ¿Qué están haciendo nuestros gobernantes respecto a este gran acuerdo que se está cocinando desde arriba, de forma antidemocrática, y que nos colará nueves normativas que afectarán gravemente a nuestros servicios públicos, a nuestros derechos como consumidores, a nuestra creación cultural, a nuestros derechos laborales, a nuestro medio ambiente, a nuestras vidas? ¿No es importante? ¿No nos concierne? ¿Por qué no estamos hablando del TTIP?

Dolors Comas d’Argemir es catedrática de antropología social de la universidad pública Rovira i Virgili de Tarragona y presidenta de la Fundació Nous Noritzons

Fuente: SINPERMISO

martes, 7 de octubre de 2014

Hollande y Renzi: La transformación final

 

HOLLANDE                                RENZI

 

Rossana Rossanda · · · · ·


 

Han bastado una reunión del Ecofin y la advertencia de Draghi para bajarle los humos a Francia e Italia, y dejar reducidas a cero las ambiciones de la campaña electoral de Hollande y de la no campaña de Renzi. Nada de inversiones productivas que los dos líderes se esforzaban por mantener fuera de las ligaduras del presupuesto europeo: ambos se han orientado a presionar exclusivamente sobre la reducción no sólo de los costes de trabajo sino de los salarios (quizás como ulterior reducción de los parados). Hollande no tiene necesidad de leyes ad hoc, anuncia que reformará el macizo Código del Trabajo y viene de semanas acaloradas: primero ha despedido en tres horas al ministro del crecimiento productivo, Arnauld Montebourg, seguido por Hamon y  Filippetti, que se han quedado fuera del gobierno en un abrir y cerrar de ojos; después ha tenido que encajar treinta votos en contra de su mayoría en el Parlamento, manteniendo la propia por un solo escaño. Pero esto no le ha hecho desviarse del camino emprendido: el presidente ha tomado la palabra en una rueda de prensa en la que ha asegurado que no habría cambiado una coma de su desastroso rumbo. Dentro de no mucho llegarán las elecciones regionales y muy pronto las del Senado; a este paso, habrá otra tormenta, que se va formando sobre los socialistas, pero, sea Hollande o Valls, se mantienen firmes, confiando acaso, como confirman algunos personajes de su entorno, en una benévola "curva de Kondriatev", la "onda larga" del ciclo económico que aseguraría una recuperación natural del crecimiento antes del final de su mandato.

En Italia, Renzi ha descubierto parcialmente sus cartas en la ya famosa Jobs Act[Ley de Empleo]. Y ha afrontado con cara de pocos amigos el escándalo del enésimo fuera de juego del artículo 18, el que impedía el despido "discriminatorio". Toda la prensa italiana se ha alineado con él, excepción hecha de Il Manifesto, argumentando sobre todo que el famoso artículo tendría solamente un valor simbólico, en la medida en que raramente se aplica: es sabido que la mayor parte de los despidos se realizan por verdaderas o presuntas razones económicas, que no tienen que ver con problemas de presupuesto sino con un cambio de estrategias, encaminadas sobre todo a la deslocalización. Mientras tanto, se ha subestimado lo que a mí me parece el mayor escándalo, a saber, el dispositivo por el cual en los tres primeros años de empleo "indefinido", cualquier trabajador quedaría sujeto a despido. ¿Por qué tres años? Cualquier trabajador os dirá que para aprender al dedillo el cometido que se le exige basta como máximo una semana; como mucho, en dos la empresa esta en condiciones de darse rápidamente cuenta de si está o no en condiciones de insertarlo en el plano productivo. ¿Por qué permitirle al patrono sus buenos tres años "flexibilidad" gratis? No lo explica nadie. Es un sistema para prolongar el precariado – no sé cómo se podría definir de otro modo – convirtiendo a todos en precarios hasta el inicio del llamado "empleo de tutela creciente" [modalidad de contrato prevista por la Jobs Act]: tres años de tutela cero.

Salvo Luciano Gallino y Pierre Carniti, toda la prensa le ha dado un relieve positivo a lo elegido por Renzi, acompañado, según su costumbre, de insolencias hacia los sindicatos. La prensa presuntamente de centroizquierda, como La Repubblica, se ha distinguido en la cruzada contra el conservadurismo de quienes querrían conservar algún derecho al trabajo, entre ellos una parte del PD considerada vieja y conservadora. No sólo los jóvenes Fassina y Civati sino el viejo Bersani. Ya veremos cuanto tiempo resistirá el ataque la minoría del área ex comunista, pero es verdad que si cede desaparecerá también la sombra del abominado PCI y quedara por constatar qué cambios asumirá sin confundirse con el centrismo puro y duro, representado por otra parte por el joven primer ministro. Está en curso la transformación final de la escena política italiana. La francesa ya no tiene necesidad de ello, si se considera que para el puesto del impetuoso ministro Montebourg se ha nombrado a un directivo de la banca Rotschild. Además, en Italia, naturalmente, queda – enroscado en torno a Renzi – el evergreen Berlusconi. Para el que pensaba tener derecho a un trabajo, ha muerto la piedad [1].   

Nota del t.:

[1] "Pietá l´é morta" es el título de una canción partisana italiana del año 1944, que retoma una melodía de los "alpinos" en la Primera Guerra mundial, revivida en 2005 por el grupo Modena City Ramblers y la cantante Ginevra di Marco.  

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Quién está diciendo la "Gran Mentira" sobre Ucrania?

 

 

LUGANSK

Exclusiva: Washington describe la crisis de Ucrania como un film en blanco y negro con el presidente ruso Putin de malo y los golpistas de Kiev respaldados por EE.UU., de buenos. Pero la realidad es muy diferente. Mientras, el pueblo norteamericano permanece en su permanente engaño, ignorando los hechos clave.

Si nos preguntamos cómo podría el mundo tropezarse con la Tercera Guerra Mundial —como lo hizo en la Primera Guerra Mundial hace un siglo— todo lo que necesita es fijar su atención en la locura que ha envuelto a la práctica totalidad de la estructura de los medios políticos de Estados Unidos sobre el conflicto de Ucrania, donde un falsa narrativa de sombreros blancos contra sombreros negros se apoderó desde el principio de la situación, demostrando ser impermeable a la razón y a los propios hechos.

La mentira original tras la última sesión de "pensamiento en grupo" del Washington oficial, fue que el presidente ruso, Vladimir Putin instigó la crisis en Ucrania como parte de algún plan diabólico para reclamar el territorio de la extinta Unión Soviética, incluyendo Estonia y otros países bálticos. Aunque no hay en ello una pizca de información veraz, Estados Unidos apoyó este escenario y todas las personas "inteligentes" de Washington sólo "sabían" que esto era verdad, sin más, por decreto de la prensa prostituida al sistema y las grandes corporaciones.
Sin embargo, una vez que se reconoció la realidad —aunque pronto fue olvidada— la realidad es que la crisis fue provocada el año pasado por la Unión Europea al proponer un acuerdo de asociación con Ucrania, mientras que los neoconservadores estadounidenses y otros políticos de la línea dura y expertos en geoestratégia del bunker industrial-militar, decidieron utilizar a Ucrania como herramienta estratégica para socavar políticamente a Putin dentro de Rusia.
El plan incluso fue anunciado por organismos ultraconservadores estadounidenses, como la Fundación Nacional para la Democracia presidida por Carl Gershman, que escribió en la página editorial del Washington Post calificando a Ucrania como "el premio más grande" que le había tocado a Occidente y un paso intermedio importante para finalmente derrocar a Putin en Rusia.
Gershman, cuya organización está financiada por el Congreso de Estados Unidos, escribió: "Con la elección de Ucrania de unirse a Europa se conseguirá la desaparición de la ideología del imperialismo ruso que Putin representa. ... Los rusos, también, se enfrentan a unas elecciones, y Putin puede encontrarse a sí mismo en el lado perdedor no sólo entre sus vecinos, sino dentro de la misma Rusia."
En otras palabras, desde el principio, Putin fue el objetivo de la iniciativa de Ucrania, no el instigador. Pero incluso si se decide ignorar la clara intención de Gershman, habría que inventar una teoría de la conspiración muy retorcida para apoyar la creencia convencional sobre el gran plan de Putin.
Para creer que Putin era de hecho el autor intelectual de la crisis, habría que pensar que de alguna manera dispuso que la UE ofreciera el acuerdo de asociación el año pasado, luego convenció al Fondo Monetario Internacional para fijar esas "reformas" draconianas al presidente ucraniano, que hicieron a Viktor Yanukovich desistir de la operación.
Entonces, Putin tuvo que organizar manifestaciones masivas en la plaza Maidan de Kiev contra Yanukovich mientras entrenaba a las milicias neonazis para que aportaran la brutal violencia necesaria para finalmente derrocar al presidente electo y reemplazarlo por un régimen dominado por los nacionalistas ucranianos de extrema derecha y los tecnócratas designados y respaldados por Estados Unidos. A continuación, Putin tuvo que conseguir que el nuevo gobierno realizara acciones provocativas contra los rusos étnicos en el este, incluyendo la amenaza de prohibir el ruso como idioma oficial. E incluir en este guión que Putin —al mismo tiempo— estaba actuando como si estuviera tratando de ayudar a Yanukovich a desactivar la crisis e incluso consiguió la aquiescencia de Yanukovich para acordar que el 21 de febrero aceptara un acuerdo negociado por tres países europeos pidiendo elecciones adelantadas en Ucrania en las que arriesgaba el poder. En cambio, Putin fue supuestamente estaba ordenando a las milicias neonazis que expulsaran a Yanukovich mediante un golpe de Estado el 22 de febrero, todo ello para crear la crisis actual.
Si bien este escenario de fantasía sería el del más extremado rubor teórico de la conspiración, esta narrativa fue abrazada por destacados políticos estadounidenses, entre ellos la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, y los "periodistas", del New York Times y la CNN. Todos ellos coincidieron en que Putin era un loco inmerso en una tarea de agresión brutal contra de sus vecinos con el objetivo de reconstruir el Imperio Ruso. Clinton incluso lo comparó con Adolf Hitler.
A continuación, esta falsa narrativa fundacional fue adornada por un cuadro pintado por el persistente de EE.UU. distorsionando los informes sobre el desarrollo de la crisis. De hecho, durante los últimos ocho meses, hemos visto sin duda desde varios ángulos la cobertura de una importante crisis internacional, aunque hubo otras estampidas esperpénticas del estilo de la inexistentes armas de destrucción masiva de Irak en 2002-03, la supuesta bomba nuclear de Irán, cuyo supuesto proyecto para sirvió demonizar a Irán durante de las última décadas, la "crisis humanitaria" de Libia de 2011, y el ataque con gas sarín en Siria en 2013.
Pero la histeria sobre Ucrania —con funcionarios estadounidenses y editorialistas ahora tratando de urdir una respuesta militar de la OTAN sobre la supuesta "invasión" de Ucrania por parte de Rusia— plantea la posibilidad de una confrontación nuclear que podría acabar con toda la vida en el planeta.
La 'Gran Mentira' de la "Gran Mentira"
Esta locura alcanzó nuevos vuelos con un editorial del 1 de septiembre en el neoconservador Washington Post flagrantemente erróneo al afirmar que el ocultamiento de las armas de destrucción masiva por parte de Sadam Hussein era un "hecho incontrovertible". En su nueva redacción, el Mensaje retomó muchos de los elementos clave de la narración falsa sobre Ucrania en el contexto orwelliano de acusar a Rusia de engañar a su propia gente.
La "claridad cristalina" del editorial del Post consistía en contar la "Gran Mentira", mientras que acusaba a Putin de contar la "Gran Mentira." El editorial comenzó con el mito original de la agresión llevada a cabo por Putin cuyo "amargo resentimiento" por el colapso del imperio soviético había hecho metástasis en el nacionalismo ruso en plena ebullición...
"En el enjuiciamiento de la ampliación de la guerra en Ucrania, también se están utilizando los medios de comunicación controlados por el Estado para ocultar la verdad, de tal forma que la mayoría de los rusos están mal informados —o informados a medias— sobre los acontecimientos en su vecino del oeste...”
"En referencia a las milicias rusas del este de Ucrania, ahora respaldadas por las tropas y las armas rusas, Moscú habla de los combatientes ucranianos comparándolos con los nazis de Ucrania que lucharon a favor de Hitler y en contra de sus propios compatriotas en la Segunda Guerra Mundial. Las propias fuerzas que respaldan al gobierno de Ucrania en Kiev son fascistas y neo-nazis, según dijo el Sr. Putin personalmente el viernes".
El mensaje continúa: "Contra los instrumentos de propaganda de Rusia, Occidente podría promover una versión justa y objetiva de los hechos. Incluso en un país con un acceso sin restricciones a Internet, el poder de los medios de comunicación tiene una influencia importante en la opinión pública".
La distorsión de la corriente principal de los medios de comunicación norteamericanos al “informar” de la crisis de Ucrania es algo que ni un totalitario real podría haber soñado. Prácticamente ausente de los principales medios de comunicación norteamericanos de todo el espectro político, no ha habido ningún esfuerzo significativo para contar el otro lado de la historia o para descubrir las muchas veces en que la "versión justa y objetiva de los hechos" contada por Occidente ha sido falsa o engañosa, empezando por la versión de quién empezó esta crisis.
Ciegos ante los neonazis
En otro ejemplo, el Post y otros de los principales medios estadounidenses han ridiculizado la idea de que los neo-nazis jugaron un papel significativo en el golpe que derrocó a Yanukovich el 22 de febrero o en la brutal ofensiva del régimen de Kiev contra los rusos étnicos en el este de Ucrania.
Sin embargo, de vez en cuando, la verdad incómoda ha roto la mordaza. Por ejemplo, poco después del golpe de Estado de febrero que la BBC describió cómo "los neonazis encabezaron la toma violenta de los edificios del gobierno para echar a Yanukovich del poder y luego fueron recompensados con cuatro ministerios en el régimen que fue improvisado en las secuelas del golpe de Estado.
Cuando los rusos étnicos en el sur y el este resistieron los edictos de los nuevos poderes en Kiev, algunas milicias neonazis fueron incorporadas a la Guardia Nacional y enviadas al frente de batalla como tropas de asalto con ganas de luchar y matar a la gente a quien consideran "Untermenschen" utilizando el término alemán despectivo con el que los nazis denominaban a los eslavos: infrahumanos.
Incluso el New York Times, que ha sido uno de los violadores más atroces de la ética periodística en la cobertura de la crisis de Ucrania, tomó nota de que las milicias neonazis de Kiev llevaban banderas nazis en una orgía de svásticas y demás simbología nazi, mientras dirigían los ataques a las ciudades del este —aunque consignada esta realidad embarazosa en los última tres párrafos de una larga historia Times comienza a escribir sobre un tema diferente. [Ver en Consortiumnews.com "El NYT descubre en Ucrania neonazis luchando."]
Más tarde, el conservador London Telegraph escribió una historia mucho más detallada acerca de cómo el régimen de Kiev había reclutado conscientemente estas tropas de asalto especiales, que llevaban el símbolo Wolfsangel favorito de las SS de Hitler, para liderar la lucha callejera en las ciudades orientales que fueron ablandadas por primera vez por la artillería del ejército . [Ver de Consortiumnews.com "Ignorando a las tropas neonazis de Asalto de Ucrania".]
Se podría pensar que liberar tropas de asalto nazi en una población europea por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial sería una gran historia —dada la cantidad de cobertura que se da a erupciones mucho menos significativos de sentimiento neo-nazi en Europa— pero esta fea realidad en Ucrania desapareció rápidamente en el agujero de la memoria de los medios estadounidenses. No encajaba el bueno preferido / en la narrativa de chico malo, con los buenos del régimen de Kiev y los malos de la película.
Ahora, el Washington Post ha ido un paso más allá omitir la referencia de Putin a la violencia extrema causado por batallones neonazis de Kiev como parte de la "Gran Mentira". El mensaje está diciendo a sus lectores que cualquier referencia a estos neonazis es sólo un "fantasía".

Y, aún más preocupante, la corriente principal de los medios de comunicación de Estados Unidos y toda la clase política de Washington continúan ignorando la matanza de miles de rusos étnicos, incluidos niños y no combatientes por gobierno de Kiev. La "responsabilidad de proteger" a la gente ha desaparecido de repente. O, todas las muertes son de alguna manera culpa de Putin por haber provocado la crisis de Ucrania en primer lugar.
Una "invasión" misteriosa
Y ahora está el curioso caso de la supuesta "invasión" de Ucrania por parte de Rusia, otra reivindicación alarmista pregonada por el régimen de Kiev y de la que se hizo eco de la línea dura de la OTAN.
Aunque me han dicho que Rusia proporcionó algunas armas ligeras a los rebeldes al principio de la lucha para que pudieran defenderse ellos y su territorio —y un número de nacionalistas rusos han cruzado la frontera para unirse a la lucha— las pretensiones de una "invasión abierta" con tanques, artillería y convoyes de camiones, han sido respaldadas con escasas pruebas.
Un ex funcionario del espionaje estadounidense que las ha examinado, afirmó que lo que había para apoyar las pretensiones de una invasión rusa significativa equivalía a "prácticamente nada". En cambio, parece que los rebeldes rusos étnicos pueden haber evolucionado hasta convertirse en una fuerza de combate más eficaz de lo que muchos pesaron en Occidente. Después de todo, están luchando en su propia casa para defender su vida y su patria.
Preocupado por el reciente juicio apresurado sobre la "invasión", un grupo de ex funcionarios y analistas del espionaje de Estados Unidos, tomó la inusual decisión de enviar una nota a la canciller alemana Angela Merkel, en la que le advertían de una posible repetición de las afirmaciones falsas que llevaron a la guerra de Irak.
"Usted necesita saber", escribió el grupo, "que las acusaciones de una importante 'invasión' de Ucrania por parte de Rusia no parecen estar apoyadas por información fiable. Más bien, la información parece ser de la misma especie dudosa, utilizada hace 12 años para 'justificar' el ataque liderado por Estados Unidos que arrasó Irak".
Pero estas dudas e inquietudes no se reflejan en editoriales u otras informaciones de la prensa gubernamental-corporativa. De hecho, los estadounidenses que dependen de estos poderosos medios de prensa para su información están tan “protegidos contra la realidad” como si vivieran en una sociedad totalitaria.

Por Robert Parry (Consortium News) Periodismo de investigación

Traducido por Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org


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* El periodista de investigación Robert Parry desmontó muchas de las historias de Irán-Contra para The Associated Press y Newsweek en la década de 1980.

Fuente: consortiumnews.com/2014/09/08/whos-telling-the-big-lie-on-ukraine/

Romper el decadente Estado británico. Sobre la independencia de Escocia

 

Tariq Ali

Escocia es una nación desde hace mucho tiempo. No tardaremos en saber si la ciudadanía quiere que esta nación se convierta en un Estado. Deseo que lo hagan. No sólo va a abrir nuevas oportunidades para su propio país, sino que se romperá el atrofiado y decadente Estado británico y debilitará su eficacia como un vasallo de Estados Unidos.

De ahí los llamamientos de Obamay Hillary Clinton a votar 'No', un sentimiento que Blair comparte plenamente, pero no se atreve a admitirlopor temor a que su intervención podría inclinar la balanza en la dirección opuesta. No hay ninguna cuestión de principio aquí, sólo intereses imperiales.

Los EE.UU. aceleraron la desintegración del viejo Estado soviético, primerolas repúblicas bálticas, a continuación Ucrania y Asia Central. Le siguió la destrucción de Yugoslavia. Si Letonia y Eslovenia, ¿por qué no Escocia?Después de todo, el SNP decidió (por desgracia) permanecer en la OTAN.

Fueron intelectualmente muy regocijantes los dos viajes a Escocia que hiceeste verano para presenciar y participar en los debates serios que tienen lugar en salones, iglesias, calles, bares y casas. ¡Qué contraste con lalúgubre vieja Inglaterra, donde los tres grandes partidos y todos los medios de comunicación están en contra de la independencia de Escocia!

La campaña del "No" carece de sentido y sutileza, y se basa exclusivamenteen el miedo. Pero son las fuerzas del conservadurismo pesimista en Escociaque se demuestran superficiales y parroquianas. El SNP, y aún más la Campaña de Independencia Radical, miran una Escocia independiente a través de perspectivas internacionales. Su mirada se fija en el modelo noruego y más allá. Hace unos meses, en una carta abierta al pueblo de Escocia publicada por el Herald, algunos de los principales escritores e intelectuales de Escandinavia alentaron el nacimiento de un Estado independiente, recordando a los escoceses que la ruptura de Noruega con Suecia en 1905 también fue precedida por alarmismo, pero mejoró la calidad de vida y la política en ambos países.

El notable crecimiento del movimiento pro-independencia es el resultado del desmantelamiento que hizo Thatcher del Estado de bienestar, con los aplausos y continuación de Blair-Brown por su obra destructora. Hasta entonces los escoceses habían decidido seguir con el laborismo, haciendo la vista gorda a la corrupción y la trapacería que caracterizaron la maquinaria del partido en Escocia.

Se acabó.
Cuando un gran número de personas deja de creer que puedan ejercer la autodeterminación política dentro del orden social existente, empieza a mirar más allá de los partidos de gobierno tradicionales. En el continente (y en Inglaterra) esto ha llevado al crecimiento de la derecha. En Escocia lo que se pide es la autodeterminación nacional, social y política: en términos concretos, esto significa una democracia social, humanista.
Aunque el miedo desemboque en una mayoría unionista, todos están de acuerdo en que las cosas nunca volverán a ser lo mismo.
Y si Escocia gana, quizá la calma somnolienta de la política inglesa será alterada.

Tariq Ali es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sobre la deconstrucción de la Unión Europea: un diagnóstico y una propuesta

 

 

BERLIN

Los Amigos de Europa, una publicación oficial de la UE, amablemente me encargaron escribir un breve artículo sobre el estado de la Unión después de las elecciones al Parlamento Europeo, en preparación de la Conferencia sobre el mismo tema convocada por la revista para el próximo 9 de octubre.

BRUSELAS

 

 

Este es el texto.


Las recientes elecciones al Parlamento Europeo simplemente han confirmado que el manejo inane de la inevitable crisis de la zona euro ha provocado un malestar económico que se ha transformado en una crisis de legitimidad de la Unión Europea.
• Desde hace cuatro años, Europa sigue sin reconocer que la arquitectura de la unión monetaria no estaba preparada para sobrevivir a una crisis financiera global como la de 2008.
• Durante cuatro años, la zona euro ha intentado tapar sus grietas más profundas a base de préstamos de rescate tóxicos a sus estados miembros y sus sistemas bancarios insolventes.
• Ha creado el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) para hacer frente a la bancarrota de los estados, para acabar transformándolo en una estructura de obligaciones de deuda colateralizada (CDO) (a fin de preservar el principio 'sacrosanto', pero no viable, de ' “deudas públicas perfectamente separables") que la ha hecho totalmente desestabilizadora
(obligando por tanto al Sr. Draghi ha intervenir con su controvertido programa de
Transacciones Monetarias Directas (OMT)).
• Se ha creado nominalmente una 'Unión bancaria' con el fin de garantizar que, en esencia, nuestros sistemas bancarios se mantienen separados y muy dependientes de los gobiernos cuasi insolventes nuestros Estados-miembros, reforzando por lo tanto una crisis provocada por el mortal abrazo de bancos débiles y estados frágiles .
Lo peor de todo, Europa somete fiscalmente a orgullosas naciones a la sofocante tortura de la bañera, como a Italia (a las que se permite respirar solo brevemente antes de hundirlas de nuevo bajo una nueva austeridad autodestructiva) mientras el Banco Central Europeo no respeta su propia meta de inflación (de algo menos del 2%) .

FRANKFURT


En vista de lo anterior, no es de extrañar que la misantropía se expanda.
Algunos defienden una democracia federal para la UE. Por desgracia, no es posible. Nuestra Unión Europea fue diseñada como una tecnocracia burocrática que es esencialmente una zona sin democracia. Aunque espero y rezo para que Europa se convierta en una democracia federal de pleno derecho, no cabe la menor duda de que no puede hacerlo con el fin de superar su actual crisis, sino que debe, por el contrario superar primero esa crisis y recuperar el respeto de sus ciudadanos.
Para superar la crisis del euro, con el fin de ofrecer a los europeos de mañana la oportunidad de crear unos Estados Unidos de Europa democráticos, necesitamos dos cosas:
1. Volver a movilizar las instituciones europeas existentes con sensatez y creatividad, sin ningún tipo de nuevos Tratados o unión fiscal, a fin de abordar de frente las cuatro crisis interrelacionadas que están deconstruyendo Europa (es decir, las crisis de la banca, la deuda pública, la falta de inversión crónica y la crisis humanitaria que ha causado los cuatro años de deriva).
2. Minimizar el poder discrecional, autoritario, del triángulo Berlín-Frankfurt-Bruselas impuesto a las sufrientes democracias nacionales.
¿Es posible combinar estas dos tareas en un proyecto de europeización descentralizada? Creo que sí. De hecho, junto con Stuart Holanda y James K. Galbraith hemos delineado con precisión cómo, en los planos económico, político y moral, se puede avanzar por esta vía hacia la recuperación. Nosotros lo llamamos una “Modesta proposición para la Superación de la Crisis de la zona euro” (una versión en castellano aquí, para la última versión en Inglés, haga clic aquí ).

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la
izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6
décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Traducción : Gustavo Buster
Fuente: http://yanisvaroufakis.eu/2014/08/27/5852/#more-5852

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