jueves, 24 de mayo de 2012

La salida de Grecia del euro podría convertirse en la envidia de la Eurozona

 

La antigua dracma a la que Grecia podría volver

¿DE VUELTA A LA DRACMA?

 

Arvind Subramanian

Financial Times

La suspensión de pagos sería desastrosa para Grecia y el consiguiente contagio sería perjudicial para Europa. O así reza la sabiduría convencional. El debate ha girado exclusivamente en torno a la fuerza del contagio y la respuesta adecuada de los países vulnerables y del país que escribe los cheques. Quizá el debate sea desacertado porque falla la premisa. Expulsada de la Eurozona, Grecia podría ser más peligrosa para el sistema que cuando estuvo dentro, al ofrecer un modelo de recuperación que tiene éxito. Hay un escenario que se ha pasado por alto en el que la suspensión de pagos no es un desastre para Grecia. Si éste es el caso, la amenaza real, más existencial para la Eurozona podría ser muy diferente, donde los griegos serían los últimos en reírse. Se debe considerar este escenario. Traducido del inglés para Rebelión por Christine Lewis Carroll

Las consecuencias inmediatas de la salida o expulsión de Grecia de la Eurozona sin duda serían devastadoras. La fuga de capitales se intensificaría, lo que alimentaría la depreciación y la inflación. Todos los contratos en vigor tendrían que expresarse en una nueva moneda y renegociarse, lo que crearía un caos financiero. Aunque políticamente devastadora, la austeridad fiscal quizá deba intensificarse puesto que Grecia todavía tiene déficit primario que tendría que corregir si faltaran los fondos de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Pero este proceso generaría también un tipo de cambio considerablemente depreciado (¿A alguien le parecen bien 50 dracmas por euro?). Y esto pondría en marcha un proceso de ajuste que pronto daría una nueva orientación a la economía y le colocaría en la senda del crecimiento sostenible. De hecho el crecimiento griego seguramente aumentaría vertiginosamente, posiblemente durante un periodo prolongado, si se adoptaran políticas sensatas con el fin de restaurar rápidamente y sostener la estabilidad macroeconómica.

¿En qué nos basamos para afirmar esto? Durante las crisis financieras de los años 90 hubo países que declararon suspensión de pagos y devaluaron su moneda. Inicialmente todos padecieron recesiones severas. Pero sólo duraron uno o dos años y luego hubo recuperación. Corea del Sur registró nueve años de crecimiento con una media de 6%. Indonesia, que padeció una ola de suspensiones de pago que tumbó casi todos los bancos del sistema, registró un crecimiento por encima de 5% durante un periodo similar; Argentina cerca de 8% y Rusia por encima de 7%. El historial demuestra claramente que hay vida después de las crisis financieras. Esto sería verdad también en Grecia, aun teniendo en cuenta las particularidades de la situación allí. Se dice a menudo que la baja relación entre las exportaciones y el PIB de Grecia excluye la posibilidad de un alto crecimiento encabezado por las exportaciones. Pero dicho argumento no está blindado porque las crisis pueden conducir a nuevas y dramáticas orientaciones de la economía. Por ejemplo, India consiguió doblar la relación igualmente baja entre las exportaciones y el PIB una década después de la crisis de 1991, doblándola de nuevo durante la siguiente década sin una gran depreciación de la moneda.

Además, Grecia experimentaría una mega-depreciación, igual que los países mencionados, no una depreciación modesta. Un cambio de este tipo crearía necesariamente nuevas oportunidades para las exportaciones y convertiría las actividades que son marginalmente no comerciables en comerciables. La naturaleza de estas exportaciones será, por definición, impredecible. Pero las fuertes iniciativas que crearía un tipo de cambio muy competitivo son innegables.

Supongamos que a mediados de 2013 la economía de Grecia se recupera mientras el resto de la Eurozona sigue en recesión. Los efectos para España y Portugal, podridos por la austeridad, e incluso Italia serían poderosos. A los electores de esos países no se les escaparía la mejoría de su vecino griego, hasta ahora desdeñado. Empezarían a preguntar por qué sus gobiernos no siguen el camino emprendido por Grecia y pedirían salirse de la Eurozona. En otras palabras, la experiencia griega podría alterar de manera fundamental los incentivos para estos países de quedarse dentro de la Eurozona, sobre todo si las condiciones económicas siguiesen siendo sombrías. En esta fase, la política de Alemania también se vería afectada. Hoy Alemania hace a regañadientes lo mínimo imprescindible para mantener intacta la Eurozona. Si la salida del euro, para emular a Grecia, se convierte en una proposición atractiva, Alemania se verá en un aprieto y la magnanimidad que demuestre en lugar de su tacañería actual podría ser la última prueba de cuánto valora la Eurozona. La respuesta podría sorprender. Quizá el pueblo alemán se dé cuenta de repente de que la Eurozona dispensa a Alemania no uno, sino dos “privilegios excesivos”: tipos de interés bajos como refugio para el capital europeo y un tipo de cambio competitivo al estar enganchada a socios más débiles, en cuyo caso Alemania tendría que ofrecer a sus socios un trato mucho más atractivo para mantenerlos dentro de la Eurozona.

Un escenario de este tipo sería muy irónico. A Grecia se le ve como el paria que contamina la Eurozona; su expulsión podría convertirla en una amenaza mucho mayor para la supervivencia de la moneda única. Si la salida de uno de los países de la Eurozona crea las condiciones para una recuperación en Grecia, podría resultar un modelo contagioso. La tragedia griega en curso todavía podría no salirles tan mal a los griegos. Pero bien podría ser una tragedia para la Eurozona y quizá para el proyecto europeo.

Arvind Subramanian es miembro sénior del Peterson Institute for International Economics y autor de Eclipse: Living in the Shadow of China’s Economic Dominance

Fuente: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/4bdda8a0-9dad-11e1-9a9e-00144feabdc0.html#axzz1v43VJ5Qb

lunes, 21 de mayo de 2012

EL ENGAÑO DE LA EUROZONA

Mariano Rajoy                                                         David Cameron

Economía europea: Rajoy y Cameron no entienden; Paul de Grauwe sí

Andy Robinson · · · · ·

No es fácil entender por qué, cinco años después  de ser la economía estrella de la zona euro, España ya parece estar siguiendo  la misma trayectoria que Grecia, Portugal , e Irlanda, descendiendo implacablemente hacia una zona de sombras en la que la crisis ya no es de liquidez sino de solvencia ¿Como demonios hemos (habeis) acabado haciéndonos(os) socios de este club?

Yo aún recuerdo una conversación que tuve en el 2007 con Nicholas Crafts, guru de la endogenous growth theory y las teorías de catch-up en Europa dominantes durante los años optimistas de la  Gran Moderación. Crafts se deshizo en elogios por la economía española y las reformas estructurales llevadas a cabo  ya (en repetidas ocasiones) en el mercado de trabajo, a diferencia de en Italia o Francia. Aplaudió la eficacia de España al aprovechar la avalancha de capitales para impulsar la inversión tanto pública en infraestructura como privada en la creacion de multinacionales competitivas. El deficit por cuenta corriente era un componente necesario del catch-up y pronto alcanzaríamos (ais) a Francia. Incluso un deficit por cuenta corriente que se acercába  al 10% del PIB no  tenia por qué ser un problema porque las entradas de capitales se canalizaban hacia la inversión.

Pero, claro, en aquel entonces, Irlanda  tambien era la economía estrella de la zona euro y de las teorias de catch-up, elogiado por casi todo el mundo por sus bajos impuestos y regulacion light touch , admirado , sobre todo, por lideres del PP como Esperanza Aguirre. Y hasta Grecia tenía sus admiradores. En febrero del 2009, Joaquin Almunia comentó: "La economía griega esta en mejores condiciones  comparada con la condicion media para la zona euro".

Uno de los problemas de la confusión  que reina respecto al por qué de la crisis es que hace muy seductivos los argumentos oportunistas y demagógicos basados en la economía de la tienda de la esquina  o de la  madre de familia que tiene que velar por el futuro de sus hijos y apretar el cinturón para que  cuadren los números. ¡Hemos vivido por encima de nuestros medios y debemos pagar el precio! Al menos dos partidos (el Partido Conservador británico y el PP español) han ganado elecciones basadas en  esta falacia del "sentido comun", ridiculizando las politicas contracílicas fiscales de los gobiernos que sustituyeron, tachados de despilfarradores cuando, en realidad, habian evitado un colapso económico que habría agravado aún mas la crisis de endeudamiento posterior.

Ahora, Cameron y Rajoy son los paladines del "ajuste fiscal expansivo", un oxymoron algo, pero no mucho, menos necio que el mantra de Rajoy:   "No es austeridad O crecimiento sino austeridad Y crecimiento". Son esloganes basados en la idea de que los mercados responderán generosamente a la austeridad bajando tipos y , -confiados en que la deuda se reducirá- crearán las condiciones para un repunte impulsado por  la inversión ¿Es así, no?  Pronto, verás,  la prima de riesgo responderá…

En realidad , la austeridad aplasta el crecimiento  y, por tanto, como explica Martin Wolf en su blog del Financial Times, acaba aumentando la deuda . Ahi estan los datos. Y si algo está claro es que los inversores en bonos leen a Martin Wolf y son tan conscientes de que la austeridad mata al crecimiento como los economistas keynesianos. El crecimiento quizás daba lo mismo a los  vigilantes del mercado de bonos en  tiempos de inflacion de los setenta a los noventa pero , ahora, como se dice, "the important thing is not the return ON my investment but rather the return OF my investment" (lo importante no es el retorno sobre mi inversión sino que me devuelvan el dinero). De modo que el crecimiento es prioridad para los mercados al igual que para tu vecino parado.  Michael Burke, ex Citibank ahora  Socialist bulletin,  lo dice aquí Acaba de salir también (se puede verlo tambien en el blog de Wolf) un importante estudio de Larry Summers y Brad de Long (Berkeley) que derrumba el argumento de que los ajustes fiscales generan crecimiento al crear margen para la inversion privada (en tiempos de baja demanda como estas, es otra  falacia, dicen Summers y De Long).

Dicho de otro modo, el gobierno británico podria estar aprovechando los bajísimso tipos de interés sobre su deuda para realizar inversiones públicas que sí reactivarían la economía. Es decir que el pueblo británico (tan seducido en el ultimo año por la ideologia de la austeridad como muchos españoles, hasta el batacazo tory en las ultimas elecciones municipales  en el Reino Unido…) esta sufriendo sin motivo ni razón . En España las perversiones de la moneda única complican la situacion y hacen el sufrimiento más necesario.  España tiene mucho menos margen para políticas expansivas quen el Reino Unido. Pero -si se toma la zona euro como una unidad-, las medidas  simultáneas de austeridad son innecesarias y contraproducentes.  Ojala François Hollande puede trasmitir el mensaje a Berlin

No se puede pedir que el ciudadano de a pie lea la obra entera de John Maynard Keynes para darse cuenta de  que el "sentido comun" de Cameron y Rajoy, nos llevaría a la perdición y la Gran Depresión . Tampoco se puede pedir que las amas de casa  y madres de familia acaben dominando las teorias financieras como las mujeres sevillanas que protagonizan este video .

Pero invitaría a los lectores a leer esta entrevista que le hice en Londres la semana pasada a Paul De Grauwe, economista belga de la Universidad de Lovaina, que  acaba de ser fichado por la London School of Economics como reconocimiento de sus excelentes y didácticos  estudios sobre la crisis, y advertencias sobre el peligro de la  insolvencia  en una unión monetaria que carece de  un banco central dispuesto a hacer lo que debe. (La entrevista entera sale junto con un artículo sobre las expectativas -algo rebajadas- del programa anti austeridad de Françóis Hollande en el suplemento Dinero el proximo domingo)

Yo: ¿Por qué se está disparando la prima de riesgo española?

Paul de Grauwe: Porque hay un momento en  el que la desconfianza en el mercado empuja los tipos hacia niveles  en los que hay multiples equilibrios malos, muy lejos de la realidad fundamental de la economía. España es solvente pero una vez que entras  en esta dinámica es dificil salir. Crece el miedo a la insolvencia. Los costes de financiación se disparan. Se agrava el problema fiscal;. Tienes que hacer más ajustes , más austeridad . Y esto frena la economía y hace aún más dificil la gestion de la deuda..

Yo: Pero ¿por qué hay miedo a insolvencia en España? La deuda española no es especialmentte alta..

PDG: Cierto. España no es insolvente, pero atraviesa una grave crisis de liquidez.  Pararon de repente los flujos de capitales que financiaban su deficit por cuenta corriente (exterior). Y, la ausencia de liquidez  crea un miedo lógico a un default (moratoria). Es un miedo racional  en una unión monetaria en la que el banco central no se muestra dipsuesto a garantizar que ningún país se vea forzado a suspender pagos. Si el BCE no dice publicamente que no permitirá que los tipos sobre la deuda española rebasen niveles considerados sostenibles y si no actúa en consecuencia comprando bonos, pues, el miedo a la insolvencia se cumple a si mismo.  La gente suele pensar que son especuladores malvados que atacan a España. Pero los que más temen un default no son especuladores, sino inversores conservadores como  gestores de fondos de pensiones. Si España tuviera su propia divisa, el Banco de España proporcionaría la liquidez necesaria y no habría miedo. Y tampoco habría peliigro de insolvencia si el BCE interviniese  en el mercado de bonos con contundencia. Pero no lo hace. El Banco de Inglaterra sí. Por eso, el Reino Unido tiene unos tipos próximos a cero frente al 7% de España. Es la diferencia entre tener tu propia divisa y no tenerla.

Yo: ¿Qué se debería hacer para resolver esta crisis?

PDG: El BCE debería poner un techo a los tipos  en el mercado de bonos comprando deuda en el mercado secundario. Y la Comisión Europea debería forzar un ajuste simétrico obligando Alemania a subir salarios y expandir su presupuesto para elevar la demanda interna y compensar  así el ajustede la devaluación interna  en España , Italia etc.

Andy Robinson es un corresponsal volante del diario barcelonés La Vanguardia.

lunes, 14 de mayo de 2012

FRANCIA, DOS DÍAS DE MAYO

GENERAL SALAN

La memoria humana es débil, 54 años son muchos años, pero hay acontecimientos y países que por su importancia merecen eso que ahora se llama LA MEMORIA HIRTÓRICA.

El primero de esos dos días señalados es el 13 de mayo de 1958, aquella jornada que los franceses no olvidan en la que tras un vibrante discurso del general Raoul Salan, en defensa de la ARGELIA FRANCESA, se derrumbó todo el entramado de la IV REPÚBLICA dando lugar a un verdadero golpe de estado de guante blanco, en el que los militares “africanistas”, fueron capaces de cambiar el régimen político , situar al GENERAL DE GAULLE como jefe del estado y todo sin disparar un tiro para hacer algo parecido a nuestro 1936 pero de modo “muy fino”.

 

MARINE LE PEN

 

El segundo día de mayo ha sido el seis de ese mes del año 2012, en el que tras la primera vuelta del 22 de abril, además de cambiar regularmente el titular de la presidencia de la república se puede observar un importante triunfo moral, seguramente el más destacado del proceso electoral. Nos referimos naturalmente al 18% de los votos obtenidos por el FRENTE NACIONAL, de MARINE LE PEN. Tras los citados 54 años el pensamiento de aquellos generales, en realidad la pasión por la soberanía nacional y la identidad de Francia, sigue muy viva pese a los liberalismos, europeísmos de la UE y otros intentos de disolución.

No se sabe con certeza si será desde la izquierda o desde la que algunos llaman extrema derecha de donde vendrá, empezando por PARIS, el viento fuerte que , a lo mejor, pasando por ATENAS derribe el triste teatro de mercaderes, usureros y especuladores que desde un año antes del MOVIMIENTO DE ARGEL, Tratado de Roma de 1957, ha intentado y en buena parte lo ha logrado mantener a los pueblos del Continente, mudos, marginados de la conducción de los asuntos públicos que les afectan, cediendo el poder a los grupos de menor calidad ética existentes.

Esperemos que tal vez en algún día de otro Mayo, también fue Mayo el 68, surjan con potencia las grandes directrices que conduzcan de verdad a eso que se desea y que muy bien pueden llamarse OTRAS FORMAS DE HACER POLÍTICA, más allá de los tópicos y otras descalificaciones baratas (económicas por supuesto) .

José Ramón Montes

Madrid 14 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

Europa sin Grecia

 

 

¿El futuro de la UE?

 

 

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 10 MAY 2012 - 19:39 CET

La salida se produciría en el peor momento, cuando la posibilidad de contagio a otros países es mayor

Esta Europa no da un respiro, como si odiara la previsibilidad que durante tantas décadas hizo que la gente no le prestara la más mínima atención. Apenas unos días después de que la victoria de Hollande en Francia abriera una rendija de esperanza, nos encontramos de bruces con los dos problemas que definen esta crisis. Por un lado, la fragilidad de los sistemas políticos, que como vemos en Grecia se autodestruyen en el empeño de convencer a sus ciudadanos de que se sometan a una austeridad sin límite ni perspectiva y que sean ellos los que soporten en solitario el peso principal de la crisis. Por otro, como estamos viendo en España, la fragilidad de partes importantes del sistema financiero, fruto de una década de exceso de liquidez, mala gestión y peor supervisión. Esas dos fragilidades se suman y se retroalimentan llevándonos a una situación insostenible: en Grecia, porque la perspectiva de una renegociación de los términos del paquete de rescate supone situarse en el umbral de la salida del euro; en España, porque la condición absolutamente necesaria para que funcione esa combinación de reformas y recortes que constituye, hoy por hoy, la única agenda del gobierno es que tenga lugar en un marco de estabilidad financiera y confianza exterior.

Tanto para mantener

a Grecia dentro del euro como para evitar que una eventual salida produjera una reacción en cadena que afectara a España, los gobiernos de la eurozona tendrían que tomar medidas de gran calado. Esas medidas deberían asegurar a los mercados bien que Grecia tiene un futuro dentro del euro o bien que su salida sería un hecho aislado. Pero como no ven a los líderes europeos levantando los cortafuegos necesarios, los mercados no se creen ninguna de esas afirmaciones. En ese pesimismo preocupante han empezado a coincidir muchos dentro de las instituciones europeas al percibir hasta qué punto Grecia y Alemania han llegado al límite de sus esfuerzos: a un lado, tenemos la fatiga de austeridad griega; a otro, la fatiga de solidaridad alemana.

Es imprescindible recuperar el aliento y tomar perspectiva: una salida de Grecia del euro sería un desastre de primera magnitud, para los griegos y para el resto de los miembros de la eurozona. Además del deterioro aún mayor en las condiciones de vida de los griegos, los partidos extremistas se harían todavía más fuertes. Aunque formalmente Grecia no saliera de la Unión Europea, su salida afectaría a todas las políticas en las que se basa su pertenencia a la UE, especialmente en lo referido al mercado interior por lo que, en la práctica, sería como una salida de la UE.

Las consecuencias serían también geopolíticas: precisamente cuando, después de una turbulenta historia, la UE intenta atraer a su seno a los Balcanes Occidentales y se dispone a admitir a Croacia, la salida de Grecia del euro abriría un nuevo frente de desgobierno y fracaso estatal en una región bastante complicada. Psicológicamente, los griegos identificarían el proyecto europeo con un fracaso por lo que, lógicamente, querrían alejarse de él. Para colmo, la deseuropeización de Grecia podría dar alas a las voces y fuerzas antioccidentales que históricamente han sido más fuertes en ese país que en otros vecinos del sur de Europa como España, Italia o Portugal, lo que podría tener repercusiones importantes en materia de seguridad, bien mediante un cuestionamiento de la pertenencia a la OTAN o vía un auge del nacionalismo y de las tensiones con Turquía y Macedonia.

Para el resto de Europa, las consecuencias no podrían ser peores. El eufemismo de moda (una salida controlada), esconde una esperanza bastante cínica de que los griegos fueran los únicos afectados. En la práctica, sin embargo, esa salida se produciría en el peor momento ya que Portugal, Italia y España están en el punto de máxima vulnerabilidad, pues los recortes han hecho el máximo daño, las reformas todavía no han tenido resultados y el paquete de crecimiento todavía no ha llegado a la mesa. En otras palabras, la salida de Grecia se produciría en el peor momento, que es precisamente aquél en el que su factor de contagio sería más alto y su probabilidad de aislamiento más bajo.

La Comisión Europea tiene en el cajón y está desempolvando a toda prisa la batería de medidas para estimular el crecimiento que podrían tener un importante impacto para introducir algo de esperanza en el horizonte. Se trataría de un cóctel donde se mezclarían fondos estructurales, préstamos del BEI y algo de flexibilidad en la aplicación de los objetivos de reducción del déficit. Pero con el ojo puesto en Grecia, el optimismo que ha sucedido a la victoria de Hollande y que ha hecho que en Bruselas se respire un aire completamente distinto tiene que convivir con una duda muy incómoda: ¿y si Hollande hubiera llegado demasiado tarde?

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sábado, 17 de marzo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

EURODESENCANTO

COMISION EURO
EDIFIO DE LA COMISION EUROPEA EN MADRID
AUTOR CLAUDI PÉREZ

La crisis ya no es solo económica, sino también política, social y de identidad.

El proyecto de unión nacido de la posguerra languidece

“Europa es una pesada carga que nuestros padres nos ataron a los tobillos por culpa de nuestros abuelos”. Un joven estudiante alemán pasea todo ese tormento a sus espaldas en el Instituto Universitario Europeo, en Florencia. A mil kilómetros de allí, en un pequeño restaurante próximo a la Comisión Europea de la capitalísima Bruselas, un alto funcionario de un país del Sur sentencia que la UE “ya es, o debería ser, una organización internacional como la OCDE o el Fondo Monetario Internacional; ni más ni menos”.
Ese euroburócrata y el universitario no se conocen, y sin embargo comparten una sensación que recorre el continente de arriba abajo, como una larga cicatriz. El eurodesencanto, convertido en algunos lugares en un irritante euroescepticismo —el de los movimientos nacionalpopulistas que tienen el viento a favor en varios países—, es la penúltima estación de esta crisis que ya no es solo económica, sino también política y social, de identidad y de modelo; una crisis invasiva, cancerígena, omnipresente. Para combatirla, Europa se mueve, pero solo cuando tiene el agua al cuello y siempre arrastrando penosamente los pies. Europa, en fin, tiene gripado el motor, el relato compartido que sostuvo durante tres generaciones el proyecto de posguerra de la integración europea. Ha perdido el hilo. Y tiene difícil recuperarlo porque su genética es controvertida y sus dudas sobre sí misma cada vez mayores.
“Ya no se puede convencer a los jóvenes de que la UE es imprescindible para evitar otra guerra. Hay una generación para la que eso ya no vale. Necesitamos nuevas razones”, ha dicho esta semana el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble. Durante un tiempo, el recuerdo de la guerra total fue un impulso determinante para construir Europa; después, la economía y la moneda fueron el hilo del que tiró la política para coser las costuras de la Unión. Al cabo, unión monetaria y moneda única exigen una enorme confianza mutua: nadie vende nada a cambio de un billete si no confía de veras en ese pedazo de papel.
Esa imprescindible confianza se ha desmoronado.

Europa se mueve, pero solo lo hace con el agua al cuello y arrastrando los pies
Una idea de Europa se está apagando. Antes y después de la introducción del euro la UE fue un foco de atracción para muchos países que veían en Europa un modelo atractivo, el de la economía social de mercado, el del Estado de bienestar, el de valores como la prosperidad y la modernidad. La crisis económica es ahora la crisis de esos valores. “Y coincide con la emergencia de los tópicos más baratos, con esa guerra dialéctica entre un Norte supuestamente trabajador y ahorrador, y un Sur vago y despilfarrador. Sin líderes políticos capaces de construir otro discurso, y con Alemania tratando de imponer su modelo, la legitimidad del proyecto europeo se convierte en un envoltorio de cristal, frágil y vulnerable”, asegura Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo.
El optimismo de hace 10 años choca con la desmoralización actual, que es hija de esta crisis marcada por la desilusión y el miedo, la ausencia de un liderazgo fuerte, una toma de decisiones diabólicamente ineficaz. Todo eso deja “la sensación de haber pasado del cielo al infierno sin pasar por el purgatorio”, resume una fuente comunitaria. En realidad ese purgatorio existe: Grecia y sus más de dos años de martirio. La crisis griega, convertida después en crisis existencial del euro, es la constatación de que la economía determina en última instancia todo lo demás. Y la enfermedad económica europea es en realidad un cuadro clínico en el que hay varias dolencias que se retroalimentan: daños en el sistema circulatorio (la banca); daños en el sistema nervioso (la toma de decisiones, entre Bruselas y el directorio Merkozy); daños causados por el colesterol (exceso de grasa en la deuda pública y, sobre todo, privada), y últimamente anemia (estancamiento o camino de la recesión en todo el continente). A eso hay que sumarle esa dolencia asintomática, la pérdida del espíritu europeísta, y los efectos secundarios del tratamiento equivocado contra esos males, como consecuencia de un diagnóstico más que discutible.
Europa se ha recetado a sí misma austeridad en vena, prescrita por Berlín e inyectada vía Bruselas. Los mandarines del euro creen que el primer problema, la gran causa de la crisis, es fiscal. No solo en Grecia: en toda Europa. Y como tal, pretenden acabar con ella a base de recortes. No está claro, nada claro, que eso sea así: Paul Krugman, Joseph Stiglitz y compañía son los más beligerantes contra ese diagnóstico y la consiguiente cura; hasta el FMI, que solía estar justo al otro lado del tablero ideológico, ha alertado contra los excesos a la hora de declinar el verbo recortar.

La confianza entre los socios de la moneda única se ha desmoronado
Los efectos secundarios de la austeridad son conocidos. A la corta, sobre todo si se aplica en todas partes a la vez y en un entorno de excesivo endeudamiento de todos los agentes —Estados, bancos, empresas y ciudadanos—, el resultado es más debilidad económica, que se acaba trasladando a la banca (vía morosidad) y a la deuda pública (más dudas acerca de la capacidad de pago de los países: sin crecer es imposible pagar). En fin: hay quien compara los recortes con las sangrías de los matasanos del medievo.
El desafío es considerable: salvando las distancias, el continente “corre el riesgo de romperse por tercera vez en un siglo”, esta vez sin tanques ni aviones, con los mercados financieros como única artillería, explica con un punto catastrofista —tan de moda últimamente— Edwin Truman, del Peterson Institute. El coste de esa ruptura del euro, a pesar de las Casandras, es tan elevado que lo más probable es que no se produzca. Siempre con lentitud y siembre a golpes, Europa ha ido avanzando en la dirección correcta (regulación financiera, pasos adelante en la unión económica) y ha conseguido cosas impensables hace dos años. El camino es largo y oscuro: los argentinos saben que a veces la luz al final del túnel engaña y no es más que un tren de mercancías que se dirige hacia nosotros a toda velocidad. En ese trayecto hay media decena de estaciones fundamentales.
La banca. Prólogo y epílogo de la crisis. El prefacio de la versión europea de la Gran Recesión contiene toda la historia, como las primeras frases de las grandes novelas. En el principio fue la crisis financiera. Por diversas causas: porque algunas entidades metieron las zarpas en las hipotecas basura de EE UU (la banca alemana), por las burbujas inmobiliarias (Irlanda, España y de nuevo Alemania, cuyos bancos financiaron esas burbujas en la periferia), o porque las entidades estaban hasta las cejas de deuda pública europea, el que hace dos años era uno de los activos más seguros del mundo, y cuyo deterioro ni Bruselas ni el tándem Berlín-París son capaces de detener. Es difícil parar ese círculo vicioso entre crisis bancaria y crisis de deuda soberana porque el análisis sigue basado en la premisa equivocada: que esta es una crisis causada por el exceso de deuda pública. Falso, salvo en el caso griego. España e Irlanda tenían superávits fiscales (frente al déficit alemán) antes de los problemas.

El optimismo
de hace 10 años
choca con la desmoralización
En fin, el prólogo de la Gran Recesión fue la crisis financiera; el epílogo probablemente también lo será. Al cabo, ahí, en los balances de los bancos, siguen larvados los excesos de todos los agentes económicos, que durante años minusvaloraron los riesgos asociados a una economía cada vez más financiera: es decir, más arriesgada y más difícil de controlar. Luego vino todo lo demás. Purgar esos excesos durará años.
La deuda pública y el poder de las historias. Todo se arregla con historias”, dice Luis Landero en uno de sus libros. Todo se arregla, o todo se va al garete con ellas. En el caso de Europa, el problema de la deuda es variopinto: el storytelling del caso de Grecia es muy distinto del de Portugal e Irlanda o el de España e Italia. Pero Grecia, apenas el 2% del PIB europeo, es una especie de arquetipo de ese drama en capítulos que es la crisis europea y de los merados financieros.
Una manada de búfalos corre lo que corre el búfalo más débil; si los lobos ven que pueden atacar a ese búfalo, la veda está abierta para el siguiente (Portugal), para todos los demás. Eso es, poco más o menos, lo que ocurre en Europa. Grecia tiene un problema de solvencia. La deuda ya se le ha ido de las manos. Lleva cuatro años de recesión, el paro crece a toda velocidad, el dinero huye de allí, los bancos sobreviven solo por la respiración asistida del BCE. Los mercados (los lobos) observan cómo Europa es incapaz de lidiar con el problema griego, han olido sangre y atacan por ahí. Al primer rescate le siguió un segundo plan de ayuda, y en Alemania se habla ya de un tercero: ni siquiera los 130.000 millones de euros del programa aprobado recientemente, que incluye la participación de la banca en la reestructuración de la deuda griega, eliminan los riesgos de que la solución al problema se siga tejiendo y destejiendo una y otra vez, como el mito de Penélope.

El prólogo de la Gran Recesión fue financiero; el epílogo también lo será
Frente a las soluciones extremas (solidaridad total o dejar caer a Atenas), la UE prefiere una solución intermedia. Hay buenas razones tras esa decisión: políticas (Grecia engañó a sus socios y su salvamento crea una especie de dilema moral en países como Alemania), ideológicas (no hay rescate sino créditos, aunque al menos ahora en buenas condiciones, pero la financiación no llega si Grecia no hace lo que se le ordena: un consenso de Berlín basado en austeridad y recortes). Incluso hay buenas razones económicas: un salvamento en toda regla provocaría que otros países, como Portugal o Irlanda, quisieran lo mismo; lo contrario, dejar caer a Grecia, podría provocar un efecto contagio jupiterino: un momento Lehman. Los analistas consideran que Europa se ha rearmado y que está mejor preparada que hace unos meses para contener ese huracán. Pero cuidado. Como decía el liberal Rudi Dornbusch, “los desequilibrios, en economía siempre duran más de lo que se espera y siempre se corrigen de forma más brusca de lo previsto”.
La economía en declive. España como piedra de toque. A una crisis provocada por un excesivo endeudamiento privado que acaba convirtiéndose en público los Gobiernos responden con políticas de austeridad: el resultado es una peligrosa recesión. Esa es la historia reciente de Europa, pero así sucedió también en Japón en los noventa y ese país lleva 20 años en hibernación. El mismo debate tuvo un tal John Keynes con el Tesoro británico en los años treinta del siglo pasado. La historia no se repite, pero vaya si rima: la economía europea se recuperó del batacazo de Lehman Brothers vía estímulos, pero en ese momento empezó el miedo en el mercado de deuda, Alemania decretó recortes y el PIB europeo se contrajo el 0,3% en 2011. Italia, Holanda, Bélgica, Grecia y Portugal ya están en recesión; España e Irlanda, rozando el larguero. Y España vuelve a ser la frontera del euro: los analistas afirman que si Bruselas insiste en la senda de reducción del déficit que ha impuesto (en España, del 8,5% de 2011 al 4,4% este año: 40.000 millones), la segunda Gran Contracción —como la denominan Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart— no hará más que agravarse.
“Alemania impuso hace más de 10 años un régimen de contención de los salarios y una flexibilización del mercado laboral casi violentos: eso explica su boom exportador y buena parte de los desequilibrios que emergieron en casi toda Europa. Contra eso, la única respuesta de la UE es la austeridad generalizada. Trabajad y ahorrad como nosotros, parecen decir los alemanes. Sacrificaos: los mercados siempre tienen razón y han decretado deflación para España, para todos. Pero los mercados no siempre tienen razón. Si se equivocaron durante años financiando a Grecia a los mismos tipos de Alemania, ¿qué garantías hay de que ahora estén acertando? ¿Toda Europa debe ser como Alemania?”, se pregunta Paul de Grauwe, de la London School of Economics. De Grauwe es extremadamente crítico con Berlín: “El elemento clave que introduce el elemento alemán es represivo. Instala una visión muy negativa, la de una UE basada solamente en la disciplina. Con ese único ingrediente, el proyecto europeo puede funcionar. La solidaridad permitiría aceptar esa disciplina, pero en Berlín esa es una palabra tabú”, concluye.

El caso español va a ser un examen definitivo de las nuevas reglas fiscales
El caso español va a suponer un examen definitivo para todas esas reglas aprobadas por la presión alemana a pesar de que la realidad desmiente una y otra vez que esa sea la salida. “La ideología que está detrás de los recortes es demencial: recortar 40.000 millones en un año para cumplir las reglas a rajatabla, como se le pide a España, es un suicidio. Si esas son las reglas, habría que cambiarlas: son estúpidas. Es lógico que el Gobierno de Rajoy trate de limitar los daños. El problema fundamental es que el núcleo directivo de Europa no asume que esa píldora sin anestesia es contraproducente”, sostiene Borrell.
España ha vuelto al centro de la diana. “La Comisión está elevando el tono con Madrid, en parte porque Madrid no ha hecho las cosas nada bien, aunque lo que pide Rajoy tiene toda la lógica. Pero esto no va de lógica: Bruselas tiene la última palabra sobre las metas de déficit y de momento, aunque no haya sanción, es preocupante el estigma que eso puede suponer para la prima de riesgo y la financiación exterior española”, dice una fuente diplomática. “Es un momento muy delicado porque Europa se juega la credibilidad de sus reglas, y puede que esas reglas sean absurdas, pero España se juega mucho más”.
Eurobonos y el puente sobre el río Kwai. El problema más acuciante sigue siendo Grecia. Hay una especie de consenso entre los economistas: el último plan de salvamento sirve para ganar tiempo, pero el problema sigue ahí, latente. Si Europa pretende que Grecia sea un caso único debe acelerar la construcción de un cortafuegos potente para evitar el contagio. Y para más adelante, debe construir un mecanismo de solidaridad creíble, algo parecido a lo que permite que EEUU pague primas de riesgo como las de Alemania pese a tener un déficit como el de España, una deuda como la de Italia y algunos Estados (California) con situaciones a la griega.
La solución son los eurobonos. Pero no es tan fácil: en economía no hay comidas gratis. Si hay que mutualizar la deuda, no basta con una política monetaria común; también hay que armonizar las políticas fiscales, y eso lleva su tiempo, y sobre todo exige un cambio del mobiliario sociopolítico en muchos lugares, con los viejos Estados-nación resistiéndose, como siempre, a ceder soberanía. Alemania se opone a los eurobonos porque argumenta (con muy buenas razones) que pasará mucho tiempo antes de que llegue la deseada armonización fiscal.
Pero si los eurobonos son la otra orilla del río, el Banco Central Europeo (BCE) tiene que ser el puente que permita a Europa llegar hasta ellos sin ahogarse. El BCE está funcionando para los bancos: la barra libre de liquidez a tres años ha sido fundamental para evitar un accidente, para explicar el remanso de paz de las últimas semanas. Pero el Eurobanco no pone el mismo énfasis en salvar a los bancos que a los Estados. Ha comprado bonos, pero a regañadientes por las resistencias de Berlín. Y ha tenido que idear una fórmula imaginativa para que con ese dinero sean los bancos quienes compren la deuda europea y sorteen así el dogmatismo y la ortodoxia del Bundesbank, que aun así no ha ahorrado críticas al BCE, probablemente la institución que más ha hecho porque el club del euro se sostenga en pie.
Posdemocracia, camisas de fuerza y otros monstruos. Las grandes crisis económicas son movimientos tectónicos que aceleran el declive de unos imperios y la emergencia de otros. Y suelen acarrear terremotos políticos, sociales, de todo tipo. La legitimidad democrática es una de las grandes críticas que ha recibido la UE desde siempre, y esa crítica es hoy más actual que nunca: la gran preocupación de muchos europeos son los límites externos, las camisas de fuerza que impone la Comisión Europea —cuyos comisarios no pasan por las urnas— a los Gobiernos nacionales. Las secuelas en las relaciones entre economía y democracia son uno de los motores del eurodesencanto: la política se ha convertido en algo que los mercados (y algunos eurócratas) ven como un riesgo potencial (La fragmentación del poder europeo, J. I. Torreblanca).
Lo que algunos analistas llaman posdemocracia gana peso en Europa: el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, ha advertido al Gobierno tecnocrático de Italia que “no tiene tiempo” de pensar en convocar elecciones. La Unión presiona también para que Grecia retrase los comicios, y ha llegado hasta el extremo de obligar a todos los partidos a firmar un documento en el que se comprometen a no revocar los recortes si ganan las elecciones: sea cual sea el programa electoral con el que se presenten. La Comisión amenaza con sanciones a algunos países por no meter la tijera, pero no serán los comisarios quienes se presenten a las elecciones si el recorte no sale como se esperaba. Todo ello es fruto de un estado de excepción permanente, en lo económico y probablemente también en lo político, que no hace más que alimentar ese mal posmoderno que es el eurodesencanto.
En su monumental Posguerra, Tony Judt hablaba de la “respuesta hiperbólica” europea hasta hace poco: “Resulta comprensiblemente tentador narrar la historia de la inesperada recuperación europea a partir de 1945 en clave autocomplaciente o incluso lírica. Al igual que muchos mitos, ese milagro encierra un mínimo elemento de verdad, pero deja fuera la mayor parte”. Con la crisis, el péndulo ha cambiado y está justo al otro lado: el pesimismo acerca de Europa, ese eurodesencanto, está tan sólidamente incrustado que va a costar mucho tiempo y esfuerzo despejarlo. Europa, la vieja utopía factible, corre el riesgo de parecer hoy un poco menos factible, incluso para quienes hicieron del europeísmo una segunda piel. Pero quién sabe.
Fuente “El País Negocios” 11 de marzo de 2012

martes, 4 de octubre de 2011

LA ECONOMÍA Y LOS ZANCOS

 

 

ZANCOS DE MADERA

JOSÉ RAMÓN MONTES GONZÁLEZ, GEÓGRAFO URBANISTA


Los zancos, esos viejos y rudimentarios artilugios de las fiestas pueblerinas, consiguen que la estatura de las personas que se los calzan, aumente en gran manera de modo que
un “retaco”, se convierta en un buen mozo, y un encogido en un bigardo y goce por un rato de algo que no tiene de verdad, esa estatura es un engaño, por ingenuo y pueril que
aparezca. Quien marcha sobre zancos anda con torpeza y tiene el peligro de caer al menor tropiezo y romperse las narices contra el enlosado, haciéndose daño y
exponiéndose además, a la cruel prueba del ridículo, salvando quizás a los jóvenes del municipio riojano de AGUIRIANO que saben andar con dignidad sobre esos palos
festivos.
Pero resulta que algunos, muchos políticos, incluso de los más importantes gustan de ponerse zancos y con ellos aparecer ante los medios de comunicación, ante la opinión
pública exhibiendo una estatura que no tienen. ¿Cuáles son esos zancos?, pues son y consisten en los enrevesados, tecnocráticos e ininteligibles párrafos de los lenguajes de la ECONOMÍA, y en los lugares y foros económicos desde los que emiten sus altas peroratas. Pero como ellos bien saben, aquello de que NADIE ES PROFETA EN SU
TIERRA, se calzan sus zancos cuando están fuera de su país o hablan para el mundo
global o para el evanescente ámbito europeo que no se sabe ni donde empieza ni donde termina.
Dos ejemplos de estos tiempos vienen a corroborar esta situación algo cómica y algo trágica y son ni más ni menos que los de la canciller de Alemania ÁNGELA MERKEL y del Presidente francés NICOLÁS SARKOZY. Estos altos dignatarios hablan desde la COMISIÓN EUROPEA o desde el poderoso BCE y amenazan al pueblo griego o los portugueses o a nosotros con medidas y más medidas, con recortes y austeridades y
`predican con unción la sacralidad del euro en cuyo altar hay que ofrecer sacrificios innumerables y cada vez más dolorosos.
Más, he aquí que de puertas adentro en sus naciones respectivas no encuentran los vistosos palos y han de marchar “a pied nu”como se dice por Francia y resulta que en la
rica Alemania, MERKEL viene perdiendo elección tras elección antes de ayer en el poderoso Land DE BADEN WÜRTENBERG y ayer a la pequeña tierra de
ANTEPOMERANIA. Claro que en ATENAS no le deben votar y así se puede mostrar como la gran emperatriz del rigorismo, pero las gentes alemanas se permiten la audacia de darle un NO POLÍTICO, un rechazo ciudadano por las escuelas que disminuyen, porque los viejos tiene menos residencias o porque en la estación del pueblo hay menos
trenes de cercanías, esos electores no respetan los zancos, exigen sus derechos.
El domingo 25 de septiembre, el otro gran usuario de los zancos económicos, el otro polo del pretendido EJE (por cierto que lo de EJE trae malos recuerdos), NICOLAS
SARKOZY, perdió el Senado castigado por esa FRANCIA PROFUNDA que el 29 de marzo de 2005 ya supo decir que NO a lo de la Constitución Europea. Cuando andan por sus respectivas tierras se ven obligados a aparecer como lo que son, como unos
POLÍTICOS con toda la grandeza y la miseria que tiene este concepto y dentro del duro oficio de hacer política se ven expuestos a esos avatares de lo que aún queda de
democracia. De ahora en adelante casi con toda seguridad tratarán de ponerse unos zancos económicos más aparatosos y hablar desde la mítica BRUSELAS donde nadie
exige nada y seguirán ordenado restricciones, recortes austeridades y sacrificios en nombre del famoso rigor económico que tanto se va pareciendo el RIGOR MORTIS
que se usaba en el lenguaje latino de las facultades de medicina del siglo XVI
Seguramente la FIESTA ESTÁ ACABANDO y si no hay fiesta en el pueblo es ridículo seguir con los feos zancos