lunes, 4 de febrero de 2013

Nuestra solución para Europa

 
Alexis Tsipras · · · · ·
04/02/13
 

SÍSIFO DE CORINTO
 
 



Febrero de 1953. La República Federal de Alemania (RFA) se hunde bajo el peso de las deudas y amenaza con arrastrar al conjunto de los países europeos en la tormenta. Preocupados por su propia salud, sus acreedores –Grecia, entre ellos— toman nota de un fenómeno que sólo a los liberales ha soprendido: la política de "devaluación interna", es decir, de reducción de los salarios, no garantiza la devolución de las deudas. Todo lo contrario. Reunidos en Londres y en el curso de una cumbre excepcional, 21 países deciden revisar sus exigencias para ajustarlas a las capacidades reales de su socio en punto a honrar sus obligaciones. Resuelven amputar el 60% de la deuda nominal acumulada por la RFA y le conceden una moratoria de cinco años )1953-1958), así como un aplazamiento de treinta años para su reembolso. Instituyen asimismo una "cláusula de desarrollo", por la que se autoriza al país a no consagrar a servicio de la deuda más de una vigésima parte de sus ingresos de exportación. Europa hace ahora lo contrario de lo dispuesto por el Tratado de Versalles (1919), sentando así las bases del desarrollo de la Alemania Occidental de postguerra.
Y esa es exactamente la propuesta que hace ahora la Coalición de la Izquierda Radical Griega (Syriza): proceder a redropelo de los pequeños tratados de Versalles que imponen la Canciller alemana Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble a los países europeos endeudados e inspirarnos en uno de los más clarividentes momentos que haya conocido la Europa de postguerra.
Los programas de "rescate" de los países de la Europa meridional han fracasado, generando unos pozos sin fondo que supuestamente tendrían que llenar los contribuyentes. Nunca ha urgido tanto llegar a una solución global, colectiva y definitiva del problema de la deuda. Y no se entendería que se escamoteara objetivo así sólo para garantizar la reelección de la Canciller alemana.
En estas condiciones, la idea avanzada por Syriza de una conferencia europea sobre la deuda, conforme al modelo de la Conferencia de Londres sobre la deuda alemana en 1953, representa, a nuestro entender, la única solución realista y beneficiosa para todos: una respuesta global a la crisis del crédito y a la constatación del fracaso de las políticas puestas por obra en Europa.
He aquí, pues, lo que exigimos para Grecia:
- Una reducción significativa del valor nominal de su deuda pública acumulada.
- Una moratoria sobre el servicio de la deuda, a fin de que las sumas conservadas vayan vinculadas a la recuperación de su economía.
La instauración de una "cláusula de desarrollo", a fin de que el pago de la deuda no mate el germen mismo de la recuperación económica.
- La recapitalización de los bancos, sin que las sumas en cuestión entren en la contabilidad de la deuda pública del país.
Esas medidas deberán ir ligadas a reformas orientadas a una más justas distribución de las riquezas. Poner fin a la crisis implica, en efecto, romper con el pasado que la ha incubado: poner por obra la justicia social, la igualdad de derechos, la transparencia política y fiscal; en una palabra, la democracia.
Un proyecto así resultará impracticable sin el concurso de un partido independiente de la oligarquía financiera, ese puñado de jefes de empresa que han tomado como rehén al Estado, de armadores navieros solidarios entre sí y –todavía en 2013— exentos de impuestos, de patrones de grupos mediáticos y de banqueros ubicuos (y en bancarrota), todos ellos responsables de la crisis y del esforzados mantenedores del statu quo.
El informe anual para 2012 de la organización no-gubernamental (ONG) Transparency International coloca a Grecia como el país más corrupto de Europa.
La propuesta más arriba esbozada constituye, en nuestra opinión, la única solución, a no ser que lo que se quiera es el crecimiento exponencial de la deuda pública en Europa, la media de la cual rebasa ya el 90% del PIB.
Lo que nos hace optimistas: nuestro proyecto no podrá rechazarse, pues la crisis toca ya al núcleo duro de la zona euro.
La dilación no trae consigo sino el crecimiento del coste económico y social de la situación actual, no sólo para Grecia, sino también para Alemania y para el resto de los países que han adoptado la moneda única.
Durante doce años, la zona euro –inspirada en los dogmas liberales— ha funcionado como una simple unión monetaria, sin equivalente político y social.
Los déficits comerciales de los países del Sur constituían la imagen especular de los excedentes registrados en el Norte.
La moneda única, por lo demás, ha servido a Alemania para "enfriar" su economía tras la costosa reunificación de 1990.
Pero la crisis de la deuda ha trastornado ese equilibrio. Berlín ha reaccionado exportando su receta de austeridad, lo que ha traído consigo el agravamiento de la polarización social en el seno de los Estados meridionales y las tensiones económicas en el corazón de la zona euro.
Aparece ahora un eje Norte-acreedor/Sur-deudor, nueva división del trabajo orquestada por los países más ricos.
El Sur se especializará en los productos y los servicios con fuerte demanda de mano de obra con bajos salarios; el Norte, en una carrera hacia la calidad y la innovación, con salarios más elevados (para algunos).
La propuesta del señor Hans-Peter Keitel, presidente de la Federación Alemana de la Industria (BDI), en una entrevista concedida al Spiegel y consistente en transformar a Grecia en una "zona económica especial" [1] revela a las claras el verdadero objetivo memorándum [2].
Las medidas previstas por ese texto, y que se extienden al menos hasta 2020, se saldan con un sonoro fracaso que ya reconoce hasta el FMI.
Sin embargo, para quienes las concibieron, el acuerdo tendría la ventaja de imponer una tutela económica a Grecia, convertida así en una colonia financiera de la zona euro.
La anulación de esas medidas constituye, así pues, el prólogo a cualquier posible salida de la crisis: lo mortal es el medicamento, no la dosis, como algunos se avilantan a sugerir.
Por otra parte, habrá que preguntarse por las demás causas de la crisis financiera en Grecia. Las que traen consigo el despilfarro del dinero público no han cambiado: el coste por kilómetro de construcción de carreteras es el más alto de Europa, por ejemplo. Otro ejemplo: la privatización de las autopistas a modo de "prepago" de nuevos ejes…, cuya construcción ha sido interrumpida.
El alcance de las desigualdades no puede reducirse a efecto lateral de la crisis financiera en Grecia. El sistema fiscal griego refleja la relación clientelar que une a las elites del país. Como si de una escurridera se tratara, está rebosante de excepciones y de derechos de pase cortados a la medida del cártel oligárquico. El pacto informal que, tras la dictadura, actúa a modo de soldadura entre la patronal y la hidra bicéfala del bipartidismo –Nueva Democracia y PASOK—, garantiza su mantenimiento.
Es una de las razones de que el Estado renuncie hoy a obtener los recursos necesarios por la vía de los impuestos: prefieren la continua reducción de los salarios y de las pensiones.
Pero el establishment, que ha sobrevivido por my poco a las elecciones del pasado 17 de junio [3] por la vía de sembrar el miedo en torno a una posible salida de Grecia de la zona euro, vive con la asistencia respiratoria de un segundo pulmón artificial: la corrupción.
La difícil tarea consistente en quebrar la colusión entre los medios políticos y económicos –un asunto que no compete sino a los propios griegos— constituirá una de las prioridades de un gobierno popular dirigido por Syriza.
Exigimos, pues, una moratoria sobre el servicio de la deuda para cambiar Grecia.
A falta de eso, cualquier nueva tentativa de saneamiento financiero nos convertirá en Sísifos condenados de antemano al fracaso. Y esta vez, el drama no afectará sólo a la antigua ciudad de Corintio, sino al conjunto de Europa.
Alexis Tsipras es el principal dirigente de Syriza-Frente Social Unido
Traducción para www.sinpermiso.info: Ventureta Vinyavella










































viernes, 1 de febrero de 2013

El Tribunal de la UE sanciona a España por irregularidades en el AVE

 

Las irregularidades se cometieron en varios tramos de la línea de AVE Madrid-Zaragoza-Barcelona-Frontera francesa

Economía | 31/01/2013 - 11:34h

El Tribunal de la UE sanciona a España por irregularidades en el AVE

Irregularidades en adjudicación de obras del AVE Bruselas (EFE).- El Tribunal General de la UE confirmó hoy las sanciones por un total de 33,6 millones de euros impuestas por la Comisión Europea (CE) a España por irregularidades en los contratos públicos adjudicados para la construcción de nuevas líneas del AVE entre Madrid y la frontera francesa, y en Levante.

En dos sentencias hechas públicas hoy, la Corte de Luxemburgo rechazó los recursos presentados por Madrid contra dos decisiones de la CE, en 2010 y 2011, que aplicaban una reducción de los fondos de cohesión asignados a España por incumplir la normativa europea de contratación pública en varias infraestructuras ferroviarias.

Las irregularidades se cometieron en varios tramos de la línea de AVE Madrid-Zaragoza-Barcelona-Frontera francesa, así como en el subtramo La Gineta-Albacete perteneciente al nuevo acceso ferroviario de Alta Velocidad hacia Levante, indicaron fuentes judiciales.

El caso se remonta a diciembre de 2010, cuando la CE decidió reducir en 2,3 millones de euros la asignación del fondo de cohesión inicialmente acordada a España para financiar la construcción de cuatro fases de proyecto de determinados tramos de las líneas de AVE Madrid-Zaragoza- Barcelona-Frontera francesa y Lérida-Martorell.

En febrero de 2011, la Comisión decidió aplicar otra "corrección financiera" de 31,3 millones sobre las ayudas otorgadas a cinco proyectos de ejecución correspondientes al suministro y montaje de materiales en las mismas líneas, así como en el subtramo La Gineta-Albacete, integrado en el nuevo acceso ferroviario de Alta Velocidad a Levante.

En ambos casos, la CE aplicó una "corrección financiera" al entender que en las fases en cuestión se produjeron irregularidades al aplicar la legislación europea de contratación pública, señalaron las mismas fuentes.

Según el Ejecutivo comunitario, la administración española realizó modificaciones de los concursos otorgados y atribuyó los contratos directamente sin publicación previa a las entidades adjudicatarias del concurso inicial.

El Ejecutivo español presentó dos recursos ante el Tribunal General de la UE solicitando la anulación de estas decisiones o la reducción del importe de las sanciones.

Madrid argumentó que había recurrido al procedimiento de adjudicación sin convocatoria de licitación previa, permitido por la normativa comunitaria en casos de obras públicas adicionales no incluidas en un contrato principal, que por circunstancias imprevistas sean necesarias para completar el proyecto inicial.

El Tribunal General desestimó este argumento al considerar que España no ha podido demostrar que la condición de imprevisibilidad se aplicase a ninguno de los casos, se detalla en la primera de las sentencias de hoy.

Entre otras alegaciones, el Gobierno español achacó las modificaciones sobre los proyectos iniciales al cambio de los Planes Generales de Ordenación Urbanística (PGOUs) realizados por distintos municipios.

El Tribunal ha recordado que la entidad adjudicadora es responsable de obtener un consenso previo sobre las soluciones proyectadas con los municipios afectados.

España, sin embargo, "no ha demostrado la existencia de concertación alguna" entre el Estado central y los municipios afectados antes de la publicación del anuncio de licitación, dice el Tribunal en la segunda sentencia.

Por ello, el Tribunal General ha desestimado todos los argumentos presentados por España, ha rechazado ambos recursos y le ha condenado a pagar las costas del proceso.

La Vanguardia/Economía | 31/01/2013

viernes, 25 de enero de 2013

Reino Unido o Europa

 

DAVID CAMERON

 

 

23ene 2013 Publico.es

 

Se venía rumoreando desde hace algún tiempo y hoy se ha confirmado. Cameron tiene la intención de convocar un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea si gana las próximas elecciones en 2015. La noticia no sorprende, toda vez que en la sociedad británica hay fuerzas muy potentes que ejercen de muro de contención ante las tentativas comunitarias. Al otro lado del Canal de la Mancha la Unión Europea es vista con recelos por cuanto tiene de pérdida de soberanía del Estado. Y en estos tiempos de crisis económica el Reino Unido no quiere involucrarse en un proyecto que pretende avanzar, aunque sea tímidamente, en una unión política y fiscal que pueda entorpecer con regulaciones el negocio de la City londinense.

Los resultados de la consulta sobre la permanencia del Reino Unido son inciertos. La actitud de Europa sobre política económica, con sus líderes teutones a la cabeza, no ayuda a acercar posturas entre Londres y Bruselas. Pero todo hace pensar que la intención de Cameron con la convocatoria de referéndum no es sino forzar una renegociación de los Tratados para el Reino Unido, avanzando así en una suerte de asimetría que difícilmente puede tener cabida en un proyecto de Unión que quiera pensarse en un futuro como unos verdaderos Estados Unidos de Europa. Aunque tampoco está del todo claro que en la mente de los líderes de la Europa continental existan algo más que intereses nacionales –y nacionalistas- que están minando el proyecto comunitario.

La Unión Europea nació con mil y una malformaciones. La principal es su déficit democrático, que ha quedado dramáticamente patente en la imposición de políticas de hiperausteridad del Norte hacia el Sur. Pero también tiene sus virtudes y seguramente si no existiera habría que inventarla. Tras un siglo como el pasado salpicado por dos guerras mundiales que devastaron Europa y dejaron millones de cadáveres y desplazados en la cuna de Occidente, era más que necesario un proyecto que tratase de superar el interés particular en favor del general y que construyese una auténtica paz perpetua al modo kantiano. Cosa distinta es que se haya fracasado o no con tamaña empresa pero la realidad es que desde que se creara la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, lo que fuera el embrión de la actual UE, los conflictos armados entre países comunitarios se han reducido a cero. Asimismo la UE ha contribuido en los últimos tiempos a fortalecer los débiles derechos sociales de los países del Este de Europa que vivieron una traumática transición desde regímenes totalitarios a un capitalismo salvaje e inhumano. Y la posible integración futura de Turquía, que se encuentra con inexplicables resistencias entre las potencias europeas, podría abrir una ventana al mundo musulmán que sirviera de acicate para la democratización de algunos países de Oriente Medio y el Magreb.

Si el Reino Unido abandonase la Unión Europea el saldo para el proyecto comunitario sería muy probablemente positivo. Desde Downing Street se maneja una idea de construcción europea de baja velocidad, con tantos avances como retrocesos y con una concepción de la soberanía de los Estados más propia de Bodino o de Hobbes que del mundo interconectado en el que vivimos. La Europa de los ciudadanos, de los derechos y libertades y de la democracia es aun una quimera, pero con la piedra en el zapato de Cameron será un sueño aun más utópico e inalcanzable. Para construir esa Europa no necesitamos a un Reino Unido que jamás ha sido entusiasta del proyecto comunitario y que solo mira por sus propios intereses. Quizás fuera más útil abrir la puerta a los Estados que verdaderamente desean formar parte de la Europa unida: Turquía, Islandia, Macedonia, Serbia, Montenegro, Albania y Bosnia Herzegovina. Y de paso mostrarles el camino de salida a quienes entorpecen la senda hacia la unión política del Viejo Continente.

Xabel Vegas

(Xixón, 1978). Bloguero y músico. Formó parte del grupo Manta Ray y de la escena musical asturiana de los años noventa conocida como Xixón Sound. Su primer disco en solitario lleva por título El Óxido. Participa en diversos movimientos sociales y escribe sobre temas de actualidad y política nacional e internacional. En Twitter: @xabelvegas

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Europa inservible (*)

09DIC2012

 

por Rafael Poch / La Vanguardia.com

Domingo, 09 de Diciembre de 2012 15:05

La Europa inservible (*)

Su necesaria refundación no vendrá del “más Europa” que se pregona desde Bruselas y Berlín, sino de una rebelión popular cuyo marco solo puede ser nacional.

Vamos a hablar del proyecto europeo, de porqué esta Unión Europea, tal como está diseñada, es inviable e inútil para afrontar los retos del siglo. Por “retos del siglo” entiendo el calentamiento global, el auge demográfico, el “pico” petrolero y los problemas globales de dominio de unos países sobre otros, de pobreza y de desigualdad, combinados con una mentalidad caduca que tiende a seguir “resolviendo” todas esas cuestiones con métodos militares en un mundo atiborrado de armas de destrucción masiva capaces de anular toda vida en el planeta. Esos retos claman una “nueva civilización” y una Europa como la que tenemos es un claro impedimento a ella.

Así que vamos a hablar primero de las razones que hacen inviable desde ese punto de vista a la actual Unión Europea, luego, de la respuesta ciudadana que habría que dar a esa realidad y acabaremos con una reflexión sobre la violencia y los riesgos que tal respuesta comporta para quienes la asumen. Pero antes de entrar en esa crítica, quisiera subrayar la importancia de que haya en Europa algún tipo de pacto y estrecho vínculo internacional.

El motivo es que, desde el punto de vista de la historia universal de la guerra y la paz, Europa es la parte más guerrera y violenta del mundo. En los últimos quinientos años la historia europea salta de una guerra a otra, especialmente en los dos siglos que van de 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815. En ese periodo las naciones europeas estuvieron en guerra una media de sesenta o setenta años por siglo. Luego hubo un poco más de paz hasta 1914, si olvidamos la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa continuó culminando la exportación de guerra y genocidio hacia fuera de sus fronteras con el holocausto colonial- imperial que fue la conquista del mundo no europeo. Además, en ese periodo de relativa paz interna Europa inventó la industrialización y con ella industrializó la guerra lo que la convirtió en algo mucho mas destructivo. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron el resultado.

La Unión Europea se creó, precisamente, para remediar la crónica pelea continental, que después de la Segunda Guerra Mundial ha dado lugar a 67 años de paz, una paz, sin embargo, tutelada por dos superpotencias en tensión nuclear, es decir una paz bajo vigilancia y presidida por un factor, el de la destrucción masiva, que representa el escalón superior de la estupidez humana.

Así que tengamos bien presente este dato sobre la Europa guerrera violenta y dominante a la hora de criticar el actual proyecto europeo.

I)   Todavía en 2003 Jürgen Habermas, el principal filósofo alemán vivo, pudo escribir un libro titulado “El occidente dividido” y ser tomado en serio. Su contexto era la desavenencia entre una parte de la Unión Europea, su matriz franco-alemana, y la administración Bush durante la segunda guerra de Irak. Y su fundamento era la exaltación de los “valores diferentes” –y por supuesto mejores- que Europa decía representar comparada con Estados Unidos.

En esa comparación, Europa era un continente de paz y de cultura, con apego a la nivelación social y al estado asistencial, regido por el derecho internacional y no por la ley del mas fuerte, es decir centrado en la diplomacia y no en la guerra, y tolerante y no fundamentalista en materia religiosa.

En países como China, esa desavenencia de 2003 estuvo en el centro de la discusión internacional de los dirigentes de Zhongnanhai, el Kremlin de Pekín. La posibilidad de que Occidente, aquel bloque que crucificó a China en el XIX, pudiera partirse en dos y se convirtiera en dos polos con intereses globales y recetas diferentes, es decir en algo más débilque lo anterior, era sumamente interesante por las mayores posibilidades y márgenes de acción que podía reportar en la multipolaridad a los países emergentes.

Ahora sabemos que aquella desavenencia, con su discurso narcisista y embellecedor de la Unión Europea sobre sí misma, es un fraude y que las esperanzas de una divergencia trasatlántica que tanto interesaron en China fueron un espejismo. La actual crisis nos ofrece una perspectiva mucho más real y un espejo mucho más fiel de la realidad europea.

Constatamos que esa Europa “autónoma y mejor” y preconizadora de “otros valores”, ha apoyado, colaborado y participado en casi todo lo que reprochaba a su pariente histórico de ultramar. Es decir Europa sigue siendo imperialista y sus debilitadas naciones se unen, precisamente, para poder seguir siéndolo. Veamos la lista:

-Durante veinte años se ha excluido a Rusia de cualquier esquema de seguridad continental. Es decir se ha impedido cerrar la relación de guerra fría con el extremo oriente de Europa, tal como quería el malogrado proyecto de Gorbachov. La ampliación al Este de la UE se hizo sobre un guión supervisado en Washington, según el cual el ingreso en la  OTAN era la antesala de la Unión Europea.

- En cuanto la URSS dejó de ser percibida como amenaza, Europa se lanzó a la guerra. Doce días después del ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN, comenzó la campaña de Kosovo para acabar con Serbia como estado regional anómalo para la nueva disciplina continental. El belicismo y la manipulación mediática adquirieron en Europa niveles que se creían exclusivos de Estados Unidos. Por primera vez desde Hitler, tropas alemanas participaron, en los Balcanes, en un conflicto, y nada menos que en nombre de la prevención de nuevos Auschwitz y “genocidios”.

-En Irak la divergencia franco-alemana con Bush no impidió una colaboración en toda regla a nivel de logística, servicios secretos, torturas y centros secretos de detención de la  “guerra contra el terror” que impide considerar como exclusivamente americanos asuntos como el de Guantánamo: los vuelos de la CIA atravesaron Europa desde Polonia hasta Rota, las cárceles secretas, las torturas y los secuestros implicaron complicidades de todo el mundo. Francia cedió su espacio aéreo para la campaña iraquí, los servicios secretos alemanes identificaron sobre el terreno en Bagdad los objetivos de los misiles del Pentágono y las bases alemanas fueron el principal nudo logístico de la guerra.

-En Palestina, la UE ha sido incapaz de trabajar para la creación de un Estado Palestino, sin duda la medida más eficaz contra el radicalismo islámico en todo el mundo y un imperativo moral incontestable. Por el contrario, ha ido incrementando unas relaciones privilegiadas con Israel y ha incrementado su complicidad con esa comedia que llaman “proceso de paz” en Oriente Medio, basada  en el apoyo al país ocupante y agresor.

- En Afganistán, la misma Europa que durante la guerra fría protestó y se negó a participar en Vietnam, se ha volcado con decenas de miles de soldados europeos metidos allá once años en esta guerra infame de treinta que no registra protestas. Aún más: los despliegues en el cuerno de África, la intervención militar en Libia y ahora en Mali, demuestran que el intervencionismo militar europeo no es una excepción puntual sino una tendencia consolidada.

-En Oriente Medio vivimos ahora las sanciones y amenazas contra Irán. Un intervencionismo creciente en la guerra civil de Siria que contribuye claramente a hacerla más sangrienta, que usa a fondo la habitual manipulación mediática y que da por completo la espalda a toda acción diplomática. El horizonte estratégico de este intervencionismo va más allá de Siria: complicar la vida a su aliado, Irán –objeto de sanciones por la sospecha de una ambición nuclear que, convertida en hecho conocido en el caso israelí se tolera sin problemas- y de paso complicar también el aprovisionamiento energético de China.

-Y todo esto está perfectamente interiorizado en el discurso europeo de la política exterior y de seguridad. En Alemania imponer el “acceso” (Zugriff) a los recursos energéticos globales es lo que da sentido a las misiones internacionales del Bundeswehr, afirma el discurso oficial. Hoy día no hay experto y analista de cualquier “centro de estudios estratégicos” del estáblishment, de Bruselas, Berlín o Londres, que no mencione el tema como algo rutinario, dando por supuesto que el militarismo es la respuesta a los retos del siglo. Lo llaman “nuevos desafíos” y la doctrina de la OTAN los quiere contrarrestar con acciones militares “preventivas” y “proactivas”, es decir agresiones, en todo el mundo.

Es decir, y concluyendo esta lista: en su relación con EE.UU, la Unión Europea desempeña en el mundo el papel que un primer ministro australiano definió para su país en Asia: el del “ayudante del Sheriff”.

Siendo imperialista y practicando un manifiesto vasallaje hacia Estados Unidos, la actual Europa no puede ser un polo de poder independiente y autónomo en el mundo multipolar y muchos menos un polo benévolo por otras razones.

En primer lugar, como ha apuntado Samir Amin, porque Europa no puede ser unos Estados Unidos de Europa. Por un lado carece de recursos naturales comparables a los de grandes países como Estados Unidos o Rusia. Por el otro,  a causa de su manifiesta falta de unidad interna, porque en Europa están presentes las tensiones y conflictos de intereses centro-periferia propios del desarrollo desigual. Europa contiene  zonas y países que son Norte -Alemania y compañía- otros que son Sur -España, Italia, Portugal- y otros que son patio trasero y tercera categoría: la Europa oriental y balcánica con Grecia incluida. (1)

En segundo lugar Europa no puede ser ni siquiera una federación unitaria porque no existe un “pueblo europeo”. La identidad europea no existe ni se la espera. Haciendo un gran esfuerzo, españoles, italianos, griegos y franceses, pueden alcanzar cierta afinidad identitaria apelando a aspectos de su común tradición (ibérica, católica, la herencia latina-románica, o al mediterráneo). A partir de ahí, y como dicen los chinos, “con la perspectiva de varias generaciones”, quizá pudieran embarcarse en algo juntos hasta el punto de borrar sus diferencias. Es una cuestión de imaginación. Pero imaginar eso mismo conjuntamente con los finlandeses, los alemanes, los húngaros o los británicos, es decir metiendo juntos a mediterráneos, vikingos y hunos, es superar los límites de la fantasía más atrevida.

Y en tercer lugar, la Unión Europea no puede funcionar como proyecto que valga la pena por el motivo que todos percibimos: porque su burocracia ha tenido la osadía de pretender que un billete de banco, asistido por un sistema sanguíneo-circulatorio compuesto por intereses empresariales multinacionales generalmente dominados por países del Norte europeo, podía ser el corazón de esa identidad de fantasía.

El resultado de esa osadía ha sido una especie de monstruo del Profesor Frankestein que ha acelerado la gran desposesión de soberanía que toda Europa siente hoy. Si la democracia en las naciones europeas, en el sentido genuino de “poder del pueblo”, ya era caricatura -en unas naciones más que en otras-, ahora resulta que nuestros imperfectos parlamentos ni siquiera tienen soberanía para decidir sobre presupuestos, o que las sacrosantas constituciones deben reformarse en veinticuatro horas por dictámenes que vienen precocinados desde Bruselas o Berlín y que son decididos por instituciones, como el BCE o la Comisión, que ni siquiera son electas.

Casi todas las propuestas que no parten de la propia burocracia de Bruselas para dar un aspecto humano a este monstruo son alemanas: la canciller Merkel desde la Alemania institucional y otros con pretensiones democratizantes e incluso rebeldes proponen lo mismo:más Europa, más integración europea para superar estos defectos. Habermas y otros quieren una Europa federal que resuelva internacionalmente esa devaluación de soberanía y democracia. Quieren convocar una “Asamblea constituyente europea” de hunos, vikingos y mediterráneos. El diputado verde Daniel Cohn-Bendit propone una Europa totalmente integrada compuesta por estados nacionales reducidos a la insignificancia. Es la única manera, dice, de afrontar el pulso mundial con las potencias emergentes. De lo contrario, advierte, “la influencia de nuestra civilización de dos milenios corre el riesgo de esfumarse”. El ex ministro de exteriores, Joshka Fischer, propone dar poderes dictatoriales a la Unión Europea… Los únicos que insisten en “más Europa” como fórmula para salir del hoyo son los alemanes. Hay que recordar que históricamente el discurso europeo de Alemania ha sido siempre entendido como el de una Europa germánica con los alemanes en el papel de dominante “Herrenvolk”. Una quimera hoy manifiestamente imposible.

Así que por todas estas razones (imperialismo, falta de autonomía y recursos, desigualdad interna, ausencia de un pueblo europeo y de identidad común, y por ser un androide empresarial) esta Europa es, a la vez, imposible e inservible para los retos del siglo.

Una vez constatado esto, y recordando aquello que hace importante y necesario un proyecto europeo común (impedir la pelea secular de sus miembros), no hay más remedio que plantearse la pregunta del qué hacer.

II) De lo que se trata es de realizar una refundación ciudadana del proyecto europeo.

De puertas afuera, esa refundación debe impedir la pelea europea. El proyecto europeo no debe tener más ambición mundial que una negación: la de no contribuir al imperio. Si el proyecto europeo ha de ser imperialista, no lo queremos.

De puertas adentro el marco de esta refundación no debe ser “más Europa”,  sino más soberanía popular-nacional.

Hay que dejar bien claro que el de la refundación ciudadana no es el único escenario de la actual crisis. De lo que aquí se habla es de lo que “habría que…”, no de algo que vaya a ocurrir inexorablemente. Presentimos que en Europa se está incubando una revuelta social mucho más importante de lo que hemos visto hasta ahora, pero nos encontramos en plena divisoria y tenemos datos que pesan tanto en la balanza de lo positivo y emancipatorio como de lo negativo y regresivo.

Por un lado tenemos el avance, en toda Europa, del chovinismo, la xenofobia y el desprecio por el débil y el emigrante, la ridiculización de la solidaridad y el afán de justicia (resumido en ese miserable concepto neocon que es el buenismo). Una perspectiva de la Europa parda de 1930, podríamos decir.

Por el otro lado tenemos el progreso de la protesta social y solidaria: Cuarenta  sindicatos en 23 países participaron el 14 de noviembre en una “Jornada de acción y solidaridad” sin precedentes en Europa. Cotejado con el tamaño y la virulencia de la enorme involución socio-laboral que sufre el continente aquello fue poco y desigual, muy poco. Pero eso ya no es Europa 1930, sino una perspectiva 1848.

La “primavera de los pueblos” de 1848 tambaleó el orden de la restauración absolutista del Congreso de Viena. Un orden absolutista en quiebra es aquel en el que una pequeña casta que acapara el grueso del poder la riqueza y los privilegios adopta decisiones que son vistas como injustas y erradas por la gran mayoría. No se trata del popular 1% contra el 99%, pero sí de algo muy polarizado como sugiere la creciente concentración desigual de la riqueza en Europa. Eso es lo que tenemos ahora.

¿Qué quiere decir una refundación ciudadana? Quiere decir una reconquista de la esfera económica y financiera que la política ha ido cediendo al capital en las últimas décadas. La UE ha sido diseñada como una autopista de la mundialización neoliberal. Pues bien, ahora se trata de combatirla con una desmundialización ciudadana que devuelva todo eso arrebatado a la política en los últimos treinta años, como dice Bernard Cassen.

Evidentemente todo esto plantea la pregunta del cómo.

Para eso es necesario crear un Frente Popular. Una gran unión, una gran alianza y un gran encuentro entre el mundo sindical, los subproletarios emigrantes y parados, la generación sin futuro y deshauciada, la gente mayor estafada tras una vida de trabajo, los sectores religiosos e intelectuales para los que la actual involución es intolerable desde el punto de vista de los principios éticos y morales.

Es fundamental la creación de nuevas fuerzas políticas y de programas. Hacen falta líderes, personas de todos estos ámbitos que representen y sean portavoces de esta refundación – de momento por ejemplo en Catalunya no tenemos líderes obreros ni sindicales dignos de tal nombre, pero curiosamente ha aparecido una de esas personas en el ámbito más inesperado: una hermana benedictina….

Esta refundación solo puede ser (en Europa y en el mundo) internacional e internacionalista, pero, a menos que queramos disolvernos en un sueño idealista de hermandad universal, su marco solo puede ser nacional.

Esa reconquista no puede hacerse en Bruselas, con su burocracia mucho más dominada por el lobbysmo empresarial que la de los estados nacionales, ni en el irrelevante Parlamento Europeo. El ágora, el punto de encuentro y la articulación de ese Frente Popular debe lograrse desde los respectivos marcos nacionales: entre comunidades de gente cercana unida por su marco geográfico y socio-laboral, su lengua su cultura y su común identidad integradora. La experiencia de los foros mundiales, tan interesante pero al mismo tiempo tan etérea e indeterminada, da mucho que pensar. Como ha dicho hace poco Oskar Lafontaine, “La Europa democrática empieza en casa”. Este marco nacional no es sustituto ni alternativa a lo internacional, sino mas bien su condición primera. (2)

Para acabar, una reflexión sobre la violencia.

III)   La Europa de hoy no es la del XIX, cuando cualquier avance social pagaba el precio de enormes cantidades de sangre y de violencia. En este continente mucho más rico, mucho más culto y demográficamente mucho más envejecido que el del siglo XIX, quien más quien menos tiene algo que perder. Eso sugiere que la no violencia popular tiene un nuevo sentido y grandes espacios a su favor.

Al mismo tiempo, la rebelión civíl y pacifica, el movimiento social transformador, no es ninguna broma postmoderna y on-line. Exige lo de siempre: compromiso, voluntad, organización y sacrificio. Y recoge represión y reacción. Es decir: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía absolutista.

La experiencia histórica más reciente nos avisa del enorme potencial de violencia y provocación que tiene el estáblishment. Los dos principales líderes antibelicistas del 1968 en Estados Unidos, Martin Luther King y Robert Kennedy, fueron asesinados. También lo fue el líder estudiantil más notable del 68 alemán, Rudi Dutschke, muerto de las secuelas de un atentado.

Hay que recordar también que la dictadura no es imposible ni una lejana reliquia histórica. Hace menos de cuarenta años la Europa del Sur, desde Portugal a Grecia pasando por España, estaba gobernada por dictaduras. Hace poco más de veinte toda la Europa del Este estaba gobernada por dictaduras comunistoides. Es decir: la mayor parte de Europa eran dictaduras hasta hace muy poco.

Y hay que volver a leer todo lo que expone el Profesor suizo Daniele Ganser en su libro de 2005 sobre Gladio, la cada vez más documentada evidencia de la manipulación directa del terrorismo de los años setenta y ochenta por grupos vinculados a la OTAN -los peores atentados en Italia, Bélgica y Alemania lo fueron. Volver a escuchar la opinión de algunos antiguos miembros de grupos alemanes violentos que hoy confiesan que seguramente su labor estuvo policialmente manipulada desde el principio. Analizar lo que sabemos de las protestas antiglobalización de julio de 2001 en Génova.  Lo que está ocurriendo ante nuestros ojos con los apoyos policiales y empresariales a la extrema derecha griega, o lo que se ha visto en España con los indignados… (3)

Hay que tener claro que cualquier presión hacia esa necesaria desmundialización ciudadana chocará, está chocando ya, con las habituales reacciones, tramas negras, represiones, manipulaciones mediáticas y juegos sucios. Repito: hay que ser consciente de lo que significa decir no a una oligarquía.

(*) Este texto sigue las notas de una conferencia pronunciada el 30 de noviembre en el Centre d´estudis Cristianisme i Justicia de Barcelona.

Notas

(1) Para la exposición de Samir Amin en castellano consultar Europa vista desde el exterior (en www.mientrastanto.org)

(2) El concepto desmundialización lo emplea Bernard Cassen. En L´heure de la démondialisation est venue,  Mémoire des Luttes  agosto 2011.

(3) El libro de Daniele Ganser,  La Operación Gladio y el terrorismo  en Europa Occidental,2005. Sobre el brutal aplastamiento de la pr

martes, 11 de diciembre de 2012

UN PREMIO INFAME



LA GRAN BANDERA PIRATA ESTÁ AQUÍ NO EN SOMALIA


 

10dic 2012
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Etiquetas: UE
Hoy se hace entrega del Nobel de la Paz a la Unión Europea (UE); todo un insulto al testamento del fundador de los premio, Alfred Nobel, que estipuló que“la totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad”.  Y la UE no ha realizado, ni mucho menos, ese mayor beneficio.
La paz no es únicamente la ausencia de guerra, entendida ésta como el enfrentamiento bélico, sino la convivencia tranquila, sin tensiones provocadas, por ejemplo, por situaciones de desigualdad. Y precisamente la desigualdad se ha ido incrementando en los países de la Unión Europea de manera alarmante, incluida, la venerada Alemania. Sólo en los últimos años, la UE ha mirado a otro lado cuando países que la componen -entre ellos España-, iniciaron una guerra ilegal contra Iraq; no sólo ha obviado ocupaciones ilegales como la de Marruecos en el Sáhara Occidental sino que, además, la ha explotado con acuerdos de pesca ilegítimos; ha consentido deportaciones de gitanos rumanos; ha visto con buenos ojos el trato inhumano que reciben los inmigrantes en Grecia, muchos de ellos refugiados, con tal de que no avancen por Europa…
Ni siquiera hay igualdad de género, pues menos del 14% de los embajadores europeos y menos del 5% de los ministros de la UE son mujeres. Y ahora, por vía de la troika, la UE se ha convertido en una de las mayores generadoras de miseria en todo el mundo, desmantelando los Estados de Bienestar europeos para perpetuar el sistema de privilegios de la élite económica dominadora, destruyendo todas las conquistas logradas por la clase trabajadora durante décadas y entregando un cheque en blanco al empresario, legalizando la explotación. De hecho, nunca antes hubo tanta inseguridad jurídica como ahora en la UE, puesto que cualquier ley que suponga una garantía para los más desfavorecidos es susceptible de ser borrada del mapa, como se han encargado de hacer, entre otros, el gobierno de España con el aplauso de los Estados Miembro.
Por todo ello, más que el Nobel de la Paz, debería denominarse el Nobel de la Pez, ya saben, del meconio, de la primera defecación de los bebés. Sin embargo y aún después de lo expuesto, tampoco debería sorprendernos el premio, sobre todo si miramos a quién lo otorga. A fin de cuentas, es como si el gremio de ladrones nombra personalidad del año a Jaume Matas o Rodrigo Rato, por ejemplo, según sus criterios sin duda que lo son. Algo parecido pasa con el Nobel de la Pez, cuyo jurado es el Storting (Parlamento) noruego.
Noruega, en realidad, no forma parte de la Unión Europea. Nunca ha querido pertenecer -el último referéndum, en 1994, así lo ratificó- porque, de serlo, con total seguridad sería un donante neto. A fin de cuentas, es el sexto mayor exportador de petróleo del mundo y el segundo de gas; de hecho, la cuarta parte del gas natural que se consume en Europa es noruego. En lugar de ser un Estado Miembro, prefiere quedar al margen (de esa solidaridad) pero participando de pleno en el mercado común.
¿Qué pensaría Alfred Nobel si conociera este Premio a la UE? Seguramente le aterraría, pero no menos de lo que le aterraría su propio país, el que otorga los premios. Los Premios Nobel son, en realidad, fruto del remordimiento de un empresario que a su muerte se arrepintió de haberse hecho rico con la minería y a costa de las guerras (inventó la dinamita). En 2011 el Gobierno de su país exportó armas, municiones y otros materiales militares por casi 3.900 millones de coronas (algo más de 530 millones de euros), un 50% más que en 2010. Su propio ministerio de Exteriores admite que, por ejemplo en la guerra de Iraq, al menos 200 víctimas civiles murieron por armas noruegas.
Asi que, y con el antecedente de Obama, ¿de qué nos sorprendemos por que la UE sea Premio Nobel de la Paz? El año que viene, igual le cae al FMI, quién sabe


David Bollero

 

 

Diario Público 10 de 2012

lunes, 3 de diciembre de 2012

Las otras deudas

 

 

Ministerio de Economía

Carlos Taibo

Rebelión

Nada descubro cuando afirmo que estamos delante de una genuina estafa. En su versión más reciente, esa estafa se vincula estrechamente con la palabra deuda. Aunque nuestros gobernantes parecen empeñados en subrayar que arrastramos un grave problema de deuda contraída por las diferentes administraciones públicas, la realidad es muy diferente: hasta hace bien poco más de las cuatro quintas partes de la deuda española correspondía a agentes privados, entre los cuales despuntaban con claridad inmorales entidades financieras. Sólo una pequeña fracción de la deuda privada había sido contraída, entre tanto, por las unidades familiares.

En el meollo de la estafa mencionada despunta, claro, una circunstancia más: asistimos a un inmoral proceso de estatalización de la deuda privada que está en el origen de recortes y agresiones contra derechos. En virtud de la decisión asumida por los dos grandes partidos españoles, los desafueros cometidos por los responsables de bancos y cajas de ahorro los tenemos que pagar todas. No está de más que, en este terreno, recuerde lo que debiera ser evidente: mientras nuestros gobernantes acuden presurosos a salvar la cara a las instituciones financieras, no actúan de la misma manera con las familias. Ahí está, para demostrarlo, ese dato espeluznante que nos habla de nada menos que 350.000 desahucios.

Conviene agregar, con todo, un par de observaciones más. Si la primera subraya que nuestros gobernantes rechazan orgullosamente cualquier fórmula que implique una auditoría seria de la deuda, la segunda anota que en paralelo se niegan a aceptar lo que muchas entendemos que es la clave de la cuestión: la inexorable necesidad de distinguir entre deuda legítima --aquella que es razonable pagar-- y deuda ilegítima --la que, al haber sido contraída en virtud de la especulación y del negocio más rastrero, hay motivos poderosos para rechazar--. Para cerrar el círculo, en fin, estamos obligados a certificar un dato sangrante que ilustra de manera fehaciente la condición de quienes nos gobiernan: no hay nadie en la cárcel, sea por efecto de la desregulación general acometida en el último decenio --si desaparecen las normas desaparecen también los delitos--, sea como consecuencia de la nula independencia del poder judicial.

De todo lo anterior hay que extraer lo que a mi entender es una conclusión obvia: sobran los motivos para rechazar el pago del grueso de la deuda y para hacer otro tanto con las faraónicas ayudas que las instancias que están en el origen de ésta --bancos y cajas de ahorro-- siguen recibiendo. Como sobran las razones para dar réplica rotunda a las agresiones que el capital ha decidido sacar adelante al amparo de una nueva ola de la lucha de clases que nos retrotrae a etapas que muchos pensaban definitivamente arrinconadas por la historia.

Me importa subrayar, eso sí, y ahora cambio de tercio, que la negativa a sacarle las castañas a bancos y cajas de ahorro debe acompañarse de una actitud bien distinta en lo que respecta a otras deudas que, olvidadas, éstas sí, conviene pagar. La primera de esas deudas impagadas lo es con las mujeres. Víctimas de una atávica marginación, tanto en el orden material como en el simbólico, padecen a menudo una doble explotación: la que se verifica en el ámbito laboral convencional y la que se hace valer en el hogar de la mano de una economía de cuidados que recae de manera casi exclusiva sobre sus hombros. Nunca está de más recordar que el 70% de los pobres y el 80% de los analfabetos existentes en el planeta son mujeres.

La segunda de esas deudas que debemos asumir lo es con la mayoría de los habitantes de los países del Sur. En este caso lo que se impone es el recordatorio de las secuelas, dramáticas, de siglos de expolio de la riqueza humana y material que atesoran esos países. No vaya a ser que en el Norte opulento acabemos por reconstruir nuestros maravillosos Estados del bienestar a costa de ratificar atávicas relaciones de explotación y exclusión.

La tercera, y última, de las deudas que estamos obligados a considerar es la que tenemos con los integrantes de las generaciones venideras y, también, con las restantes especies que nos acompañan en el planeta Tierra. A unos y otras llevamos camino de entregar un planeta literalmente inhabitable, cautivados como estamos por los mitos del crecimiento, el consumo, la productividad y la competitividad.

Mientras rechazamos la deuda que nuestros gobernantes nos han endosado, hagamos por pagar estas tres onerosas deudas que cabo de mencionar.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Francia : el presidente sin gracia

 

Hugo Moreno · · · · · Sin Permiso

25/11/12

Presidente Hollande

Seis meses depués de la derrota de Sarkozy, la incertidumbre impera en el panorama político francés. El socialista François Hollande logró ganar en marzo, pero su gestión no suscita mayores expectativas. Al contrario, su cuota de popularidad cayó rápidamente. “El 64 % de franceses desaprueban la política de Hollande”, da cuenta Le Figaro, según un sondaje reciente. La evaluación del diario conservador vale lo que vale. Pero coincidiendo con otras estimaciones, el dato apunta a un hecho : ni Hollande, ni su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, lograron capitalizar, en sus primeros meses de gestión, la victoria electoral.

Se puede decir, sin riesgo a equivocarse, que el “estado de gracia” duró muy poco, casi nada. Hollande apareció desde un principio como el “rey desnudo”: un presidente sin gracia. Para ningún observador avisado fue una gran sorpresa.

El voto por Hollande fue un voto negativo : el rechazo a la politica, los métodos, el personaje mismo, de Sarkozy. Fue un voto en contra, sin mayores ilusiones. Se estaba lejos del entusiasmo, la esperanza, así como las ilusiones de 1981, cuando laUnión de la Izquierda llevó a la presidencia a François Mitterrand. Los votos a Hollande los aportaron esencialmente el PS y sus aliados, una pequeña diferencia a favor contra Sarkozy. En la segunda vuelta, decisiva, el 11 % de los electores delFrente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon (PCF, Partido de Izquierda, Izquierda unitaria y otros), claramente delimitado a la izquierda del PS, tuvo un peso significativo.

Lo político fue polarizar entre izquierda y derecha, siempre pertinente. En concreto, saber definir quién es el enemigo. Se evitó así confundir campos opuestos, aunque sin ilusiones. Aun más cuando el peligro de la progresión del Frente Nacional (17 % de los votos) y la “lepenización” de una fracción importante de la derecha conservadora tradicional, aparecen como una real amenaza. Lamentablemente, un sector de la izquierda alternativa, en este caso la dirección del NPA, no fue capaz de hacerlo, provocando una nueva escisión en sus filas hacia el Frente de Izquierda y condenandose con su sectarismo al ostracismo. No hay solución política posible sin la participación en un amplio Frente de Izquierda, válido en toda Europa, siguiendo los ejemplos conocidos en Alemania, Grecia, España y Portugal. El repliegue conduce inexorablemente al aislamiento. Aun más cuando es la hora de la resistencia frente a la colosal y peligrosa ofensiva del capital.

El contexto de la crisis actual del sistema capitalista - la mayor en los últimos 50 años, al menos, para no evocar la tremenda de los años 30 del siglo pasado - es el decorado de fondo. Es cierto, como también que se la utiliza como un buen (pero falaz) argumento para los que aceptan que “no hay nada que hacer”. Para éstos solo queda la resignación, inclinarse a las leyes “económicas” - presentadas como inexorables, naturales y eternas - de “los mercados” o del “así lo exige la Europa”. Falacias, por supuesto, para desvirtuar con nubes de humo otra alternativa.

Felizmente, crece una revuelta a los estragos que causa el sistema, con gérmenes de generalización que probablemente modifiquen el panorama. Un ejemplo ha sido la huelga general europea del 14 de noviembre – un hecho inédito de enorme importancia –, un anticipo que puede abrir nuevos horizontes a la resistencia popular (ver las notas publicadas por Sin Permiso).

El descrédito de la socialdemocracia y el abandono de una política de reformas – que fue su razón histórica de existir – están presentes en el panorama actual. No se olvida como fueron enterradas, una tras otra, las promesas de 1981. Pocas quedaron. Y Mitterrand, otrora crítico de la V República, se acomodó muy bien a la función presidencial cuando llegó al poder. La república se fue configurando muy próxima a una monarquía constitucional. Conviene recordarlo.

Aún más cerca, el socialista Lionel Jospin –ex primer ministro de la “cohabitación” con Jacques Chirac- llevó a cabo la más importante ola de privatizaciones y el comienzo del desmantelamiento del Estado de Bienestar. El social-liberalismo había suplantado a la socialdemocracia tradicional, una ruptura política e ideológica con consecuencias nefastas (Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia...). Y otros escenarios, quizá peores, que se vislumbran en el horizonte.

La aceptación de la Europa neoliberal -desde Maastrich hasta el Tratado de Lisboa- fue la línea roja. La victoria del neoliberalismo se consumó con el sostén alegre de la socialdemocracia. ¿Qué gracia, pues, podía acordarse a Hollande, émulo de Blair, Schröder, Zapatero y otros? Ahora mismo, el gobierno socialista y sus tímidos aliados (los ecologistas) han mostrado su impotencia. Después de algunas primeras reticencias, cedieron frente a Angela Merkel y sus asociados. La aceptación de la Europa neo-liberal era patrimonio común.

Así, pesar de una fuerte oposición a la ratificación del Tratado europeo, incluída la importante movilización sindical del 30 de septiembre, nuevamente se encontró la forma de desconocer el reclamo popular (como en 2005 cuando se votó No en el referendo). Ahora, el Tratado europeo se impuso, con los retoques exigidos por la “Troika”, nuevamente por vía parlamentaria. Se aprobó con una alianza espúrea del gobierno socialista con la derecha: 477 votos a favor, 70 en contra (entre los cuales los diputados del Frente de Izquierda y, para su honor, 20 socialistas, 12 ecologistas, a los que se sumaron 21 abstenciones y 9 que no tomaron parte). El Senado aprobó en la misma línea : 307 a favor, 32 en contra.

El gobierno de Hollande –y es lo que realmente importa- aceptó la famosa y absurda “regla de oro”: reducir el déficit estructural y no pasar el 3 % del déficit presupuestario. En otros términos, aceptar la política de ajustes y austeridad, con las consecuencias conocidas por todos, siempre en detrimento de las clases populares. El gobierno socialista se ató así las manos. Los argumentos para justificar este hecho son variados, pero ninguno puede soslayar que se perdió una gran oportunidad para redefinir el juego. Los hechos son siempre más contundentes que cualquier discurso.

En lugar de llevar a cabo una política de reformas, no digamos revolucionaria, sino simplemente dar una patada en el tablero y redefinir las reglas de juego, que era totalmente posible, se dejó abierto el camino a la consolidación del nefasto “Merkozy”. Es decir, a la catástrofe anunciada.

Mientras tanto, la crisis que ya se abatió con ferocidad sobre varios países, no deja de golpear las puertas de Francia. Según el Instituto de estadísticas (Insee), en el tercer trimeste del año el paro sobrepasó el 10 % (10,2 exactamente). El desempleo oficial superó los 3 millones de la población activa (a los que hay que agregar un porcentaje que no figura en las estadísticas, pues simplemente dejó de contabilizarse). Los pronósticos no son mejores : se prevee una acentuación de la tendencia, y a fines de 2013, el mismo Insee avanza la posibilidad de un 12 % de desocupación. El hecho es que el cierre de empresas sigue su curso inexorable. En este contexto, hay que destacar las consecuencias extremadamente graves en que vive la población marginada, en particular la juventud de los barrios periféricos (el paro afecta a los jóvenes entre 18 y 30 años, pero más del 50 % a los habitantes de las cités).

El discurso de Hollande -y la práctica de su gobierno- se ajustan peniblemente a esta situación. El presidente evita el término “austeridad”, prefiriendo otros más suaves, pero ese es el sentido de su gestión : una permanente capitulación frente a las exigencias de los “mercados” y, finalmente, a la señora Merkel. Es Alemania quien tiene la batuta en la mano, al menos mientras la derecha conservadora siga en el poder. Sin embargo, los poderosos dueños del capital redoblan su ofensiva. A pesar del “crédito a los impuestos” adoptado por el gobierno para el próximo año –20 mil millones de euros favorables a las empresas, y aumento del IVA, que perjudica el poder de compra- un manifiesto firmado por 98 grandes patrones exige un pacto de “competividad”. Lo cual quiere decir bajar aún más los salarios, facilitar los despidos, aumentar el tiempo de trabajo, disminuir las “cargas sociales” (léase, terminar con los beneficios que aún disponen los asalariados). En el mismo sentido, se pronuncia Laurence Parisot, dirigente del Medef, la más grande asociación patronal. Con un cinismo que no sorprende, Parisot afirma que no habrá acuerdos con los sindicatos si éstos no aceptan una mayor “flexibilidad”. No se queda atrás la dirección de Renault, que recientemente amenazó con cerrar sus plantas en Francia si no se acepta un “acuerdo de competividad”. Evidentemente, es una ofensiva sin precedentes, como denuncia el conjunto de las organizaciones sindicales. Esta es una razón evidente para proseguir lo que se anunció el 14 de noviembre y las grandes luchas de los trabajadores y ciudadanos de Grecia, Portugal, España.

En estos días, la derecha conservadora francesa –la UMP– ha dado un espectáculo ejemplar de su propia descomposición. El ex primer ministro de Sarkozy durante los cinco años de su mandato, François Fillon, ha calificado los hechos relacionados con la elección de la presidencia del partido –disputada entre el mismo Fillon y Jean-François Copé– como una “ruptura política y moral”. Un verdadero acto devaudeville, de comedia ligera, si se quiere, donde se denuncian fraudes y turpitudes de todo tipo. Una pelea entre bandidos, que no nos concierne para nada, por supuesto. Salvo que es posible registrar un dato de suma importancia : la gangrena que está devorando al principal partido de la derecha a favor de la extrema derecha.

Pues si es verdad que las diferencias entre Fillon y Copé son escasas –más allá de sus respectivas ambiciones y egolatrías–, Copé es el defensor declarado de las posiciones más cercanas al Frente Nacional. No es casual que el ex consejero de Sarkozy, Patrick Buisson, ex director de Minute, pasquín de extrema derecha, forme parte de su equipo. Esta “derecha fuerte”, neoliberal, xenófoba y racista es un peligro. En las épocas de crisis mayor, cuando las sociedades se resquebrajan y los temores reales e imaginarios ganan espacio, no conviene cerrar los ojos cuando los cuervos se agitan.

París, 23 de noviembre 2012.

Hugo Moreno es miembro del Comité de Redacción de Sin Permiso