domingo, 18 de noviembre de 2012

LA IZQUIERDA Y LA CRISIS EN FRANCIA

 

La Mutualité, Paris

 

 

Mélenchon quiere luchar contra la austeridad

Raphaëlle Besse Desmoulières · · · · ·

Sinpermiso 18/11/12

Hubo un perfume de nostalgia, el viernes 16 de noviembre en París, en el gimnasio Jaoy donde Jean-Luc Mélenchon celebró un mitin. Allí estaba el tradicional "John Luuuc Mélenchooon", los gritos de "resistencia" de la gente y la corbata roja del veterano candidato del Frente Izquierda para las elecciones presidenciales.
Es cierto que el aforo no estaba tan concurrido como los mejores momentos de la campaña, las banderas comunistas no vinieron a llenar las del Partido de la Izquierda. Pero no importa, el diputado europeo ha ofrecido un discurso de una hora y media para "derribar la austeridad" después de una semana en la que el PG ha multiplicado las iniciativas sobre esta cuestión, incluyendo la presentación el lunes de un "contra-presupuestro".
La situación europea ha ocupado un lugar destacado en su intervención, él que fue a mostrar su apoyo a los sindicatos el miércoles cuando protestaban contra la austeridad en la convocatoria de la Confederación Europea de Sindicatos. "En cualquier momento, una extraordinaria crisis puede estallar", según juzgó. Para Mélenchon, después de Grecia, España y Portugal, "le tocará su parte a Francia", mientras que el viernes, el semanario británico The Economist dedicó un dossier a Francia bajo el título de "la bomba de relojería". Lógicamente, los líderes alemanes fueron atacados, con la canciller alemana en mente: "El gobierno alemán no tiene lecciones que darnos", dijo, denunciando "el pequeño equipo ciego, hinchado de arrogancia que rodea a la señora Merkel".

"Merkhollande"

Anteriormente, tituló su última entrega del blog de "Merkhollande nació con gran pompa." Sobre la conferencia de prensa del Presidente de la República, cree que “Hollande asume” “este social-liberalismo”. “Después de Merkozy, aquí Merkhollande” escribió. Y como ha demostrado Ayrault que habla alemán, en la lengua de Merkel, ¡siempre se está dispuesto a pasar del ‘productivo’ a ‘terrible’! En la espera, lo odioso está servido: ¡el catecismo liberal en la boca de un presidente elegido por la izquierda, lleno de voluntad de reajustar minuciosamente los gastos excesivos del Estado!”
En Japy, el diputado europeo no ha sido muy amable con el Jefe de Estado, llamado "socialdemócrata liberalizado hasta la médula". Criticó el informe Gallois y la subida del IVA prevista para 2014, diciendo que supondrá "260 euros al año por familia." "Hice los cálculos, al igual que el PS en las últimas elecciones" con el IVA social de Nicolas Sarkozy, bromeó.
Para Mélenchon, los socialistas "tienen miedo y el miedo es un mal consejero": es lo que los hace "babear ante el MEDEF" [patronal francesa. N d T]. "Debido a que son pollos de engorde, no saben que en la vida real, todo es relación de fuerzas", denunció, y añadió: "François [Hollande], estás perdiendo tu tiempo mimándolos, a correr tras ellos, porque haciéndolo estás perdiendo fuerza. Son golpes lo que es preciso dar ahora al adversario, no caricias”. Sobre todo, según él, al ver a uno deThe Economist decir que Hollande está "poco recompensado por ​​(sus) esfuerzos para mostrarse simpático".

"Mayoría alternativa"

Recordando que "no se gira hacia Sarkozy, sin los 4 millones de votos que somos", dijo que el Frente de Izquierda no tenía nada que esperar del PS, y por ello se abstuvo de dar su voto de confianza al gobierno en julio. "30 mil millones suprimidos del presupuesto más 20 mil millones a cuenta de la llamada competitividad, es lo que se usted [Hollande] ha hecho de la oportunidad que se le ha dado", dijo.
Antes de irse para asistir a la manifestación del sábado en Notre-Dame-des-Landes (Loire-Atlántico) contra el proyecto del aeropuerto, se tomó el tiempo para las europeas de 2014, dejando al margen las municipales, tema sensible para el Frente de Izquierda. Caracterizando como “el puente que está siendo organizado”, dijo, entre los centristas y socialistas, particularmente en el Senado, volvió a hacer un llamamiento a los ecologistas y a la izquierda del PS para constituir "una alternativa mayoritaria". Mientras tanto, se ofrece más que nunca como una alternativa. "Estamos listos, subrayó un poco antes. Estamos en condiciones de gobernar este país de manera diferente." Para terminar, una cita de Trotsky: "¡Historia eres lenta, eres cruel!" Y agregó: "La próxima somos nosotros!" Antes de que la Marsellesa y la Internacional se oyeran.

Raphaëlle Besse Desmoulières es un periodista de Le Monde

Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós

jueves, 8 de noviembre de 2012

DRAGHI: UN AVISO A ALEMANIA

Draghi avisa que la crisis ha llegado ya a la economía alemana

 

 

MARIO DRAGHI

Público.es

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, advirtió hoy de que los efectos de la crisis de endeudamiento de la zona del euro "han llegado ya a la economía alemana". Hasta ahora Alemania pudo eludirse ampliamente de algunas dificultades en otras regiones de la zona del euro", dijo Draghi en un acto organizado por los bancos populares y cooperativos en el que se debate el futuro del capitalismo. "Los últimos datos señalan que los acontecimientos de la crisis han llegado a la economía alemana", según Draghi.

Añadió que "Alemania es una economía abierta e integrada, por eso no es sorprendente que una ralentización en el resto de la zona del euro tenga un impacto aquí". El comercio dentro de la zona del euro representa el 40 % del producto interior bruto (PIB).El 65 % de la inversión directa extranjera en Alemania proviene de otros países de la zona del euro. "Pero se ha mencionado poco cómo afectan los problemas en el conjunto de la zona del euro a la situación financiera en Alemania", dijo el presidente del BCE.

"La debilidad de la economía de la zona del euro hace que los tipos de interés se sitúen en niveles muy bajos. Y la crisis de confianza en algunos de los países de la zona del euro genera flujos de dinero a puertos seguros en Alemania lastrando los tipos de interés aún más", recordó Draghi.

El presidente del BCE defendió las medidas no convencionales que ha aplicado la entidad monetaria para afrontar la crisis de endeudamiento soberano y que han sido criticadas por el Bundesbank y medios conservadores alemanes. Los acontecimientos financieros en Alemania son el espejo de los acontecimientos financieros en el resto de la zona del euro. Y esto significa que las medidas para asegurar la estabilidad de la zona del euro en su conjunto también beneficiarán a Alemania", apostilló Draghi.

Draghi, además, ha comentado que el nuevo programa de compra de bonos de la entidad permite realizar intervenciones ilimitadas en el mercado de deuda soberana y debería despejar cualquier preocupación del mercado sobre una ruptura de la zona euro. Un día antes la reunión mensual sobre política monetaria de la entidad,  el banquero italiano dijo que el banco espera que la economía de la zona euro siga débil "en el corto plazo", añadiendo que la inflación "está bien controlada. Esperamos que caiga por debajo del 2% el próximo año".

El BCE dejará previsiblemente sin cambios los tipos de interés el jueves, retrasando un recorte en los tipos que podría poner en riesgo el impacto del plan de compra de bonos diseñado por Draghi un año después de su llegada a la presidencia del banco.

jueves, 5 de julio de 2012

¿SE PUEDE CREER EN EUROPA?

 

Artur Mas President

Uno de estos días hay que armarla en toda Europa: sobre indignidades nacionales e integración europea


 
 
Rafael Poch · · · · ·
El Capital está desintegrando la Europa social. La noticia de la cumbre de ayer en Bruselas no es el efímero consuelo italo-español, sino el arrollador triunfo del Pacto Fiscal, la mordaza legal que atenaza la vía neocón en la eurocrisis. Mientras la recesión y el desempleo se extienden casi por todas partes, mientras las deudas aumentan junto con los recortes sociales, seguimos sin cambio del vector neoliberal. Si uno compara el peso del Pacto Fiscal, que dicta concretamente la línea a seguir en Europa (Autoridad, Desigualdad Austeridad), con la vaga calderilla destinada al crecimiento, el resultado es inequívoco. No ha habido derrota de Berlín, donde ayer se ratificó, sin problemas ni mayor debate, el Pacto Fiscal.
La crisis del euro resquebraja inevitablemente la Unión Europea. Las cosas están sucediendo muy rápido. En apenas dos años Alemania ha perdido gran parte del prestigio que supo ganarse desde la posguerra. Vuelve a ser vista con desagrado y antipatía por media Europa.
Se lo ha ganado a pulso pues ha sido ella, su gobierno, quien ejerce el liderazgo del programa de la Gran Desigualdad en Europa y quien preside el atropello de Grecia.
Que tantos europeos se hayan dejado engañar por la leyenda de que Grecia era la culpable, el cuento que nos arrojaron para sacar del banquillo de los acusados al poder financiero-político que ocasionó esta crisis, es inaudito. Una crisis, hay que repetirlo, que es internacional, en la que Wall Street, Londres, Berlín y París son centro king size y las chorizadas de Bankia, Marbella, Camps y Millet, cutre periferia.
Ha sido indigno participar en el pateo de Grecia. Desde un punto de vista de país, el “nosotros no somos Grecia” lanzado desde Madrid, no es más que la miserable actitud del esclavo que ignora el sufrimiento de su hermano para ganarse el favor del patrón. Ahora, cuando los pateados somos nosotros, habrá que sumar esa indignidad a lo mucho que llevamos tragando ya, como país y sociedad.  En esta España de nuevos ricos, hijoputecada e intelectualmente asfaltada, aún está por ver si el espíritu del Quijote no ha fallecido irremediablemente, como constatan nuestros parientes latinoamericanos. Ojala que  el largo periodo de vacas flacas que se nos viene encima sirva para devolvernos algo de nuestras antiguas virtudes ibéricas, incluido el orgullo y la solidaridad de los anticuados.
Y en el peldaño inferior de la indignidad aparece, como no, nuestra autonomía que pretende ser la “Alemania de España”. Lo es sólo en su contribución negativa: por mezquindad, no por los méritos habitualmente asociados con Alemania.
El gobierno de Catalunya no sólo afirma que no es Grecia, sino que pretende no ser España. Su alegato alternativo viene rotundamente desmentido por el mapa de la corrupción, de la burbuja inmobiliaria, del oportunismo chaquetero y del patrioterismo carrerista del 3%: formamos parte, más que nunca, de aquella unidad de destino en lo universal, que decía Franco. Y de qué manera.
La Catalunya institucional y su entorno neocón-pa-amb-tomàquet busca con orgullo una alianza con los gángsteres de Las Vegas. De paso la vende como eje geopolítico con el Estado gamberro de Oriente Medio, sin escándalo ni conmoción. Construir casinos, hoteles y vender para ello el último solar junto a su sobredimensionado aeropuerto barcelonés, es su reacción instintiva a la quiebra universal del casino inmobiliario. Ese es el último pulso que mantiene la superior Barcelona con elperverso Madrid. Ladrillo y puticlubs son la respuesta del proto Estat catalá, regado con independentismo vergonzante, y quien sabe si algún día hasta con desafío a la monarquía, ahora que, debilitada y de capa caída, es fácil objetivo. Este gobierno acabará levantando una casa de citas en el mismo Fossar de les Moreres, que es solar edificable, y lo hará pasar por patriotismo catalán. Y si no al tiempo.
En esta Europa de naciones indignas no se salva nadie. Y sin embargo, Europa, la Unión Europea, vale la pena. Aunque haya que reconstruirla de abajo arriba.
Como se ha dicho tantas veces, es la mejor alternativa a lo que había antes: naciones que guerreaban unas con otras sin cesar y que protagonizaron las mayores carnicerías de la historia de la humanidad, no sólo en el viejo continente sino también allí donde llegaron con su civilizador colonialismo. La guerra no es algo del pasado. Ahora mismo hay una veintena de ellas en marcha, con diversa intensidad, casi todas vinculadas a recursos naturales.
La perspectiva de esta eurocrisis es su ensamblaje con la crisis global y con la vana ilusión de resolverla mediante una posible nueva gran guerra en Oriente Medio que acabe con los últimos regimenes independientes de Occidente en la región. Que sean dictaduras o no, es lo de menos. Lo que cuenta es la disciplina de su alineamiento, como es archiconocido: amarrar el control energético y subyugar de paso a grandes países autónomos -ellos mismos temerosos de ser algún día víctimas de los cambios de régimen- que, o bien se abastecen de combustible en los pozos de esos regímenes, como China, o bien tienen intereses en ellos, el caso de Rusia. Un 1929 con traca bélica en Irán y repercusiones en Asia, una gran guerra, no es ninguna alucinación de visionario.
Cuando el Zar se vuelve loco, se va de guerra al Cáucaso”, dice un viejo proverbio persa. Ahora que el Capital está enloqueciendo quién sabe si acabará yendo a guerrear precisamente a Persia.
Si no se quiere acabar marcando el paso o aclamando a nuevos belicosos caudillos (las señales de la agresividad y el desprecio a los débiles y vulnerables, ya están instaladas entre nosotros), las sociedades europeas tendrán que levantarse. La juventud europea sin futuro tendrá que abandonar su rebeldía “on line” , pasar a otro estadio de organización y compromiso, crear nuevas economías locales basadas en la utilidad y el apoyo mutuo, y pelar por Europa.
Para ello no hace falta ni siquiera cambiar las consignas que ofrece Bruselas: Más Europa, sí, pero para afirmar otra Europa. Más  integración, sí, pero de la protesta civil europea.
No puede ser que los griegos hagan huelga el lunes, los italianos el miércoles, los portugueses el martes, mientras los alemanes y los belgas se manifiestan en domingo. Esa es la única integración europea válida y realista. Uno de estos días hay que armarla en toda Europa para acabar con tanta indignidad.
Rafael Poch, amigo y colaborador de SinPermiso, es el corresponsal en Berlín del diario barcelonés La Vanguardia.
La Vanguardia, 30 junio 2012






















Monti “el técnico"

  Balance de la Cumbre UE de 28/29 de junio de 2012: Una buena decisión que, probablemente, no servirá para nada 



Mario  Monti “el técnico”
 
 
Yanis Varoufakis · · · · ·
La señora Merkel fue a Bruselas con la intención de matar dos pájaros de una pedrada, coger su bolso y volver a Berlín sin más preámbulos. La piedra era el grandilocuente “Pacto por el Crecimiento”, que no es otra cosa que un re-empaquetado falso de los Fondos Estructurales y del BEI ya existentes (a los que se suman unos míseros 10.000 millones de euros). Los dos pájaros eran, respectivamente, el SPD, su oposición doméstica (que había puesto como condición para apoyar la ratificación del MEE algún "avance" en las políticas crecimiento), y el Sr. Hollande (que también necesita algo que se parezca a un Pacto por el Crecimiento para endulzar la amarga píldora del Pacto Fiscal que tienen que tragarse sus votantes).
La primera parte de la Cumbre se fue en la discusión de este intrascendente “Pacto por el Crecimiento”. Cuando ya los tenían en el bolsillo, el señor Van Rumpoy y la señora Merkel intentaron cerrar el tema limpiamente, esperando con ello concluir la cumbre sin más. Fue en ese momento cuando el Sr. Monti recogió el envite y descubrió el farol de la Canciller. En efecto, amenazó con bloquear la Cumbre cuanto tiempo hiciera falta hasta que no se alcanzasen dos acuerdos: el primero, la recapitalización directa y la supervisión de los bancos por parte del FEEF y el BCE, tal y como habíamos sugerido en nuestra “Modesta propuesta” de hace dos años (1). El segundo, el acceso directo de Italia (y presumiblemente de otros países) a la financiación del FEEF (es decir, que el FEEF pueda comprar bonos italianos en el mercado primario). Naturalmente, la señora Merkel se resistió. Pero, como para demostrar una vez más que su obstinación fue siempre tan débil como el papel, en el momento en que España y Francia se colocaron del lado de Italia, cedió. El resultado fue el primer acuerdo del Consejo de la UE sensato desde que estalló la crisis.
Dicho esto, cualquier celebración es prematura. En primer lugar, la señora Merkel no ha dicho su última palabra. Como ya ha pasado antes, este nuevo papel del FEEF (y del BCE, en relación con su nueva función de supervisión bancaria) puede ser desvirtuado por el Parlamento Federal de Berlín, el Tribunal Constitucional alemán, o en los oscuros corredores del poder en Frankfurt, Berlín o Bruselas. En segundo lugar, incluso si el acuerdo es puesto en practica y no es desvirtuado, se trata sólo un pequeño paso. Servirá para poco, a menos que se trate la toxicidad del FEEF (ver el punto Política 2 de nuestra “Modesta propuesta”, como un ejemplo de cómo podría hacerse) y se abra el grifo para llevar a cabo una auténtica política de crecimiento (un New Deal para Europa, como nos gusta llamarlo en el punto Política 3 de la “Modesta propuesta”).
En un artículo del pasado mes de agosto, expliqué por qué el FEEF es tóxico y la razón por la cual o bien no tendrá suficiente dinero para la tarea encomendada (como ocurre hasta el momento) o, si se le permite recaudar el dinero suficiente (a través de la emisión de bonos tipo CDO –Obligaciones de Deuda Colaterales), el impacto de su hallada nueva "riqueza" situaría otra vez a la zona euro ante un repetido circulo vicioso de efecto dominó. Por razones estéticas, reproduzco el diagrama que utilicé para explicar mi análisis entonces. Para el análisis completo, ver Why Italy? Why Spain? And why the EFSF’s size does not matter

Conclusión
En conclusión, la zona del euro no esta aun fuera de peligro. La Cumbre de la UE tomó una decisión importante que le permitirá a Europa ganar unos cuantos meses. Lo esencial de esa decisión fue racionalizar el uso de los fondos del FEEF. Por desgracia, la vía para recaudar fondos del FEEF sigue siendo irracional y conduce a una repetición a medio plazo del efecto dominó que, esa vez, empujará a Francia al borde del acantilado. O, para decirlo de otra manera, y en términos de nuestra “Modesta propuesta”, Europa decidió ayer adoptar en lo fundamental el punto Política 1. No ha hecho nada en relación con Políticas 2 y 3 (sin la cuales Política 1 es un callejón sin salida). Aunque pueda ser satisfactorio presumir de que "Política 1 en marcha, 2 y 3 a la espera” ", mucho me temo que, para decir la verdad, el balance correcta sería: Política 1 en marcha, pero Política 2 y Política 3 no están aun ni encima de la mesa y Política 1 es probable que acabe convertida en polvo, machacada parlamentaria, constitucional y burocráticamente, como consecuencia revanchista de la derrota táctica de la señora Merkel.
Epigramática: por primera vez una cumbre de la UE adoptó una decisión sensata que, sin embargo, es poco probable que mantenga unido al euro. No a menos que esta decisión se aplique con rapidez y anuncie la adopción de las otras dos decisiones sin la cuales es papel mojado.
 
Yanis Varoufakis es profesor de Economía en la Universidad de Atenas.
Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

















Y la nave Grecia va: carta ficticia a un colega italiano

 

Federico Fellini,  “La nave va….”

 

 

Yanis Varoufakis · · · · ·

 

“Mientras las elites vacilan, enredan y manipulan, con Atenas, Roma, Madrid, Lisboa y Dublín en llamas, las sociedades se precipitan en un lodazal en el que desaparece la esperanza, se desvanece el horizonte, se malbarata la vida y los únicos ganadores son los misántropos, los ‘odiadores’, los cazadores de chivos expiatorios en formas de alien, el judío, el ‘diferente’, el ‘otro’. A medida que se apagan, literalmente, las luces en mi país, con familias que optan por desconectarse de la electricidad para poder poner un plato de comida en la mesa, bandas de matones ‘patrullan’ las calles en busca del ‘enemigo’. La ideología nazi recibe otra oportunidad, como el hambre y la desposesión, para infectar, una vez más, nuestro tejido social. Y a medida que nuestras instituciones, nuestros sindicatos obreros, nuestras normas y organizaciones culturales se están volviendo conchas vacías, poco, si algo, se atraviesa en el camino de esos fanáticos, los racistas, los explotadores del sufrimiento y el desvalimiento universales. Y hete aquí que el huevo de la serpiente está incubándose de nuevo en la Europa de hogaño, y por las mismas razones que en la de antaño.”

 

 

Hace unas cuantas semanas, Andrea Adriatico, un director teatral de los Teatri Di Vita de Bolonia, me vino con una interesante propuesta: ¿podría escribir una “carta” a algún ficticio profesor italiano de economía describiendo como de colega a colega la “situación” griega, según la experimenta un profesor griego de economía? Esa carta sería leída como parte de una pieza titulada Cuore di… Grecia [Corazón de… Grecia]. Me intrigó el asunto, y le dije que lo haría. Lo que sigue es la “carta” que terminé escribiendo. La primera representación de la obra está prevista para fines de julio.

Querido colega,

Como usted, supongo yo, crecí con las imágenes en blanco y negro de películas que describían una Europa meridional en pugna por recuperarse de la calamidad del tiempo de entreguerras.

Como usted, mi cabeza rebosa de imágenes de gentes batalladoras, de cuyas cuitas y afanes nacieron oleadas de emigrantes italianos y griegos hacia destinos remotos, así como películas del tipo Ladri di biciclette y otras griegas parecidas, en las que se construían secuencias cómicas en torno a las tribulaciones de un hombre hecho y derecho por hacerse con un pastel de queso o un plato de postre. Sin embargo, llegó un tiempo en que no era tan fácil evocar la pobreza y desposesión que conferían a esas secuencias cómicas su mordaz patetismo. Nuestras sociedades, Italia y Grecia, fueron alejándose de la tradición cultural de De Sica, Fellini, Koundoros y Kakoyiannis, hasta abismarse en el agujero negro de la vulgaridad berlusconiesca. Durante esos años de “crecimiento” y consumo, muchos de nosotros abrigábamos la esperanza de que nuestras sociedades encontrarían en sí mismas la capacidad para redescubrir el equilibrio perdido; para combinar la barriga llena con el gusto por un cine decente y preferirlo a los groseros espectáculos televisivos de chismorreo exhibicionista.

Pero, ¡ay!, no nos fue dado conseguirlo. Antes de lograr ese equilibrio –suponiendo que pudiera haberse lograrse—, nos golpeó el 1929 de nuestra generación. Ocurrió en 2008, cuando, exactamente igual que en 1929, colapsó Wall Street, la moneda común de la época (el Patrón Oro en 1929, el euro en 2010) empezó a flaquear y muy pronto nuestras elites fracasaron espectacularmente a la hora de responder racionalmente a la marcha triunfante de la Crisis. Dos cortos años después de que la crisis golpeara a mi país, Grecia, nos descubrimos a nosotros mismos, una vez más, capaces de conectarnos con las secuencias cómicas de las películas de los 50 y los 60 y el anhelo de un pastel de queso y el sueño de un postre.

Cuando estudiaba teoría económica en mi juventud, recuerdo haber tenido graves dificultades para entender porqué los gobiernos de entreguerras, de 1929 en adelante, habían fracasado de modo tan rotundo a lo hora de contrarrestar el malestar económico que tan trágicamente nos condujo a la II Guerra Mundial. Leía sobre el compromiso del presidente Hoover con la drástica reducción del gasto público y la no menos drástica bajada de salarios mientras la economía estadounidense estaba implotando, y no podía entender yo cómo pudieron sus distinguidos asesores aconsejarle tamaña idiocia. Me negaba simplemente a creer que se tratara de mala gente que deseaba el mal de sus compatriotas. Pero, al mismo tiempo, no podía entender cómo hicieron para convencerse a sí propios de que sus acciones podían aliviar a sus sufrientes y dolientes votantes.

Bien, han pasado muchos años desde entonces y, luego de tanto tiempo, he entendido. Viendo a nuestro gobierno en Grecia desde la erupción de la crisis de la deuda, observando las vacilaciones de los dirigentes europeos, librados a una política calamitosa tras otra, logré finalmente entenderlo. Se trata, así puede pensarse, de algo no tan distinto de lo que ocurrió en los EEUU a fines de los 60 y principios de los 70. Dentro del Pentágono, unos generales inteligentes entendían perfectamente bien que la guerra norteamericana en Vietnam no podía ganarse. Que enviar más tropas para luchar en las junglas, bombardear con más bombas de NAPALM a los vietnamitas, multiplicar en general el esfuerzo de guerra, era un despropósito. Ahora sabemos perfectamente, por cortesía de Daniel Ellsberg y sus esfuerzos heroicos, que sabían perfectamente bien, tomados de uno en uno, y aun en pequeñas comidillas, que las suyas eran vías muertas. Y sin embargo, les resultaba imposible coordinarse unos con otros, sintetizar sus estimaciones y acordar de consuno un cambio de rumbo. Un cambio que habría salvado miles de vidas norteamericanas y centenares de miles de vidas vietnamitas, por no hablar de enormes cantidades de dinero. Algo parecido está ocurriendo en Atenas, en Roma, en Berlín y en Paris ahora mismo. No es que los miembros de nuestras elites no puedan ver que Europa es como un tren que está descarrilando a cámara lenta, con Grecia de primer vagón que se sale de la vía, seguido de Irlanda y Portugal, que arrastran al descarrilamiento de los grandes vagones que van detrás: España, Italia, Francia, y finalmente, la propia Alemania. No. Yo creo que el ojo de su espíritu lo ve, al menos tan perspicuamente como los generales estadounidenses podían anticipar las escenas finales en Saigón: con los helicópteros rescatando en vuelo a los últimos ciudadanos norteamericanos que esperaban en los tejados de la embajada de los EEUU. Pero, exactamente igual que a los generales estadounidenses, les resulta imposible coordinar sus puntos de vista y dar con una respuesta política razonable. Ninguno de ellos se atreve a hablar cuando entra en la sala de conferencias en que se toman las decisiones importantes, no fueran a verse acusados de “blandengues” o de “extraviados”. De modo que se mantienen silentes cuando Europa está ardiendo, esperando contra toda esperanza que el fuego se extinguirá por sí mismo, a sabiendas, en el fondo más hondo de su corazón, de que no ocurrirá tal cosa.

Mientras ellos vacilan, enredan y manipulan, con Atenas, Roma, Madrid, Lisboa y Dublín en llamas, las sociedades se precipitan en un lodazal en el que desaparece la esperanza, se desvanece el horizonte, se malbarata la vida y los únicos ganadores son los misántropos, los “odiadores”, los cazadores de chivos expiatorios en formas de alien, el judío, el “diferente”, el “otro”. A medida que se apagan, literalmente, las luces en mi país, con familias que optan por desconectarse de la electricidad para poder poner un plato de comida en la mesa, bandas de matones “patrullan” las calles en busca del “enemigo”. La ideología nazi recibe otra oportunidad, como el hambre y la desposesión, para infectar, una vez más, nuestro tejido social. Y a medida que nuestras instituciones, nuestros sindicatos obreros, nuestras normas y organizaciones culturales se están volviendo conchas vacías, poco, si algo, se atraviesa en el camino de esos fanáticos, los racistas, los explotadores del sufrimiento y el desvalimiento universales. Y hete aquí que el huevo de la serpiente se está incubando de nuevo en la Europa de hogaño, y por las mismas razones que en la de antaño.

Su país y el mío comparten mucho más de esta triste historia de lo que nos preocupamos por admitir. Antes de la Guerra, nuestras sociedades engendraron y toleraron regímenes fascistas. Es verdad que vuestro Mussolini y nuestro Metaxas terminaron haciéndose la guerra, pero ambos fueron producto de fracasos políticos y desastres económicos que resultan inquietantemente similares al compartido destino de nuestros dos países hoy. Bien sé que en la Europa de nuestros días se anda al estricote con una extraña y aviesa geografía: Irlanda se esfuerza penosamente en argüir que no es Grecia, Portugal en sostener que no es Irlanda, España grita a campana herida que no es Portugal y, ni que decir tiene, Italia quiere darse a entender que no es España. Yo le propongo a usted que dejemos de lado esa idiota negación del malestar que nos es común. Desde luego que Italia no es Grecia; sin embargo, el atolladero en que más y más se ve metida Italia mientras yo le escribo estas líneas no puede separarse de modo fértil del atolladero en que se encuentra mi país. Puede que nuestra enfermedad venga acompañada con el síntoma de una fiebre más alta que la que sufren ustedes, pero –créame— se trata del mismo virus. Su fiebre llegará mañana al nivel que tenemos nosotros ahora.

Mucha gente que conozco fuera de Grecia, incluidos varios colegas economistas, cometen el error de pensar que lo que está experimentando Grecia es una recesión profunda. Déjeme decirle que esto no es una recesión. Es una depresión. ¿Cuál es la diferencia? Las recesiones son meras desaceleraciones. Períodos de reducida actividad económica y aumento del desempleo. Como usted y yo enseñamos a nuestros estudiantes, las recesiones son al capitalismo lo que el infierno al cristianismo: algo desagradable pero esencial para el funcionamiento del “sistema”. Los períodos de recesión pueden ser redentores, en el sentido de que “descartan” del eco-sistema económico lo menos eficiente, las empresas que realmente no deberían seguir activas en el mundo de los negocios, los productos pasados de moda, las técnicas productivas obsoletas, en fin, y para servirnos de una metáfora, los dinosaurios.

Sin embargo, lo que está en curso en Grecia no es una recesión. Aquí todo el mundo se va a pique. Lo eficiente, no menos que lo ineficiente. Lo productivo y lo improductivo. Las empresas potencialmente rentables y las empresas con pérdidas. Conozco fábricas que exportan todo lo que fabrican a consumidores satisfechos con sus productos, con listas de pedidos saturadas y una larga historia de rentabilidad; y sin embargo, se hallan al borde de la bancarrota. ¿Por qué? Porque sus suministradores extranjeros no aceptan sus garantías bancarias, necesarias para surtirles del material que necesitan: nadie se fía ya de los bancos griegos. Pero con los circuitos del crédito perfectamente quebrados, esta Crisis está hundiendo todos los barcos, destruyendo todos los esquifes, llevando al naufragio a la sociedad toda. Y cuanto más recortamos los salarios, cuanto más subimos los impuestos, cuanto más reducimos los subsidios de desempleo, tanto más hondo se hace el agujero en que nos estamos hundiendo todos. Si alguien quisiera aclarar el concepto de círculo vicioso, la Grecia de hoy sería el ejemplo perfecto de estudio.

Entre usted y yo, de profesor de economía a profesor de economía, necesito compartir un hondo sentimiento de vergüenza por nuestra profesión. Ya sabe usted que otros académicos suelen compararnos a los sismólogos, y bromear a cuenta de que somos tan inútiles como ellos a la hora de predecir el fenómeno que está en el núcleo de nuestras respectivas disciplinas. No les falta razón. Como profesión, jamás hemos logrado alertar ex ante al mundo de un “terremoto” en ciernes. Puede que lo hayan hecho algunos economistas aislados, pero también los relojes parados dan correctamente la hora dos veces al día. No; como cuerpo de “científicos” hemos demostrado ser tan malos como los sismólogos a la hora de decirnos dónde, cuándo y con qué fuerza se producirá el próximo terremoto. Sólo que nosotros somos mucho, pero mucho peores que los sismólogos.

Piense en esto: detrás de cada CDO tóxico, detrás de cada ingeniería financiera letal, asomaba alguno de esos prístinos modelos que construimos nosotros. Detrás de cada política económica responsable del (pretendido) “crecimiento” tipo Ponzi anterior al crash de 2008, puede siempre encontrarse algún celebrado y bien respetado economista que suministró la cobertura ideológica de la política finalmente adoptada. Detrás de cada medida de austeridad que hoy sofoca a nuestras sociedades, hay también algún colega académico nuestro, cuyos modelos y teorías suministran a los poderes existentes la audacia necesaria para infligir a sus pueblos el azote de esas políticas. En suma: usted y yo somos culpables del sufrimiento de nuestros compatriotas griegos e italianos. Aunque nosotros no creemos en esos particulares modelos, la verdad es que no hemos hecho lo bastante para alertar al mundo de su toxicidad. Somos, pues, culpables.

La semana pasada, una alumna mía, enferma de cáncer, no pudo ya conseguir los fármacos quimioterapéuticos de los que depende, a causa del colapso de los contratos del Estado griego con los farmacéuticos (que están en lucha porque el Estado no les paga desde hace 18 meses). Varios de sus antiguos profesores (todos economistas) hemos puesto dinero en común para poder pagar en efectivo los fármacos. Útil y solidario como es el gesto, no nos exonera. Somos tan culpables como antes del ademán deferente. Pues fuimos nosotros los que les explicamos a los estudiantes la eficacia de los mercados financieros, los que permitimos que la era de la financiarización con esquemas Ponzi de tipo piramidal se conociera con el nombre de La Gran Moderación, los que pedíamos a nuestros alumnos fe en la capacidad de las instituciones financieras para asignar precios adecuados al riesgo: estábamos sentados de brazos cruzados, mientras nuestros estudiantes leían libros de texto que los que, negro sobre blanco, se contaba la gran mentira de que los mercados se autorregulan y que lo mejor que el Estado puede hacer es no atravesarse en el camino su camino y dejarles obrar por sí propios el milagro. Sí, mi querido colega, nuestras cabezas deberían estar colgadas de la horca de la vergüenza. Aun en el caso de que haber puesto individualmente objeciones expresas al “saber” convencionalmente recibido del gremio.

Antes de terminar esta carta, me gustaría evocar una última imagen que permite describir cómo se siente ahora mismo mi pueblo, el pueblo de Grecia. ¿Se acuerda usted de la brillante película de Fellini E la nave va? ¿Se acuerda de los refugiados de guerra tirados en cubierta y tratados como una molestia por la tripulación? No sigo, porque estoy seguro de que recuerda usted perfectamente la magistral descripción de Fellini. Pues bien; así es como los griegos se sienten hoy, y con buenas razones, dado que tienen que sufrir el papel del chivo expiatorio como primera ficha en caer que son de la larga cadena de dominós que amenaza a toda Europa con la versión postmoderna de una abominable época pasada.

Triste y cordialmente suyo,

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Actualmente, es profesor de política económica en la Universidad de Atenas.

Traducción para www.sinpermiso.info: Antoni Domènech

miércoles, 27 de junio de 2012

Un mal rescate que nos empujará al abismo

 

27jun 2012  Público.es

Juan Torres López
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Por fin se produjo lo que Rajoy, como otras tantas cosas que ha negado, aseguró que nunca se produciría. En una carta, por cierto, plagada de faltas y con redacción deplorable, España se entrega  una vez más a los poderes financieros y se somete a un designio que inmola los intereses nacionales en aras de los mismos grandes banqueros que han provocado el daño que sufrimos.

Lo que Rajoy y sus ministros negaban que se fuese a dar, lo habíamos anticipado con precisión Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo en nuestro libro Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP que ya está en librerías publicado por Deusto Ediciones. En su página 96 escribimos: “En esta situación a los bancos acreedores, principalmente alemanes, lo único que les interesa es salvar sus muebles, es decir, que se garantice que los bancos españoles van a pagar su deuda con ellos. Por eso, con el apoyo de sus gobiernos, presionan al español para que tome medidas que garanticen el saneamiento de sus balances  y el pago de la deuda. Y no les importa que dándole prioridad a esto se deteriore cada día más la economía porque esa es la excusa perfecta que tendrían para intervenir y ‘rescatar’ a España, es decir, para obligarla a suscribir préstamos cuantiosos que se dedicaría directamente a refinanciar a los bancos españoles para que estos devolvieran a su vez la deuda a sus acreedores.”

Da hasta vergüenza escribir de nuevo para adelantar –como venimos haciendo muchos economistas críticos desde hace años– lo que va a ocurrir en los próximos meses, pero es que no resulta difícil preverlo y es preciso combatir como sea la mentira continua de nuestros gobernantes. Ya se han “rescatado” de esta forma a otros países y en otros lugares, así que sabemos casi a ciencia cierta lo que nos va a ocurrir a nosotros cuando se nos aplique el mismo protocolo.

Lo primero que sabemos es que no nos entregamos a almas beatíficas, que sepan cuál es la cura que precisan nuestros males y que tengan los medios para evitarlos, como nos hacen creer. Las autoridades a las que recurrimos para que nos salven son las que han tomado las decisiones que nos han llevado a la situación en las que estamos y las que se muestran totalmente incompetentes e incapaces de sacar a los países europeos de la crisis. Son las que miraron a otro lado cuando los bancos alemanes y europeos en general financiaban la burbuja y cuando cargaban sus balances de basura financiera, provocando así que se hundieran las economías. Y son las que llevan ya dedicados varios billones de euros a salvarlos sin conseguir, sin embargo, que vuelvan a financiar la actividad y el empleo, que es lo que deberían haber conseguido para que la economía vuelva a ponerse en marcha. Nos ponemos, pues, en manos de incompetentes que vienen tomando decisiones en virtud de un fundamentalismo ideológico que en lugar de salvar a otros países los ha hundido aún más después de rescatarlos. Así que es demasiado ingenuo, o una verdadera locura, creer que cuando lo hagan con nosotros van a tener un súbito ataque de sabiduría y lucidez que los lleve a tomar las decisiones correctas que no han sabido adoptar hasta ahora con ningún otro país.

Sabemos que este rescate es, en todo caso, un rescate de los bancos y que ni siquiera eso va a funcionar bien. El rescate que se prepara no va a resolver los problemas del sector bancario porque se adopta sin haberse atrevido a poner en negro sobre blanco la verdadera situación patrimonial de cada uno de ellos, para evitar así el escándalo de mostrar las barbaridades que han cometido los banqueros españoles (y alemanes, no lo olvidemos) a costa de hundir a la economía. No va a funcionar y no va a servir para tranquilizar a los mercados, por utilizar la expresión con la que se refieren a los inversores especulativos que hacen el agosto por anticipado con la incertidumbre, y la prima de riesgo seguirá desbocada porque nadie se cree los resultados de las auditorías privadas que se han realizado para justificar la petición de rescate. Sus estimaciones se basan en el diseño sin fundamento científico alguno de escenarios que nunca han acertado a prever y se refieren al sistema en su totalidad y no en concreto a las entidades que necesitan más o menos capital, que hubiera sido lo necesario. El rescate de la banca que se prepara tampoco salva al sector financiero español como tal, porque este tipo de operaciones no se hace para lograr que vuelva a fluir el crédito, que es lo que hace un sistema sano, sino para recapitalizar discrecionalmente a las entidades y ayudarles a que mejoren sus cuentas de resultados, que es otra cosa. Así que el rescate no va a restaurar la solidez del sector, ni salvará a la banca en general o a todas las entidades que lo conforman, sino que solo conseguirá poner en bandeja de las grandes el resto del mercado.

Este rescate, por supuesto, no salva a la economía española sino que la hundirá más por varias razones. Porque va a ir de la mano de condiciones que van a agudizar la parálisis de la actividad, toda vez que no rompen con la tónica de austeridad y descapitalización pública que vienen provocándola. Porque no contempla los males de fondo que han producido el deterioro estructural de nuestra economía: la especialización perversa; la desigualdad; la venta a mal precio de activos vinculados a nuestro mercado interno y la pérdida de fuentes de ingresos endógenos; la disminución de capacidad adquisitiva de asalariados, de trabajadores autónomos y de pequeños y medianos empresarios; el mal funcionamiento de nuestra administración pública y el gasto innecesario y la corrupción de muchos de nuestros administradores y grandes empresarios; el fraude y la inequidad fiscal y la carencia de políticas redistributivas potentes que ayuden, como en los países más avanzados, a que la actividad sea más sostenible económica, ecológica y socialmente y más competitiva… Y, porque, en lugar de reforzar las necesarias fuentes de valor que se necesitan para que una economía progrese con bienestar (conocimiento, innovación, espíritu empresarial, sinergias y creación de redes…) las va a destruir para muchos años.

Y el rescate no va a permitirnos salir adelante porque tampoco aborda el daño que hace a nuestra economía la pertenencia a una unión monetaria mal diseñada, sin resortes de reequilibrio y sin las instituciones que la teoría económica más elemental nos ha enseñado que debe poseer para no ser un mecanismo endiablado de generación de inestabilidad, de desigualdad y de problemas de eficiencia de todo tipo.

Sin abordar estos asuntos, e incidiendo en los que, por el contrario, ahondan en nuestras carencias, podemos predecir que la economía española va a ir a peor inmediatamente después que se ponga en marcha este rescate. Un rescate a costa de todos los ciudadanos que puede dar un respiro a algunos grandes banqueros, que tendrán más cerca quedarse con todo el mercado, pero que nos pondrá directamente en la antesala de otro nuevo, ya de toda la economía y que igualmente podemos anticipar que tampoco servirá para nada, porque es imposible que España pague la deuda acumulada y la que se va a ir añadiendo cada vez más vertiginosamente, como tampoco la van a poder pagar los demás países europeos.

Nuestros gobernantes se empeñan inútilmente en cuadrar el círculo y así nos han introducido en una espiral trampa de la que ya solo se puede salir cortando por lo sano. Es materialmente imposible hacer frente a la deuda del modo en que quieren hacerlo las autoridades europeos y el gobierno español, suponiendo que este sepa lo que quiere. Las políticas europeas contra el déficit no alivian la deuda sino que son su fuente de crecimiento inagotable. Y ocultan que la deuda no solo tiene causas sino también propósitos: la esclavitud de los pueblos y el mayor negocio de los banqueros. Las políticas y rescates, como el de ahora a España, que dicen que se adoptan para disminuirla simplemente la aumentan y nos sitúan en la antesala de medidas aún más drásticas para avanzar hacia lo que de verdad van buscando: imponer un nuevo modelo que les proporcione beneficios a base de empobrecer a la población para competir a la baja con el resto del mundo, eliminando para ello todo resto de estado de bienestar y de justicia fiscal o económica.

El tiempo se encargará, más pronto que tarde, de señalar de nuevo quién lleva razón y quién no.

lunes, 18 de junio de 2012

LA VERDADERA CARA DE LA UE

 
 
El Pireo, Atenas
Casi nada cambia en Grecia y la UE respira

En unos minutos, los transcurridos desde los sondeos hasta los primeros datos sobre votos escrutados de las elecciones generales en Grecia, la «preocupación», el «temor», la «alerta» que profusamente habían transmitido las autoridades de la UE desde las anteriores elecciones se transformó en «alivio», «tranquilidad» y «buenas noticias». No porque nada haya cambiado sustancialmente, sino simplemente porque no han de enfrentarse a la más que incómoda situación que habría supuesto la necesidad de negociar con Syriza.

El partido de Alexis Tsipras no ha ganado las elecciones, pero tampoco cabe hablar de derrota, menos aun tras el acoso sufrido por esa formación, que ha logrado acumular gran parte del voto de izquierda y del descontento popular. También Nueva Democracia ha conseguido aglutinar, aunque no sea por méritos propios, la mayor parte del voto de derecha. Sin embargo, en esta ocasión tiene opción de formar gobierno con el Pasok, el cual ayer se mostraba partidario de que en la coalición también participe Syriza, lo que resulta comprensible toda vez que el hasta hace unas semanas referente mayoritario de la izquierda griega, que ha apostado por el acatamiento de las duras condiciones impuestas al país incluso cuando estas se han demostrado contraproducentes para su recuperación, ve reducido su electorado y posiblemente atisba el peligro de extinción.

Desde un punto de vista muy básicamente democrático, estas elecciones han puesto en evidencia una actitud de las autoridades europeas que merece el calificativo de sonrojante, solo igualada por los grandes medios de comunicación. Olvidada la ética, ni siquiera se han preocupado de la apariencia estética, mostrando un desprecio indisimulado hacia los ciudadanos griegos y su capacidad y derecho de elección, desprecio acorde a las medidas de austeridad impuestas no precisamente pensando en el bienestar de esos ciudadanos. Queda en el aire la pregunta, en la hipótesis ya descartable de la victoria de Syriza, sobre la capacidad y, sobre todo, el margen de maniobra con que hubiera contado ese partido para sacar adelante su programa.