jueves, 5 de julio de 2012

Y la nave Grecia va: carta ficticia a un colega italiano

 

Federico Fellini,  “La nave va….”

 

 

Yanis Varoufakis · · · · ·

 

“Mientras las elites vacilan, enredan y manipulan, con Atenas, Roma, Madrid, Lisboa y Dublín en llamas, las sociedades se precipitan en un lodazal en el que desaparece la esperanza, se desvanece el horizonte, se malbarata la vida y los únicos ganadores son los misántropos, los ‘odiadores’, los cazadores de chivos expiatorios en formas de alien, el judío, el ‘diferente’, el ‘otro’. A medida que se apagan, literalmente, las luces en mi país, con familias que optan por desconectarse de la electricidad para poder poner un plato de comida en la mesa, bandas de matones ‘patrullan’ las calles en busca del ‘enemigo’. La ideología nazi recibe otra oportunidad, como el hambre y la desposesión, para infectar, una vez más, nuestro tejido social. Y a medida que nuestras instituciones, nuestros sindicatos obreros, nuestras normas y organizaciones culturales se están volviendo conchas vacías, poco, si algo, se atraviesa en el camino de esos fanáticos, los racistas, los explotadores del sufrimiento y el desvalimiento universales. Y hete aquí que el huevo de la serpiente está incubándose de nuevo en la Europa de hogaño, y por las mismas razones que en la de antaño.”

 

 

Hace unas cuantas semanas, Andrea Adriatico, un director teatral de los Teatri Di Vita de Bolonia, me vino con una interesante propuesta: ¿podría escribir una “carta” a algún ficticio profesor italiano de economía describiendo como de colega a colega la “situación” griega, según la experimenta un profesor griego de economía? Esa carta sería leída como parte de una pieza titulada Cuore di… Grecia [Corazón de… Grecia]. Me intrigó el asunto, y le dije que lo haría. Lo que sigue es la “carta” que terminé escribiendo. La primera representación de la obra está prevista para fines de julio.

Querido colega,

Como usted, supongo yo, crecí con las imágenes en blanco y negro de películas que describían una Europa meridional en pugna por recuperarse de la calamidad del tiempo de entreguerras.

Como usted, mi cabeza rebosa de imágenes de gentes batalladoras, de cuyas cuitas y afanes nacieron oleadas de emigrantes italianos y griegos hacia destinos remotos, así como películas del tipo Ladri di biciclette y otras griegas parecidas, en las que se construían secuencias cómicas en torno a las tribulaciones de un hombre hecho y derecho por hacerse con un pastel de queso o un plato de postre. Sin embargo, llegó un tiempo en que no era tan fácil evocar la pobreza y desposesión que conferían a esas secuencias cómicas su mordaz patetismo. Nuestras sociedades, Italia y Grecia, fueron alejándose de la tradición cultural de De Sica, Fellini, Koundoros y Kakoyiannis, hasta abismarse en el agujero negro de la vulgaridad berlusconiesca. Durante esos años de “crecimiento” y consumo, muchos de nosotros abrigábamos la esperanza de que nuestras sociedades encontrarían en sí mismas la capacidad para redescubrir el equilibrio perdido; para combinar la barriga llena con el gusto por un cine decente y preferirlo a los groseros espectáculos televisivos de chismorreo exhibicionista.

Pero, ¡ay!, no nos fue dado conseguirlo. Antes de lograr ese equilibrio –suponiendo que pudiera haberse lograrse—, nos golpeó el 1929 de nuestra generación. Ocurrió en 2008, cuando, exactamente igual que en 1929, colapsó Wall Street, la moneda común de la época (el Patrón Oro en 1929, el euro en 2010) empezó a flaquear y muy pronto nuestras elites fracasaron espectacularmente a la hora de responder racionalmente a la marcha triunfante de la Crisis. Dos cortos años después de que la crisis golpeara a mi país, Grecia, nos descubrimos a nosotros mismos, una vez más, capaces de conectarnos con las secuencias cómicas de las películas de los 50 y los 60 y el anhelo de un pastel de queso y el sueño de un postre.

Cuando estudiaba teoría económica en mi juventud, recuerdo haber tenido graves dificultades para entender porqué los gobiernos de entreguerras, de 1929 en adelante, habían fracasado de modo tan rotundo a lo hora de contrarrestar el malestar económico que tan trágicamente nos condujo a la II Guerra Mundial. Leía sobre el compromiso del presidente Hoover con la drástica reducción del gasto público y la no menos drástica bajada de salarios mientras la economía estadounidense estaba implotando, y no podía entender yo cómo pudieron sus distinguidos asesores aconsejarle tamaña idiocia. Me negaba simplemente a creer que se tratara de mala gente que deseaba el mal de sus compatriotas. Pero, al mismo tiempo, no podía entender cómo hicieron para convencerse a sí propios de que sus acciones podían aliviar a sus sufrientes y dolientes votantes.

Bien, han pasado muchos años desde entonces y, luego de tanto tiempo, he entendido. Viendo a nuestro gobierno en Grecia desde la erupción de la crisis de la deuda, observando las vacilaciones de los dirigentes europeos, librados a una política calamitosa tras otra, logré finalmente entenderlo. Se trata, así puede pensarse, de algo no tan distinto de lo que ocurrió en los EEUU a fines de los 60 y principios de los 70. Dentro del Pentágono, unos generales inteligentes entendían perfectamente bien que la guerra norteamericana en Vietnam no podía ganarse. Que enviar más tropas para luchar en las junglas, bombardear con más bombas de NAPALM a los vietnamitas, multiplicar en general el esfuerzo de guerra, era un despropósito. Ahora sabemos perfectamente, por cortesía de Daniel Ellsberg y sus esfuerzos heroicos, que sabían perfectamente bien, tomados de uno en uno, y aun en pequeñas comidillas, que las suyas eran vías muertas. Y sin embargo, les resultaba imposible coordinarse unos con otros, sintetizar sus estimaciones y acordar de consuno un cambio de rumbo. Un cambio que habría salvado miles de vidas norteamericanas y centenares de miles de vidas vietnamitas, por no hablar de enormes cantidades de dinero. Algo parecido está ocurriendo en Atenas, en Roma, en Berlín y en Paris ahora mismo. No es que los miembros de nuestras elites no puedan ver que Europa es como un tren que está descarrilando a cámara lenta, con Grecia de primer vagón que se sale de la vía, seguido de Irlanda y Portugal, que arrastran al descarrilamiento de los grandes vagones que van detrás: España, Italia, Francia, y finalmente, la propia Alemania. No. Yo creo que el ojo de su espíritu lo ve, al menos tan perspicuamente como los generales estadounidenses podían anticipar las escenas finales en Saigón: con los helicópteros rescatando en vuelo a los últimos ciudadanos norteamericanos que esperaban en los tejados de la embajada de los EEUU. Pero, exactamente igual que a los generales estadounidenses, les resulta imposible coordinar sus puntos de vista y dar con una respuesta política razonable. Ninguno de ellos se atreve a hablar cuando entra en la sala de conferencias en que se toman las decisiones importantes, no fueran a verse acusados de “blandengues” o de “extraviados”. De modo que se mantienen silentes cuando Europa está ardiendo, esperando contra toda esperanza que el fuego se extinguirá por sí mismo, a sabiendas, en el fondo más hondo de su corazón, de que no ocurrirá tal cosa.

Mientras ellos vacilan, enredan y manipulan, con Atenas, Roma, Madrid, Lisboa y Dublín en llamas, las sociedades se precipitan en un lodazal en el que desaparece la esperanza, se desvanece el horizonte, se malbarata la vida y los únicos ganadores son los misántropos, los “odiadores”, los cazadores de chivos expiatorios en formas de alien, el judío, el “diferente”, el “otro”. A medida que se apagan, literalmente, las luces en mi país, con familias que optan por desconectarse de la electricidad para poder poner un plato de comida en la mesa, bandas de matones “patrullan” las calles en busca del “enemigo”. La ideología nazi recibe otra oportunidad, como el hambre y la desposesión, para infectar, una vez más, nuestro tejido social. Y a medida que nuestras instituciones, nuestros sindicatos obreros, nuestras normas y organizaciones culturales se están volviendo conchas vacías, poco, si algo, se atraviesa en el camino de esos fanáticos, los racistas, los explotadores del sufrimiento y el desvalimiento universales. Y hete aquí que el huevo de la serpiente se está incubando de nuevo en la Europa de hogaño, y por las mismas razones que en la de antaño.

Su país y el mío comparten mucho más de esta triste historia de lo que nos preocupamos por admitir. Antes de la Guerra, nuestras sociedades engendraron y toleraron regímenes fascistas. Es verdad que vuestro Mussolini y nuestro Metaxas terminaron haciéndose la guerra, pero ambos fueron producto de fracasos políticos y desastres económicos que resultan inquietantemente similares al compartido destino de nuestros dos países hoy. Bien sé que en la Europa de nuestros días se anda al estricote con una extraña y aviesa geografía: Irlanda se esfuerza penosamente en argüir que no es Grecia, Portugal en sostener que no es Irlanda, España grita a campana herida que no es Portugal y, ni que decir tiene, Italia quiere darse a entender que no es España. Yo le propongo a usted que dejemos de lado esa idiota negación del malestar que nos es común. Desde luego que Italia no es Grecia; sin embargo, el atolladero en que más y más se ve metida Italia mientras yo le escribo estas líneas no puede separarse de modo fértil del atolladero en que se encuentra mi país. Puede que nuestra enfermedad venga acompañada con el síntoma de una fiebre más alta que la que sufren ustedes, pero –créame— se trata del mismo virus. Su fiebre llegará mañana al nivel que tenemos nosotros ahora.

Mucha gente que conozco fuera de Grecia, incluidos varios colegas economistas, cometen el error de pensar que lo que está experimentando Grecia es una recesión profunda. Déjeme decirle que esto no es una recesión. Es una depresión. ¿Cuál es la diferencia? Las recesiones son meras desaceleraciones. Períodos de reducida actividad económica y aumento del desempleo. Como usted y yo enseñamos a nuestros estudiantes, las recesiones son al capitalismo lo que el infierno al cristianismo: algo desagradable pero esencial para el funcionamiento del “sistema”. Los períodos de recesión pueden ser redentores, en el sentido de que “descartan” del eco-sistema económico lo menos eficiente, las empresas que realmente no deberían seguir activas en el mundo de los negocios, los productos pasados de moda, las técnicas productivas obsoletas, en fin, y para servirnos de una metáfora, los dinosaurios.

Sin embargo, lo que está en curso en Grecia no es una recesión. Aquí todo el mundo se va a pique. Lo eficiente, no menos que lo ineficiente. Lo productivo y lo improductivo. Las empresas potencialmente rentables y las empresas con pérdidas. Conozco fábricas que exportan todo lo que fabrican a consumidores satisfechos con sus productos, con listas de pedidos saturadas y una larga historia de rentabilidad; y sin embargo, se hallan al borde de la bancarrota. ¿Por qué? Porque sus suministradores extranjeros no aceptan sus garantías bancarias, necesarias para surtirles del material que necesitan: nadie se fía ya de los bancos griegos. Pero con los circuitos del crédito perfectamente quebrados, esta Crisis está hundiendo todos los barcos, destruyendo todos los esquifes, llevando al naufragio a la sociedad toda. Y cuanto más recortamos los salarios, cuanto más subimos los impuestos, cuanto más reducimos los subsidios de desempleo, tanto más hondo se hace el agujero en que nos estamos hundiendo todos. Si alguien quisiera aclarar el concepto de círculo vicioso, la Grecia de hoy sería el ejemplo perfecto de estudio.

Entre usted y yo, de profesor de economía a profesor de economía, necesito compartir un hondo sentimiento de vergüenza por nuestra profesión. Ya sabe usted que otros académicos suelen compararnos a los sismólogos, y bromear a cuenta de que somos tan inútiles como ellos a la hora de predecir el fenómeno que está en el núcleo de nuestras respectivas disciplinas. No les falta razón. Como profesión, jamás hemos logrado alertar ex ante al mundo de un “terremoto” en ciernes. Puede que lo hayan hecho algunos economistas aislados, pero también los relojes parados dan correctamente la hora dos veces al día. No; como cuerpo de “científicos” hemos demostrado ser tan malos como los sismólogos a la hora de decirnos dónde, cuándo y con qué fuerza se producirá el próximo terremoto. Sólo que nosotros somos mucho, pero mucho peores que los sismólogos.

Piense en esto: detrás de cada CDO tóxico, detrás de cada ingeniería financiera letal, asomaba alguno de esos prístinos modelos que construimos nosotros. Detrás de cada política económica responsable del (pretendido) “crecimiento” tipo Ponzi anterior al crash de 2008, puede siempre encontrarse algún celebrado y bien respetado economista que suministró la cobertura ideológica de la política finalmente adoptada. Detrás de cada medida de austeridad que hoy sofoca a nuestras sociedades, hay también algún colega académico nuestro, cuyos modelos y teorías suministran a los poderes existentes la audacia necesaria para infligir a sus pueblos el azote de esas políticas. En suma: usted y yo somos culpables del sufrimiento de nuestros compatriotas griegos e italianos. Aunque nosotros no creemos en esos particulares modelos, la verdad es que no hemos hecho lo bastante para alertar al mundo de su toxicidad. Somos, pues, culpables.

La semana pasada, una alumna mía, enferma de cáncer, no pudo ya conseguir los fármacos quimioterapéuticos de los que depende, a causa del colapso de los contratos del Estado griego con los farmacéuticos (que están en lucha porque el Estado no les paga desde hace 18 meses). Varios de sus antiguos profesores (todos economistas) hemos puesto dinero en común para poder pagar en efectivo los fármacos. Útil y solidario como es el gesto, no nos exonera. Somos tan culpables como antes del ademán deferente. Pues fuimos nosotros los que les explicamos a los estudiantes la eficacia de los mercados financieros, los que permitimos que la era de la financiarización con esquemas Ponzi de tipo piramidal se conociera con el nombre de La Gran Moderación, los que pedíamos a nuestros alumnos fe en la capacidad de las instituciones financieras para asignar precios adecuados al riesgo: estábamos sentados de brazos cruzados, mientras nuestros estudiantes leían libros de texto que los que, negro sobre blanco, se contaba la gran mentira de que los mercados se autorregulan y que lo mejor que el Estado puede hacer es no atravesarse en el camino su camino y dejarles obrar por sí propios el milagro. Sí, mi querido colega, nuestras cabezas deberían estar colgadas de la horca de la vergüenza. Aun en el caso de que haber puesto individualmente objeciones expresas al “saber” convencionalmente recibido del gremio.

Antes de terminar esta carta, me gustaría evocar una última imagen que permite describir cómo se siente ahora mismo mi pueblo, el pueblo de Grecia. ¿Se acuerda usted de la brillante película de Fellini E la nave va? ¿Se acuerda de los refugiados de guerra tirados en cubierta y tratados como una molestia por la tripulación? No sigo, porque estoy seguro de que recuerda usted perfectamente la magistral descripción de Fellini. Pues bien; así es como los griegos se sienten hoy, y con buenas razones, dado que tienen que sufrir el papel del chivo expiatorio como primera ficha en caer que son de la larga cadena de dominós que amenaza a toda Europa con la versión postmoderna de una abominable época pasada.

Triste y cordialmente suyo,

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Actualmente, es profesor de política económica en la Universidad de Atenas.

Traducción para www.sinpermiso.info: Antoni Domènech

miércoles, 27 de junio de 2012

Un mal rescate que nos empujará al abismo

 

27jun 2012  Público.es

Juan Torres López
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Por fin se produjo lo que Rajoy, como otras tantas cosas que ha negado, aseguró que nunca se produciría. En una carta, por cierto, plagada de faltas y con redacción deplorable, España se entrega  una vez más a los poderes financieros y se somete a un designio que inmola los intereses nacionales en aras de los mismos grandes banqueros que han provocado el daño que sufrimos.

Lo que Rajoy y sus ministros negaban que se fuese a dar, lo habíamos anticipado con precisión Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo en nuestro libro Lo que España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP que ya está en librerías publicado por Deusto Ediciones. En su página 96 escribimos: “En esta situación a los bancos acreedores, principalmente alemanes, lo único que les interesa es salvar sus muebles, es decir, que se garantice que los bancos españoles van a pagar su deuda con ellos. Por eso, con el apoyo de sus gobiernos, presionan al español para que tome medidas que garanticen el saneamiento de sus balances  y el pago de la deuda. Y no les importa que dándole prioridad a esto se deteriore cada día más la economía porque esa es la excusa perfecta que tendrían para intervenir y ‘rescatar’ a España, es decir, para obligarla a suscribir préstamos cuantiosos que se dedicaría directamente a refinanciar a los bancos españoles para que estos devolvieran a su vez la deuda a sus acreedores.”

Da hasta vergüenza escribir de nuevo para adelantar –como venimos haciendo muchos economistas críticos desde hace años– lo que va a ocurrir en los próximos meses, pero es que no resulta difícil preverlo y es preciso combatir como sea la mentira continua de nuestros gobernantes. Ya se han “rescatado” de esta forma a otros países y en otros lugares, así que sabemos casi a ciencia cierta lo que nos va a ocurrir a nosotros cuando se nos aplique el mismo protocolo.

Lo primero que sabemos es que no nos entregamos a almas beatíficas, que sepan cuál es la cura que precisan nuestros males y que tengan los medios para evitarlos, como nos hacen creer. Las autoridades a las que recurrimos para que nos salven son las que han tomado las decisiones que nos han llevado a la situación en las que estamos y las que se muestran totalmente incompetentes e incapaces de sacar a los países europeos de la crisis. Son las que miraron a otro lado cuando los bancos alemanes y europeos en general financiaban la burbuja y cuando cargaban sus balances de basura financiera, provocando así que se hundieran las economías. Y son las que llevan ya dedicados varios billones de euros a salvarlos sin conseguir, sin embargo, que vuelvan a financiar la actividad y el empleo, que es lo que deberían haber conseguido para que la economía vuelva a ponerse en marcha. Nos ponemos, pues, en manos de incompetentes que vienen tomando decisiones en virtud de un fundamentalismo ideológico que en lugar de salvar a otros países los ha hundido aún más después de rescatarlos. Así que es demasiado ingenuo, o una verdadera locura, creer que cuando lo hagan con nosotros van a tener un súbito ataque de sabiduría y lucidez que los lleve a tomar las decisiones correctas que no han sabido adoptar hasta ahora con ningún otro país.

Sabemos que este rescate es, en todo caso, un rescate de los bancos y que ni siquiera eso va a funcionar bien. El rescate que se prepara no va a resolver los problemas del sector bancario porque se adopta sin haberse atrevido a poner en negro sobre blanco la verdadera situación patrimonial de cada uno de ellos, para evitar así el escándalo de mostrar las barbaridades que han cometido los banqueros españoles (y alemanes, no lo olvidemos) a costa de hundir a la economía. No va a funcionar y no va a servir para tranquilizar a los mercados, por utilizar la expresión con la que se refieren a los inversores especulativos que hacen el agosto por anticipado con la incertidumbre, y la prima de riesgo seguirá desbocada porque nadie se cree los resultados de las auditorías privadas que se han realizado para justificar la petición de rescate. Sus estimaciones se basan en el diseño sin fundamento científico alguno de escenarios que nunca han acertado a prever y se refieren al sistema en su totalidad y no en concreto a las entidades que necesitan más o menos capital, que hubiera sido lo necesario. El rescate de la banca que se prepara tampoco salva al sector financiero español como tal, porque este tipo de operaciones no se hace para lograr que vuelva a fluir el crédito, que es lo que hace un sistema sano, sino para recapitalizar discrecionalmente a las entidades y ayudarles a que mejoren sus cuentas de resultados, que es otra cosa. Así que el rescate no va a restaurar la solidez del sector, ni salvará a la banca en general o a todas las entidades que lo conforman, sino que solo conseguirá poner en bandeja de las grandes el resto del mercado.

Este rescate, por supuesto, no salva a la economía española sino que la hundirá más por varias razones. Porque va a ir de la mano de condiciones que van a agudizar la parálisis de la actividad, toda vez que no rompen con la tónica de austeridad y descapitalización pública que vienen provocándola. Porque no contempla los males de fondo que han producido el deterioro estructural de nuestra economía: la especialización perversa; la desigualdad; la venta a mal precio de activos vinculados a nuestro mercado interno y la pérdida de fuentes de ingresos endógenos; la disminución de capacidad adquisitiva de asalariados, de trabajadores autónomos y de pequeños y medianos empresarios; el mal funcionamiento de nuestra administración pública y el gasto innecesario y la corrupción de muchos de nuestros administradores y grandes empresarios; el fraude y la inequidad fiscal y la carencia de políticas redistributivas potentes que ayuden, como en los países más avanzados, a que la actividad sea más sostenible económica, ecológica y socialmente y más competitiva… Y, porque, en lugar de reforzar las necesarias fuentes de valor que se necesitan para que una economía progrese con bienestar (conocimiento, innovación, espíritu empresarial, sinergias y creación de redes…) las va a destruir para muchos años.

Y el rescate no va a permitirnos salir adelante porque tampoco aborda el daño que hace a nuestra economía la pertenencia a una unión monetaria mal diseñada, sin resortes de reequilibrio y sin las instituciones que la teoría económica más elemental nos ha enseñado que debe poseer para no ser un mecanismo endiablado de generación de inestabilidad, de desigualdad y de problemas de eficiencia de todo tipo.

Sin abordar estos asuntos, e incidiendo en los que, por el contrario, ahondan en nuestras carencias, podemos predecir que la economía española va a ir a peor inmediatamente después que se ponga en marcha este rescate. Un rescate a costa de todos los ciudadanos que puede dar un respiro a algunos grandes banqueros, que tendrán más cerca quedarse con todo el mercado, pero que nos pondrá directamente en la antesala de otro nuevo, ya de toda la economía y que igualmente podemos anticipar que tampoco servirá para nada, porque es imposible que España pague la deuda acumulada y la que se va a ir añadiendo cada vez más vertiginosamente, como tampoco la van a poder pagar los demás países europeos.

Nuestros gobernantes se empeñan inútilmente en cuadrar el círculo y así nos han introducido en una espiral trampa de la que ya solo se puede salir cortando por lo sano. Es materialmente imposible hacer frente a la deuda del modo en que quieren hacerlo las autoridades europeos y el gobierno español, suponiendo que este sepa lo que quiere. Las políticas europeas contra el déficit no alivian la deuda sino que son su fuente de crecimiento inagotable. Y ocultan que la deuda no solo tiene causas sino también propósitos: la esclavitud de los pueblos y el mayor negocio de los banqueros. Las políticas y rescates, como el de ahora a España, que dicen que se adoptan para disminuirla simplemente la aumentan y nos sitúan en la antesala de medidas aún más drásticas para avanzar hacia lo que de verdad van buscando: imponer un nuevo modelo que les proporcione beneficios a base de empobrecer a la población para competir a la baja con el resto del mundo, eliminando para ello todo resto de estado de bienestar y de justicia fiscal o económica.

El tiempo se encargará, más pronto que tarde, de señalar de nuevo quién lleva razón y quién no.

lunes, 18 de junio de 2012

LA VERDADERA CARA DE LA UE

 
 
El Pireo, Atenas
Casi nada cambia en Grecia y la UE respira

En unos minutos, los transcurridos desde los sondeos hasta los primeros datos sobre votos escrutados de las elecciones generales en Grecia, la «preocupación», el «temor», la «alerta» que profusamente habían transmitido las autoridades de la UE desde las anteriores elecciones se transformó en «alivio», «tranquilidad» y «buenas noticias». No porque nada haya cambiado sustancialmente, sino simplemente porque no han de enfrentarse a la más que incómoda situación que habría supuesto la necesidad de negociar con Syriza.

El partido de Alexis Tsipras no ha ganado las elecciones, pero tampoco cabe hablar de derrota, menos aun tras el acoso sufrido por esa formación, que ha logrado acumular gran parte del voto de izquierda y del descontento popular. También Nueva Democracia ha conseguido aglutinar, aunque no sea por méritos propios, la mayor parte del voto de derecha. Sin embargo, en esta ocasión tiene opción de formar gobierno con el Pasok, el cual ayer se mostraba partidario de que en la coalición también participe Syriza, lo que resulta comprensible toda vez que el hasta hace unas semanas referente mayoritario de la izquierda griega, que ha apostado por el acatamiento de las duras condiciones impuestas al país incluso cuando estas se han demostrado contraproducentes para su recuperación, ve reducido su electorado y posiblemente atisba el peligro de extinción.

Desde un punto de vista muy básicamente democrático, estas elecciones han puesto en evidencia una actitud de las autoridades europeas que merece el calificativo de sonrojante, solo igualada por los grandes medios de comunicación. Olvidada la ética, ni siquiera se han preocupado de la apariencia estética, mostrando un desprecio indisimulado hacia los ciudadanos griegos y su capacidad y derecho de elección, desprecio acorde a las medidas de austeridad impuestas no precisamente pensando en el bienestar de esos ciudadanos. Queda en el aire la pregunta, en la hipótesis ya descartable de la victoria de Syriza, sobre la capacidad y, sobre todo, el margen de maniobra con que hubiera contado ese partido para sacar adelante su programa.

miércoles, 30 de mayo de 2012

El ideario neoliberal en la era de la superchería

 

Alejandro Nadal · · · · ·

27/05/12

DEMOCRACIA EUROPEA FRUSTRADA EN ESTRASBURGO

 

 

La crisis en Europa ha atravesado varias etapas y ahora ha llegado la fase de la discusión política. Es la fase que más temen el establishment, el sistema bancario y las grandes corporaciones y centros de poder. Se nota en la prensa internacional de negocios. Esta es la etapa más importante porque en ella se abre la controversia política y los pueblos comienzan a deliberar sobre su futuro. Recuperan la palabra, la conciencia histórica y piensan su destino. Al poder establecido le repugna este momento democrático y buscará distorsionarlo y corromperlo de mil maneras.

Cuando la crisis comenzó con el colapso inmobiliario en Estados Unidos, la economía europea fue la primera en sufrir el coletazo. La bursatilización de activos tóxicos estadounidenses había sido el medio de contagio en el sistema bancario y financiero europeo. El primer síntoma fue el colapso de los bancos BNP Paribas (septiembre 2007) y Northern Rock (nacionalizado en febrero 2008). El congelamiento en el mercado de dinero interbancario hizo lo demás: la correa de transmisión condujo a una caída en la inversión y la demanda final. La corrosión en el sector financiero fue seguida de un freno en la actividad de la economía real (no financiera).

La segunda fase de la crisis arranca con la caída en el nivel de actividad y la reducción en los ingresos tributarios. Al mismo tiempo, la coordinación en el seno del G-20 llevó a un aumento en el gasto público para estimular la economía y mitigar el efecto de la caída en la demanda agregada. La contracción en los ingresos tributarios y la expansión en el gasto público se combinaron para incrementar fuertemente el déficit fiscal. Y como la arquitectura de la unión monetaria impide al Banco central europeo (BCE) financiar a los gobiernos de la zona euro, no quedó más remedio que acudir a los mercados financieros, en cuyas aguas los tiburones están cebados. Por eso esta segunda etapa de la crisis se presenta para muchos como una crisis de endeudamiento de los gobiernos. Pero esa no es su verdadera naturaleza.

La evolución de la crisis no es lineal. Las diversas caras de la crisis coexisten: la nacionalización de Bankia en España confirma que el sistema bancario en Europa está dañado y tendrá que seguir en cuidados intensivos. La primera fase de la crisis no pasó en vano, y la austeridad no sólo no arregla nada sino que agrava las cosas. La restricción fiscal ya condujo a la recesión y ahora viene la movilización política para evitar que los daños lastimen a la población europea.

Mucho se ha escrito sobre el triste estado de la teoría económica convencional. No pudo prever la crisis porque es esencialmente un discurso ideológico y para hacer la apología del régimen neoliberal lo que menos se quería era hablar de la inestabilidad intrínseca del capitalismo. Confrontada con el fenómeno del desempleo esa misma teoría estándar siempre insistió en que la culpa la tenían los sindicatos y cualquier forma de protección laboral. Es el mito de la rigidez de precios que sigue siendo el arma predilecta de propaganda política neoliberal. Por eso, pasada la primera sorpresa los portavoces del poder neoliberal recuperaron la iniciativa y relanzaron su discurso en contra del gasto público y a favor de las reformas estructurales. El neoliberalismo reconoció rápido la oportunidad para una nueva guerra contra el estado de bienestar. La contraseña en esta nueva ofensiva es la palabra austeridad.

Los economistas saben desde hace mucho tiempo que aplicar un régimen de austeridad en una contracción económica es la mejor receta para hundir una economía en una depresión. Pero aquí no importa que el diagnóstico sea equivocado y que la medicina de la austeridad esté contraindicada. Los poderes en la Unión Europea, en el BCE y en el Fondo monetario internacional (FMI) sólo piensan en rescatar el programa neoliberal. El castigo contra los pueblos de Grecia, España, Portugal e Italia muestra claramente la naturaleza podrida de su proyecto. A los poderes establecidos no les interesa la democracia, ni los ciudadanos de la Unión Europea. El pueblo es material gastable porque lo único que cuenta en este momento es salvar el proyecto neoliberal.

De cara a las elecciones del 17 de junio, Alexis Tsipras, dirigente de la formación de izquierda radical Syriza, tiene razón al señalar que el fundamento de Europa es la democracia y la solidaridad, no un pacto organizado alrededor de los dogmas de la austeridad fiscal y la estabilidad de precios. No hay que equivocarse, ésta es la crisis de un modelo económico basado en la especulación y la explotación, no la crisis del estado de bienestar. La lucidez de los pueblos acabará con la superchería neoliberal. La moneda única debe tener otro fundamento y, en todo caso, no se va a salvar con el dogma de la austeridad neoliberal y la destrucción del estado de bienestar en Europa. En América y en Europa, una nueva economía debe construirse sobre las ruinas del proyecto neoliberal.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

La Jornada, 23 mayo 2012

Tsipras en Berlín

 
Àngel Ferrero · · · · ·(sinpermiso)
28/05/12

Alexis Tsipras
 
Alexis Tsipras, el presidente de SYRIZA, dio su conferencia de prensa a escasos metros del epicentro de poder en Alemania –el Reichstag y la Cancillería–, en laHaus der Bundespressekonferenz (BPK), uno de esos lugares en los que los periodistas se cuecen en su su propio jugo y que cuenta con una espaciosa y moderna sala de conferencias, amplios despachos y hasta un abrevadero propio donde los socios pueden sentarse a beber alcohol y hacer como que son periodistas (eso es lo que nos enseñan las películas, ¿no?). Un colega me comenta que la proximidad con respecto al Reichstag y la Cancillería obedece a una razón muy precisa: los lameculos tienen que estar cerca del culo. Piénsese lo que se quiera del lenguaje, pero razón no le falta: a Tsipras le preguntaron no una ni dos, sino hasta tres veces qué pensaba hacer cuando ganase las próximas elecciones del 17 de junio –las encuestas siguen dando a SYRIZA como ganadora, con porcentajes de hasta 30 puntos–[1] y Grecia saliera del euro como reza la propaganda oficial, a pesar de que una de las primeras cosas que dijo fue que nada estaba más lejos de la intención de la coalición que lidera, y exactamente lo mismo declaró el día anterior en París. La verdad es que daba igual, porque la noticia estaba redactada antes incluso de que bajase del avión. De hecho, la repercusión del viaje de Tsipras a París y Berlín en los medios alemanes fue más bien escasa. El Bild, el rotativo sensacionalista más leído de la República Federal Alemana, respondió a su manera y publicó un breve sobre Vicky Voulvoukeli, una desconocida político de "Griegos independientes". [2] Pero esperen a que gane y entonces verán. Lo más bonito que se dirá de Tsipras será algo así como "el Hugo Chávez del Mar Jónico". Según el diario Bild, Alexis Tsipras «simpatiza públicamente con los anarquistas violentos. Se le acusa de ser miembro [de uno de estos grupos] y de financiarlos.» [3]
A diferencia de París, donde contó con un numeroso público en la Asamblea Nacional,[4] la sala de prensa del BPK no se llenó. El clima reinante fue típicamente alemán, que es tanto como decir hostil, pero contenido. Tsipras había sido invitado por La Izquierda a exponer su programa en Berlín, como el día anterior lo había sido por el Front de Gauche en París, donde, por cierto, no fue recibido por François Hollande, un eco la negativa que recibió el propio Hollande por parte de Merkel cuando fue candidato a la presidencia francesa. El candidato de SYRIZA estuvo en todo momento flanqueado por Klaus Ernst y Gregor Gysi, que aprovechó la ocasión para reclamar al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) que rechace de manera clara el pacto fiscal y acepte los eurobonos, a lo que el SPD hizo, apelando como siempre a la "responsabilidad de estado" –esa instancia superior equivalente a Dios en Alemania–, oídos sordos.[5] Tsipras tomó la palabra y agradeció a La Izquierda su solidaridad (solidaridad que, dicho sea de paso, debe de haberle costado algún que otro punto porcentual en las encuestas de intención de voto). Qué amarga decepción debió suponer para los periodistas alemanes, ávidos de carnaza, cuando Tsipras declaró no sentirse protagonista de nada. «El pueblo griego es el protagonista», dijo, y recalcó, como lo hizo en París, que no había venido a presionar a nadie.
La casa común europea
El problema de Grecia, dijo Tsipras, es el problema de Europa. Que es tanto como decir: el problema del proyecto de unidad europea, caracterizado por sus desequilibrios internos y la ausencia de una política fiscal común. No se puede resolver, por lo tanto, el problema de Europa sin resolver el problema de Grecia. Tsipras reclamó solidaridad a los pueblos de Europa y recordó, si es que hacía alguna falta, que el programa de austeridad ha fracasado: Grecia entra en su quinto año de recesión, algo que no tiene precedentes en Europa en tiempos de paz, sólo, como bien recordó el presidente de SYRIZA, en Europa oriental, laboratorio de la terapia de choque neoliberal en los noventa tras la desintegración del bloque oriental. El consenso entre académicos y economistas de que estas medidas conducen a una situación desastrosa de pobreza y desempleo –que Tsipras no dudó en calificar de «catástrofe humanitaria»– es amplio. Las ayudas en nada contribuyen a mejorar el bienestar de los griegos, sólo sirven para rescatar a los bancos. Hay que plantear, añadió, un programa de recuperación económica para Grecia, frenar el brain draining y evitar que el país se convierta, como sueñan los liberales alemanes del FDP, en un protectorado alemán dedicado al turismo, la producción de energía solar –canalizada a Alemania, se sobreentiende (sobre todo después del apagón nuclear que se vio obligado a tomar el gobierno de Merkel por presión popular)– y una agricultura poco competitiva.
Tsipras no renunció en ningún momento a su programa íntegro y pasó rápidamente al contraataque: son los otros quienes abandonaron sus programas, ¿qué hicieron, sino, el PASOK y Nueva Democracia? Cuando un periodista alemán sacó a relucir los problemas del estado griego, Tsipras respondió que Grecia tiene, efectivamente, problemas, y que las reformas son necesarias, pero que bajo ningún concepto pueden vincularse a la propaganda que asegura que se trata de un rasgo cultural. El problema no es el sector público, dijo, éste a lo sumo puede reestructurarse para su mejor funcionamiento, pero en ningún caso recortarse. SYRIZA quiere contribuir a la estabilidad de Europa y en ningún caso quiere su destrucción, sino su regeneración democrática. Quien parece empecinada en terminar con la idea de Europa es Angela Merkel. Ya lo dijo hace meses Oskar Lafontaine (que ese mismo día anunció, por cierto, que retiraba su candidatura a la presidencia de La Izquierda para dejar paso a las nuevas generaciones): «Merkel está ahí para destruir Europa.» [6]
Alexis Tsipras demostró también una poco conocida habilidad retórica, sin estridencias, para reutilizar las metáforas de las élites políticas europeas: así, no es posible aumentar las dosis del medicamento de austeridad, pues no sólo matará al paciente griego, sino que contagiará al resto de Europa. Cuando la medicina falla, continuó Tsipras, la culpa no es del enfermo, sino de la receta. Y la receta la hicieron los doctores de Berlín y Bruselas. Grecia, siguió, es parte de una gran familia europea. Preguntado si su formación conduciría desde el gobierno al abandono de Grecia de la eurozona –o peor aún: a su expulsión, una amenaza presente, pero que no se menciona– recordó que la eurozona no es ninguna casa que tenga un propietario y en la que el resto sean meros inquilinos, sino que todos son inquilinos en la casa común europea.
Terminó Tsipras la rueda de prensa con una seria advertencia: estamos en una situación comparable en ciertos aspectos a la década de los treinta. Debemos encontrar una solución común antes de que sea demasiado tarde. La guerra, señaló Tsipras, no tiene lugar entre naciones, sino entre el pueblo y los trabajadores, por un lado, y los capitalistas por el otro. Ya va siendo hora de que en el Reino de España los súbditos comiencen a ser ciudadanos y empiecen a hablar "griego". Pueden empezar por aquí: "no" se dice όχι.


NOTAS: [1] "Umfrage sieht Syriza-Partei in Griechenland vorne",Spiegel, 24 de mayo de 2012. [2] "Diese schöne Griechin will 70 Mrd. Euro "Kriegschulden" von Deutschland", Bild, 23 de mayo de 2012. [3] "Griechenland: Kommunisten, Judenhasser, Halb-Kriminelle: Regieren diese Radikalen bald Griechenland?", Bild, 12 de febrero de 2012. [4] "Tsipras: 'Debemos refundar Europa y derrota al poder financiero'", El País, 21 de mayo de 2012. [5] "El SPD alemán y Los Verdes se suman a Merkel en el rechazo a los eurobonos", El País, 24 de mayo de 2012. [6] "Oskar Lafontaine: 'Merkel ist dabei, Europa zu zerstören'", Spiegel, 16 de febrero de 2012.
Àngel Ferrero es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.
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www.sinpermiso.info, 27 mayo 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

La salida de Grecia del euro podría convertirse en la envidia de la Eurozona

 

La antigua dracma a la que Grecia podría volver

¿DE VUELTA A LA DRACMA?

 

Arvind Subramanian

Financial Times

La suspensión de pagos sería desastrosa para Grecia y el consiguiente contagio sería perjudicial para Europa. O así reza la sabiduría convencional. El debate ha girado exclusivamente en torno a la fuerza del contagio y la respuesta adecuada de los países vulnerables y del país que escribe los cheques. Quizá el debate sea desacertado porque falla la premisa. Expulsada de la Eurozona, Grecia podría ser más peligrosa para el sistema que cuando estuvo dentro, al ofrecer un modelo de recuperación que tiene éxito. Hay un escenario que se ha pasado por alto en el que la suspensión de pagos no es un desastre para Grecia. Si éste es el caso, la amenaza real, más existencial para la Eurozona podría ser muy diferente, donde los griegos serían los últimos en reírse. Se debe considerar este escenario. Traducido del inglés para Rebelión por Christine Lewis Carroll

Las consecuencias inmediatas de la salida o expulsión de Grecia de la Eurozona sin duda serían devastadoras. La fuga de capitales se intensificaría, lo que alimentaría la depreciación y la inflación. Todos los contratos en vigor tendrían que expresarse en una nueva moneda y renegociarse, lo que crearía un caos financiero. Aunque políticamente devastadora, la austeridad fiscal quizá deba intensificarse puesto que Grecia todavía tiene déficit primario que tendría que corregir si faltaran los fondos de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Pero este proceso generaría también un tipo de cambio considerablemente depreciado (¿A alguien le parecen bien 50 dracmas por euro?). Y esto pondría en marcha un proceso de ajuste que pronto daría una nueva orientación a la economía y le colocaría en la senda del crecimiento sostenible. De hecho el crecimiento griego seguramente aumentaría vertiginosamente, posiblemente durante un periodo prolongado, si se adoptaran políticas sensatas con el fin de restaurar rápidamente y sostener la estabilidad macroeconómica.

¿En qué nos basamos para afirmar esto? Durante las crisis financieras de los años 90 hubo países que declararon suspensión de pagos y devaluaron su moneda. Inicialmente todos padecieron recesiones severas. Pero sólo duraron uno o dos años y luego hubo recuperación. Corea del Sur registró nueve años de crecimiento con una media de 6%. Indonesia, que padeció una ola de suspensiones de pago que tumbó casi todos los bancos del sistema, registró un crecimiento por encima de 5% durante un periodo similar; Argentina cerca de 8% y Rusia por encima de 7%. El historial demuestra claramente que hay vida después de las crisis financieras. Esto sería verdad también en Grecia, aun teniendo en cuenta las particularidades de la situación allí. Se dice a menudo que la baja relación entre las exportaciones y el PIB de Grecia excluye la posibilidad de un alto crecimiento encabezado por las exportaciones. Pero dicho argumento no está blindado porque las crisis pueden conducir a nuevas y dramáticas orientaciones de la economía. Por ejemplo, India consiguió doblar la relación igualmente baja entre las exportaciones y el PIB una década después de la crisis de 1991, doblándola de nuevo durante la siguiente década sin una gran depreciación de la moneda.

Además, Grecia experimentaría una mega-depreciación, igual que los países mencionados, no una depreciación modesta. Un cambio de este tipo crearía necesariamente nuevas oportunidades para las exportaciones y convertiría las actividades que son marginalmente no comerciables en comerciables. La naturaleza de estas exportaciones será, por definición, impredecible. Pero las fuertes iniciativas que crearía un tipo de cambio muy competitivo son innegables.

Supongamos que a mediados de 2013 la economía de Grecia se recupera mientras el resto de la Eurozona sigue en recesión. Los efectos para España y Portugal, podridos por la austeridad, e incluso Italia serían poderosos. A los electores de esos países no se les escaparía la mejoría de su vecino griego, hasta ahora desdeñado. Empezarían a preguntar por qué sus gobiernos no siguen el camino emprendido por Grecia y pedirían salirse de la Eurozona. En otras palabras, la experiencia griega podría alterar de manera fundamental los incentivos para estos países de quedarse dentro de la Eurozona, sobre todo si las condiciones económicas siguiesen siendo sombrías. En esta fase, la política de Alemania también se vería afectada. Hoy Alemania hace a regañadientes lo mínimo imprescindible para mantener intacta la Eurozona. Si la salida del euro, para emular a Grecia, se convierte en una proposición atractiva, Alemania se verá en un aprieto y la magnanimidad que demuestre en lugar de su tacañería actual podría ser la última prueba de cuánto valora la Eurozona. La respuesta podría sorprender. Quizá el pueblo alemán se dé cuenta de repente de que la Eurozona dispensa a Alemania no uno, sino dos “privilegios excesivos”: tipos de interés bajos como refugio para el capital europeo y un tipo de cambio competitivo al estar enganchada a socios más débiles, en cuyo caso Alemania tendría que ofrecer a sus socios un trato mucho más atractivo para mantenerlos dentro de la Eurozona.

Un escenario de este tipo sería muy irónico. A Grecia se le ve como el paria que contamina la Eurozona; su expulsión podría convertirla en una amenaza mucho mayor para la supervivencia de la moneda única. Si la salida de uno de los países de la Eurozona crea las condiciones para una recuperación en Grecia, podría resultar un modelo contagioso. La tragedia griega en curso todavía podría no salirles tan mal a los griegos. Pero bien podría ser una tragedia para la Eurozona y quizá para el proyecto europeo.

Arvind Subramanian es miembro sénior del Peterson Institute for International Economics y autor de Eclipse: Living in the Shadow of China’s Economic Dominance

Fuente: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/4bdda8a0-9dad-11e1-9a9e-00144feabdc0.html#axzz1v43VJ5Qb

lunes, 21 de mayo de 2012

EL ENGAÑO DE LA EUROZONA

Mariano Rajoy                                                         David Cameron

Economía europea: Rajoy y Cameron no entienden; Paul de Grauwe sí

Andy Robinson · · · · ·

No es fácil entender por qué, cinco años después  de ser la economía estrella de la zona euro, España ya parece estar siguiendo  la misma trayectoria que Grecia, Portugal , e Irlanda, descendiendo implacablemente hacia una zona de sombras en la que la crisis ya no es de liquidez sino de solvencia ¿Como demonios hemos (habeis) acabado haciéndonos(os) socios de este club?

Yo aún recuerdo una conversación que tuve en el 2007 con Nicholas Crafts, guru de la endogenous growth theory y las teorías de catch-up en Europa dominantes durante los años optimistas de la  Gran Moderación. Crafts se deshizo en elogios por la economía española y las reformas estructurales llevadas a cabo  ya (en repetidas ocasiones) en el mercado de trabajo, a diferencia de en Italia o Francia. Aplaudió la eficacia de España al aprovechar la avalancha de capitales para impulsar la inversión tanto pública en infraestructura como privada en la creacion de multinacionales competitivas. El deficit por cuenta corriente era un componente necesario del catch-up y pronto alcanzaríamos (ais) a Francia. Incluso un deficit por cuenta corriente que se acercába  al 10% del PIB no  tenia por qué ser un problema porque las entradas de capitales se canalizaban hacia la inversión.

Pero, claro, en aquel entonces, Irlanda  tambien era la economía estrella de la zona euro y de las teorias de catch-up, elogiado por casi todo el mundo por sus bajos impuestos y regulacion light touch , admirado , sobre todo, por lideres del PP como Esperanza Aguirre. Y hasta Grecia tenía sus admiradores. En febrero del 2009, Joaquin Almunia comentó: "La economía griega esta en mejores condiciones  comparada con la condicion media para la zona euro".

Uno de los problemas de la confusión  que reina respecto al por qué de la crisis es que hace muy seductivos los argumentos oportunistas y demagógicos basados en la economía de la tienda de la esquina  o de la  madre de familia que tiene que velar por el futuro de sus hijos y apretar el cinturón para que  cuadren los números. ¡Hemos vivido por encima de nuestros medios y debemos pagar el precio! Al menos dos partidos (el Partido Conservador británico y el PP español) han ganado elecciones basadas en  esta falacia del "sentido comun", ridiculizando las politicas contracílicas fiscales de los gobiernos que sustituyeron, tachados de despilfarradores cuando, en realidad, habian evitado un colapso económico que habría agravado aún mas la crisis de endeudamiento posterior.

Ahora, Cameron y Rajoy son los paladines del "ajuste fiscal expansivo", un oxymoron algo, pero no mucho, menos necio que el mantra de Rajoy:   "No es austeridad O crecimiento sino austeridad Y crecimiento". Son esloganes basados en la idea de que los mercados responderán generosamente a la austeridad bajando tipos y , -confiados en que la deuda se reducirá- crearán las condiciones para un repunte impulsado por  la inversión ¿Es así, no?  Pronto, verás,  la prima de riesgo responderá…

En realidad , la austeridad aplasta el crecimiento  y, por tanto, como explica Martin Wolf en su blog del Financial Times, acaba aumentando la deuda . Ahi estan los datos. Y si algo está claro es que los inversores en bonos leen a Martin Wolf y son tan conscientes de que la austeridad mata al crecimiento como los economistas keynesianos. El crecimiento quizás daba lo mismo a los  vigilantes del mercado de bonos en  tiempos de inflacion de los setenta a los noventa pero , ahora, como se dice, "the important thing is not the return ON my investment but rather the return OF my investment" (lo importante no es el retorno sobre mi inversión sino que me devuelvan el dinero). De modo que el crecimiento es prioridad para los mercados al igual que para tu vecino parado.  Michael Burke, ex Citibank ahora  Socialist bulletin,  lo dice aquí Acaba de salir también (se puede verlo tambien en el blog de Wolf) un importante estudio de Larry Summers y Brad de Long (Berkeley) que derrumba el argumento de que los ajustes fiscales generan crecimiento al crear margen para la inversion privada (en tiempos de baja demanda como estas, es otra  falacia, dicen Summers y De Long).

Dicho de otro modo, el gobierno británico podria estar aprovechando los bajísimso tipos de interés sobre su deuda para realizar inversiones públicas que sí reactivarían la economía. Es decir que el pueblo británico (tan seducido en el ultimo año por la ideologia de la austeridad como muchos españoles, hasta el batacazo tory en las ultimas elecciones municipales  en el Reino Unido…) esta sufriendo sin motivo ni razón . En España las perversiones de la moneda única complican la situacion y hacen el sufrimiento más necesario.  España tiene mucho menos margen para políticas expansivas quen el Reino Unido. Pero -si se toma la zona euro como una unidad-, las medidas  simultáneas de austeridad son innecesarias y contraproducentes.  Ojala François Hollande puede trasmitir el mensaje a Berlin

No se puede pedir que el ciudadano de a pie lea la obra entera de John Maynard Keynes para darse cuenta de  que el "sentido comun" de Cameron y Rajoy, nos llevaría a la perdición y la Gran Depresión . Tampoco se puede pedir que las amas de casa  y madres de familia acaben dominando las teorias financieras como las mujeres sevillanas que protagonizan este video .

Pero invitaría a los lectores a leer esta entrevista que le hice en Londres la semana pasada a Paul De Grauwe, economista belga de la Universidad de Lovaina, que  acaba de ser fichado por la London School of Economics como reconocimiento de sus excelentes y didácticos  estudios sobre la crisis, y advertencias sobre el peligro de la  insolvencia  en una unión monetaria que carece de  un banco central dispuesto a hacer lo que debe. (La entrevista entera sale junto con un artículo sobre las expectativas -algo rebajadas- del programa anti austeridad de Françóis Hollande en el suplemento Dinero el proximo domingo)

Yo: ¿Por qué se está disparando la prima de riesgo española?

Paul de Grauwe: Porque hay un momento en  el que la desconfianza en el mercado empuja los tipos hacia niveles  en los que hay multiples equilibrios malos, muy lejos de la realidad fundamental de la economía. España es solvente pero una vez que entras  en esta dinámica es dificil salir. Crece el miedo a la insolvencia. Los costes de financiación se disparan. Se agrava el problema fiscal;. Tienes que hacer más ajustes , más austeridad . Y esto frena la economía y hace aún más dificil la gestion de la deuda..

Yo: Pero ¿por qué hay miedo a insolvencia en España? La deuda española no es especialmentte alta..

PDG: Cierto. España no es insolvente, pero atraviesa una grave crisis de liquidez.  Pararon de repente los flujos de capitales que financiaban su deficit por cuenta corriente (exterior). Y, la ausencia de liquidez  crea un miedo lógico a un default (moratoria). Es un miedo racional  en una unión monetaria en la que el banco central no se muestra dipsuesto a garantizar que ningún país se vea forzado a suspender pagos. Si el BCE no dice publicamente que no permitirá que los tipos sobre la deuda española rebasen niveles considerados sostenibles y si no actúa en consecuencia comprando bonos, pues, el miedo a la insolvencia se cumple a si mismo.  La gente suele pensar que son especuladores malvados que atacan a España. Pero los que más temen un default no son especuladores, sino inversores conservadores como  gestores de fondos de pensiones. Si España tuviera su propia divisa, el Banco de España proporcionaría la liquidez necesaria y no habría miedo. Y tampoco habría peliigro de insolvencia si el BCE interviniese  en el mercado de bonos con contundencia. Pero no lo hace. El Banco de Inglaterra sí. Por eso, el Reino Unido tiene unos tipos próximos a cero frente al 7% de España. Es la diferencia entre tener tu propia divisa y no tenerla.

Yo: ¿Qué se debería hacer para resolver esta crisis?

PDG: El BCE debería poner un techo a los tipos  en el mercado de bonos comprando deuda en el mercado secundario. Y la Comisión Europea debería forzar un ajuste simétrico obligando Alemania a subir salarios y expandir su presupuesto para elevar la demanda interna y compensar  así el ajustede la devaluación interna  en España , Italia etc.

Andy Robinson es un corresponsal volante del diario barcelonés La Vanguardia.