lunes, 14 de mayo de 2012

FRANCIA, DOS DÍAS DE MAYO

GENERAL SALAN

La memoria humana es débil, 54 años son muchos años, pero hay acontecimientos y países que por su importancia merecen eso que ahora se llama LA MEMORIA HIRTÓRICA.

El primero de esos dos días señalados es el 13 de mayo de 1958, aquella jornada que los franceses no olvidan en la que tras un vibrante discurso del general Raoul Salan, en defensa de la ARGELIA FRANCESA, se derrumbó todo el entramado de la IV REPÚBLICA dando lugar a un verdadero golpe de estado de guante blanco, en el que los militares “africanistas”, fueron capaces de cambiar el régimen político , situar al GENERAL DE GAULLE como jefe del estado y todo sin disparar un tiro para hacer algo parecido a nuestro 1936 pero de modo “muy fino”.

 

MARINE LE PEN

 

El segundo día de mayo ha sido el seis de ese mes del año 2012, en el que tras la primera vuelta del 22 de abril, además de cambiar regularmente el titular de la presidencia de la república se puede observar un importante triunfo moral, seguramente el más destacado del proceso electoral. Nos referimos naturalmente al 18% de los votos obtenidos por el FRENTE NACIONAL, de MARINE LE PEN. Tras los citados 54 años el pensamiento de aquellos generales, en realidad la pasión por la soberanía nacional y la identidad de Francia, sigue muy viva pese a los liberalismos, europeísmos de la UE y otros intentos de disolución.

No se sabe con certeza si será desde la izquierda o desde la que algunos llaman extrema derecha de donde vendrá, empezando por PARIS, el viento fuerte que , a lo mejor, pasando por ATENAS derribe el triste teatro de mercaderes, usureros y especuladores que desde un año antes del MOVIMIENTO DE ARGEL, Tratado de Roma de 1957, ha intentado y en buena parte lo ha logrado mantener a los pueblos del Continente, mudos, marginados de la conducción de los asuntos públicos que les afectan, cediendo el poder a los grupos de menor calidad ética existentes.

Esperemos que tal vez en algún día de otro Mayo, también fue Mayo el 68, surjan con potencia las grandes directrices que conduzcan de verdad a eso que se desea y que muy bien pueden llamarse OTRAS FORMAS DE HACER POLÍTICA, más allá de los tópicos y otras descalificaciones baratas (económicas por supuesto) .

José Ramón Montes

Madrid 14 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

Europa sin Grecia

 

 

¿El futuro de la UE?

 

 

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 10 MAY 2012 - 19:39 CET

La salida se produciría en el peor momento, cuando la posibilidad de contagio a otros países es mayor

Esta Europa no da un respiro, como si odiara la previsibilidad que durante tantas décadas hizo que la gente no le prestara la más mínima atención. Apenas unos días después de que la victoria de Hollande en Francia abriera una rendija de esperanza, nos encontramos de bruces con los dos problemas que definen esta crisis. Por un lado, la fragilidad de los sistemas políticos, que como vemos en Grecia se autodestruyen en el empeño de convencer a sus ciudadanos de que se sometan a una austeridad sin límite ni perspectiva y que sean ellos los que soporten en solitario el peso principal de la crisis. Por otro, como estamos viendo en España, la fragilidad de partes importantes del sistema financiero, fruto de una década de exceso de liquidez, mala gestión y peor supervisión. Esas dos fragilidades se suman y se retroalimentan llevándonos a una situación insostenible: en Grecia, porque la perspectiva de una renegociación de los términos del paquete de rescate supone situarse en el umbral de la salida del euro; en España, porque la condición absolutamente necesaria para que funcione esa combinación de reformas y recortes que constituye, hoy por hoy, la única agenda del gobierno es que tenga lugar en un marco de estabilidad financiera y confianza exterior.

Tanto para mantener

a Grecia dentro del euro como para evitar que una eventual salida produjera una reacción en cadena que afectara a España, los gobiernos de la eurozona tendrían que tomar medidas de gran calado. Esas medidas deberían asegurar a los mercados bien que Grecia tiene un futuro dentro del euro o bien que su salida sería un hecho aislado. Pero como no ven a los líderes europeos levantando los cortafuegos necesarios, los mercados no se creen ninguna de esas afirmaciones. En ese pesimismo preocupante han empezado a coincidir muchos dentro de las instituciones europeas al percibir hasta qué punto Grecia y Alemania han llegado al límite de sus esfuerzos: a un lado, tenemos la fatiga de austeridad griega; a otro, la fatiga de solidaridad alemana.

Es imprescindible recuperar el aliento y tomar perspectiva: una salida de Grecia del euro sería un desastre de primera magnitud, para los griegos y para el resto de los miembros de la eurozona. Además del deterioro aún mayor en las condiciones de vida de los griegos, los partidos extremistas se harían todavía más fuertes. Aunque formalmente Grecia no saliera de la Unión Europea, su salida afectaría a todas las políticas en las que se basa su pertenencia a la UE, especialmente en lo referido al mercado interior por lo que, en la práctica, sería como una salida de la UE.

Las consecuencias serían también geopolíticas: precisamente cuando, después de una turbulenta historia, la UE intenta atraer a su seno a los Balcanes Occidentales y se dispone a admitir a Croacia, la salida de Grecia del euro abriría un nuevo frente de desgobierno y fracaso estatal en una región bastante complicada. Psicológicamente, los griegos identificarían el proyecto europeo con un fracaso por lo que, lógicamente, querrían alejarse de él. Para colmo, la deseuropeización de Grecia podría dar alas a las voces y fuerzas antioccidentales que históricamente han sido más fuertes en ese país que en otros vecinos del sur de Europa como España, Italia o Portugal, lo que podría tener repercusiones importantes en materia de seguridad, bien mediante un cuestionamiento de la pertenencia a la OTAN o vía un auge del nacionalismo y de las tensiones con Turquía y Macedonia.

Para el resto de Europa, las consecuencias no podrían ser peores. El eufemismo de moda (una salida controlada), esconde una esperanza bastante cínica de que los griegos fueran los únicos afectados. En la práctica, sin embargo, esa salida se produciría en el peor momento ya que Portugal, Italia y España están en el punto de máxima vulnerabilidad, pues los recortes han hecho el máximo daño, las reformas todavía no han tenido resultados y el paquete de crecimiento todavía no ha llegado a la mesa. En otras palabras, la salida de Grecia se produciría en el peor momento, que es precisamente aquél en el que su factor de contagio sería más alto y su probabilidad de aislamiento más bajo.

La Comisión Europea tiene en el cajón y está desempolvando a toda prisa la batería de medidas para estimular el crecimiento que podrían tener un importante impacto para introducir algo de esperanza en el horizonte. Se trataría de un cóctel donde se mezclarían fondos estructurales, préstamos del BEI y algo de flexibilidad en la aplicación de los objetivos de reducción del déficit. Pero con el ojo puesto en Grecia, el optimismo que ha sucedido a la victoria de Hollande y que ha hecho que en Bruselas se respire un aire completamente distinto tiene que convivir con una duda muy incómoda: ¿y si Hollande hubiera llegado demasiado tarde?

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sábado, 17 de marzo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

EURODESENCANTO

COMISION EURO
EDIFIO DE LA COMISION EUROPEA EN MADRID
AUTOR CLAUDI PÉREZ

La crisis ya no es solo económica, sino también política, social y de identidad.

El proyecto de unión nacido de la posguerra languidece

“Europa es una pesada carga que nuestros padres nos ataron a los tobillos por culpa de nuestros abuelos”. Un joven estudiante alemán pasea todo ese tormento a sus espaldas en el Instituto Universitario Europeo, en Florencia. A mil kilómetros de allí, en un pequeño restaurante próximo a la Comisión Europea de la capitalísima Bruselas, un alto funcionario de un país del Sur sentencia que la UE “ya es, o debería ser, una organización internacional como la OCDE o el Fondo Monetario Internacional; ni más ni menos”.
Ese euroburócrata y el universitario no se conocen, y sin embargo comparten una sensación que recorre el continente de arriba abajo, como una larga cicatriz. El eurodesencanto, convertido en algunos lugares en un irritante euroescepticismo —el de los movimientos nacionalpopulistas que tienen el viento a favor en varios países—, es la penúltima estación de esta crisis que ya no es solo económica, sino también política y social, de identidad y de modelo; una crisis invasiva, cancerígena, omnipresente. Para combatirla, Europa se mueve, pero solo cuando tiene el agua al cuello y siempre arrastrando penosamente los pies. Europa, en fin, tiene gripado el motor, el relato compartido que sostuvo durante tres generaciones el proyecto de posguerra de la integración europea. Ha perdido el hilo. Y tiene difícil recuperarlo porque su genética es controvertida y sus dudas sobre sí misma cada vez mayores.
“Ya no se puede convencer a los jóvenes de que la UE es imprescindible para evitar otra guerra. Hay una generación para la que eso ya no vale. Necesitamos nuevas razones”, ha dicho esta semana el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble. Durante un tiempo, el recuerdo de la guerra total fue un impulso determinante para construir Europa; después, la economía y la moneda fueron el hilo del que tiró la política para coser las costuras de la Unión. Al cabo, unión monetaria y moneda única exigen una enorme confianza mutua: nadie vende nada a cambio de un billete si no confía de veras en ese pedazo de papel.
Esa imprescindible confianza se ha desmoronado.

Europa se mueve, pero solo lo hace con el agua al cuello y arrastrando los pies
Una idea de Europa se está apagando. Antes y después de la introducción del euro la UE fue un foco de atracción para muchos países que veían en Europa un modelo atractivo, el de la economía social de mercado, el del Estado de bienestar, el de valores como la prosperidad y la modernidad. La crisis económica es ahora la crisis de esos valores. “Y coincide con la emergencia de los tópicos más baratos, con esa guerra dialéctica entre un Norte supuestamente trabajador y ahorrador, y un Sur vago y despilfarrador. Sin líderes políticos capaces de construir otro discurso, y con Alemania tratando de imponer su modelo, la legitimidad del proyecto europeo se convierte en un envoltorio de cristal, frágil y vulnerable”, asegura Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo.
El optimismo de hace 10 años choca con la desmoralización actual, que es hija de esta crisis marcada por la desilusión y el miedo, la ausencia de un liderazgo fuerte, una toma de decisiones diabólicamente ineficaz. Todo eso deja “la sensación de haber pasado del cielo al infierno sin pasar por el purgatorio”, resume una fuente comunitaria. En realidad ese purgatorio existe: Grecia y sus más de dos años de martirio. La crisis griega, convertida después en crisis existencial del euro, es la constatación de que la economía determina en última instancia todo lo demás. Y la enfermedad económica europea es en realidad un cuadro clínico en el que hay varias dolencias que se retroalimentan: daños en el sistema circulatorio (la banca); daños en el sistema nervioso (la toma de decisiones, entre Bruselas y el directorio Merkozy); daños causados por el colesterol (exceso de grasa en la deuda pública y, sobre todo, privada), y últimamente anemia (estancamiento o camino de la recesión en todo el continente). A eso hay que sumarle esa dolencia asintomática, la pérdida del espíritu europeísta, y los efectos secundarios del tratamiento equivocado contra esos males, como consecuencia de un diagnóstico más que discutible.
Europa se ha recetado a sí misma austeridad en vena, prescrita por Berlín e inyectada vía Bruselas. Los mandarines del euro creen que el primer problema, la gran causa de la crisis, es fiscal. No solo en Grecia: en toda Europa. Y como tal, pretenden acabar con ella a base de recortes. No está claro, nada claro, que eso sea así: Paul Krugman, Joseph Stiglitz y compañía son los más beligerantes contra ese diagnóstico y la consiguiente cura; hasta el FMI, que solía estar justo al otro lado del tablero ideológico, ha alertado contra los excesos a la hora de declinar el verbo recortar.

La confianza entre los socios de la moneda única se ha desmoronado
Los efectos secundarios de la austeridad son conocidos. A la corta, sobre todo si se aplica en todas partes a la vez y en un entorno de excesivo endeudamiento de todos los agentes —Estados, bancos, empresas y ciudadanos—, el resultado es más debilidad económica, que se acaba trasladando a la banca (vía morosidad) y a la deuda pública (más dudas acerca de la capacidad de pago de los países: sin crecer es imposible pagar). En fin: hay quien compara los recortes con las sangrías de los matasanos del medievo.
El desafío es considerable: salvando las distancias, el continente “corre el riesgo de romperse por tercera vez en un siglo”, esta vez sin tanques ni aviones, con los mercados financieros como única artillería, explica con un punto catastrofista —tan de moda últimamente— Edwin Truman, del Peterson Institute. El coste de esa ruptura del euro, a pesar de las Casandras, es tan elevado que lo más probable es que no se produzca. Siempre con lentitud y siembre a golpes, Europa ha ido avanzando en la dirección correcta (regulación financiera, pasos adelante en la unión económica) y ha conseguido cosas impensables hace dos años. El camino es largo y oscuro: los argentinos saben que a veces la luz al final del túnel engaña y no es más que un tren de mercancías que se dirige hacia nosotros a toda velocidad. En ese trayecto hay media decena de estaciones fundamentales.
La banca. Prólogo y epílogo de la crisis. El prefacio de la versión europea de la Gran Recesión contiene toda la historia, como las primeras frases de las grandes novelas. En el principio fue la crisis financiera. Por diversas causas: porque algunas entidades metieron las zarpas en las hipotecas basura de EE UU (la banca alemana), por las burbujas inmobiliarias (Irlanda, España y de nuevo Alemania, cuyos bancos financiaron esas burbujas en la periferia), o porque las entidades estaban hasta las cejas de deuda pública europea, el que hace dos años era uno de los activos más seguros del mundo, y cuyo deterioro ni Bruselas ni el tándem Berlín-París son capaces de detener. Es difícil parar ese círculo vicioso entre crisis bancaria y crisis de deuda soberana porque el análisis sigue basado en la premisa equivocada: que esta es una crisis causada por el exceso de deuda pública. Falso, salvo en el caso griego. España e Irlanda tenían superávits fiscales (frente al déficit alemán) antes de los problemas.

El optimismo
de hace 10 años
choca con la desmoralización
En fin, el prólogo de la Gran Recesión fue la crisis financiera; el epílogo probablemente también lo será. Al cabo, ahí, en los balances de los bancos, siguen larvados los excesos de todos los agentes económicos, que durante años minusvaloraron los riesgos asociados a una economía cada vez más financiera: es decir, más arriesgada y más difícil de controlar. Luego vino todo lo demás. Purgar esos excesos durará años.
La deuda pública y el poder de las historias. Todo se arregla con historias”, dice Luis Landero en uno de sus libros. Todo se arregla, o todo se va al garete con ellas. En el caso de Europa, el problema de la deuda es variopinto: el storytelling del caso de Grecia es muy distinto del de Portugal e Irlanda o el de España e Italia. Pero Grecia, apenas el 2% del PIB europeo, es una especie de arquetipo de ese drama en capítulos que es la crisis europea y de los merados financieros.
Una manada de búfalos corre lo que corre el búfalo más débil; si los lobos ven que pueden atacar a ese búfalo, la veda está abierta para el siguiente (Portugal), para todos los demás. Eso es, poco más o menos, lo que ocurre en Europa. Grecia tiene un problema de solvencia. La deuda ya se le ha ido de las manos. Lleva cuatro años de recesión, el paro crece a toda velocidad, el dinero huye de allí, los bancos sobreviven solo por la respiración asistida del BCE. Los mercados (los lobos) observan cómo Europa es incapaz de lidiar con el problema griego, han olido sangre y atacan por ahí. Al primer rescate le siguió un segundo plan de ayuda, y en Alemania se habla ya de un tercero: ni siquiera los 130.000 millones de euros del programa aprobado recientemente, que incluye la participación de la banca en la reestructuración de la deuda griega, eliminan los riesgos de que la solución al problema se siga tejiendo y destejiendo una y otra vez, como el mito de Penélope.

El prólogo de la Gran Recesión fue financiero; el epílogo también lo será
Frente a las soluciones extremas (solidaridad total o dejar caer a Atenas), la UE prefiere una solución intermedia. Hay buenas razones tras esa decisión: políticas (Grecia engañó a sus socios y su salvamento crea una especie de dilema moral en países como Alemania), ideológicas (no hay rescate sino créditos, aunque al menos ahora en buenas condiciones, pero la financiación no llega si Grecia no hace lo que se le ordena: un consenso de Berlín basado en austeridad y recortes). Incluso hay buenas razones económicas: un salvamento en toda regla provocaría que otros países, como Portugal o Irlanda, quisieran lo mismo; lo contrario, dejar caer a Grecia, podría provocar un efecto contagio jupiterino: un momento Lehman. Los analistas consideran que Europa se ha rearmado y que está mejor preparada que hace unos meses para contener ese huracán. Pero cuidado. Como decía el liberal Rudi Dornbusch, “los desequilibrios, en economía siempre duran más de lo que se espera y siempre se corrigen de forma más brusca de lo previsto”.
La economía en declive. España como piedra de toque. A una crisis provocada por un excesivo endeudamiento privado que acaba convirtiéndose en público los Gobiernos responden con políticas de austeridad: el resultado es una peligrosa recesión. Esa es la historia reciente de Europa, pero así sucedió también en Japón en los noventa y ese país lleva 20 años en hibernación. El mismo debate tuvo un tal John Keynes con el Tesoro británico en los años treinta del siglo pasado. La historia no se repite, pero vaya si rima: la economía europea se recuperó del batacazo de Lehman Brothers vía estímulos, pero en ese momento empezó el miedo en el mercado de deuda, Alemania decretó recortes y el PIB europeo se contrajo el 0,3% en 2011. Italia, Holanda, Bélgica, Grecia y Portugal ya están en recesión; España e Irlanda, rozando el larguero. Y España vuelve a ser la frontera del euro: los analistas afirman que si Bruselas insiste en la senda de reducción del déficit que ha impuesto (en España, del 8,5% de 2011 al 4,4% este año: 40.000 millones), la segunda Gran Contracción —como la denominan Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart— no hará más que agravarse.
“Alemania impuso hace más de 10 años un régimen de contención de los salarios y una flexibilización del mercado laboral casi violentos: eso explica su boom exportador y buena parte de los desequilibrios que emergieron en casi toda Europa. Contra eso, la única respuesta de la UE es la austeridad generalizada. Trabajad y ahorrad como nosotros, parecen decir los alemanes. Sacrificaos: los mercados siempre tienen razón y han decretado deflación para España, para todos. Pero los mercados no siempre tienen razón. Si se equivocaron durante años financiando a Grecia a los mismos tipos de Alemania, ¿qué garantías hay de que ahora estén acertando? ¿Toda Europa debe ser como Alemania?”, se pregunta Paul de Grauwe, de la London School of Economics. De Grauwe es extremadamente crítico con Berlín: “El elemento clave que introduce el elemento alemán es represivo. Instala una visión muy negativa, la de una UE basada solamente en la disciplina. Con ese único ingrediente, el proyecto europeo puede funcionar. La solidaridad permitiría aceptar esa disciplina, pero en Berlín esa es una palabra tabú”, concluye.

El caso español va a ser un examen definitivo de las nuevas reglas fiscales
El caso español va a suponer un examen definitivo para todas esas reglas aprobadas por la presión alemana a pesar de que la realidad desmiente una y otra vez que esa sea la salida. “La ideología que está detrás de los recortes es demencial: recortar 40.000 millones en un año para cumplir las reglas a rajatabla, como se le pide a España, es un suicidio. Si esas son las reglas, habría que cambiarlas: son estúpidas. Es lógico que el Gobierno de Rajoy trate de limitar los daños. El problema fundamental es que el núcleo directivo de Europa no asume que esa píldora sin anestesia es contraproducente”, sostiene Borrell.
España ha vuelto al centro de la diana. “La Comisión está elevando el tono con Madrid, en parte porque Madrid no ha hecho las cosas nada bien, aunque lo que pide Rajoy tiene toda la lógica. Pero esto no va de lógica: Bruselas tiene la última palabra sobre las metas de déficit y de momento, aunque no haya sanción, es preocupante el estigma que eso puede suponer para la prima de riesgo y la financiación exterior española”, dice una fuente diplomática. “Es un momento muy delicado porque Europa se juega la credibilidad de sus reglas, y puede que esas reglas sean absurdas, pero España se juega mucho más”.
Eurobonos y el puente sobre el río Kwai. El problema más acuciante sigue siendo Grecia. Hay una especie de consenso entre los economistas: el último plan de salvamento sirve para ganar tiempo, pero el problema sigue ahí, latente. Si Europa pretende que Grecia sea un caso único debe acelerar la construcción de un cortafuegos potente para evitar el contagio. Y para más adelante, debe construir un mecanismo de solidaridad creíble, algo parecido a lo que permite que EEUU pague primas de riesgo como las de Alemania pese a tener un déficit como el de España, una deuda como la de Italia y algunos Estados (California) con situaciones a la griega.
La solución son los eurobonos. Pero no es tan fácil: en economía no hay comidas gratis. Si hay que mutualizar la deuda, no basta con una política monetaria común; también hay que armonizar las políticas fiscales, y eso lleva su tiempo, y sobre todo exige un cambio del mobiliario sociopolítico en muchos lugares, con los viejos Estados-nación resistiéndose, como siempre, a ceder soberanía. Alemania se opone a los eurobonos porque argumenta (con muy buenas razones) que pasará mucho tiempo antes de que llegue la deseada armonización fiscal.
Pero si los eurobonos son la otra orilla del río, el Banco Central Europeo (BCE) tiene que ser el puente que permita a Europa llegar hasta ellos sin ahogarse. El BCE está funcionando para los bancos: la barra libre de liquidez a tres años ha sido fundamental para evitar un accidente, para explicar el remanso de paz de las últimas semanas. Pero el Eurobanco no pone el mismo énfasis en salvar a los bancos que a los Estados. Ha comprado bonos, pero a regañadientes por las resistencias de Berlín. Y ha tenido que idear una fórmula imaginativa para que con ese dinero sean los bancos quienes compren la deuda europea y sorteen así el dogmatismo y la ortodoxia del Bundesbank, que aun así no ha ahorrado críticas al BCE, probablemente la institución que más ha hecho porque el club del euro se sostenga en pie.
Posdemocracia, camisas de fuerza y otros monstruos. Las grandes crisis económicas son movimientos tectónicos que aceleran el declive de unos imperios y la emergencia de otros. Y suelen acarrear terremotos políticos, sociales, de todo tipo. La legitimidad democrática es una de las grandes críticas que ha recibido la UE desde siempre, y esa crítica es hoy más actual que nunca: la gran preocupación de muchos europeos son los límites externos, las camisas de fuerza que impone la Comisión Europea —cuyos comisarios no pasan por las urnas— a los Gobiernos nacionales. Las secuelas en las relaciones entre economía y democracia son uno de los motores del eurodesencanto: la política se ha convertido en algo que los mercados (y algunos eurócratas) ven como un riesgo potencial (La fragmentación del poder europeo, J. I. Torreblanca).
Lo que algunos analistas llaman posdemocracia gana peso en Europa: el presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, ha advertido al Gobierno tecnocrático de Italia que “no tiene tiempo” de pensar en convocar elecciones. La Unión presiona también para que Grecia retrase los comicios, y ha llegado hasta el extremo de obligar a todos los partidos a firmar un documento en el que se comprometen a no revocar los recortes si ganan las elecciones: sea cual sea el programa electoral con el que se presenten. La Comisión amenaza con sanciones a algunos países por no meter la tijera, pero no serán los comisarios quienes se presenten a las elecciones si el recorte no sale como se esperaba. Todo ello es fruto de un estado de excepción permanente, en lo económico y probablemente también en lo político, que no hace más que alimentar ese mal posmoderno que es el eurodesencanto.
En su monumental Posguerra, Tony Judt hablaba de la “respuesta hiperbólica” europea hasta hace poco: “Resulta comprensiblemente tentador narrar la historia de la inesperada recuperación europea a partir de 1945 en clave autocomplaciente o incluso lírica. Al igual que muchos mitos, ese milagro encierra un mínimo elemento de verdad, pero deja fuera la mayor parte”. Con la crisis, el péndulo ha cambiado y está justo al otro lado: el pesimismo acerca de Europa, ese eurodesencanto, está tan sólidamente incrustado que va a costar mucho tiempo y esfuerzo despejarlo. Europa, la vieja utopía factible, corre el riesgo de parecer hoy un poco menos factible, incluso para quienes hicieron del europeísmo una segunda piel. Pero quién sabe.
Fuente “El País Negocios” 11 de marzo de 2012

martes, 4 de octubre de 2011

LA ECONOMÍA Y LOS ZANCOS

 

 

ZANCOS DE MADERA

JOSÉ RAMÓN MONTES GONZÁLEZ, GEÓGRAFO URBANISTA


Los zancos, esos viejos y rudimentarios artilugios de las fiestas pueblerinas, consiguen que la estatura de las personas que se los calzan, aumente en gran manera de modo que
un “retaco”, se convierta en un buen mozo, y un encogido en un bigardo y goce por un rato de algo que no tiene de verdad, esa estatura es un engaño, por ingenuo y pueril que
aparezca. Quien marcha sobre zancos anda con torpeza y tiene el peligro de caer al menor tropiezo y romperse las narices contra el enlosado, haciéndose daño y
exponiéndose además, a la cruel prueba del ridículo, salvando quizás a los jóvenes del municipio riojano de AGUIRIANO que saben andar con dignidad sobre esos palos
festivos.
Pero resulta que algunos, muchos políticos, incluso de los más importantes gustan de ponerse zancos y con ellos aparecer ante los medios de comunicación, ante la opinión
pública exhibiendo una estatura que no tienen. ¿Cuáles son esos zancos?, pues son y consisten en los enrevesados, tecnocráticos e ininteligibles párrafos de los lenguajes de la ECONOMÍA, y en los lugares y foros económicos desde los que emiten sus altas peroratas. Pero como ellos bien saben, aquello de que NADIE ES PROFETA EN SU
TIERRA, se calzan sus zancos cuando están fuera de su país o hablan para el mundo
global o para el evanescente ámbito europeo que no se sabe ni donde empieza ni donde termina.
Dos ejemplos de estos tiempos vienen a corroborar esta situación algo cómica y algo trágica y son ni más ni menos que los de la canciller de Alemania ÁNGELA MERKEL y del Presidente francés NICOLÁS SARKOZY. Estos altos dignatarios hablan desde la COMISIÓN EUROPEA o desde el poderoso BCE y amenazan al pueblo griego o los portugueses o a nosotros con medidas y más medidas, con recortes y austeridades y
`predican con unción la sacralidad del euro en cuyo altar hay que ofrecer sacrificios innumerables y cada vez más dolorosos.
Más, he aquí que de puertas adentro en sus naciones respectivas no encuentran los vistosos palos y han de marchar “a pied nu”como se dice por Francia y resulta que en la
rica Alemania, MERKEL viene perdiendo elección tras elección antes de ayer en el poderoso Land DE BADEN WÜRTENBERG y ayer a la pequeña tierra de
ANTEPOMERANIA. Claro que en ATENAS no le deben votar y así se puede mostrar como la gran emperatriz del rigorismo, pero las gentes alemanas se permiten la audacia de darle un NO POLÍTICO, un rechazo ciudadano por las escuelas que disminuyen, porque los viejos tiene menos residencias o porque en la estación del pueblo hay menos
trenes de cercanías, esos electores no respetan los zancos, exigen sus derechos.
El domingo 25 de septiembre, el otro gran usuario de los zancos económicos, el otro polo del pretendido EJE (por cierto que lo de EJE trae malos recuerdos), NICOLAS
SARKOZY, perdió el Senado castigado por esa FRANCIA PROFUNDA que el 29 de marzo de 2005 ya supo decir que NO a lo de la Constitución Europea. Cuando andan por sus respectivas tierras se ven obligados a aparecer como lo que son, como unos
POLÍTICOS con toda la grandeza y la miseria que tiene este concepto y dentro del duro oficio de hacer política se ven expuestos a esos avatares de lo que aún queda de
democracia. De ahora en adelante casi con toda seguridad tratarán de ponerse unos zancos económicos más aparatosos y hablar desde la mítica BRUSELAS donde nadie
exige nada y seguirán ordenado restricciones, recortes austeridades y sacrificios en nombre del famoso rigor económico que tanto se va pareciendo el RIGOR MORTIS
que se usaba en el lenguaje latino de las facultades de medicina del siglo XVI
Seguramente la FIESTA ESTÁ ACABANDO y si no hay fiesta en el pueblo es ridículo seguir con los feos zancos

martes, 27 de septiembre de 2011

Ha llegado la hora de la “desmundialización”



20 Septiembre 2011
La desmundialización no es un concepto rígido, sino dinámico, y se puede traducir en una serie de medidas políticas prácticas, tales como, entre otras, las propuestas de los autores anteriormente citados y que no se limitan a la necesidad de un proteccionismo europeo. Su “combustible” es la exigencia democrática de recuperar la soberanía popular en el espacio en que pueda ejercerse realmente para regular los flujos económicos y financieros.
Bernard Cassen, Comité de Apoyo de Attac España, mediapart.fr, Traducido para Rebelión por Susana Merino
Frente a un nuevo fenómeno, las palabras se apresuran a nombrarlo hasta que alguna de ellas termina por imponerse. Es lo que sucedió en francés con el término “altermundismo”. Entró en el campo político entre el 2001 y el 2002. Nombrando a la nebulosa mundial de organizaciones y de redes que poco a poco se fueron reconociendo en el eslogan de los Foros Sociales Mundiales “Otro mundo es posible” adoptado por la organización Attac (creada en junio de 1998) surgida de un artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique de mayo de 1998. Se halla íntimamente vinculada a momentos de alta visibilidad mediática como fueron los Foros, desde el realizado en Porto Alegre en 2001 y las grandes manifestaciones contra la OMC, el FMI, el Banco Mundial, etc. desde Seattle en diciembre de 1999.
El “Altermundialismo” sucedió al “antimundialismo”, concretando el paso desde una posición de simple rechazo a la mundialización liberal a la proposición de políticas alternativas. Una manera de contradecir el famoso TINA (There is no alternative) de Margaret Thatcher.
En enero de 2008, la revista Utopie critique y Mémoire des Luttes propusieron el concepto de “post-altermundismo” (2) destinado a designar a las posibles articulaciones entre movimientos sociales, partidos y gobiernos progresistas en pos de objetivos precisos, como la lucha contra el cambio climático. La cumbre de Cochabamba, convocada por el presidente boliviano Evo Morales en 2010, constituye un buen
ejemplo. El post-mundialismo no se opone al altermundismo: es solo una de sus posibles derivaciones.
Un concepto nuevo y que molesta
Y he aquí que acaba de hacer irrupción en el léxico político francés un nuevo concepto aunque alineado sin embargo al anterior: el de “desmundialización”. Se ha desarrollado en por lo menos tres libros recientes: el de Georges Corm, “Le nouveau gouvernement du monde” (La découverte 2010), “ La démondialisation” (Seuil 2011) de Jacques Sapir y el de Armand de Montebourg “Votez pour la démondialisation” con prefacio de Emmanuel Todd (Flammarion 2011). Estos dos últimos autores remontan el concepto al filipino Walden Bello, figura señera de los Foros sociales mundiales en su libro titulado “Démondialisation: Ideas for a New World Economy” editado en 2002. También había sido propuesto ya por el autor de estas líneas en un artículo publicado en noviembre de 1996 publicado en “Manière de voir” , publicación bimestral de Le Monde diplomatique. En esa época todavía no había aterrizado en el debate público (3) . Las palabras también deben esperar a que les llegue su hora… y parece que la de desmundialización ha llegado.
Por si quedaran dudas, solo es preciso ver las virulentas reacciones que este concepto a suscitado en sectores esperados ( los liberales superobedientes) pero también en otros en los que no se esperaba (algunos altermundistas de Attac). La razón en ambos casos es la misma: en la medida en que Arnaud Montebourg la convierte en voz de orden de la campaña de las “primarias” del Partido Socialista en relación con la designación de su candidato para el Elíseo, el tema de la desmundialización queda confinado a los debates de la izquierda crítica para instalarse en el panorama electoral y adquirir una legitimidad y una “respetabilidad” política que supera el círculo de los convencidos.
Uno podría preguntarse si no es esa la razón por la cual, en una publicación del 6 de junio de 2011 del sitio de Mediapart titulada “Desmundialización y altermundismo son dos proyectos antagónicos”, nueve miembros del Consejo Científico de Attac – es decir las principales figuras de la dirección de la asociación han creído poder afirmar en tono polémico y sentencioso que la “desmundialización” es “un concepto superficial y simplista” Sin dudar, de paso, en poner en escena el torpe -y escandaloso– artificio de una pretendida convergencia con las tesis del Frente Nacional.
Sin nombrarlos ni citarlos se apoyan, travistiéndolos, en las tesis de Jacques Sapir, Arnaud Montebourg y Emmanuel Todd. Lo que les valió la réplica de un nuevo interlocutor Fréderic Lordon: uno en el blog de Le Monde diplomatique “Quién tiene miedo a la desmundialización” (4) ; el otro en el número de agosto de 2011 del semanario “La démondialisation et ses ennemis”
Detrás de una palabra, una orientación estratégica
Contrariamente a lo que afirman los dirigentes de Attac, altermundialismo y desmundialización no son conceptos antagónicos, sino que pertenecen a la misma familia. En el primer caso se trata de un haz de reivindicaciones y de diferentes propuestas (debido a la heterogeneidad de los protagonistas) y cuyo principal denominador común, como si puede reconstituir desde afuera es el imperativo del acceso universal a los derechos (5) .
La desmundialización es una orientación estratégica que tiende tanto mediante acciones políticas (elecciones, instituciones y gobiernos) como ciudadanas (luchas de los movimientos sociales especialmente) a recuperar concretamente la esfera económica y financiera que las instancias políticas les ha entregado deliberadamente y que son la causa de la actual crisis sistémica del capitalismo. Sin esa orientación prácticamente ninguna de las propuestas altermundistas tiene posibilidades de lograr éxito.
El objetivo de la desmundialización puede formularse muy simplemente, pero de otro modo sería difícil de alcanzar: tender a que el entorno de la toma de decisiones democráticas coincida lo más posible con la capacidad de regular los flujos económicos y financieros. Lo que plantea el tema de la instancia del espacio nacional.
Lo nacional: una palanca y no un “repliegue”
Aunque sea necesario establecer objetivos convergentes para las movilizaciones sociales a escala regional (europea en el caso de los europeos) y mundial, ese escenario por ahora solo es nacional. Es necesario disponer de todas las potencialidades aprovechando las fallas y las debilidades del adversario. Y eso sin dejarse impresionar por las denuncias de “unilateralismo” trivial de una parte de la extrema izquierda y del movimiento altermundialista y que remite todo cambio en Francia a las calendas europeas o mundiales, es decir a un futuro que se sabe que no llegará. Después de todo el 29 de mayo de 2005, los ciudadanos franceses no esperaron para votar “no” a que lo hicieran los demás.
Todas las experiencias de rupturas concretadas en estos últimos años han demostrado que no es en los niveles mundiales o regionales, sino a nivel nacional, como ha sido posible alcanzar algunos cambios y aún lograr algunas victorias. Ya sea por el accionar de los gobiernos apoyados por los movimientos sociales (como en América latina) o por la presión sobre los Estados de los movimientos populares capaces de movilizar a los pueblos (como en el mundo árabe).
Los tres motores de la mundialización liberal, promovidos igualmente por los tratados europeos como estatuto de “libertades fundamentales” son la libertad de circulación de capitales, la libre inversión y el libre comercio de bienes y de mercancías. Y esto no solamente en la UE sino también entre la UE y el resto del mundo. Esos son los tres motores que es necesario atrapar y someter al control democrático.
El neoliberalismo ha definido el territorio de sus intervenciones: todo el planeta, sin fronteras de ningún tipo. Lo importante es saber si para combatirlo debemos ubicarnos en el mismo terreno o si es necesario elegir otros y en lugar de una guerra de trincheras a nivel mundial, desarrollar una guerra en movimiento, como una guerrilla en los primeros escalones. Todo depende de la relación de fuerzas.
Precisamente para ganar ventaja se crearon las organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI, la OMC, la OCDE, así como las demás instituciones Europeas y sin olvidar al G-7,G-8 o G-20. Saben que no tienen estrictamente nada que temer de una eventual confrontación con sus adversarios en ese nivel. Pueden hasta darse el lujo de “dialogar” públicamente con ellos como lo hicieron algunos de sus miembros en oportunidad de la teleconferencia debate “Porto alegre contra Davos” que se organizara
en el primer Foro social mundial de 2001 y en la que participó personalmente el megaespeculador George Soros.
En cambio los “habitués” de Davos no se arriesgarían a algo similar a nivel “regional” por ejemplo, europeo, ¿sería imaginable un diálogo televisado entre Carlos Ghosn y el comité de la empresa europea Renault? Y menos aún a nivel nacional, es decir allí donde la capacidad militante puede ser realmente movilizada (6) Las fuerzas del capital comprendieron perfectamente que una compulsa social en un Foro mundial perdería rápidamente su fuerza a medida que se fuera alejando de su “epicentro” para haber desaparecido prácticamente al llegar al nivel nacional.
La experiencia nos enseña inversamente que las luchas sociales y políticas en un determinado país pueden producir contagio en otros y así regionalizarse e internacionalizarse. Es lo que han demotrado las sublevaciones árabes, partiendo de la situación tunecina y las manifestaciones en masa contra las desigualdades en Israel directamente inspiradas en los indignados de la Puerta del Sol -y la rueda se cierra- réplica de las ocupaciones de las plazas públicas en Túnez y el Cairo…
Lo “nacional” no es de ningún modo un sustituto de lo “internacional” o de lo “europeo”. Lejos de constituir un “repliegue” es por el contrario una condición previa de una estrategia del débil contra el fuerte. No se comprende que tales evidencias avaladas por los hechos, escapen a la comprensión de los “anti-desmundializacion” que plantea la izquierda crítica, especialmente en una parte del altermundialismo-
La desmundialización no es un concepto rígido, sino dinámico, y se puede traducir en una serie de medidas políticas prácticas, tales como, entre otras, las propuestas de los autores anteriormente citados (7) y que no se limitan a la necesidad de un proteccionismo europeo. Su “combustible” es la exigencia democrática de recuperar la soberanía popular en el espacio en que pueda ejercerse realmente para regular los flujos económicos y financieros.
En teoría son posibles dos soluciones extremas: o bien “renacionalizar” los flujos para que respondan a una voluntad política nacional expresada a través del sufragio universal –cuando existe– o ampliar a todo el planeta el espacio público democrático con objeto de realizar un control efectivo sobre los ya mundializados. Se ve que ninguna de estas dos posiciones es íntegramente sustentable. Por un lado, existen efectivamente una cantidad de dominios –no solo el de la lucha contra el cambio climático– que por naturaleza exceden los límites fronterizos y por el otro un gobierno mundial con todas las competencias de un ejecutivo nacional del presente que no resulta previsible en un tiempo histórico demasiado próximo. Se trata por lo tanto de jugar dentro del marco de las soluciones extremas e intermedias.
Las soluciones intermedias pueden adoptar dos formas. Se puede construir lo internacional a partir de los Estados constituidos, es decir ir poniendo gradualmente en común fragmentos de soberanías nacionales que formen parte de temas libremente delegados y decididos, limitados, controlados, y revocables en condiciones previamente acordadas.
El otro término alternativo, consiste en hacer evolucionar a los cuadros estatales para incluir mayores conjuntos de soberanía popular. Es necesario no confundir esta idea con
la de los agrupamientos regionales basados en el libre comercio y la “competencia libre y no falseada”. Lo que hace la diferencia es la existencia o no de mecanismos de regulación política con bases democráticas que hagan contrapeso al mercado.
La Unión europea (UE), que teóricamente habría podido entrar en esta categoría, al contrario es un agente activo de de la mundialización neoliberal, una verdadera máquina de liberalizar. Por lo tanto un terreno muy extenso para una contraofensiva desmundializadora.
Una “Grenelle”(8) de la UE para hacer saltar el cerrojo europeo
En la medida en que las decisiones europeas sobresalen y enmarcan todas las demás y que el 57% de los textos que nos gobiernan no son más que actos legislativos decididos por instancias de la Unión, la cuestión europea se sitúa en primera línea en todo proceso de desmundialización.
En la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales y legislativas francesas, el ciudadano debe saber que márgenes de acción se darán tal o cual partido para poner en marcha un verdadero programa de transformación social, incompatible por lo tanto con el tratado de Lisboa.
En el caso de que las instituciones europeas establezcan un cerrojo, ¿estarán o no dispuestas a tomar decisiones unilaterales de ruptura (9) o por lo menos a amenazar con tomarlas en plazos próximos y previamente anunciados con el objeto de obligar a una negociación? La reacción que habría de esperar de la Comisión y de la Corte de Justicia y de la mayor parte de los dirigentes europeos podría ser rápidamente contrarrestada y aún ir más allá mediante la vinculación de numerosos movimientos sociales de otros países que presionarían a la vez sobre sus gobiernos.
Lo que convierte a la UE en agente activo de la mundialización liberal debería ponerse sobre el tapete: libertad de circulación de capitales; libre comercio; pertenencia a la zona euro, planes de “rescate”; poderes de la Comisión y de la Corte de Justicia de Luxemburgo; estatuto del Banco Central europeo; dumping social, fiscal y ecológico: primacía de la competencia, etc. Para tratar de concretar una especie de “Grenelle” (versión 1968) a nivel europeo.
Se objetará no sin razón que eso haría entrar a la UE en una zona de turbulencias sin precedentes y que los resultados no estarían garantizados de antemano. Lo que por el contrario puede garantizarse con anticipación es que si la trayectoria de la construcción europea no da un giro de 180 grados la austeridad será perpetua, así como la explosión de las desigualdades y de la precariedad, el desguace del tejido social, el empuje de la extrema derecha y la xenofobia.
Los liberales no son sensibles a este tema, ya han hecho su elección y su única obsesión es el temor a mayores turbulencias sociales. Por pusilanimidad, por confusión mental entre nación y nacionalismo y por europeísmo beato, la mayor parte de la izquierda socialdemócrata y una parte de la izquierda crítica parecen partidarias de hacer lo mismo, pero por defecto. Están liberando de este modo un amplio espacio para las fuerzas que rechazan verse atrapadas en la trampa de una alternancia posible.
(Este texto fue redactado sobre la base de intervenciones, artículos y obras anteriores. En especial mi conclusión en Manière de voir nº 32, noviembre de 1866); una comunicación al coloquio M’PEP “ Qué hacer con la Unión europea” de junio de 2011 y un artículo publicado en Politis del 7 de julio 2011)
NOTAS
[1] http://www.remue-meninges-a-gauche.fr/index.html
[2] http://www.medelu.org/spip.php?article7
[3] http://www.medelu.org/spip.php?article688&var_recherche=démondialisation
[4] http://blog.mondediplo.net/2011-06-13-Qui-a-peur-de-la-demondialisation
[5] Leer sobre este tema un obra muy documentada de Gustave Massiah, Une stratégie altermondialiste, La Découverte, Paris, 2011.
[6] Paradójicamente, el altermundismo se fortalece defendiendo este planteamiento. Existe una presencia “supranacional” muy importante, en parte gracias a los medios. Su presencia en Europa (al margen de la red Attac Europa), es marginal como lo atestigua la declinación de los Foros sociales europeos y el hecho de que los movimientos de los indignados se desarrollan al margen de él. Y no hablemos del nivel nacional: sobre el total francés, en enero de 2008, a lo sumo entre 3.000 y 4.000 personas participaron en la Jornada mundial de movilización y de acción convocada por el Consejo Internacional del FSM. El año anterior José Bové, figura emblemática del movimiento alter, había logrado el 1,32% de los votos en la elección presidencial…
[7] En lo inmediato y esperando una futura síntesis crítica de las diferentes propuestas remitimos al lector a los textos de esos autores como también al libro de Jeann-Luc melenchon “Qu’ils s’en aillent tous”. El candidato del Frente de Izquierda en las elecciones presidenciales no emplea la palabra “desmundialización” pero ciertamente sus propuestas se inscriben en esta misma lógica.
[8] Grenelle (N. de T.) Los acuerdos de Grenelle se negociaron en plena crisis de mayo de 1968 entre el gobierno de Pompidou, los sindicatos y las organizaciones patronales. Sin embargo nunca se firmaron y se referían esencialmente a un aumento del 35% en los salarios mínimos interprofesionales y la creación de sindicatos de empresa.
(9) Invocando particularmente el “compromiso de Luxemburgo” de enero de 1966 impuesto por el General De Gaulle a sus socios de los Seis de esa época llamado también la política de la “silla vacía”, recordamos los dominios comunitarios regidos por el procedimiento de mayoría calificada (tal el caso del mercado interno, liberalizaciones de todo tipo en consecuencia) como regla de unanimidad. Lo que significa el derecho a veto

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La verdadera guerra comienza ahora

Portada :: África :: Agresión militar en Libia
07-09-2011





Pepe Escobar
Asia Times Online


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens




Basta de hablar de la caída del Gran G. Ahora llega lo fundamental: Afganistán 2.0, Iraq 2.0, o una mezcla de ambos.

Los “rebeldes de la OTAN” siempre han asegurado que no quieren ocupación extranjera. Pero la OTAN –que posibilitó la victoria– no puede controlar Libia sin tropas sobre el terreno. Por lo tanto, en la central de la OTAN en Mons, Bélgica, juegan con múltiples escenarios, bajo una cobertura de terciopelo de las Naciones Unidas.

Según los planes que ya se han filtrado, podrá haber tarde o temprano soldados de las monarquías del Golfo Pérsico y de aliados amistosos como Jordania y especialmente Turquía, miembro de la OTAN, también muy ansiosa de obtener grandes contratos comerciales. Casi ninguna nación africana formará parte del asunto, ahora se ha "reubicado" a Libia en Arabia.

El Consejo Nacional de Transición (CNT) estará de acuerdo –o lo obligarán a estar de acuerdo– si Libia cae, o cuando caiga, en el caos. A pesar de eso será extremadamente difícil que le acepten, mientras las extremadamente dispares facciones de los “rebeldes de la OTAN” consolidan frenéticamente sus feudos, y se preparan para volverse unas contra otras.

No existe evidencia hasta ahora de que el CNT –fuera de arrodillarse ante el altar de las naciones miembros de la OTAN– tenga la menor idea de cómo administrar un paisaje político complejo en Libia.

Cañones sin rosas

En Libia todos están ahora virtualmente armados hasta los dientes. La economía está paralizada. Ya ha comenzado una obscena disputa encarnizada por quién controlará los miles de millones de dólares descongelados de Libia.

La tribu Obeidi está furiosa con el CNT porque no ha habido ninguna investigación sobre el asesinato del comandante del ejército rebelde Abdul Fattah Younis el 29 de julio. Los miembros de la tribu ya han amenazado con tomarse la justicia por su mano.

El principal sospechoso del asesinato es la brigada Abu Ubaidah bin Jarrah, una milicia fundamentalista islámica de la línea dura que rechaza la intervención de la OTAN y se niega a combatir bajo el CNT, calificando tanto al CNT como a la OTAN de “infieles”.

Luego existe la pregunta empapada en petróleo: ¿Cuándo organizará la nebulosa del Grupo de Combate Islámico de Libia (LIFG, por sus siglas en inglés) su propio golpe para eliminar al CNT?

En todo Trípoli hay ecos gráficos del infierno de las milicias en Iraq. El ex recurso de la CIA y ex detenido de la “guerra contra el terror”, general Abdelhakim Belhaj –surgido del círculo Derna, la zona cero del fundamentalismo islámico en Libia– es el líder del nuevo Consejo Militar Trípoli.

Ya han sido lanzadas acusaciones por parte de otras milicias de que debe irse ya que no combatió por la “liberación” de Trípoli, lo quiera o no el CNT. Eso significa esencialmente que la nebulosa LIFG-al-Qaida combatirá tarde o temprano en una parte de la futura guerra de guerrillas, contra el CNT, otras milicias, o ambos.

En Trípoli, los rebeldes de Zintan, en las montañas occidentales, controlan el aeropuerto. El banco central, el puerto de Trípoli y la oficina del primer ministro están controlados por rebeldes de Misrata. Bereberes de la ciudad montañosa de Yafran controlan la plaza central de Trípoli, pintada ahora con espray “Revolucionarios de Yafran”. Todos estos territorios están claramente identificados como advertencia.

Mientras el CNT, como unidad política, ya se comporta como un gobierno en las últimas; y mientras las milicias simplemente no desaparecen, cuesta también imaginar Libia como un nuevo Líbano; la guerra en el Líbano comenzó cuando los vecindarios de Beirut se repartieron entre suníes, chiíes, maronitas cristianos, nasseristas y drusos.

La libanización de Libia, además, incluye la letal tentación islámica, que se propaga como un virus por toda la Primavera Árabe.

Por lo menos 600 salafistas que combatieron en la resistencia suní iraquí contra EE.UU. fueron liberados de la prisión Abu Salim por los rebeldes. Es fácil imaginarlos aprovechando el saqueo generalizado de Kalashnikovs y de misiles antiaéreos soviéticos Sam-7 lanzados desde el hombro para reforzar su propia milicia islamista de la línea dura siguiendo sus propios planes, su propia guerra de guerrilla.

Bienvenidos a nuestra ‘democracia’ racista

La Unión Africana (UA) no reconocerá al CNT; de hecho, acusa a los rebeldes de la OTAN de asesinatos indiscriminados de africanos negros, considerados todos como “mercenarios”.

Según Jean Ping de la UA: “… El CNT parece confundir a negros con mercenarios… [Parece pensar] que todos los negros son mercenarios. Si se hace algo semejante significa que un tercio de la población de Libia, que es negra, también son mercenarios.”

El pequeño puerto de Sayad, a 24 kilómetros al oeste de Trípoli, se ha convertido en un campo de refugiados africanos negros aterrorizados por la “Libia libre”. Médicos sin Fronteras descubrió la existencia del campo el 27 de agosto. Los refugiados dicen que desde febrero comenzaron a ser expulsados por los propietarios de los negocios en los que trabajaban, acusados de mercenarios, y que los están acosando desde entonces.

Según la mitología rebelde, el régimen de Gadafi estaba protegido esencialmente por murtazaka (“mercenarios”). La realidad es que Gadafi empleó un contingente de combatientes africanos negros, de Chad, Sudán y tuaregs de Níger y Mali. La mayoría de los africanos negros sub-saharianos de Libia son trabajadores emigrantes con trabajos legales.

Para ver por dónde van las cosas, hay que mirar al desierto. El inmenso desierto del sur de Libia no fue conquistado por la OTAN. El CNT virtualmente no tiene ningún acceso a todo el agua de Libia ni a gran parte del petróleo.

Gadafi tiene la posibilidad de “operar en el desierto”, de negociar con una serie de tribus, de comprar o consolidar su lealtad y organizar una continua guerra de guerrilla.

Argelia está involucrada en una cruenta lucha contra al-Qaida en el Magreb. La vasta y permeable frontera de 1.000 kilómetros de Argelia con Libia, sigue abierta. A Gadafi le resultaría fácil basar sus guerrillas en el desierto meridional con un refugio en Argelia, o incluso en Níger. El CNT ya está aterrorizado ante esta posibilidad.

La operación “humanitaria” de la OTAN ha lanzado por lo menos 30.000 bombas sobre Libia durante los últimos meses. Es seguro decir que muchos miles de libios han muerto en los bombardeos, los cuales no se detienen; pronto la OTAN puede atacar a algunos –civiles o no– a quienes en teoría estaba “protegiendo” hasta hace pocos días.

El Gran G derrotado puede resultar mucho más peligroso que un Gran G en el poder. La verdadera guerra comienza ahora. Será infinitamente más dramática y trágica. Porque ahora será una guerra darwiniana, norteafricana, de todos contra todos