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lunes, 16 de febrero de 2015

LA UE, UNA POTENCIA PERDEDORA

 

 

EDIFICIO BERLAYMONT, SEDE CENTRAL DE LA UE, BRUSELAS

 

Los perdedores

Patricio Montesinos

Rebelión

Lejos de conseguir acorralar a Rusia, con las sanciones dictadas por Estados Unidos, los países integrantes de la Unión Europea (UE), que acataron una vez más las órdenes de Washington, son los verdaderos perdedores del frustrado cerco tendido a Moscú, a juicio de analistas políticos.

La conducta asumida por la UE volvió a poner en el tapete la desmesurada dependencia que mantiene el llamado Viejo Continente de las sucesivas administraciones norteamericanas, a pesar de ser un bloque regional que hace algunos años estuvo aclamado a detener el unipolarismo en el mundo.

Esa postura del también denominado Grupo de los 28, dicho sea de paso agobiado por una profunda crisis económica, política y social, ha rasgado su frágil unidad, y le ha hecho perder influencia internacional en momentos en que en nuestro planeta tierra ocurren cambios geopolíticos importantes con la consolidación de potencias emergentes.

Pero por si fuera poco, las pérdidas económicas de la UE como consecuencia de sus sanciones contra Rusia superan ya los 21 mil millones de euros, mientras Moscú ha visto abiertas las puertas en otros mercados atractivos, amigos y más generosos, como es el caso de América Latina y el Caribe.

El propio Ministro de Relaciones Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, fue quien se refirió a esas profundas lesiones financieras que ha sufrido el Viejo Continente por secundar a Washington en su empeño de perjudicar al gobierno del presidente Vladimir Putin.

En declaraciones recientes, García Margallo expresó que en el caso de España, los sectores agroalimentarios y turístico han sido los más afectados por las medidas contra Rusia, lo que demuestra como la propia UE se ha auto-flagelado debido a su marcada debilidad frente a los dictámenes de la Casa Blanca.

Algunos expertos van más allá en sus análisis, al considerar que Estados Unidos ha embarcado a Europa en varias travesías nefastas que esconden el propósito de un imperio decadente que quiere mantener su dominio a toda costa, y para ello no descarta debilitar hasta a sus propios aliados, en este caso a la UE.

Y cierto, hay que recordar que los 28 se han visto implicados en costosos conflictos bélicos “Made in USA” en el Medio Oriente y África del Norte, por medio de la castrense Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Al mismo tiempo, los países miembros de la UE, incluidos jefes de Estado, han sido blanco del espionaje sin escrúpulo de los servicios de inteligencia estadounidenses, que no han tenido compasión ni siquiera con sus propios “amigos”.

Washington es hoy como lo fue el otrora imperio Romano, que no tuvo piedad con nada ni con nadie, antes de terminar derrumbándose. Esperemos que con los nuevos vientos que soplan por el Viejo Continente, la “culta” Europa acabe de una vez por todas de aprender la lección y asuma una posición independiente.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 23 de octubre de 2014

Una nueva ofensiva neoliberal: estamos hablando del Acuerdo Transatlántico (TTIP)

 

 

 

Dolors Comas · · · · ·

19/10/14


 

¿Conocemos estas siglas?: TTIP. Son las siglas en inglés del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones que se está negociando en secreto desde inicios del año 2013 entre Estados Unidos y la Unión Europea. El objetivo divulgado, facilitar la cooperación. El trasfondo, no explicitado, fortalecer las grandes corporaciones y socavar el poder de los gobiernos. Una nueva ofensiva neoliberal, potente, de la cual no estamos hablando.

El 5 de enero de 2013, Javier Solana, ex secretario general de la OTAN y alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común, publicaba un artículo en el periódico El Paísdonde defendía vigorosamente la necesidad de cooperación económica entre Estados Unidos y Europa que, según él, aportaría crecimiento económico y empleo. El mismo rotativo ha publicado recientemente una entrevista con Anthony Gardner, donde el embajador de Estados Unidos en la UE destaca también los grandes beneficios y oportunidades que ha de aportar el TTIP. Ésta es la perspectiva de quienes satisfacen las aspiraciones de los grandes poderes corporativos, a pesar de que utilicen un lenguaje impregnado de ideas de progreso económico y social, y es la perspectiva que nos arriba mayoritariamente desde los medios de comunicación.

¿Nos podemos imaginar que las empresas multinacionales demanden a los gobiernos porqué han hecho disminuir sus beneficios? Podemos concebir que puedan reclamar (y obtener!) una generosa indemnización para compensar las legislaciones laborales o medioambientales que dificulten su actividad? Así comienza el artículo publicado a Le Monde Diplomatique porLori M. Wallach, presidenta de Global Trade Watch, para hacer notar que lo que nos parece absurdo es justamente lo que posibilita el Acuerdo Transatlántico. El TTIP no se limita a eliminar aranceles y a abrir los mercados a los inversores de una parte y otra del Atlántico: va más allá, como nos explica José Anastasio Urra en la web d’Attac. Se trata de armonizar las normas sociales y ambientales, rebajándolas, y poniéndolas al servicio de las grandes corporaciones.

Las perspectivas que abre el TTIP son terroríficas si las confrontamos con aquel ya viejo “modelo social europeo” que se está haciendo trizas a pasos agigantados. Degradar los derechos laborales, todavía más, para fragmentar a los trabajadores y negar incluso el derecho a hacer huelga. Suavizar las normativas europeas en materia ambiental, para hacer posible el fracking, por ejemplo. Modificar las normativas que afecten a la agricultura y al consumo para que los productos modificados genéticamente puedan entrar sin problemas a Europa. Abrir los servicios públicos (como los sanitarios) a la inversión privada. Reforzar las patentes farmacéuticas, con el encarecimiento de los medicamentos. Desregular de forma definitiva todo el sector financiero. Otorgar más poder a las corporaciones en la lucha contra la piratería, cosa que comporta su acceso a la información privada ciudadana. Y, para colmo, resolver los conflictos entre corporaciones y gobiernos en tribunales especiales, de carácter mercantil, compuestos por miembros escogidos por influencia de las corporaciones y con funcionamiento opaco. Todo ello está pendo para favorecer a las grandes empresas multinacionales, a costa de los intereses de la gente.

El TTIP se inspira en el acuerdo de partenariado transpacífico (Trans-Pacific Partnership, TPP), que entró en vigencia a inicios del 2006. La opacidad es también una característica de este Acuerdo más antiguo: actualmente se quiere incorporar un capítulo sobre propiedad intelectual y se está negociando con total secreto per parte de los 12 países implicados. Vale la pena entrar en la web de WikiLeaks, que revela los contenidos de esta parte del acuerdo. Cubre temas que afectan a las industrias farmacéutica, registros de patentes y derechos de autoría digitales. Los expertos dicen que afectan a la libertad de información, a las libertades civiles y al acceso a los medicamentos. Hacia esta misma dirección se dirige el Acuerdo Transatlántico.

Estamos hablando muy poco de todo esto. En el caso de Cataluña, el ensimismamiento con el proceso soberanista no nos está dejando ver ni analizar cómo operan los verdaderos mecanismos de poder, los que están haciendo avanzar una nueva ofensiva neoliberal: más bienestar para las corporaciones, más mala vida para los trabajadores y trabajadoras: más poder para el mercado, y mucho menos poder para los estados: y ¿aún hablamos de soberanía? ¿Por qué nuestro Parlamento o el Congreso de Diputados no está discutiendo este tema? ¿Qué dice el Parlamento Europeo? ¿Qué están haciendo nuestros gobernantes respecto a este gran acuerdo que se está cocinando desde arriba, de forma antidemocrática, y que nos colará nueves normativas que afectarán gravemente a nuestros servicios públicos, a nuestros derechos como consumidores, a nuestra creación cultural, a nuestros derechos laborales, a nuestro medio ambiente, a nuestras vidas? ¿No es importante? ¿No nos concierne? ¿Por qué no estamos hablando del TTIP?

Dolors Comas d’Argemir es catedrática de antropología social de la universidad pública Rovira i Virgili de Tarragona y presidenta de la Fundació Nous Noritzons

Fuente: SINPERMISO

martes, 7 de octubre de 2014

Hollande y Renzi: La transformación final

 

HOLLANDE                                RENZI

 

Rossana Rossanda · · · · ·


 

Han bastado una reunión del Ecofin y la advertencia de Draghi para bajarle los humos a Francia e Italia, y dejar reducidas a cero las ambiciones de la campaña electoral de Hollande y de la no campaña de Renzi. Nada de inversiones productivas que los dos líderes se esforzaban por mantener fuera de las ligaduras del presupuesto europeo: ambos se han orientado a presionar exclusivamente sobre la reducción no sólo de los costes de trabajo sino de los salarios (quizás como ulterior reducción de los parados). Hollande no tiene necesidad de leyes ad hoc, anuncia que reformará el macizo Código del Trabajo y viene de semanas acaloradas: primero ha despedido en tres horas al ministro del crecimiento productivo, Arnauld Montebourg, seguido por Hamon y  Filippetti, que se han quedado fuera del gobierno en un abrir y cerrar de ojos; después ha tenido que encajar treinta votos en contra de su mayoría en el Parlamento, manteniendo la propia por un solo escaño. Pero esto no le ha hecho desviarse del camino emprendido: el presidente ha tomado la palabra en una rueda de prensa en la que ha asegurado que no habría cambiado una coma de su desastroso rumbo. Dentro de no mucho llegarán las elecciones regionales y muy pronto las del Senado; a este paso, habrá otra tormenta, que se va formando sobre los socialistas, pero, sea Hollande o Valls, se mantienen firmes, confiando acaso, como confirman algunos personajes de su entorno, en una benévola "curva de Kondriatev", la "onda larga" del ciclo económico que aseguraría una recuperación natural del crecimiento antes del final de su mandato.

En Italia, Renzi ha descubierto parcialmente sus cartas en la ya famosa Jobs Act[Ley de Empleo]. Y ha afrontado con cara de pocos amigos el escándalo del enésimo fuera de juego del artículo 18, el que impedía el despido "discriminatorio". Toda la prensa italiana se ha alineado con él, excepción hecha de Il Manifesto, argumentando sobre todo que el famoso artículo tendría solamente un valor simbólico, en la medida en que raramente se aplica: es sabido que la mayor parte de los despidos se realizan por verdaderas o presuntas razones económicas, que no tienen que ver con problemas de presupuesto sino con un cambio de estrategias, encaminadas sobre todo a la deslocalización. Mientras tanto, se ha subestimado lo que a mí me parece el mayor escándalo, a saber, el dispositivo por el cual en los tres primeros años de empleo "indefinido", cualquier trabajador quedaría sujeto a despido. ¿Por qué tres años? Cualquier trabajador os dirá que para aprender al dedillo el cometido que se le exige basta como máximo una semana; como mucho, en dos la empresa esta en condiciones de darse rápidamente cuenta de si está o no en condiciones de insertarlo en el plano productivo. ¿Por qué permitirle al patrono sus buenos tres años "flexibilidad" gratis? No lo explica nadie. Es un sistema para prolongar el precariado – no sé cómo se podría definir de otro modo – convirtiendo a todos en precarios hasta el inicio del llamado "empleo de tutela creciente" [modalidad de contrato prevista por la Jobs Act]: tres años de tutela cero.

Salvo Luciano Gallino y Pierre Carniti, toda la prensa le ha dado un relieve positivo a lo elegido por Renzi, acompañado, según su costumbre, de insolencias hacia los sindicatos. La prensa presuntamente de centroizquierda, como La Repubblica, se ha distinguido en la cruzada contra el conservadurismo de quienes querrían conservar algún derecho al trabajo, entre ellos una parte del PD considerada vieja y conservadora. No sólo los jóvenes Fassina y Civati sino el viejo Bersani. Ya veremos cuanto tiempo resistirá el ataque la minoría del área ex comunista, pero es verdad que si cede desaparecerá también la sombra del abominado PCI y quedara por constatar qué cambios asumirá sin confundirse con el centrismo puro y duro, representado por otra parte por el joven primer ministro. Está en curso la transformación final de la escena política italiana. La francesa ya no tiene necesidad de ello, si se considera que para el puesto del impetuoso ministro Montebourg se ha nombrado a un directivo de la banca Rotschild. Además, en Italia, naturalmente, queda – enroscado en torno a Renzi – el evergreen Berlusconi. Para el que pensaba tener derecho a un trabajo, ha muerto la piedad [1].   

Nota del t.:

[1] "Pietá l´é morta" es el título de una canción partisana italiana del año 1944, que retoma una melodía de los "alpinos" en la Primera Guerra mundial, revivida en 2005 por el grupo Modena City Ramblers y la cantante Ginevra di Marco.  

Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sobre la deconstrucción de la Unión Europea: un diagnóstico y una propuesta

 

 

BERLIN

Los Amigos de Europa, una publicación oficial de la UE, amablemente me encargaron escribir un breve artículo sobre el estado de la Unión después de las elecciones al Parlamento Europeo, en preparación de la Conferencia sobre el mismo tema convocada por la revista para el próximo 9 de octubre.

BRUSELAS

 

 

Este es el texto.


Las recientes elecciones al Parlamento Europeo simplemente han confirmado que el manejo inane de la inevitable crisis de la zona euro ha provocado un malestar económico que se ha transformado en una crisis de legitimidad de la Unión Europea.
• Desde hace cuatro años, Europa sigue sin reconocer que la arquitectura de la unión monetaria no estaba preparada para sobrevivir a una crisis financiera global como la de 2008.
• Durante cuatro años, la zona euro ha intentado tapar sus grietas más profundas a base de préstamos de rescate tóxicos a sus estados miembros y sus sistemas bancarios insolventes.
• Ha creado el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) para hacer frente a la bancarrota de los estados, para acabar transformándolo en una estructura de obligaciones de deuda colateralizada (CDO) (a fin de preservar el principio 'sacrosanto', pero no viable, de ' “deudas públicas perfectamente separables") que la ha hecho totalmente desestabilizadora
(obligando por tanto al Sr. Draghi ha intervenir con su controvertido programa de
Transacciones Monetarias Directas (OMT)).
• Se ha creado nominalmente una 'Unión bancaria' con el fin de garantizar que, en esencia, nuestros sistemas bancarios se mantienen separados y muy dependientes de los gobiernos cuasi insolventes nuestros Estados-miembros, reforzando por lo tanto una crisis provocada por el mortal abrazo de bancos débiles y estados frágiles .
Lo peor de todo, Europa somete fiscalmente a orgullosas naciones a la sofocante tortura de la bañera, como a Italia (a las que se permite respirar solo brevemente antes de hundirlas de nuevo bajo una nueva austeridad autodestructiva) mientras el Banco Central Europeo no respeta su propia meta de inflación (de algo menos del 2%) .

FRANKFURT


En vista de lo anterior, no es de extrañar que la misantropía se expanda.
Algunos defienden una democracia federal para la UE. Por desgracia, no es posible. Nuestra Unión Europea fue diseñada como una tecnocracia burocrática que es esencialmente una zona sin democracia. Aunque espero y rezo para que Europa se convierta en una democracia federal de pleno derecho, no cabe la menor duda de que no puede hacerlo con el fin de superar su actual crisis, sino que debe, por el contrario superar primero esa crisis y recuperar el respeto de sus ciudadanos.
Para superar la crisis del euro, con el fin de ofrecer a los europeos de mañana la oportunidad de crear unos Estados Unidos de Europa democráticos, necesitamos dos cosas:
1. Volver a movilizar las instituciones europeas existentes con sensatez y creatividad, sin ningún tipo de nuevos Tratados o unión fiscal, a fin de abordar de frente las cuatro crisis interrelacionadas que están deconstruyendo Europa (es decir, las crisis de la banca, la deuda pública, la falta de inversión crónica y la crisis humanitaria que ha causado los cuatro años de deriva).
2. Minimizar el poder discrecional, autoritario, del triángulo Berlín-Frankfurt-Bruselas impuesto a las sufrientes democracias nacionales.
¿Es posible combinar estas dos tareas en un proyecto de europeización descentralizada? Creo que sí. De hecho, junto con Stuart Holanda y James K. Galbraith hemos delineado con precisión cómo, en los planos económico, político y moral, se puede avanzar por esta vía hacia la recuperación. Nosotros lo llamamos una “Modesta proposición para la Superación de la Crisis de la zona euro” (una versión en castellano aquí, para la última versión en Inglés, haga clic aquí ).

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la
izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6
décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
Traducción : Gustavo Buster
Fuente: http://yanisvaroufakis.eu/2014/08/27/5852/#more-5852

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sábado, 9 de agosto de 2014

El último europeo. Entrevista

 


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure


Uno de los principales problemas de los que se habla cuando se intenta analizar el patente fracaso de la UE es el económico: los países miembros tenemos la misma moneda, pero no así las mismas políticas económicas. ¿Qué punto de vista aportáis respecto a este tema?


Àngel Ferrero: No quisimos entrar a fondo en esta cuestión, porque ninguno de nosotros es economista, y como otros ya han escrito sobre este tema con mayor conocimiento de causa, preferimos arrojar luz sobre otros fenómenos a los que los medios de comunicación prestan (o hasta hace muy poco tiempo prestaban) menos atención, como la geopolítica, la política migratoria o el ascenso de la derecha radical. Pero es en cualquier caso ineludible, así que también lo mencionamos en el libro. En nuestra opinión, el debate sobre la salida del euro ha
centrado durante demasiado tiempo la atención mediática, desplazando otras cuestiones. Los errores de diseño son evidentes pero, como ha señalado Michael R. Krätke, un economista
alemán, todos los espacios monetarios presentan disparidades económicas (incluso en países pequeños, como Bélgica o los Países Bajos) y de eso no se desprende que cada provincia haya de disponer de su propia moneda. Un retorno a la divisa nacional y su devaluación en un 20 ó 30% dificultaría el pago de la deuda, que seguiría denominada en euros. No hay una solución fácil a este problema. Si un Estado miembro, pongamos por caso Grecia tras una
victoria de Syriza, quisiese modificar la estructura de la Unión, un número suficiente de los restantes siempre podría bloquear sus propuestas en el Consejo de la Unión Europea. La única
posibilidad de cambio es que la izquierda conquiste mayorías sociales en cada Estado miembro, hasta formar un bloque que aúne las fuerzas suficientes como para replantear el proceso de integración. En cualquier caso, creer que con una salida del euro mejorarían las
cosas es llamarse a engaño. En cuanto a la palabra “fracaso”, todo depende de para quién. Para algunos, la gestión de la crisis de la eurozona ha sido un éxito...


Roger Suso: En origen, la UE se construyó a partir de un diseño neoliberal, propicio al fomento de la competitividad y la expansión del capital. Su propio diseño es el que está facilitando que la crisis actual se haga recaer sobre las clases trabajadoras y dificulta la aplicación de políticas keynesianas anticíclicas. El economista Costas Lapavitsas identifica tres escenarios para salir de la crisis: la austeridad, la reforma institucional y la salida del euro. El primera es el que se ha impuesto: recortes públicos, privatizaciones, venta de patrimonio y rescates.

Más que de la economía, habláis de otras problemáticas: el racismo, el imperialismo, la ultraderecha. ¿Cómo han trascendido estos fenómenos de nacionales a europeos? Es decir, ¿por qué no decís que España (o Portugal, Austria o cualquier otro país de la UE)
es xenófoba, sino que la UE es xenófoba? ¿Cómo se produce esa internacionalización de los problemas y de las ideologías? Y, en ese sentido, ¿es la UE un espacio estanco del que no salen esos problemas o, por el contrario, hace de catalizador para expandir
esos problemas al resto del mundo?


Àngel Ferrero: La Unión Europea es por ahora, a falta de la entrada en vigor de la Unión Euroasiática en 2015 y de una mayor integración de la ASEAN, el mayor bloque comercial del mundo. Y lo seguirá siendo después de 2015 en términos económicos y demográficos. La
capacidad de propagación en un espacio tan integrado es sin duda mayor.
Las economías capitalistas son ya mayoría, el capitalismo ha alcanzado su momento de mayor expansión geográfica. Las economías están unidas por numerosos vínculos comerciales.
Difícilmente puede considerarse a la Unión Europea como un espacio estanco del que no salen ni entran ninguno de estos problemas. Lo que sucede en puntos muy distantes del globo tiene
repercusiones en nuestras economías, y los medios de comunicación contribuyen a la propagación de la información con una rapidez sin precedentes históricos, aumentando el sentimiento de inmediatez y proximidad. La relación también funciona en el sentido inverso, por
lo que la Unión Europea, efectivamente, puede actuar como un catalizador de problemas. Su consolidación como bloque geopolítico, por ejemplo, ha empujado a otros países a forjar alianzas supraestatales y constituir sus propios “centros” capitalistas. Ya he mencionado dos ejemplos. Teniendo en cuenta el agotamiento de los recursos naturales, la crisis económica
que atraviesa el propio modelo de capitalismo occidental y la competición entre “centros” por lainfluencia en determinadas zonas, todo esto puede conducir a un escenario internacional
altamente inflamable, como estamos presenciando en Ucrania.
Corina Tulbure: Tal vez la idea de la UE conforme un reto para los mismos pueblos europeos. No se trata de la UE que funciona ahora, la de las multinacionales que tienen más poder que un Estado, sino de la UE de los ciudadanos. Allí el asunto es más complicado y existe un
problema inicial. Hoy en día ni siquiera somos capaces de crear una comunidad que no se vincule mediante el concepto de nacionalidad. Pero por otro lado hablamos de ciudadanos europeos. Tal vez sea el reto del futuro, porque el ciudadano europeo que no se defina
mediante su nacionalidad todavía no ha nacido. Esta contradicción se observa entre los mismos Estados de la UE, en cuanto a la movilidad de los trabajadores dentro de la UE: se expulsa a los ciudadanos europeos de los países europeos, es decir que la UE no aplica ni los
tratados que ella misma emite, como la libre circulación de los trabajadores.


Habláis del papel de EEUU en la creación de la UE. ¿Hasta qué punto es la UE una creación estadounidense? ¿Qué repercusiones tiene la influencia de EEUU tanto para Europa como para el resto del mundo? En ese sentido, ¿cómo se conjugan el imperialismo estadounidense y el europeo?


Àngel Ferrero: Estados Unidos intervino en la creación de la Unión Europea más de lo que la propia Unión Europea, a través de sus portavoces, está dispuesta a admitir. El Plan Marshall es el ejemplo más conocido. Estaba destinado a dotar de fondos a las economías de Europa occidental, porque los Estados habían perdido (o estaban a punto de perder, debido a los movimientos de emancipación nacional) sus colonias, una de sus principales fuentes de ingresos. El ERP -ésas eran las siglas oficiales- creó un mercado para absorber las mercancías

estadounidenses. Apuntalar a las economías europeas occidentales, que de lo contrario hubieran tenido que hacer frente a una recuperación larga y costosa, también tenía fines políticos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética había logrado extender su
influencia hasta el corazón mismo de Europa. Pese a todos sus aspectos negativos (y no todos se conocían en la época), la URSS había emergido de la Segunda Guerra Mundial como la principal potencia ganadora. El nuevo bloque socialista era diverso en todos los sentidos -en 1949 se extendía desde la República Democrática Alemana hasta la República Popular China-, y su modelo, atractivo para los países que buscaban una rápida industrialización. En Europa occidental existían partidos comunistas fuertes y con una amplia base social, como en Francia o en Italia, con serias posibilidades de entrar en el gobierno. La guerrilla comunista en Grecia contaba con el apoyo y el antecedente de la vecina Yugoslavia. Una cierta unión económica y política de Europa occidental servía a los objetivos de la política de contención del comunismo, y así lo expresaba abiertamente George Keenan, su ideólogo, en un telegrama que se desclasificó en 1974 y que se puede encontrar sin problemas en Internet. Conviene subrayar
que esa reconstrucción Europa occidental pasó por tolerar la presencia de antiguos nazis en el sistema judicial o los servicios secretos de la República Federal Alemana y los crímenes
coloniales de países como Francia o los Países Bajos. Obviamente, modelos de una unión política para Europa los ha habido de todas las tendencias políticas, pero si hablamos del actual, ahí es donde arranca todo. Esa influencia sigue existiendo hoy. La ilusión de una Unión Europea como un modelo alternativo, e incluso opuesto, al de Estados Unidos, que tanta prédica tuvo durante la guerra en Irak por la
oposición de algunos Estados miembro, se ha evaporado. La política de privatizaciones nos conduce a un modelo “más estadounidense”, si puede llamársele así, y si a alguien le quedaba alguna duda, sólo tiene que seguir las informaciones que se publican sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea. Compartiendo los mismos intereses, es obvio que el imperialismo de uno y otro se complementen. Al fin y al cabo, la mayoría de Estados miembro de la Unión Europea también lo son de la OTAN, y esta relación aún puede profundizarse más si se responden a las llamadas del Presidente estadounidense a una mayor
implicación militar.
Roger Suso: Un ejemplo de esto fue la intervención militar de la OTAN en Libia. Este año, Barack Obama, de visita en Polonia, anunció un plan para aumentar la presencia militar estadounidense en Europa del Este, en el contexto del conflicto de Ucrania, las tensiones con
Rusia y el temor de países como Polonia a un expansionismo ruso en la región. Las tropas de la OTAN han sido desplegadas en la base de Łask, cerca de Łódź, y el ejército polaco ha participado en los ejercicios de la OTAN en Estonia. Desmantelado el Pacto de Varsovia, los EEUU han usado el bloque del este para sus intereses geopolíticos, respeto a Moscú y también Bruselas. Cabe recordar que la UE fue escenario de varías operaciones, a cambio de dinero,
de los servicios de inteligencia de los EEUU: los centros clandestinos de detención de la CIA dónde interrogaron y torturaron a supuestos “líderes del terrorismo islamista” que después
fueron enviados a Guantánamo. Ahora se ha destapado el caso de espionaje de la NSA.
En el caso de la crisis, una vez estalló fueron muchas las voces que dijeron que esto se veía venir. Algo así está ocurriendo con la UE: hemos pasado del europeísmo a un cada vez mayoreuroescepticismo, pero solo cuando los problemas se han revelado evidentes. ¿Se analizaron –y difundieron- en su día suficientemente los potenciales
problemas que podía acarrear la creación de la UE? ¿Qué relevancia tiene la falta de información ciudadana sobre el calado y la importancia de las instituciones europeas en su fracaso?
Àngel Ferrero: Sí que se analizaron, pero no se difundieron suficientemente. Y no lo hicieron porque algunos medios tenían intereses, pero quizá en muchas más ocasiones fue por ingenuidad, simplemente. Y esa ingenuidad era hasta cierto punto comprensible, porque en

Europa meridional y oriental a la Unión Europea se la veía como un progreso, no sólo económico, sino también político: formar parte de una comunidad solidaria de países que durante mucho, demasiado tiempo, habían despilfarrado sus fuerzas en conflictos de toda
índole. En países como España (pero también Portugal o Grecia) que habían vivido en el atraso económico y dictaduras que los aislaban del resto del mundo la idea de una Unión Europea había de tener, a la fuerza, atractivo, y eso explica su “europeísmo” histórico. La propia noción ideológica de “Europa” tiene una fuerza psicológica que no conviene subestimar.
El agotamiento del ciclo económico ha desgarrado en buena medida este velo. La Unión Europea es un club de iguales pero, como en la fábula de Orwell, unos son más iguales que otros.
La falta de información ciudadana es clave, no sólo en este aspecto. Tampoco es que las instituciones europeas contribuyan mucho. Algunas funcionan de manera poco transparente, con decisiones tomadas a puerta cerrada. Otras, como el Parlamento Europeo, son en cambio muy transparentes, pero no mucha gente parece estar interesada, y su influencia es en cualquier caso limitada. Entiendo que la falta de tiempo de los trabajadores (quien no está buscando un trabajo ahora mismo tiene uno en el que tiene que consumir más horas) contribuye. La enorme cantidad de documentos que edita la Unión Europea tampoco facilita el trabajo. De todos modos, vuelvo a la respuesta de la primera pregunta: es un “fracaso”...
Dependiendo de para quien. La falta de interés en el funcionamiento interno de la Unión Europea favorece a sus prácticas actuales y dificulta su fiscalización por parte de los partidos que lo intentan a través del Parlamento Europeo. Por ese motivo la Unión Europea es tan apreciada por los grupos de presión.

 
¿Cómo se explica que la UE crezca constantemente y que a la vez esté generando un mayor empobrecimiento de algunos de sus más antiguos países miembros? ¿Conviene limitar el crecimiento de la UE o todo lo contrario: expandirlo más allá de las ‘fronteras naturales’ (si es que existen) de Europa?


Àngel Ferrero: Se explica porque no son fenómenos opuestos, sino complementarios. Perdidas las colonias, los Estados más fuertes que componen la Unión Europea no pueden competir en el plano internacional contra países que pueden hacer valer su “peso” demográfico o geográfico, o su posesión de recursos naturales. Piénsese por un momento en el enorme potencial que encierran países como China, Rusia, la India o Brasil. Todos estos países se
mencionan con frecuencia como una “amenaza” a la economía europea. Los ideólogos de los principales partidos políticos alemanes lo expresan sin tapujos en sus revistas: una Alemania sin la Unión Europea sería un “Estado de tamaño medio”. Pero uniéndose, los Estados europeos pueden proyectar ese “peso” y competir con ellos. Por eso cuantos más países se unan, más “peso” pueden proyectar los Estados miembro de la Unión Europea en los mercados
internacionales. La guía de los ciudadanos de la Unión Europea, que cualquier visitante puede recoger en Bruselas, lo dice con toda claridad. La Unión Europea es una organización singular,
flexible, en la que sus Estados miembro ceden una parte de su soberanía. Si la Unión Europea fuese una federación, sólo tendría un asiento en los organismos internacionales. No siéndolo
puede llegar a tener hasta veintiocho. Y si se coordina lo suficiente, puede hacer que la mayoría de ellos vote en un mismo sentido. Cuándo actúa como una unión de Estados y cuándo como una “federación” depende del momento y de las necesidades.
Esa competencia entre “centros” capitalistas sólo puede llevarse a cabo con lo que David Harvey ha denominado “acumulación por desposesión”, conduciendo al empobrecimiento de
las poblaciones europeas. Que los países de la periferia europea, especialmente de Europa oriental y las tres repúblicas bálticas, aceptasen este estado de cosas se explica tanto por el
deseo de las oligarquías locales por recoger las migajas del reparto y acceder a los fondos estructurales como por la voluntad de huir de la influencia rusa. La población lo aceptó por las
causas que he mencionado antes, a las que hay que sumar las facilidades para emigrar a Europa occidental.
Según el profesor Sami Naïr, Europa es una determinación geográfica. Yo no creo que sea ni siquiera eso. Europa es un concepto geográfico históricamente determinado. Según una
concepción muy extendida, se extiende desde la península occidental del continente euroasiático hasta los Urales, en Rusia, comprendiendo el Reino Unido e Irlanda, y también la parte occidental de Turquía. Napoleón decía que la geografía es destino y ése parece ser el
lema que ha adoptado Bruselas (excluyendo a Rusia), confundiendo interesadamente “Europa” con la “Unión Europea”. Pero si las que he mencionado antes son las fronteras “naturales” de “Europa”, y un ruso que vive en la parte “europea” de Rusia comparte los mismos “valores
europeos” (sea lo que sea eso) y forma parte de la “comunidad cultural europea”, ¿por qué un ruso que vive en Vladivóstok, que también los comparte no es “europeo”? Turquía, ¿también es
Europa? ¿O solamente una parte de ella? Los restos coloniales y “regiones ultraperiféricas de la Unión Europea”, a miles de kilómetros del continente, ¿también son Europa? Si tuviésemos
todo esto más en cuenta, veríamos que los cimientos sobre los que se asienta todo el “proyecto europeo” son mucho menos estables de lo que parecen, y que la “identidad europea” tiene mucho de proyecto ideológico todavía en construcción.
Roger Suso: A la vez que la UE amplia sus fronteras geográficas -como con Croacia el 2013 o la actual candidatura de Albania-, ésta vive inmersa en una deslegitimación social apabullante,
Estado tras Estado, que llega, por ejemplo a cifras del 83% de abstención en Eslovaquia o del 63% en Portugal. Pero estos no son fenómenos contrapuestos. El mismo Tratado de Lisboa
tiene como objetivo convertir la UE en el espacio económico más competitivo del mundo. Esto atrae, cómo no, a las élites de países como Ucrania, Moldavia, Georgia, Serbia o Islandia.
Ahora bien, si la UE quiere competir con las economías emergentes de los BRICS, tiene que intentar, como bien dice Ferrero, reunir el mismo "peso" demográfico y económico, y, a la vez,
reducir los salarios y las condiciones laborales y construir, como hace, un espacio económico más homogéneo y cada vez menos democrático y más precario y pobre.


¿De dónde surge esa preponderancia de la extrema derecha de la que habláis en el libro? Y, en ese sentido, ¿qué papel está jugando la derecha?


Roger Suso: La idea de que las crisis económicas llevan al aumento del apoyo a los partidos ultraderechistas se remonta a la República de Weimar y el ascenso de Hitler después del crack del 29. Una idea que ha vuelto a llenar páginas de periódicos después de dos rescates
económicos y la llegada del partido neonazi Amanecer Dorado a las instituciones griegas. Pero también por la victoria del UKIP (Reino Unido) con el 27'5% de los votos, del Partido Popular
Danés (Dinamarca) con el 26'6% y del Frente Nacional (Francia) con el 25'4%. Pero no toda la derecha radical es igual -esto lo hemos presenciado con la imposibilitad de que se creara un grupo ultra en el Parlamento de Estrasburgo-, hay una derecha radical que abraza postulados del strasserismo y del fascismo de acción social, anticapitalista y organizándose, en algunos casos clandestinamente, como los grupos autónomos de camaradería libre neonazis, y hay
otra, que se posiciona de manera populista “más allá de la derecha y los liberales” que opta para desarrollar una identidad de “civilización europea” en contraposición y confrontación frontal con la inmigración, el islam y las instituciones europeas.
La preponderancia de la derecha radical yace en el hecho que ha llevado al centro político y social de la sociedad temáticas y discursos que tienen sus orígenes en el extremo, en la ultraderecha. Su discurso, propagado a través del miedo, los temores, las mentiras, el
resentimiento, el chovinismo y el odio, ha sido abrazado y adoptado en repetidas ocasiones y para contrarrestar sus subidas electorales por los partidos del establishment, tanto por la democracia cristiana como por la socialdemocracia. En paralelo, el auge de estas formaciones ultraderechistas se ha traducido también en la presencia de representantes neonazis en las
instituciones -como Udo Voigt del partido alemán NPD o Béla Kóvacs del húngaro Jobbik- y en el acercamiento entre los grupos extraparlamentarios, clandestinos y violentos y los partidos ultraderechistas que participan a las elecciones.
Corina Tulbure: El auge de la extrema derecha es un síntoma visible de unas políticas que no se definen en teoría como de extrema derecha, todo lo contrario, forman parte del arsenal político de partidos de centro, y que miran al ser humano como mercancía para producir un beneficio. El filósofo G.M. Tamás hablaba de la época de postfascismo, el odio del discurso de extrema derecha de antes se ha transformado hoy en día en desprecio. ¿Cómo se explicaría
toda la guerra declarada en las fronteras de la UE contra los inmigrantes, rociar a un inmigrante agarrado a la valla de Melilla con un extintor y otras barbaridades semejantes? ¿Cómo explica
la UE todo eso? Son consecuencias de las políticas de partidos considerados de derecha o de centro, pero que no distan de los gestos promovidos por la extrema derecha.


¿Tiene arreglo la UE? ¿Sería posible dar marcha atrás a un proyecto de esta envergadura? ¿Cuáles son los problemas concretos y tangibles más urgentes y cómo abordarlos?

Àngel Ferrero: La creación de organizaciones supraestatales no es per se ningún problema. No es una cuestión de tamaño, sino de organización. El problema es su diseño institucional. El
profesor Pedro Chaves ha visto bien esta cuestión. Si la Unión Europa, decía, ha de reformarse para ganar en democracia, entonces hay que plantearse cuánta transferencia de soberanía es
deseable, y qué mecanismos articulan la toma de decisiones y garantizan en todo momento la democracia del proceso. Prefiero no utilizar metáforas espaciales como “marcha atrás”, porque
dan pie a interpretar una reforma como un “retroceso” o como un retorno a lo que había antes y que tampoco era un estado ideal de cosas. Si lo que planteas es si la Unión Europea, sometida
a tensiones centrífugas, puede romperse en algún momento por algún lado, lo único que puedo añadir es que todos los imperios -y según José Manuel Durão Barroso, la Unión Europea “se parece bastante a uno”- fueron creados para durar para siempre... ¿y cuántos de ellos quedan?


Àngel Ferrero, Roger Suso, Corina Tulbure son coautores del libro El último europeo: Imperialismo, xenofobia y
derecha radical en la Unión Europea, editado por La Oveja Roja, 2014
Fuente: http://www.infolibre.es, 25 de julio 2014

viernes, 30 de mayo de 2014

Elecciones europeas, continuismos y temblores de tierra

COPHENAGUE-DINAMARCA

 

Jesús Sánchez Rodríguez

Rebelión

Los resultados de las elecciones en Europa

Las elecciones europeas tienen dos características diferenciadoras en relación a otro tipo de elecciones como las parlamentarias, las regionales o las municipales, y estas características son comunes a la mayoría de los países del continente.

La primera de ellas es la alta abstención. En las siete elecciones al Parlamento Europeo celebradas entre 1979 y 2009 la participación ha bajado, cita tras cita, desde el primer 61,99% al 43,08% de hace 5 años. Correlativamente a cada descenso de participación en cada nueva elección se correspondía con un Europa comunitaria más amplia, de los 9 miembros de 1979 se ha pasado a los 27 actuales. A mayor espacio, menor porcentaje de participación. Esto orienta hacia una primera hipótesis interpretativa, los ciudadanos europeos se sienten cada vez más extraños a unas instituciones cada vez más lejanas, siendo percibido, además, el Parlamento Europeo como un órgano sin impacto en las decisiones que les afectan. En las elecciones de este año por primera vez la participación se ha mantenido al mismo nivel que la de 2009 lo que podría interpretarse en el sentido de que la abstención europea ha tocado fondo. Sin embargo utilizar el dato de la participación media entre los 27 Estados de la UE oculta las grandes diferencias entre algunos extremos como la alta participación de alrededor del 90% en países donde es obligatorio votar, como en Bélgica y Luxemburgo, y la muy baja participación en otros, sobre todo en los países de reciente incorporación en el este europeo, donde la participación se situó por debajo del 30%, o casos extremos como la República Checa (19%) o Eslovaquia (13%).

La segunda de las características de las elecciones europeas es que suelen ser utilizadas por los ciudadanos para expresar un voto de protesta de manera más acusada que en otro tipo de elecciones donde los efectos sobre la vida cotidiana tienen consecuencias más inmediatas y directas. El parlamento europeo sigue viéndose como una institución lejana y con poca o nula capacidad de intervención en los asuntos que afectan a los ciudadanos europeos, percepción agudizada con la actual crisis económica en la que esta institución ha tenido un protagonismo absolutamente secundario frente al peso de países como Alemania u otras instituciones como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Dicho esto, los resultados generales pueden englobarse dentro de las siguientes tendencias: Permanece el dominio de los conservadores y socialdemócratas aunque con correctivos para los cuatro principales grupos de europarlamentarios, los conservadores pierden 64 escaños (212), los socialistas 10 (186), los liberales 13 (70), y los verdes 2 (55). Por el contrario crecen los grupos que representan un voto de protesta contra la actual UE, tanto por la izquierda como por la extrema derecha, la izquierda gana 8 parlamentarios (43), los ultraderechistas del grupo europeo de la Libertad y la Democracia ganan 5 (36) sin contar con dos grandes vencedores en Francia y Gran Bretaña que no pertenece a este grupo, así, el Frente Nacional ha pasado de 6 a 24 escaños y el UKIP que pasa de 13 a 23.

Efectivamente continua la preocupante tendencia, expresada en las elecciones europeas de 2009 y en otras de tipo nacional en estos últimos cinco años, de implantación y crecimiento de partidos xenófobos y ultraderechistas por toda Europa hasta alcanzar cerca de un 25%, y englobando tanto a países especialmente golpeados por la crisis y las medidas de austeridad, como Grecia donde Amanecer Dorado se sitúa en tercera posición con un 9,4% de votos y Laos con el 2,8%, como a países que han sorteado la crisis con menos problemas como en Dinamarca y Austria donde han obtenido un 25% de los votos. Pero sin duda ha sido la victoria obtenida por el Frente Nacional en Francia el dato que más repercusión ha tenido al situarse como el primer partido más votado, convirtiéndose, de esta manera, en la referencia de toda la extrema derecha en Europa. Este ascenso de las posiciones xenófobas y ultraderechistas tendrá consecuencias seguramente en tres aspectos, primero, servirá de aliciente al crecimiento de estos partidos en toda Europa, segundo, arrastrará hacia posiciones más derechistas a los partidos conservadores para intentar recuperar electorado o evitar mayores pérdidas y, tercero, repercutirá en las decisiones del parlamento europeo. Mucho es de temer que las posiciones xenófobas y ultranacionalistas continúen creciendo en Europa tras este resultado.

En el campo de la izquierda los resultados han sido mediocres con la excepción de Grecia, con la victoria de Syriza, y España con el ascenso de IU y la irrupción de Podemos, pero sobre España dedicaré un análisis más detallado más abajo.

Efectivamente, con la excepción de Syriza, los resultados de la izquierda europea no han supuesto avances significativos. En Grecia por primera vez, y después de varias elecciones, Syriza se ha convertido en la fuerza política más votada, multiplicando por seis los resultados de hace cinco años, esto significa que se ha consolidado como referente de la izquierda tanto en Grecia (donde la izquierda sigue fragmentada y el KKE (comunistas) ha obtenido un 6%) como en Europa. Su gran reto es consolidar este resultado en futuras elecciones nacionales, evitando que una parte de su apoyo sea una expresión de protesta solo en las europeas. Como ya se había comentado en artículos anteriores esta situación de la izquierda en Grecia es fruto de tres circunstancias especiales, primero la dureza de las medidas de austeridad con las que se ha castigado a las clases populares griegas y las continuas movilizaciones de protesta con las que han respondido éstas, segundo, la capacidad de la mayoría de la izquierda griega para levantar una organización unitaria para responder a la crisis y, tercero, al hundimiento de la socialdemocracia griega, inicialmente por la traición a su electorado cuando gobernó en solitario y luego por su alianza con los conservadores.

En el resto de Europa la izquierda ha mantenido unos resultados mediocres para una época de crisis como la actual. En Alemania La Izquierda obtiene 7 eurodiputados, perdiendo uno. En Portugal la coalición de comunistas y verdes alcanzó el 12,4% y el Bloque de Izquierda ha bajado al 4,5%, perdiendo en conjunto un eurodiputado. Y en Francia, el Frente de Izquierdas alcanzó un modesto 6,34% y tres eurodiputados, después de los desastrosos resultados obtenidos en las últimas elecciones municipales.

Los resultados de las elecciones en España

Las elecciones europeas de 2014 han producido un pequeño terremoto político en cuatro países por diferentes circunstancias. En Gran Bretaña por la victoria del partido xenófobo y antieuropeo del UKIP, en Francia por la victoria del Frente Nacional, en Grecia por la victoria del izquierdista Syriza y en España por varios factores que ahora pasaremos a analizar.

El primero de estos factores ha sido el hundimiento del bipartidismo conformado por los conservadores y los socialistas que había dominado el sistema electoral español desde la transición. En concreto, ambos partidos han cosechado ahora un 49,07% de los votos cuando en las anteriores elecciones europeas obtuvieron el 82,05%. Los votos perdidos por el PP y el PSOE han redundado en beneficio de partidos menores ya existentes o de nueva creación. Esta situación ha fragmentado el sistema electoral español, y su consolidación en las próximas elecciones del 2015 obligaría a gobiernos de coalición, entre los que no puede descartarse uno entre los dos principales partidos como evocó el ex-presidente de gobierno Felipe González.

El segundo factor lo representa el fuerte aumento de la izquierda en España, tanto de la ya existente, IU, que pasa de un 3,77% y dos eurodiputados en 2009 a un 9,99% y 6 diputados en las actuales elecciones, como del recién creado partido Podemos que ha irrumpido con un inesperado 7,94% y 5 escaños. España era el país de Europa donde más avanzado estaba el proceso para intentar repetir el modelo de Syriza, el de una izquierda fuerte capaz de ponerse a la altura electoral del PSOE. En España la socialdemocracia, al contrario que en Grecia, que ha sufrido una debacle por los motivos más arriba apuntados, lo que está sufriendo es un fuerte desgaste que hace que la izquierda ascienda, también, de manera progresiva. Los pronósticos daban un mayor crecimiento de IU en estas elecciones, de manera que se aproximase al modelo Syriza. Sin embargo la irrupción de Podemos, como partido representante del movimiento 15-M, ha cortocircuitado esta posibilidad. Lo que resta por ver ahora es si el modelo Syriza de ascenso de la izquierda a primeras posiciones en el terreno electoral queda definitivamente arruinado en España o puede ser retomado por una alianza entre IU y sus socios de una parte, y Podemos de otra. Entre ambas formaciones representan prácticamente un 18% de los votos frente al 23% del PSOE. Este es un proceso lleno de incógnitas que debe resolverse en los próximos meses. Podemos es un partido recién creado sobre la base de una nebulosa de activistas y algunos partidos de la izquierda radical que han tenido como punto de unión un personaje mediático, un proceso de primarias y un discurso anti-partidos y anti-austericidio. Pero ahora, con el peso adquirido, se encuentra ante la obligación de elaborar un programa detallado para llevar a la práctica y una política de alianzas. Veremos si el modelo Syriza se retoma en España a otro nivel o queda definitivamente descartado.

El tercer factor originado en estas elecciones europeas y que ha provocado el pequeño terremoto del que hablamos ha tenido lugar en un territorio concreto, en Cataluña, y como consecuencia del proceso soberanista que está allí planteado. En primer lugar, en Cataluña la participación en las elecciones ha sido un 10% superior a la registrada en 2009 y, en segundo lugar, los resultados han reflejado el contencioso por el derecho a decidir. Así el partido gobernante, CiU, que ha aplicado una política de austeridad similar a la del PP en el resto de España, sin embargo apenas ha sufrido un ligero desgaste del 0,65%, aunque ha sido desbancado por ERC que ha triplicado el número de votos y se ha convertido en la fuerza más votada en Cataluña. La izquierda, ICV-EUiA, que también apoya el derecho a decidir y ha combatido las medidas de austeridad ha duplicado sus apoyos hasta el 10,3%. Estos resultados, especialmente el de ERC, sin duda que servirán para reforzar la voluntad en Cataluña de celebrar el referéndum en noviembre próximo, en contra de la posición del gobierno y el parlamento español.

El conjunto de estos factores plantean un panorama con un desarrollo abierto a múltiples posibilidades entre las que se encuentran la disputa por el liderazgo de la izquierda, la política de alianzas ante una perspectiva de fragmentación electoral, y el conflicto soberanista en Cataluña. Y como telón de fondo de todo ello, la lucha entre las clases populares y la burguesía en torno a la crisis económica y social que sigue pesando sobre España.

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lunes, 26 de mayo de 2014

El dilema es bien sencillo: o izquierda o austeridad

 

Viajes Atenas1 El Pireo, puerto histórico ateniense

EL PIREO, UN PUERTO, UNA PUERTA.

 

Dirigente carismático de Syriza desde 2008, Alexis Tsipras, que cumplirá 40 años dentro de dos meses, antiguo ingeniero civil y antaño miembro de las juventudes comunistas, es también el candidato de la izquierda de la izquierda europea (Die Linke, Front de Gauche, Grupo de la Izquierda Unida y Verde Nórdica…) para el puesto de José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea. Detalla para el semanario francés Marianne los objetivos de su formación en declaraciones recogidas por Alan Léauthier.

Marianne : En este mes de mayo tres elecciones reclaman a los electores griegos. ¿Cuál es el eje común de su campaña?

Alexis Tsipras: La necesidad de cambio, pues el Memorándum [la política de rigor y reformas de la competitividad impuestas por la troika a cambio de los préstamos concedidos] ha transformado una crisis fiscal en otras dos crisis paralelas, humanitaria y medioambiental. Así, las políticas llamadas de «devaluación interna» [para rebajar costes sociales y precios] han tenido también como consecuencia debilitar todas las palancas de las administraciones descentralizadas. Debido al descenso de la fianciación, las autoridades locales o regionales ya no pueden garantizar funciones tan básicas como la propiedad, el mantenimiento y la protección del medio ambiente. Necesidad de cambio, por tanto, pero también de un programa para ponerlo inmediatamente en marcha. Para reemplazar el Memorándum, Syriza ha elaborado un plan social y económico de reconstrucción dinámica de nuestro país del que son portadores en cada escalón nuestros candidatos en las tres citas electorales.

Y todos insisten mucho en la indispensable cooperación entre los ciudadanos, pero también entre los países miembros de la UE…

A causa del Memorándum de mayo de 2010 Grecia se ha convertido en fuente de negatividad para toda Europa. La llegada del pueblo griego y de Syriza al poder, por el contrario, permitirá que el país pueda transformarse en actor positivo del cambio a escala continental. Nuestro objetivo consiste en acabar rápidamente con la política de austeridad y solventar el problema de la deuda mediante una conferencia europea consagrada a los medios para lograrlo colectivamente. Esto concierne a todos los pueblos europeos, independientemente del lugar en el que vivan, y de que uno se oponga o no a la austeridad. Concierne también a todos los países afectados por un problema de sobreendeudamiento, incluida Francia, cuya deuda pública sobrepasa el 90 % y está al nivel de la de España.

No obstante sus compromisos europeos, ciertos observadores consideran que Syriza sigue siendo ambigua de algún modo en toda una serie de cuestiones : salida de la zona euro, anulación unilateral de la deuda o planes de ajuste estructural…

Respecto a los planes de ajuste de nuestra economía, seamos claros: es un asunto interno de una nación europea democrática y soberana. Europa debería tener algo que decir sobre los objetivos presupuestarios, no sobre los medios para alcanzarlos. Siendo este el caso, ¿hay que repetir que Syriza no ha deseado ni contemplado jamás que Grecia abandone el euro, del mismo modo que no tenemos intención de anular unilateralmente la deuda de nuestro país? Bien al contrario, puesto que proponemos la conferencia europea que he mencionado anteriormente para solventar de manera definitiva y consensuada el problema. En la zona euro somos socios iguales. Y Syriza hará que se oiga la voz del pueblo griego en Bruselas. Tal vez eso le desagrade a la señora Merkel y sus aliados, sobre todo, entre nosotros, a Antonis Samaras y Evangelos Venizelos [primer ministro de Nueva Democracia y viceprimer ministro del Pasok respectivamente] , pero ya es hora de que se preocupen por ello.   

¿Cómo calcula usted reducir en la práctica los déficits públicos ? ¿Con la máquina de hacer billetes ? ¿En contradicción con los tratados de la Unión? Y ¿con qué aliados en Europa ?

Sólo el crecimiento permitirá reducirlos de manera duradera. Y precisamente por esta razón de ajuste presupuestario es por lo que queremos terminar con la austeridad en beneficio de una política de relanzamiento del consumo  interno y de inversión pública. Respecto al fondo de la cuestión, en un pasado reciente Margaret Thatcher parecía todopoderosa e invencible en Europa. Pero fue vencida precisamente por su política europea. A menos que muestre un poco de pragmatismo, la misma suerte le espera a Angela Merkel. En todo caso, si Syriza está en el gobierno, no podrá ella seguir imponiendo austeridad a toda Europa. Es todo una cuestión de relación de fuerzas políticas en el tiempo. Y por eso insistimos tanto en el hecho de que en las próximas elecciones vamos a votar literalmente sobre nuestro futuro. El dilema es bien sencillo : o izquierda o austeridad. Cada voto a los conservadores, los liberales o los socialdemócratas se interpretará políticamente como una aprobación de la austeridad. Y esto afectará de la peor de las maneras a dos generaciones, la nuestra y la de nuestros hijos.    

Alexis Tsipras, dirigente de Syriza, es candidato a la presidencia de la Comisión europea por el Partido de la izquierda Europea (PIE)

viernes, 23 de mayo de 2014

El ‘austericidio’ de la Troika fomenta un neofascismo maquillado en Europa

 

                         

                          CARLOS ENRIQUE BAYO

  “Vamos a asegurarnos de que dentro de 50 años, un italiano, un francés, un inglés, un irlandés o un alemán aún pueda ser reconocido como europeo, y no confundido con un ghanés o un chino”, proclamó hace pocos días Udo Voigt, cabeza de lista del Partido Nacional Demócrata (NPD) de Alemania, la primera formación política neonazi de ese país que puede obtener representación parlamentaria 75 años después del estallido de la II Guerra Mundial.

Pese a que los servicios secretos germanos clasifican al NPD como “racista, antisemita y revisionista” (defensor del Tercer Reich), un cambio en la ley electoral alemana que suprime el umbral mínimo del 3% de los votos para obtener algún escaño parece ahora garantizar que Voigt será eurodiputado gracias a los eslóganes “Dinero para los ancianos, no para los gitanos” y “El barco está lleno”. Y a una demagogia barata que instiga el odio racial más primario: “Europa es el continente de la gente blanca y así debe seguir”, predica este nuevo führer católico de 62 años.

Él asegura ser “demócrata” y niega contra toda evidencia que su ideología sea racista, pero la realidad es que los dirigentes del NPD no sólo han copiado numerosas ideas del nacional-socialismo, sino que “en su programa de deportar de Alemania a unos 12 millones de personas que no consideran racialmente puras, son incluso más extremistas de lo que era el partido NSDAP de Hitler en su congreso fundacional de 1920”, explicaba recientemente a Reuters el politólogo Hajo Funke. “Porque los nazis en un principio sólo hablaban de expulsar a los judíos, mientras que ahora sus herederos pretenden expulsar a turcos, musulmanes e inmigrantes en general”, acabar con el libre tránsito de personas en la zona Schengen y abolir la libertad de contratación de trabajadores de otros países. En definitiva, acabar con la UE, como arenga Voigt:

“Voy a meter un palo entre las ruedas de los que pretenden crear una sociedad multicultural en Europa e impedir los planes de gastar miles de millones en rescates bancarios, en vez de en los desempleados”.

Un discurso ultrademagógico que suena exactamente igual que la cantinela de la líder del Frente Nacional (FN) francés, Marine Le Pen, que seguramente se alzará con la victoria en Francia, cuando promete: “Voy a formar un grupo parlamentario [en la Eurocámara] porque quiero bloquear cualquier avance de la Unión Europea”.

Por supuesto, ella reniega de alianzas con formaciones tan neonazis como el propio NPD, el Jobbik húngaro, el búlgaro Ataka o el Amanecer Dorado griego. Pero proclama su intención de reunir a los euroescépticos de Francia, Holanda (el PVV de Geert Wilders), Austria (el FPOe que dirigió Jörg Haider), Bélgica (el islamófobo Vlaams Belang), Italia (la xenófoba Liga Norte que fundó Umberto Bossi), Suecia (los populistas de Sverigedemokraterna), Eslovaquia (el ultranacionalista SNS) y Lituania (el Partido del Orden y la Justicia), para obtener las subvenciones y el tiempo de intervención en los plenos reservados a los grupos de al menos 25 diputados de siete países distintos.

Igualmente, el antieuropeísta Nigel Farage –cuyo Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) va camino de alcanzar el primer puesto en ese país– descarta ahora los pactos con Le Pen y Wilders, aduciendo que sus posturas ultra-racistas le perjudicarían en su objetivo prioritario de retirar a su país de la UE. Pero estos últimos dicen abiertamente que cambiará de posición en cuanto vea los beneficios de unir fuerzas en la Eurocámara. La candidata del FN Aymeric Chauprade vaticina que podrán reunir a una docena de partidos y medio centenar de eurodiputados en un grupo de formaciones que han optado por enmascarar su ideología neofascista tras un mensaje de defensa de los intereses ciudadanos y nacionales frente a las imposiciones económicas de la Troika y los desastres de la política de austeridad y recortes.

“Más de la mitad de las leyes en Holanda no parten del Ejecutivo neerlandés, sino del Consejo Europeo, de la Comisión o de la Eurocámara; es decir, de la élite europea”, clama Wilders, que puede acabar siendo el más votado en su país en estas elecciones.

Hasta Amanecer Dorado, con media docena de sus líderes en prisión por sus actividades violentas y su propaganda hitleriana, ha presentado a las europeas candidatos civilizados: abogados, empresarios y académicos que ya no agitan cruces gamadas sino el eslogan: “Por una Europa de las naciones, no de los bancos”. Los neo-nazis de Grecia niegan serlo y piensan aprovecharse de la miseria a la que Bruselas condenó a los griegos: “Nosotros no somos fascistas, sino nacionalistas”, afirma su candidata Georgia Vardoulaki. “La cuestión es que la UE arrancó con el objetivo de ser una familia de naciones y se ha transformado en un bloque de amos y esclavos”.

Por su parte, el líder del antisemita Jobbik húngaro, Gabor Vona, ha aparcado su agresiva retórica racista y aparece en los carteles de campaña acariciando a tres perritos cachorros sobre sus rodillas. Ese profundo maquillaje de la anterior imagen paramilitar de los neofascistas europeos viene acompañado de un fácil mensaje populista con el que la población puede identificarse: los ciudadanos están oprimidos por poderes globales y élites corruptas, frente a los cuales hay que resucitar la soberanía nacionalista. Y casi todos esos partidos fascistas emplean las palabras “Libertad” y “Democracia”, precisamente lo opuesto de lo que impondrían si alcanzasen el poder, en sus nombres oficiales: las tres candidaturas conjuntas ultraderechistas en estas elecciones de 2014 se hacen llamar Movimiento por la Europa de las Libertades y la Democracia, Alianza Europea por la Libertad y Alianza Europea de Movimientos Nacionales.

Está claro que las personalidades narcisistas y egocéntricas de todos esos líderes hará difícil que formen un solo grupo homogéneo en Estrasburgo, pero también es innegable que su meteórico ascenso en la Eurocámara (donde, probablemente, más que duplicarán su número combinado de escaños, hasta superar el centenar) ha sido impulsado por el desastroso austericidio que se ha impuesto a la ciudadanía para compensar el crash financiero global, mientras se rescata a las entidades bancarias y se toleran el fraude y los paraísos fiscales.

Una vez más en la historia de Europa, la tremenda desigualdad socio-económica (con su doble fractura, Norte-Sur y entre el 1% que lo tiene todo y el 99% cada vez más empobrecido) y la tragedia de parados, desahuciados, marginados… está alimentando el monstruo del fascismo.

Como concluía Ignacio Ramonet en el último Le Monde Diplomatique, tras constatar que las clases medias están “en estado de pánico” porque ven cómo se deslizan por “el tobogán que las conduce a reintegrar las clases pobres, de donde pensaban (…) haber salido para siempre”:

“La Unión Europea se dispone a lidiar con la extrema derecha más poderosa que el Viejo Continente haya conocido desde la década de 1930”.

¿Y qué remedio nos recetan desde la Troika? Más austeridad para la gente y más enriquecimiento para la élite. Están jugando con fuego… y lo saben.

FUENTE: PÚBLICO.ES

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jueves, 8 de mayo de 2014

VOTAR/NO VOTAR EN CONCIENCIA

 

EDIFICIO SPINELLI, LA FRIALDAD DE LA UE

Una reflexión sobre el 25 de Mayo

Por: José Ramón Montes

La mayoría de las veces no se reflexiona sobre esta obviedad, para votar por algo es preciso reconocer ese algo y desear que adopte unas determinadas líneas existenciales.

Si ese algo se llama, es la llamada UNIÓN EUROPEA, las opciones electorales que se presenten el día 25 de mayo, han de partir necesariamente de que se quiere que esa entidad política funcione con arreglo a determinadas líneas de pensamiento, de comportamiento, de eficiencia social frente a la ciudadanía. SI SE ACUDE A VOTAR EL DOMINGO 25 DE MAYO, SE QUIERE UNA UNIÓN EUROPEA. SI SE ACUDE A UN CONCIERTO ES QUE SE DESEA ESCUCHAR MÚSICA DE CUALQUIER GÉNERO, PERO SI LA MÚSICA NO INTERESA EN ABSOLUTO LA ASISTENCIA AL CONCIERTO ES UN ACTO INÚTIL Y DESAGRADABLE. NO ME GUSTA LA MÚSICA LUEGO NO VOY A NINGÚN CONCIERTO.

Por lo anterior se deduce que hay personas que no desean ni reconocen a la UE, esta es una realidad que no puede negarse pero no por ello es tenida por deseable, hay quienes quieren que el ente desaparezca, deje de existir. Para los escépticos radicales se plantean dos opciones en ese domingo electoral, no votar o votar en blanco y votar por algún partido anti UE en cuyo programa esté la implosión de la Unión, esa opción no es imposible aunque resulte difícil, tal vez la llamada extrema derecha como el FN de Francia tenga algo de ese camino en sus planteamientos, recuérdese que el europeísmo es ante todo, un emblema de la socialdemocracia, que muchos comunistas no aceptaron ni aceptan.

Los bipartidismos de tronco liberal que mandan desde el final de la guerra fría, satanizan cualquier oposición al poder de Bruselas, quienes se opongan a la UE son retrógrados, nacionalistas, chovinistas e insolidarios, partidarios del Estado y enemigos de la globalización que es la modernidad en sus esencias. En España el diario EL PAÍS sería a todas luces el portavoz de esa línea de pensamiento que va más allá de lo meramente

Político entrando en lo económico y en las formas de configurar las normas generales del funcionamiento social.

Por tanto hay que distinguir con claridad entre formas de europeísmo y la negación del tal europeísmo.

Munchas izquierdas ven con simpatía los planteamientos rupturistas de Cataluña, Galicia o Escocia, ¿por qué no se puede negar la pertenencia a ese artefacto que poco a poco va estableciendo la dictadura inapelable de lo económico sobre lo político o lo cultural? .Lo malo es que como en el caso de Cataluña partidos como Convergencia tienen como ideal una independencia de España pero eso si EN EUROPA dejar Madrid para someterse a Bruselas como suele decirse, es salir de Málaga para ir a Malagón. Los franceses, los holandeses de GERT WILDER y los nórdicos manteniendo sus Estados reniegan de la UE les acusan de todo pero ahí están ganado votos. Las actitudes de los ingleses son bastante difíciles de detectar serán felices siendo la estrella 51 de las BARRAS Y ESTRELLAS aunque en Nueva York haya hoy en día demasiados mejicanos para volver el siglo xviii los mejores ingleses están hoy en el TEA PÀRTY Y EN LA ASOCIACIÓN AMERICANA DEL RIFLE.

Hay que tener las ideas muy claras respecto a lo que se desea como alternativa al Tratado de Roma firmado por unos países derrotados y acomplejados. Hay un miedo vergonzante al restablecimiento pleno del poder de Alemania a la que se permite imponer su banca pero se impide la expansión de su gran acervo cultural y lingüístico. La derrota de 1945 pesa como una losa y el inglés es implacable.

En el Continente está Rusia y es también enemigo, la gran ironía está en que lo inglés es el hegemón cultural mientras los ingleses quieren irse a sus océanos y a sus dominios de raza fija.

Una muy elevada abstención y un fuerte voto en blanco desde España, deslegitimaría a la UE y al bipartidismo oficialista, el PSOE aumentaría su desprestigio y los pequeños en crecimiento deberían repensar sus inercias y liberarse de ellas.

¿Se atreverán a montar un patriotismo europeo? No resulta muy cómodo imaginar en una plaza de París o Berlín abarrotada de gente un grito cerrado de ¡VIVA EUROPA! Tremolando la banderita azul de las estrellitas portada por el Presidente de la Comisión. Ese grito no se puede imaginar si xenofobia ¿Dónde están los ideales del europeísmo?, ¿contra quienes se han de esgrimir?

La aburrida cháchara economicista del euro, la competitividad y el paro deja fuera de los focos, cuestiones como las religiosas con el islam y el vetado ingreso de Turquía, el tema OTAN y la broma de la adscripción fáctica de Israel a Europa.

Hay mucho más pero por ahora es lo que puede decirse

José Ramón Montes

Madrid 6 de mayo de 2014

Economía para pobres

 

ALBERTO GARZÓN

Hundamos su Unión Europea

 

Las novelas distópicas operan como antagonistas de las novelas utópicas, y en lugar de relatarnos cómo debería ser el mundo ideal prefieren describirnos un hipotético mundo plagado de injusticias y maldad. 1984 de George Orwell o Un Mundo Feliz de Aldous Huxley son sin duda los ejemplos más conocidos. Sin embargo, con mucho menos conocimiento público, la Comisión Europea está trabajando mano a mano con Estados Unidos en la redacción de un nuevo documento que podría estar prácticamente al mismo nivel. No obstante, el problema del Tratado de Libre Comercio que se está negociando entre la Unión Europea y EEUU es que amenaza con ir más allá de la literatura y podría convertirse en una dramática realidad.

La primera pregunta que nos asalta es ¿cómo es que apenas hemos oído hablar del TLC? Quizás ello tenga que ver con el hecho de que el negociador de la parte europea, Ignacio García Bercero, escribió una carta pública a su contraparte estadounidense para tranquilizarle en relación a la confidencialidad de todo el proceso. Anunció, sin ir más lejos, que la negociación del TLC sería una excepción a la regla 1049/2001 que obliga a las instituciones europeas a hacer públicos sus documentos. Y añadió, para terminar de convencer a su homólogo americano, que los documentos tendrían carácter secreto durante al menos 30 años[1]. El comisario europeo De Gucht suscribiría esa misma opinión en el propio parlamento europeo cuando concedió carácter confidencial a las negociaciones y negó la función negociadora del parlamento[2].

Un TLC es un acuerdo entre varios países o zonas geográficas para incrementar el volumen de intercambio de bienes y servicios. Y generalmente consiste en reducir los impuestos a la importación, lo que permite a los ciudadanos comprar más baratos los productos extranjeros. Sin embargo, la propia Comisión Europea ha reconocido que «las relaciones económicas entre los Estados Unidos y la Unión Europea pueden ser consideradas entre las más abiertas del mundo»[3]. Asimismo, la Organización Mundial del Comercio ha estimado que las tarifas promedio rondan el 3,5% en Estados Unidos y el 5,2% en la Unión Europea. Estamos hablando de niveles extraordinariamente reducidos, lo que nos obliga a sospechar de las intenciones últimas de un TLC entre EEUU y la UE.

Un paso más en nuestro análisis nos lleva al punto crucial. Asegura la Comisión Europea que la clave del TLC está en la armonización de la regulación comercial, lo que dicho así quiere decir poco. Es sabido que las regulaciones de EEUU y la UE difieren en mucho al tratar determinados sectores o productos. Por ejemplo, la Unión Europea opera con un principio regulatorio de precaución que impide la comercialización de los productos si la empresa no ha demostrado previamente que no son lesivos para la salud humana o el medio ambiente. En EEUU tal principio no opera y la regulación es bastante más laxa. Así las cosas, ¿hasta qué nivel searmonizará la regulación? ¿Hacia el de Estados Unidos o hacia el de la Unión Europea?

La pregunta está en el aire, pero las sospechas son crecientes dada la lógica del sistema económico. Y es que cuando se abren las fronteras a la competencia extranjera, como busca cualquier tratado de libre comercio, se inicia unacompetencia a la baja o carrera hacia el fondo que desploma los estándares laborales, medioambientales, sanitarios e incluso democráticos. Es decir, en esas circunstancias económicas cualquier coste es un obstáculo para vencer en la carrera competitiva, y lo mismo da que se trate de un salario alto o de un severo control medioambiental.

El caso del fracking es paradigmático. Esta práctica de extracción de gas y petróleo está extendiéndose como la espuma en EEUU, pero debido a los efectos negativos que tiene sobre el subsuelo e incluso la salud humana su prohibición está ganando terreno en la Unión Europea. Las multinacionales estadounidenses y las multinacionales europeas y algunos líderes políticos han protestado. Las primeras porque insisten en ampliar su mercado, y los segundos porque denuncian que compiten con desventaja. El primer ministro británico, D. Cameron dijo nítidamente que la paralización del fracking promovida desde la UE provocaba que «nuestros competidores vayan por delante de nosotros en la explotación de estos recursos». En suma, que los europeos somos menos competitivos por tener sensibilidad ecológica. Una obviedad, por otra parte.

Así las cosas, la teoría económica nos sugiere que la igualación o armonización de las regulaciones siempre se hace por la baja. Desregulación, en definitiva. No sólo de elementos medioambientales, como el fracking, o sanitarios, como los transgénicos o el etiquetado de productos, sino también laborales y democráticos.

EEUU no ha firmado varios de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) referidos a la libertad sindical. Bajo una cláusula llamada irónicamenteDerecho al Trabajo se esconde una legislación antisindical que será armonizada con la regulación laboral europea. Y precisamente en un contexto económico y político en el que la Comisión culpabiliza de todo a los salarios y a la excesiva regulación laboral… Intrigante.

Más jugo tiene aún la cláusula de protección de los inversores extranjeros, conocida como ISDS (Investor-State dispute settlement), y que supone la creación de tribunales internacionales de arbitraje donde las multinacionales podrán acudir para denunciar a los Estados cuyos gobiernos aprueben normas que atenten contra sus beneficios económicos presentes o futuros. Se trata de un mecanismo ya existente para otros países y zonas económicas que operaría como una supraconstitución.

Desde que Argentina cambió su política económica tras la crisis de 2001, ha recibido más de 40 denuncias por parte de multinacionales. Las empresas argumentan que sus beneficios presentes y futuros han disminuido notablemente como consecuencia del cambio en la orientación política. Por otra parte, Ecuador fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a la petrolera Occidental Petroleum por abandonar la construcción de un pozo de petróleo en las amazonas. E incluso Libia tuvo que pagar 900 millones de dólares de beneficios perdidos por un proyecto turístico en el que sólo se habían invertido 5 millones de dólares. Son sólo algunos ejemplos que revelan las consecuencias de una cláusula de esta naturaleza.

Por cierto, estos litigios son llevados a cabo por gabinetes jurídicos especializados en la materia y que cobran por el volumen de casos. A finales de 2013 había un mínimo de 268 demandas pendientes contra 98 países según la UNCTAD, y en los noventa sólo había una docena. Pocos Estados se pueden permitir igualar la alta remuneración que reciben los abogados de las grandes multinacionales, y mucho menos mantener un equipo entero especializado en el tema.

Al fin y al cabo se trata de un atentado contra la democracia, incluso entendiendo ésta sólo en su aspecto procedimental, y que otorga a las multinacionales un poder y una capacidad de la que carecen los ciudadanos.

Constituye, en definitiva, un nuevo ordenamiento jurídico que a la vez destituye el ahora presente en las constituciones nacionales. Sirve para construir un nuevo marco de reglas profundamente sesgadas hacia el interés individual de las grandes empresas. Supone, a falta de su consecución, una verdadera distopía potencial. Y es, naturalmente, el enésimo intento de lograrlo tras los fracasos del Acuerdo Multilateral de Inversiores y de la Constitución Europea, así como del fallido ACTA que por cierto ahora se rescata en el seno del TLC.

Pero no está todo dicho, afortunadamente. El TLC tendrá que ser aprobado por el Parlamento Europeo, y una movilización social contundente y a tiempo puede suponer una nueva victoria ciudadana y de la clase trabajadora. En España los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE, ya se han dado la mano para aprobar el proyecto. El acuerdo firmado en junio de 2013 entre el Partido Popular y el Partido Socialista en el Congreso recogía una petición expresa al Gobierno para «apoyar un rápido comienzo de las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre los Estados Unidos de América y la Unión Europea ambicioso y naturalmente beneficioso». Sin embargo, es aún posible movilizar a las bases sociales para continuar luchando contra esta Unión Europea regresiva y antisocial.

Sugiero que comencemos cuanto antes por la pedagogía política llevando a todas partes esta antidemocrática y miserable actuación de las élites europeas. Y hundamos sus elitistas y distópicos proyectos con la misma fuerza y contundencia con la que tenemos que impulsar nuestras utopías.

[1] Carta de I. García Bercero a L. Daniel Mullany con fecha 5 de julio de 2013 y titulada “arrangements on TTIP negotiating documents”.
[2] Intervención durante el debate en el Parlamento Europeo de 22 de mayo de 2013: “EU trade and investment agreement negotiations with the US”.
[3]Comisión Europea (2013): “Impact Assesment Report on the future of EU-US trade relations”.

 


Alberto Garzón

Economista nacido en Logroño (1985) y criado en Andalucía. Máster en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente portavoz en las comisiones de Economía, Hacienda y Presupuestos en el Congreso de los Diputados. Comprometido con la tesis número 11 sobre Feuerbach, de Karl Marx. Luchando por construir la unidad de una izquierda coherente, rigurosa, austera y responsable y que sea capaz de sentar las bases de otro mundo posible y necesario.