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viernes, 6 de marzo de 2015

Cómo se radicalizó la clase media griega

 

 

La  Familia griega, se radicaliza

 

 

Vasilis Leontitsis · · · · ·

 

Una serie de comentaristas se han referido a la capacidad que tuvo Syriza de atraer el respaldo de un amplio sector de la sociedad griega en su victoria electoral del pasado 25 de enero. Vasilis Leontitsis escribe que una dinámica clave en las elecciones fue el apoyo que recibió Syriza de familias de clase media baja. Sostiene que si bien estas familias habían tendido a votar de modo conservador en anteriores elecciones, un nítido efecto de la crisis económica del país consistió en radicalizar a este sector del electorado y empujarlo hacia partidos con programas más radicales.  

Las recientes elecciones nacionales han provocado un desplazamiento considerable en el paisaje político griego y europeo. Es la primera vez que un partido radical de izquierdas ha ganado las elecciones generales en Grecia y, ciertamente, en Europa Occidental. Esto en sí mismo constituye una hazaña para Syriza y Alexis Tsipras, su carismático dirigente populista.

Sin embargo, existe un aspecto que ha pasado por alto el debate político posterior a las elecciones. A saber, que tras la transformación radical experimentada en Grecia está el hecho de que la familia griega media como institución principal de la sociedad griega no está necesariamente bajo el influjo de la lucha ideológica entre izquierda y derecha. Naturalmente, ha habido elementos de influencia en las ideas en las recientes elecciones. Sin embargo, lo que es todavía más importante, las familias griegas han demostrado preocupaciones prácticas y han luchado en muchos aspectos por su autoconservación.    

La familia era y sigue siendo la piedra angular de la sociedad griega. Se basa en la ayuda mutua y en las relaciones simbióticas entre sus miembros. En un país en el que el Estado nunca ha sido capaz de proveer una red completa de seguridad social, la familia es considerada una institución inviolable que absorbe los choques externos cuando es preciso. Esto ha permitido históricamente a sus miembros capear tormentas sociales y financieras.

Sin embargo, después de cinco año de desempleo creciente, deudas de los hogares y una reducción de sus ingresos disponibles, la familia griega se debate hoy tratando de desempeñar este papel fundamental. Ha aumentado el número de hogares en paro en el país. Además, el ahorro negativo (es decir, gastar los ahorros existentes para compensar la falta de ingresos) constituye hoy la norma. De aquí que se haya visto comprometida la posibilidad de conservar un nivel saludable de ingresos familiares.

Naturalmente, son las familias de clase media baja las que más han sufrido. Esas familias constituyen el espinazo de la sociedad griega. En el periodo posterior a 1974, el llamado Metapolitefsi (después de la dictadura), llegaron a acumular algunos modestos activos. Y cuando empezó la crisis financiera eran relativamente acomodadas para lo que han sido los baremos históricos griegos. Disfrutaban de un nivel de vida decente que se basaba en los lazos de solidaridad de sus miembros.

Las familias de clase media baja relativamente acomodadas en el pasado se han convertido en nouveaux pauvres de hoy, los nuevos pobres. Han perdido muchísimo en términos de riqueza material. Sus activos financieros se han evaporado, pero han conservado un vivo recuerdo de tiempos financieramente más seguros. Añádase a esto que se sienten humillados y traicionados por las élites políticas griegas tradicionales y sus socios europeos. Esto ha agitado el descontento y ha radicalizado a un segmento de la población que ha sido tradicionalmente conservador en lo social.

Esta parte de la sociedad griega tendía, hasta hace bien poco, a evitar cambios políticas bruscos. De aquí que el discurso político de la izquierda radical tendiera a ahuyentar a esos votantes. Durante años votaron a Nueva Democracia, el mayor partido conservador griego, o al Pasok, un partido de centroizquierda que hace tiempo que perdió sus raíces socialistas. Ambos partidos promovían políticas semejantes, basadas cada vez más en el neoliberalismo o en versiones rebajadas del mismo. Mientras se protegieron los cimientos financieros de las familias griegas, mediante el crecimiento económico y las relaciones clientelares, estuvieron encantados de preservar el statu quo político.

La aguda crisis financiera anuló este bonito equilibrio. El desplome financiero del hogar medio griego llevó al derrumbe de las viejas lealtades políticas. Las élites políticas tradicionales se vieron deslegitimadas y los ciudadanos griegos buscaron alternativas en la ultraderecha con Amanecer Dorado o en la izquierda radical, es decir, en Syriza. Y esta última, sobre todo, llenó rápidamente el vacío político. Ofrecía esperanzas a un electorado desilusionado. Ofrecía también el potencial de revertir las medidas que habían paralizado la base financiera de los hogares griegos.  

La familia media griega ya no tiene nada más que perder. No tiene nada que temer. Por esta razón es por lo que el intento de Nueva Democracia de generar inquietud respecto a la economía en las recientes elecciones fracasó como estrategia política. Sintiéndose perdidas las familias griegas, traicionadas e inseguras, estaban preparadas para llegar a los extremos del sistema de partidos con el fin de expresar su resentimiento por los años de penuria. Estaban, así pues, listas para adherirse a alternativas políticas radicales, al haberse atrevido a navegar aguas inexploradas. La victoria de Syriza dejó esto claro: el electorado estaba listo para responder a la conmoción del pilar más sacrosanto de la sociedad griega: la familia.

Vasilis Leontitsis, profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, es especialista e investigador sobre Grecia y la Unión Europea.

FUENTE: SINPERMISO

lunes, 19 de enero de 2015

UN VIENTO RECISTA RONDA POR EUROPA

 

 

Un fétido viento de racismo ronda por Europa

Je suis Charlie Chaplin

Shlomo Sand

CounterPunch

 

“La lectura del Corán es repugnante. Desde que nace, el islam se distingue por su voluntad de someter el mundo. Su naturaleza, es someter..." (Michel Houellebecq, citado el 31 de agosto de 2001).

Nada justifica un asesinato, aún menos un asesinato masivo cometido a sangre fría. Lo que ha ocurrido en París, a comienzos de enero, constituye un crimen absolutamente inexcusable.

Decir algo semejante no contiene nada original: millones de personas piensan y sienten de la misma manera. Sin embargo, a la luz de esta horrible tragedia, una de las primeras preguntas que se me ocurren es la siguiente, a pesar del profundo disgusto experimentado por los asesinatos, ¿es obligatorio identificarse con las acciones de las víctimas? ¿Tengo que ser Charlie porque las víctimas eran la encarnación suprema de la ‘libertad de expresión’, como ha declarado el presidente de la República? ¿Soy Charlie no solo porque soy un ateo secular, sino también por mi antipatía fundamental hacia las raíces opresoras de las tres principales religiones monoteístas occidentales?

Ciertas viñetas publicadas en Charlie Hebdo, que he visto hace mucho tiempo, me parecieron de mal gusto. Solo unas pocas me hicieron reír, ¡pero ese no es el problema! En la mayoría de las viñetas sobre el islam publicadas por el semanario durante la última década, he percibido una irritación manipuladora que se proponía seducir aún más a los lectores, obviamente no musulmanes.

La reproducción por Charlie de las caricaturas publicadas en la revista danesa me pareció espantosa. En 2006, ya había percibido como una provocación pura el dibujo de Mahoma portando un turbante combinado con una bomba. No se trata de una caricatura contra los islamistas, sino de una estúpida amalgama del islam con el terrorismo, ¡es equivalente a identificar el judaísmo con el dinero!

Se ha afirmado que Charlie, arremete imparcialmente contra todas las religiones, pero es mentira. Ciertamente, se burla de los cristianos y, a veces, de los judíos. Sin embargo, ni la revista danesa, ni Charlie se permitirían (afortunadamente) publicar una caricatura presentando al profeta Moisés, portando kipá y flecos ceremoniales, con el aspecto de un astuto prestamista, sobrevolando la esquina de una calle. Es bueno que en la sociedad que en estos días se denomina "judeocristiana" (sic) ya no debería ser posible diseminar públicamente el odio a los judíos como sucedía en un pasado no demasiado lejano. Estoy por la libertad de expresión mientras me opongo al mismo tiempo a la incitación racista.

Admito, gustosamente, que tolero las restricciones generalizadas impuestas a Dieudonné por su "crítica" y sus "chistes" contra los judíos. Por otra parte, me opongo positivamente a los intentos de controlarlo físicamente. Y si, por casualidad, algún idiota lo ataca, no me espantaré demasiado… pero no llegaré a enarbolar una pancarta con la inscripción "yo soy Dieudonné".
En 1886, se publicó en París La France juive de Edouard Drumont. Y en 2015, el día de los asesinatos cometidos por los tres idiotas criminales, aparece bajo el título de Soumission la France musulmane, el libro de Michel Houellebecq. El panfleto La France juive fue un auténtico éxito de ventas a finales del Siglo XIX. Incluso antes de su aparición en las librerías, ¡Soumission ya es un éxito de ventas!

Estos dos libros, cada uno en su época, han gozado de una considerable y calurosa cobertura en los medios de comunicación. Hay, ciertamente, diferencias entre ellos. Entre otras cosas, Houellebecq sabe que, a principios del Siglo XXI, ya no es aceptable generar temor ante una amenaza judía, pero que sigue siendo fácilmente aceptable vender libros implicando una amenaza musulmana. Alain Soral, menos hábil, no ha comprendido las "reglas", y por este hecho se le margina en los medios. ¡Tanto mejor! Houellebecq, por otra parte, ha sido invitado, con mucha fanfarria, a aparecer en el codiciado programa de las 8 de la noche (journal de 20 heures) de la televisión pública francesa, mientras su libro es simultáneamente responsable de diseminación del temor al islam.

Un mal viento, un fétido viento de peligroso racismo, ronda por Europa: existe una diferencia fundamental entre el cuestionamiento de una religión o de una creencia dominante en una sociedad y el ataque o a la incitación contra la religión de una minoría dominada. Si desde el seno de una sociedad "judeomusulmana" [no menos ridícula que la etiqueta judeocristiana] en Arabia Saudí, en los Emiratos del Golfo, hay un mar de fondo de protestas y advertencias contra la religión dominante que oprime a miles de trabajadores, y millones de mujeres, tenemos la responsabilidad de apoyar a los manifestantes perseguidos. Ahora, como sabemos perfectamente, los dirigentes occidentales, lejos de alentar a los e sabe perfectamente, dirigentes occidentales, lejos de alentar a los "voltairenses y russonianos" en Medio Oriente, mantienen su total apoyo a los regímenes religiosos más represivos.

Por otra parte, en Francia o en Dinamarca, en Alemania o en España, pobladas por millones de trabajadores musulmanes, frecuentemente obligados a realizar los peores trabajos, en la parte baja de la escala social, es necesario mostrar la máxima prudencia antes de criticar al islam, y sobre todo no ridiculizarlo de modo grosero.

Actualmente, y sobre todo después de esta terrible masacre, mi simpatía va hacia los musulmanes que residen en guetos adyacentes a las metrópolis, quienes corren considerable riesgo de convertirse en las segundas víctimas de los asesinatos perpetrados en Charlie Hebdo y en el supermercado Hyper Cacher. Sigo tomando como referencia el ‘Charlie original’: el gran Charlie Chaplin, quien nunca se burló de los pobres y de las personas con menos formación.

Además, y sabiendo que lo que uno escribe siempre ocurre en un contexto, ¿cómo no presentar el hecho de que, durante más de un año, hay tantos soldados franceses presentes en África para "combatir a los yihadistas", cuando no se ha realizado ningún debate serio en Francia sobre la utilidad o el daño de esas intervenciones militares? Al gendarme colonial de ayer, que tiene una responsabilidad indiscutible en el patrimonio caótico de fronteras y regímenes [arbitrarios], se le "hace volver" hoy para reinstalar "la ley y el orden" mediante su gendarmería neocolonial contemporánea.

Francia se unió a la coalición militar en Irak, junto al gendarme estadounidense responsable de la enorme destrucción del país sin haber expresado jamás el más mínimo pesar y participa en los bombardeos de las bases del Estado Islámico. Aliada con la "ilustrada" dirigencia saudí y otros ardientes partidarios de la "Libertad de expresión" en Medio Oriente, [Francia] preserva las fronteras de la partición ilógica que ha impuso hace un siglo según sus intereses imperialistas. La llaman para bombardear a los que amenazan las preciosas reservas de petróleo cuyo producto consume, sin comprender que al hacerlo invita al riesgo de ataques terroristas en el corazón de la metrópolis.

Pero, en realidad, es posible que ese proceso se comprenda bien. El Occidente ilustrado no puede posiblemente ser una víctima ingenua e inocente, como adora presentarse. Por supuesto, para que un asesino mate a sangre fría a gente inocente y desarmada es necesario ser cruel y perverso. Pero es necesario ser hipócrita o estúpido para cerrar los ojos ante los hechos que han creado los fundamentos de esta tragedia.

También es prueba de una ceguera que más vale que comprendamos: este conflicto aumentará aún más si no trabajamos todos juntos, ateos y creyentes, para abrir caminos verdaderos de vida conjunta sin odiarnos mutuamente.

Shlomo Sand es autor dl libroe How I Stopped Being a Jew [Cómo dejé de ser judío], Verso, 2014. En noviembre de 2014 a le negaron la oportunidad de hablar en una Universidad en Francia (fuente de la libertad de expresión). La UJFP resume el asunto aquí .

Una versión anterior de este artículo se publicó en la web de la Union Juive Française pour la Paix   y se reprodujo en Mediapart . Traducido del hebreo al francés por Michel Bilis y al inglés por Evan Jones.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/01/16/je-suis-charlie-chaplin/

"Hay que conservar el impulso de bondad que Francia expresó el día 11"

 

 

Susan George, escritora y presidenta de honor de ATTAC, en su casa de París en el 2010 Getty

Rafael Poch | París

 

“Espero que lo que ha pasado con Charlie Hebdo dé energía a la gente con buenas ideas y que esta tragedia no sea solo una excusa para endurecer las políticas de seguridad”, dice la escritora franco-americana Susan George, nacida en 1934 y residente en París desde los años cincuenta. Presidenta de honor de la asociación altermundista ATTAC, George acaba de publicar el libro Los usurpadores, cómo las transnacionales toman el poder que Icaria publicará en español en marzo. Es imperativo, “conservar el impulso honesto” que se manifestó masivamente el domingo pasado en París y otras ciudades de Francia en reacción a los atentados sufridos.

Este atentado parece un regalo al establishment: divide a los de abajo y fomenta una “unión sagrada” desde arriba. ¿Cómo ve la situación creada?

Es un regalo para el Frente Nacional, pero la reacción que siguió, seguramente con más protagonismo de la clase media mayoritariamente blanca, fue positiva. El impulso que se vio en la movilización del día 11 fue honesto: significa que la gente quiere ir más allá, quiere integrar a la gente que no lo está, y eso es muy positivo. En la sociedad francesa hay gente que se siente excluida, como se demostró en 2005 cuando los disturbios en las banlieues. Entonces no se hizo nada, pese a que se sabe lo que se necesita: más vivienda social, clases con menos alumnos, esfuerzos en educación…, pero lo único que han conseguido es que se creen ghettos dentro de la sociedad. Es verdad que hay una realidad compleja, que cuando se ha integrado a un millón de personas siempre hay otro millón que acaba de llegar, o sea que es un fenómeno continuo que obliga a mantener el esfuerzo. Los hermanos Kouachi eran huérfanos, con una educación deficiente, gente que acaba el colegio y no sabe nada, luego delincuencia menor que pasa a ser mayor, cárcel, que es una escuela de radicalización… es un esquema que se repite con los jóvenes que deciden irse a Siria, se aburren como ostras y de pronto les vienen unos tipos que les dicen que el Estado islámico les dará armas, mujeres, un sueldo, poder… y se van. En cualquier caso se trata de una minoría. La estadística dice que el riesgo de morir en un atentado en Francia es de 3,2 personas por cada 100.000, comparado con los 3000 que mueren atropellados, las 120 mujeres víctimas de la violencia de género o los 730 niños que mueren por maltrato, pero es muy espectacular. En Francia se necesitan entre 15 y 25 personas para vigilar a una sola. Además ahora la táctica de quienes están metidos en esto es camuflarse en la masa, ser discreto, no ser abiertamente religioso, no estar metido en grupos, no ir regularmente a la mezquita para frecuentar a tal o cual Imán, etc…Complicado. Conocía a Bernard Maris (el economista muerto en la redacción de Charlie Hebdo) y sigo muy triste por todo esto, pero pienso que la unidad que se vio el domingo pasado era real, sincera, y aunque no fue completa, porque hay una brecha y en las banlieues la gente dijo “esto no me concierne”, la reacción fue positiva y hay que intentar conservar este impulso de bondad. No quiero que todo esto sea una excusa para dar un giro aún más pronunciado hacia la derecha.

¿Es el racismo un problema tan grave en Francia como en estados Unidos?

Para nada. No tiene las mismas raíces. Allí tuvimos una guerra civil por ello. Cuando llegué a Francia conocí a varios americanos negros que me decían que la vida era mucho mejor aquí que en Estados Unidos, y eso era en los años cincuenta. Es otra categoría, aunque en Francia también está relacionado con la clase social; después de la guerra de Argelia había mucho resentimiento contra los argelinos…

…Y un millón de pieds noirs expulsados del norte de África que se encontraron con dos millones de magrebíes…

Si, pero esto acaba por diluirse. Ahora hay otra generación, pero es cierto que hay ghettos. Montreuil es la tercera ciudad de Mali en población; va uno y le sigue el primo, la familia, es normal la gente crea comunidades. Así que no siempre es culpa de Francia, hay también una elección individual, porque la gente quiere hablar su lengua y estar con los suyos. Es natural. Cada cinco o diez años Francia confecciona su censo y está prohibido preguntar sobre origen étnico o religión. Eso no aparece en estadísticas. Me parece bien. En Estados Unidos es lo contrario, la gente se define como blanca, negra, mestiza, latina…

Es “valiente sátira política” la permanente injuria al sentir de una minoría estigmatizada y objeto de discriminación y racismo? ¿De qué se trata el fenómeno Charlie Hebdo?

En Francia no se puede alentar el odio contra los judíos o contra los musulmanes, pero la blasfemia no es delito, menos en Alsacia donde al parecer aún está en vigor una ley de la época alemana. El país tiene una concepción de la laicidad muy diferente de la que tienen otros países europeos, como España, con siglos de interferencia de la Iglesia Católica en los asuntos de Estado. Eso no existe en Francia que tiene una ley muy estricta que existe desde 1905 y que dice que la gente crea lo que le de la gana, al Estado no le importa. Hay libertad de conciencia, de culto, pero hay una separación muy estricta para que no haya interferencia. Eso está muy bien si se compara con Estados Unidos, donde algunas iglesias evangélicas y lobbies religiosos tienen mucho poder, como el lobby judío que garantiza que la política del gobierno respecto a Israel no cambie. Nadie ha dicho que Charlie Hebdo fuera de buen gusto. Era un producto muy anarquísta, a veces divertido, otras solo provocativo e incluso estúpido, menos informativo que Le Canard Enchaîné, que también es un periódico satírico. La iglesia católica lo denunció una docena de veces, pero eso no tiene nada que ver con lo que ha pasado ahora, porque estos terroristas han matado a gente. A mi hay revistas que me molestan, por ejemplo Minute, revistas de extrema derecha que publican cosas tremendas sobre los musulmanes o sobre los negros, pero no las leo y punto. Si se quisiera imponer una censura el problema es que no se sabe por donde empezar ni donde acabaríamos.

¿Cómo explica la siguiente paradoja?: El desorden neoliberal culmina en debacle en 2008, pero siete años después nos encontramos en plena ofensiva de aquel mismo desorden: más guerras que nunca en el exterior, recorte del estado social hacia adentro, Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) contra el que usted dedica tanta energía…

Es sorprendente que esta doctrina y su práctica se hayan desarrollado más que nunca. Los Estados, a los que considero totalmente cómplices de los bancos y las multinacionales, aceptaron dejarlo todo igual. Nadie ha querido controlar a los bancos ni proponer nuevas reglas. Es la misma historia. En su día destruyeron el New Deal de Roosvelt para construir todo lo que ha permitido que esta crisis tuviera lugar. En solo siete años desmantelaron la docena de leyes impuestas por Roosvelt. Bill Clinton firmó la última de esas leyes, la que cancelaba la Ley Glass-Steagall, en 1999, y enseguida los bancos se fusionaron y se les permitió jugar con el dinero de la gente. Aquella libertad permitió preparar esta crisis y provocarla. Se decía lo mismo en 1929; presupuestos equilibrados, austeridad, la idea que la crisis se va a resolver por si sola… con los resultados que se ven en España, Grecia, Portugal y tantos otros lugares. Ahora estamos frente a una deflación, que la gente con dos dedos de frente advertía. Draghi introdujo un pocote alivio, pero es poco y demasiado tarde…

Pero el descrédito de todo este desorden se ha hecho evidente y aún así se sigue con lo mismo…

Es lo que nos preguntamos en Nouvelle Donne, que quiere decir lo mismo que New Deal, porque antes de constituirnos en partido éramos una asociación que se llamaba Colectivo Roosvelt que proponía acciones legislativas similares a las de Roosvelt. El economista Pierre Larrouturou y otros iban a ver a François Hollande y a Jean-Marc Ayrault, les decían que no podrían sacarnos de la crisis con estas políticas y les contestaban que ya lo sabían pero no les escuchaban, no se si por estupidez o por complicidad con los bancos.

¿Por qué la cuestión del TTIP es para usted la prioritaria ahora?

Porque con una sola medida pueden llegar a destruir todo el sistema judicial, el sistema de reglamentación de Europa, para dar mucho más poder a las empresas que ya tienen bastante. Es algo que ha estado en preparación durante 20 años y que ha sido preparado solo por empresas transnacionales de Europa y estados Unidos. Son las transnacionales las que preparan los textos y las que van a decidir si tenemos que aceptar o no los organismos genéticamente modificados, por ejemplo, toda una serie de cosas que han sido rechazadas por los europeos, como la sanidad privada y más educación privada. Significa la privatización de todo lo que nos queda de servicio público y supone realmente la culminación del edificio neoliberal. Hay que parar esto y creo que se puede parar. Hemos reunido 1,2 millones de firmas, hay muchos colectivos y con un año más de campaña se puede ganar.

Como persona con raíces anglosajonas, ¿cómo interpreta usted el french bashing, la denigración de Francia tan recurrente en los medios anglosajones?

¿French bashing porque no siguieron a EE.UU en las guerras de Iraq? A mí me parece muy bien: mire a donde nos han llevado esas guerras. Sin ellas no hubiéramos tenido guerra en Siria ni Estado Islámico. Ni le menciono a los británicos, eso es una historia que dura desde hace más de mil años, desde Guillermo el Conquistador… Respecto a la crítica del estatismo francés, yo estoy muy contenta con ese estatismo. Tener un Estado centralizado que cree empleo es positivo. Necesitamos gasto público. Los suecos quizá fueron demasiado lejos cuando su gasto representaba el 70% del PIB, pero un 50% no es mucho. Si quieren un 20% del PIB en gasto público, volveremos al nivel de 1919.

Francia, que dispone de la tradición social más potente del continente, parece ser prisionera de la falta de soberanía a la que le condena el marco europeo y el consenso de Bruselas ¿Qué hacer para liberar el potencial francés?

Soy muy europea pero no estoy a favor de esta Europa. Europa es el futuro porque ningún país europeo se las puede arreglar solo, pero esta Europa neoliberal, y particularmente los diez años de Barroso, han hecho mucho daño. Syriza o Podemos quizá puedan hacer que vayamos hacia otra Europa solidaria. Hay que apoyarlos. Europa no tiene nada que decir sobre cómo tienen que votar los griegos. Los pueblos deben decidir individualmente lo que quieren, como españoles, catalanes, pero al mismo tiempo hay esa necesidad de solidaridad. Los franceses sabemos que Europa no es democrática: en 2005 votamos contra la constitución europea, pero al final nos hicieron lo mismo con el Tratado de Lisboa. Hay que luchar contra eso, pero no saliendo de Europa o del euro como pide el Frente Nacional. Espero que lo que ha pasado con Charlie Hebdo dé energía a la gente con buenas ideas y que esta tragedia no sea solo una excusa para endurecer las políticas de seguridad, porque la seguridad total es algo imposible.

Susan George, escritora altermundialista, acaba de publicar el libro 'Los usurpadores', sobre cómo las transnacionales toman el poder

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lunes, 28 de abril de 2014

El cerdo, último frente abierto en las guerras culturales de Europa

 

Gavan Titley · · · · ·

27/04/14


EROCERDO

 

Tras su significativo avance en las últimas elecciones locales, la dirigente del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, se apresuró a anunciar que los comedores escolares ya no servirían menús alternativos al cerdo a los niños de las ciudades gobernadas por el FN. Tomando como blanco a los musulmanes en una ronda más de humillación pública, a la vez que excluía a los niños judíos, declaró Le Pen: "No hay razón para que entre la religión en la esfera pública".

Mientras que Le Pen encuadraba esta fijación con las exigencias dietéticas de sus conciudadanos como defensa del laicismo del Estado, el alcalde del FN de la ciudad sudoccidental de Arveyres, Benoit Gheysens, sugería que la medida estaba simplemente destinada a recortar gastos e impedir que "el personal se viera agobiado" por un excesivo dispendio de comida. Esta mezcla de preocupación medioambiental y compromiso laico ilustra lo ecléctica que puede ser la extrema derecha en su defensa del orden y cómo la conversión de Le Pen a los valores republicanos se ve configurada por esta elasticidad estratégica.

En fecha tan reciente como 2011, Le Pen se vio amenazada con ser procesada por describir a los musulmanes que rezan en las calles como algo comparable a la ocupación nazi de Francia, en vez de optar por oponerse a ello como un ataque a la neutralidad del espacio público. Su posterior cultivo de una defensa derechista del laicismo se basa en que se ha dado cuenta de que puede apropiarse de los valores supuestamente universales de la República como productivo frente en la lucha por la identidad nacional.

La razón primordial de esta conversión estriba, por supuesto, en que proporciona una fértil oportunidad para reproducir repetidamente controversias públicas relativas al "problema musulmán" y su amenaza a la identidad nacional.

Tal como afirma Arun Kundnani en su nuevo libro The Muslims are Coming: Islamophobia, Extremism and the Domestic War on Terror, la construcción social y política del racismo en el periodo posterior al 11 de septiembre se ha atenido en parte a traducir "marcadores culturales ligados a lo musulmán (formas de vestir, rituales, idiomas)… en significantes raciales".

Esta constante fabricación de controversias constituye un ritual por el que puede estereotiparse otra dimensión más de la vida musulmana, presentarla a examen público y señalarla como un problema que requiere una absoluta intervención política. Se pueden generar símbolos continuamente, haciendo que cada marcador cultural quede  eticado como otra prueba más de las excesivas demandas de los eternos extranjeros para con un "anfitrión" tolerante en demasía.

Mucha de esta política de hacerle el caldo gordo al cerdo, que se está volviendo más preponderante por toda Europa Occidental, es oportunista. Por ejemplo, Heinz-Christian Strache, del Partido de la Libertad austriaco, que en 2012 colgó una caricatura antisemita en su página de Facebook, difundió también una foto de él mismo con un cochinillo asado y un pie que rezaba: "Isst du Schwein, darfst du rein" (Puedes entrar si comes cerdo).

El Partido del Pueblo Danés, plenamente entregado a una guerra cultural por los valores daneses, fue de los primeros en sumarse al bienestar animal con el fin de hacer campaña contra la carne halal y lleva mucho tiempo tratando de politizar el suministro de opciones halal en guarderías como "adopción forzosa" de la tradición musulmana. 

Cuando se informó el verano pasado de que algunas guarderías infantiles de Copenhague, tras consultar con los padres, habían dejado de servir productos porcinos, el PPD se quejó de discriminación de la cultura alimentaria danesa. La intensidad del debate que se produjo – y de la acusación de que sólo el PDD hablaba en nombre de la mayoría silenciosa victimizada por minorías con las que se mostraba excesiva indulgencia – dio pie a la primera ministra socialdemócrata, Helle Thorning-Schmidt, a la absurda afirmación pública de la importancia de las albóndigas para la cultura y la identidad danesas.

Que una política de centroizquierda declare su fidelidad a un producto cárnico constituye un efecto previsible de la política europea de integración del último decenio. La integración, pese a todo lo que sugiere de un proyecto nacional de peso, resulta en la práctica una serie de exigencias públicas: tienen que hacer esto, no tendrían que hacer aquello. La política de integración responde a las preocupaciones de la era neoliberal produciendo problemas simbólicos que pueden arrostrarse políticamente mediante acciones simbólicas que no cuestan nada.

Sin embargo, nunca les sale gratis a quienes se racializa como problema. Así, por ejemplo, es en este contexto donde se ha desarrollado un género de acción directa centrado en imponer simbólica y físicamente productos de cerdo a los musulmanes. El grupo francés "antirracismo antiblancos" Bloc Identitaire ha ocupado mezquitas e intentó organizar una marcha de respuesta contra el "rechazo racista" de los musulmanes a comer cerdo.

En lo que se describió después, como era de prever, como una broma, el Vlaams Belang flamenco asaltó una celebración gastronómica en una escuela de Schoten y les metió a algunos niños salchichas de cerdo en la boca. Cuando algunos jóvenes de Helsinki con iniciativa quisieron humillar a un solicitante de asilo afgano que llevaba treinta días en huelga de hambre delante del parlamento finés, se grabaron en video invitándole a calentarse las manos sobre una hoguera antes de asarse en ella unas salchichas.

El cerdo se ha convertido en un meme racista, continuamente adaptado mediante prácticas de hostigamiento: ha habido cabezas de cerdo clavadas en las puertas de las mezquitas, sobres con restos de cerdo enviados por correo, tiras de jamón con las que se frotan los pomos de la puertas, lonchas de jamón metidas en los zapatos de los fieles mientras rezan…

Este es el contexto político en el que intenta inscribirse la política de Le Pen de denuncias en torno al cerdo, pese a todas sus elevadas apelaciones a la República. Y cuando se haya agotado el cerdo, aparecerá una nueva afrenta o una ardiente fuente de resentimiento.

Gavan Titley es profesor de Estudios sobre Medios de Comunicación en la Universidad Nacional de Irlanda en Maynooth y coautor de The Crises of Multiculturalism: Racism in a Neoliberal Age (Zed, Londres, 2011).

Fuente; SinPermiso

lunes, 10 de febrero de 2014

Miles de personas se manifiestan en Suiza por el resultado del referéndum

BERNA, CONFEDERACIÓN HELVÉTICA

La Comisión Europea señaló en un comunicado que "lamenta" esta iniciativa para la restricción de la inmigración europea a su mercado laboral. La campaña denominada "Contra la migración en masa" fue probada por un margen de apenas 0,3%

Opositores a la iniciativa denominada "Contra la migración en masa" se han manifestado en varias ciudades suizas contra el  resultado del referéndum celebrado ayer en el país.

La Comisión Europea señaló en un comunicado que "lamenta" esta iniciativa de introducir cuotas para la restricción de la inmigración europea a su mercado laboral. La medida "va en contra del principio de libertad de movimiento entre la UE y Suiza", reaccionó el Ejecutivo comunitario, a lo que añadió que "examinará las implicaciones de la iniciativa en las relaciones bilaterales entre el bloque y la Federación Helvética teniendo en cuenta el resultado del referéndum".

El miedo al trabajador inmigrante procedente de la Unión Europea se ha impuesto frente a todos los argumentos en su defensa de la clase política y de las organizaciones económicas de Suiza, que en tres años restablecerá el sistema de cuotas para regular su entrada al mercado laboral.

El Gobierno Federal suizo reaccionó señalando que este desenlace "es la expresión de un malestar" social provocado por el aumento de la población y admitió que "marca un punto de inflexión que tendrá repercusiones".

Las dos principales organizaciones empresariales de Suiza manifestaron su decepción y pidieron a las autoridades "soluciones modernas y no burocráticas" para reducir los daños a la economía nacional.

Por un estrecho margen, de apenas 0,3% , los votantes suizos aprobaron hoy en referéndum volver al antiguo sistema para limitar la entrada de trabajadores de la UE, como lo hace en el caso de todo el resto de países.

Esta iniciativa fue apoyada con el 50,3% de votos, así como por la mayoría de los 26 cantones suizos, una situación que se vive como un verdadero terremoto político y que ya ha levantado los temores sobre sus consecuencias en el conjunto de las relaciones con Bruselas.

Este referéndum fue promovido por la Unión Democrática de Centro (UDC), un partido de extrema derecha que tiene en sus registros numerosas iniciativas contra los extranjeros y los solicitantes de asilo.

Las cifras oficiales desmienten el impacto negativo de la entrada de trabajadores europeos en Suiza

El lema elegido hablaba por si sólo: "Contra la inmigración en masa", en alusión a la importante entrada en Suiza de europeos en busca de empleo, particularmente desde el inicio de la crisis económica mundial.

El resultado de hoy restablece, además de las cuotas, el principio de la preferencia por el trabajador nacional frente al extranjero, que estaba abolida desde 2002, en aplicación del acuerdo con la UE sobre la libre circulación de personas.

Todos los comentarios coinciden en que el resultado de esta consulta popular abre un periodo de gran incertidumbre en las relaciones con el bloque comunitario, del que Suiza es evidentemente muy dependiente desde el punto de vista comercial y económico.

Sin embargo, el argumento del grave impacto macroeconómico que podía tener entrar en una renegociación con la UE no fue suficiente para calmar los temores de un importante sector de la población.

La UDC acusó a la inmigración del aumento insostenible de la población y del supuesto aumento del desempleo, particularmente en las regiones fronterizas.

A nivel nacional, sin embargo, las cifras oficiales desmienten el impacto negativo de la entrada de trabajadores europeos en Suiza, donde la tasa de desempleo de 3,2% hace palidecer de envidia a casi a cualquier otro país.

Los promotores del referéndum acusaban también a los trabajadores inmigrantes del incremento de precios en el sector inmobiliario, de la sobrecarga en los trenes, de los problemas de circulación en las carreteras, así como de competencia salarial desleal, al aceptar remuneraciones menores a las que se ofrecería a un suizo.

Se considera que este resultado hará inevitablemente una renegociación no sólo del acuerdo sobre la libre circulación de personas, sino de todo el paquete de acuerdos bilaterales del que forma parte y que están vinculados jurídicamente. Esto lleva a que, si uno de los acuerdos cae, el conjunto caduca, en virtud de la denominada "cláusula guillotina", que varios políticos temen que la UE pueda decidirse a aplicar.

lunes, 20 de enero de 2014

Hungría: panorama pre-electoral

BUDAPEST EN CONSTRUCCIÓN

 

Jake Blumgart · · · · ·

12/01/14

Todo en Budapest parece estar en construcción. Al salir de la estación central de ferrocarril, tras llegar a la ciudad, tuve que abrirme paso entre un montón de maquinaria pesada y de hormigón hecho pedazos: la herencia de una línea de metro que ha estado en construcción desde 2009. En la orilla oriental del Danubio, los turistas se pasean entre encorvados trabajadores de la construcción para acceder al gran número de tiendas pijas en las calles que están siendo repavimentadas. El edificio del parlamento húngaro, con su bosque de agujas puntiagudas en fila, se encuentra vallado e inaccesible desde el este debido a un proyecto masivo de renovación: una eficaz pantalla contra las concentraciones de protesta que se realizan en la plaza con regularidad.

La renovación de las secciones más importantes de la ciudad parece que se debe a la proximidad de las elecciones del 2014, que serán las primeras desde que el partido conservador de Fidesz consiguió 262 de los 386 escaños en el parlamento. El líder del partido, Víktor Orbán, es el más respetado de los antiguos oponentes al régimen comunista. Orbán fue descrito por el historiador Timothy Garton Ash en 1989 como el activista “fogoso de la barba negra” que fue el único orador en la conmemoración de la muerte del líder disidente Imre Nagy capaz de inspirar una ferviente respuesta entre la inquieta multitud. “De entre todos los líderes de la era poscomunista , es el único al que se construirá un monumento”, según me contó un periodista.

Pero desde los embriagadores días de 1989, Orbán ha girado más que nunca hacia la derecha. De nuevo, su partido parece destinado a otra victoria electoral. Los partidos de centroizquierda disponen de poca legimitidad o incluso de poca energía para desafiarle. Sus débiles filas están integradas por viejos fieles militantes y tecnócratas neoliberales. Y la única fuerza que parece querer aprovechar el descontento masivo es el partido fascista Jobbik, una de las formaciones de extrema derecha más fuertes de Europa.

De vuelta al autoritarismo

La mayoría parlamentaria absoluta que Fidesz ganó en 2010 fue de tal dimensión que el partido pudo reescribir la Constitución a voluntad, sin tener que consultar a otros partidos políticos. En 2011, hicieron exactamente eso: diseñarla desde cero con artículos que atentaban contra la independencia de los medios, el poder judicial, el Banco Central, y enfatizaban la identidad cristiana de Hungría. (El nuevo documento engloba la idea de que la vida empieza en la concepción, y que el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.) Los llamamientos a un referéndum popular para aprobar la nueva Constitución fueron desechados, e importantes responsables de instituciones culturales en Budapest fueron reemplazados por miembros fieles al partido.

Las reformas de Fidesz que tenían en el punto de mira a las instituciones socialdemócratas han sido objeto de menor atención. Se ha acabado con la educación superior gratuita y ahora se cobran tasas. Los impuestos progresivos han sido reemplazados por un impuesto fijo del 16%, sin que ni siquiera formase parte de su programa electoral. El gobierno está intentando recuperar los ingresos perdidos con una versión bastarda del impuesto Tobin, que tasa no solo a las altas finanzas, sino también a las transacciones cotidianas, como pagar las facturas de la luz y el agua o las tarjetas crédito.

Se ha impuesto un sustancial aumento de un 27,5% en los impuestos sobre bienes de primera necesidad. Las nuevas reformas laborales han debilitado drásticamente los derechos de los trabajadores, haciendo que sea más fácil echar a los empleados enfermos o a los que protestan; ha limitado la protección legal reduciéndola a un número restringido de sindicalistas en el lugar de trabajo, y ha eliminado las negociaciones colectivas de las empresas públicas.

La izquierda gira hacia el neoliberalismo

Estas políticas de mano dura de Orbán han provocado críticas internacionales. Sin embargo, la debilidad de los movimientos de oposición en el país y la falta de una alternativa progresista eficaz ha sido todavía menos estudiada.

Recientes artículos en el Wall Street Journal y en The Economist han vitoreado las maniobras de los principales partidos de centroizquierda: el tímidamente moderado Juntos-2014, y los socialistas de centro-izquierdas del MSZP, que gobernaron entre 2002-2010 en coalición con el ahora difunto partido liberal, la Alianza de los Demócratas libres. La victoria total de Fidesz en 2010 se debió a la corrupción, a los errores policiales, y a una clara incompetencia del MSZP. Su liderazgo está compuesto básicamente por remanentes de la vieja clase gobernante del Partido Comunista, que han renovado sus tendencias oligárquicas y que ahora gobiernan como neoliberales, aplicando las órdenes que vienen ahora de Washington y Bruselas en lugar de Moscú.

Tras las elecciones de 2006, el MSZP privatizó el sistema sanitario universal, que tenía más de 40 años, y lo sustituyó por un sistema dualizado, que se basa en un sistema de asistencia pública para los pobres y seguros privados para aquellos que se lo puedan permitir. El plan cerró muchos hospitales públicos. Existen problemas reales en el sistema sanitario húngaro, incluyendo la excesiva prescripción de medicamentos, doctores con bajos salarios y dispuestos al soborno y resultados médicos terribles. Pero los esfuerzos del MSZP no dieron lugar a ahorros significativos: “la mayor parte del fracaso (en el gasto médico) proviene del éxito del ministro a la hora de promover los genéricos más baratos en lugar de medicamentos de marca”, en palabras de un think tank pro-privatización.

Los socialistas desmontaron las instituciones social-demócratas, y Orbán vio una salida política. Encabezó la lucha contra las políticas de privatización del MSZP y se las arregló para forzar un referéndum nacional sobre ellas, en el que en 2008 fueron derrotas por un 80% de los votos. La derrota de la reforma sanitaria fue una avanzadilla de lo que tenía que venir: en 2010, el MSZP perdió 131 escaños en el parlamento, y sus aliados liberales fueron expulsados del parlamento por primera vez desde la caída del comunismo. Desde entonces, las estadísticas les han mostrado una y otra vez con un apoyo de menos de la mitad que el de Fidesz, y un reciente seguimiento por edad muestra que su base tiende a disminuir. Fidesz va muy por delante de sus competidores en todas las categorías por edad; el MSZP solo mejora en un 20% entre aquellos encuestados con más de 47, y se acerca a los conservadores solo entre los encuestados de 73 años y mayores.

Otros factores hacen que la revitalización de la izquierda sea improbable. Por encima de todo, la densidad sindical en Hungría ha caído del 19,7% en 2001 al 12% en 2009. La mayoría del movimiento obrero húngaro está formado por sindicatos que ya eran miembros de la SZOT, la domesticada federación oficial de la era comunista. La segunda federación sindical más grande, basada en el sector privado, MSZOSZ, ha seguido afiliada al MSZP, pero no tiene relación con grupos progresistas.

El movimiento obrero en su conjunto parece moribundo, con una palpable falta de nuevos esfuerzos organizativos y con unos afiliados relativamente mayores, la mayoría entre los 40 y los 54 años. En mayo de 2013, tres de las federaciones sindicales, incluyendo MSZOSZ y la mayor de ellas, implantada en el sector público, SZEF, anunciaron sus planes para unirse en una supra federación, en un intento de presentar un frente unido a Fidesz. (Orbán ha estado valiéndose de tácticas de “divide y vencerás” en sus negociaciones con las facciones del movimiento obrero). Pero a menos que la nueva gran organización, haga precisamente eso, organizar a nuevos afiliados, parece poco probable que los esfuerzos den sus frutos.

Aunque el movimiento obrero puede resurgir (los sindicatos de enfermeras lucharon contra el intento del MSZP de privatizar el sistema sanitario, y la mayoría del movimiento obrero luchó a la defensiva contra las reformas antiobreras de Fidesz), sus dirigentes muestran un marcado desinterés en lograr alianzas con otros movimientos sociales. Los activistas sociales que han intentado sumarse a los piquetes o coordinar acciones de solidaridad han sido recibidos con sorpresa. Entretanto, las ONG’s tienen una fuerte presencia en Budapest, incluyendo una serie de organizaciones que defienden los derechos de los gitanos, pero que no tienen ninguna implantación popular, ninguna capacidad de movilización y tampoco de influir en el gobierno. Las ONGs no tienen poder para forzar cambios o para influir en políticos destacados, a la vez que los sindicatos no disponen de recursos para llegar más allá de sus propios afiliados.

Los bárbaros a las puertas

El tercer mayor partido en Hungría es Jobbik, una formación filofascista con una ideología racista antisemita y anti-gitana, y con un sector paramilitar, la Magyar Garda, con la que se coordinan. Este grupo es el que tiene peor fama por la bárbara ocupación de Gyöngyöspata, una pequeña y empobrecida ciudad que, como en la mayoría de pueblos húngaros, hay tensiones entre la minoría gitana, relegada a escuelas destartaladas y a casas por debajo de los estándares normales en las afueras de la ciudad, y los húngaros étnicos.

Con la excusa de que la ciudad ha sido destruida por los “crímenes gitanos”, las milicias de la extrema derecha afiliadas a Jobbik marcharon sobre la ciudad con hachas y después llevaron a cabo “patrullas de vigilancia del vecindario” durante dos meses, simplemente para aterrorizar a los gitanos. A pesar de que el gobierno ha supuestamente tomado medidas contra tal despliegue, el partido todavía convoca marchas con antorchas, repletas de uniformes escalofriantes y de eslóganes racistas, y los miembros uniformados de la milicia hicieron abiertamente su instrucción frente a la reciente convención en Budapest del Congreso Judío Internacional. Su legitimidad política es intocable –en claro contraste con sus homónimos griegos, el partido Aurora Dorada, que ha sido prohibido por el gobierno y que se ha visto enfrentado en las calles por la izquierda organizada.

Las poblaciones rurales en la zona económicamente deprimida del este de Hungría, donde habita la mayor parte de la población gitana, constituyen una base potencial para un partido de extrema derecha. No obstante, el apoyo fascista entre los jóvenes habla por sí solo de la falta de alternativas reales a los partidos políticos establecidos. Las encuestas favorecen a Jobbik más que a MSZP en todos los grupos menores de 47, con un mayor apoyo entre los 18 y 22 años. Con su estable base entre los pensionistas de la tercera edad, el partido socialista no consigue llamar la atención de los jóvenes. Ningún otro grupo progresista ha conseguido llenar el vacío, dejando que los partidos de la derecha atraigan a aquellos insatisfechos con el statu quo. La accidentada integración de Hungría en la Unión Europea y el shock de la gran recesión tuvieron lugar durante el gobierno del centroizquierda; solo Fidesz y Jobbik se han reforzado con sus terribles consecuencias, gracias a sus esfuerzos organizativos sobre el terreno.

Jobbik ofrece becas universitarias, una táctica especialmente popular dado a la reciente introducción de tasas. A medida que se iban reforzando a mediados de la década del 2000, los fascistas organizaron conciertos, fiestas, y otras celebraciones con poco contenido político explícito, pero que sirvieron para construir su popularidad entre los jóvenes húngaros. Hoy, todos los partidos políticos mayoritarios tienen presencia en los mercados públicos, normalmente un puesto con publicaciones sobre el partido y un complaciente representante. Pero Jobbik fue el primero, años antes que los demás. También ha desarrollado su propio juego sobre el terreno, con visitas puerta a puerta, recavando votos. La recompensa por esta estrategia, de organización a ras del suelo, puede verse en sus ascendentes estadísticas.

El camino a seguir

No existe un equivalente húngaro a la Die Linke alemana o a la Syriza griega, que ofrezcan alternativas progresistas a los partidos de centroizquierda de toda la vida. Los tres mayores partidos húngaros de centroizquierda están a la gresca unos con otros, con muy poco interés público por sus rasgos ideológicos. Todos ellos se contentan con una propaganda anti-Orbán, mientras que su partido sigue subiendo en las encuestas con más fuerza que ninguno de ellos.

Podría haber sitio para que emergiera un nuevo partido de izquierda, pero el único esfuerzo visible en el horizonte es el Movimiento por la Cuarta República (4K!), un partido socialdemócrata que se presenta a las urnas por primera vez en 2014. Dicen tener 400 miembros, la mayoría en los veinte o treinta años (poca afiliación, pero la militancia política no supone un fiel indicador de la fuerza electoral en Hungría).

La sede del 4K! en el centro de la ciudad parece pequeña, todavía provisional. Situados en un laberinto de oficinas que incluyen una unidad de periodismo de investigación, un teatro, y una cafetería en un viejo almacén, unos pocos hombres y mujeres bromeaban en sus pantallas de ordenador el día que los visité, sentados entre cajas de pegatinas y carteles de György Dózsa, un campesino que lideró, alrededor del 1400, una cruzada contra la nobleza local. El presidente del 4K!, András Istvánffy, es joven, un chico simpático con un inglés casi perfecto, que puede hablar entusiasmado sobre política y macroeconomía sin parecer estar dando clase.

4K! tiene pocas posibilidades de alcanzar en 2014 el umbral del 5% que se necesita para conseguir representación parlamentaria, pero Istvánffy no parece especialmente preocupado por este hecho. Son un partido joven, fundado en los dos últimos años tras una larga lucha por conseguir su legalización. Estas serán sus primeras elecciones y creen que tienen una oportunidad de subirse al carro: solo con que el partido gane el 1% de los votos, serían elegibles para una financiación estatal para su campaña-.

4K! espera convocar tanto a los jóvenes como a aquellos hartos del centroizquierda establecido, pero que no están interesados ni en Jobbik ni en Orbán. El nombre del partido se refiere a la nueva constitución de Orbán, que ellos consideran ha puesto punto final a la Tercera República formada tras la caída del comunismo. Quieren volver a las normas democráticas del período post-1989, pero con un mayor contrato social.

“La Tercerca República solo cumplió unas pocas de sus promesas… [creando] un sistema estable multipartidista, un estado de derecho, y libertades básicas garantizadas para todo el mundo” La plataforma del partido 4K! dice: “El país ha perdido el mínimo común de civilización que se logró tras el socialismo, es decir, que la sociedad no abandonase a ninguno de sus miembros. Además, la Tercera República casi ha abandonado a los gitanos.”

Pocos húngaros recuerdan la era comunista con afecto. Pero tal y como la plataforma 4K! apunta, hay muchos que echan de menos un poco la seguridad económica del sistema. En aquellos días, el Estado daba trabajo a casi todo el mundo, incluyendo a los gitanos, que ahora se enfrentan a la violencia de Jobbik y a una tasa de desempleo seis veces peor que la de la media nacional del 10%. El Estado comunista proscribía la indigencia. Pero como casi todo el mundo tenía trabajo, incluso los más pobres podían al menos permitirse pagar una habitación en las enormes instituciones conocidas como munkásszálló, hostales donde la gente soltera podía alojarse.

Hoy, Fidesz también ha proscrito la indigencia (una ley que el tribunal Constitucional declaró inconstitucional, y Orbán simplemente cambió la constitución para que encajase en ella), pero la nueva Hungría no ofrece nuevos programas sociales para albergar a aquellos que lo necesitan. Las estaciones y las bocas del metro de Budapest están llenas de gente en sacos de dormir: una visión impactante para aquellos que recuerden la era comunista, cuando nadie dormía en la calle. La indigencia es la enfermedad más obvia de las que acechan a Hungría, como la rampante falta de empleo y el atribulado sistema sanitario, de lo que no puede culparse solo a Orbán: los socialistas y otras élites post-1989 comparten también responsabilidades.

La masiva oposición al programa de privatización de la sanidad y la erosión de la base del partido sugieren que podría haber pronto espacio en el espectro político húngaro para un partido dispuesto a luchar por el estado del bienestar. Hasta entonces, las opciones se quedan en lo neoliberal, fascistas o Orbán. Dadas una opciones tan poco apetecibles, Fidesz no necesita estar reconstruyendo constantemente Budapest para recordar a todo el mundo que ellos son la única apuesta seria en el país.

Jake Blumgart es un joven periodista independiente norteamericano que colabora con la revistaJacobin

jueves, 26 de enero de 2012

HUNGRÍA NAZI

Viktor Orban

Estonia rehabilita a sus nazis, Lituania convierte en tabú el holocausto judío y en Budapest se sueña con la gran Hungría

El parlamento de Estonia aprobará en marzo, por amplia mayoría, conceder el título de "luchadores de la libertad" a los miembros de la "Legión SS" estonia que combatió al lado de Hitler contra los soviéticos en la segunda guerra mundial.

Los veteranos estonianos de la SS, unos 12.000 hombres en 1944, glorifican desde hace años su participación en la guerra en actos oficiales concurridos por veteranos de las SS y jóvenes neonazis de otros países, pero la de marzo será la primera ley en materia de "luchadores por la libertad".

Algo parecido ocurre en Ucrania Occidental, donde se glorifica desde hace años a los combatientes de la división "Galizia" de las SS.

En Budapest, cada 11 de febrero se reúnen ultraderechistas de Alemania, Eslovaquia, Bulgaria y Serbia para conmemorar el llamado "Día del honor". La jornada recuerda el fin de la batalla por Budapest en la que un ejército de 100.000 soldados, alemanes y húngaros, rodeados por los soviéticos mantuvieron la posición durante 52 días, en 1945.

"Occidente se defendió de las hordas rojas de las estepas de Asia con un inmenso tributo de sangre y heroísmo", señala la convocatoria de grupos neonazis alemanes para acudir este año al acto de Budapest.

El cerco de Budapest tuvo entre sus consecuencias la aniquilación de gran parte de los últimos judíos que aun quedaban en la ciudad, a manos de los fascistas húngaros.

"En muchos países del antiguo bloque oriental se está abriendo paso una unilateral versión de la historia a la medida de la ultraderecha", constata el periodista rumano-alemán William Totok.

El fenómeno supera lo meramente histórico para manifestarse en una creciente hegemonía política derechista que parece estar calcando el mapa de los años treinta, cuando la región estuvo dominada por regímenes ultraderechistas.

Regreso a un mapa conocido

Los países bálticos, Rumanía, Bulgaria, Hungría, la Ucrania occidental y la católica y conservadora Polonia, vuelven a destacar en papeles en los que ya se les vio en vísperas de la segunda guerra mundial.

En la segunda guerra mundial seis países europeos fueron aliados militares de Hitler: Finlandia, Hungría, Rumanía, Italia, Eslovaquía y Croacia. Sólo Finlandia, que no se identificó con la ideología racista que animaba la guerra, mantuvo un sistema democrático dentro de aquel bloque y contó hasta el final con soldados y oficiales judíos en su ejército.

Otro grupo de países oficialmente "neutrales" u ocupados como, España, Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca y Noruega, enviaron voluntarios a luchar con Hitler.

En los países bálticos, en el Cáucaso del norte, en Polonia, Ucrania y Bielorrusia, así como en la misma Rusia, los agravios históricos del dominio imperial ruso, de la represión y deportación estalinistas, de la colectivización agraria y la cuestión nacional, o los ecos de la propia guerra civil rusa, se tradujeron en luchas activas contra la URSS de Stalin, que Hitler instrumentalizó en su favor de diversas maneras.

Nuevo "macartismo" europeo

La llamada "Declaración de Praga" de junio de 2008, iniciada por Vaclav Havel y otros disidentes anticomunistas del antiguo bloque del Este, y parcialmente bendecida por la Unión Europea, dio alas a no pocas tendencias internas en esos países al equiparar nazismo y comunismo. Con el paquete del anticomunismo regresa el antisemitismo y el maltrato al gitano.

En Lituania, por ejemplo, desapareció de la visión, la aniquilación del 95% de los 220.000 judíos locales, entre 1941 y 1944. Los alemanes daban las órdenes, pero la mayoría de los ejecutores del exterminio fueron voluntarios lituanos. La memoria de ese colaboracionismo criminal no existe.

Los lituanos, que sufrieron mucho a manos de los soviéticos, se han escudado en los 30.000 de ellos que fueron deportados a Siberia en 1941, y en las decenas de miles que volvieron a serlo o fueron ejecutados al concluir la guerra, para construir una conciencia nacional limpia y sin tacha, pese a que tiene 195.000 cadáveres judíos en el armario.

En el Museo Nacional de Vilnius la narración salta desde el periodo 1939-1941 hasta 1944, sin detenerse en los años claves del holocausto y el colaboracionismo. Desde junio de 2010 el código penal lituano criminaliza la puesta en cuestión del "doble genocidio".

En 2008 se estableció la prohibición de símbolos nazis y comunistas, pero un tribunal de Klaipeda sentenció en 2010 que la esvástica pertenece al "patrimonio cultural lituano".

Por la misma equiparación, en Rumanía una organización no puede denominarse "comunista" sin exponerse a ser considerada, "amenaza para la seguridad nacional".

El gobierno rumano prepara una ley que prohíbe actos públicos que "propaguen ideas totalitarias, es decir fascistas, comunistas, racistas o chovinistas".

En Chequia el Partido Comunista está amenazado de ilegalización por la misma idea. La situación en Polonia quedó ilustrada el pasado diciembre cuando el periodista polaco Kamil Majchrzak, redactor de Le Monde Diplomatique, una publicación de izquierdas, pidió, durante una conferencia pronunciada en Berlín, que no le hicieran fotos por estar amenazado por la extrema derecha en su país.

En Hungría, los miembros del ex partido comunista, muchos de ellos ahora en el partido socialista, podrán ser perseguidos judicialmente por "delitos comunistas" cometidos antes de 1989, de acuerdo a las nuevas normas introducidas por el gobierno de Viktor Orban.

Revanchismo nacional

El nuevo derecho electoral contemplado por Budapest para los húngaros residentes en el extranjero, es decir en primer lugar para las abultadas minorías húngaras existentes en Eslovaquia, Serbia y Rumania, es una invitación al revisionismo de las fronteras, a cuestionar el Tratado del Trianon, que, después de la Primera Guerra Mundial, restó a Hungría casi la tercera parte de su territorio.

Tal revisionismo es impensable, o muy difícil, en el cuadro de la Unión Europea, y por esa razón hay que vigilar las tendencias anti Unión Europea que comienzan a aflorar al calor de la crisis.

En Hungría, la degradación socio-económica ha liberado el sueño de la "Gran Hungría", explica el periodista y experto en cultura magiar, Bruno Ventavoli.

"Los valores de la democracia, del pluralismo, del diálogo o de la diversidad parecen superfluos, cuando en la vida cotidiana no hay dinero para hacer la compra o pagar facturas. Así nace la tentación de replegarse sobre si mismos, soñando con una Gran Hungría, aderezada con una sospecha de victimización por las heridas de la historia; desde las guerras contra los turcos a la invasión soviética, pasando por el tratado del Trianon", dice Ventavoli.

Bruselas y Budapest

En Bruselas no pasó gran cosa mientras el primer ministro húngaro, Viktor Orban, se limitaba a restringir la democracia con medidas y proyectos que atentan contra la libertad de prensa o la división de poderes, o a purgar la administración y los medios de comunicación de voces críticas y afirmar una constitución que recuerda a la época del Almirante Horthy.

El Partido Popular Europeo, al que pertenecen los partidos del gobierno de Sarkozy y Merkel, no se inmutó por ello.

El problema empezó de verdad cuando Orban apuntó medidas como: modificar el sistema fiscal, nacionalizar los fondos privados de pensiones, dar al parlamento derecho de veto sobre la legislación europea y, sobre todo, someter a su banco central al control directo del gobierno.

Fue entonces cuando Bruselas clamó que "los valores europeos" están en peligro en Hungría y comenzó a urdir, en compañía del FMI, el propósito de desplazar a Orban del gobierno.

La banca austriaca está muy expuesta en la economía húngara, que está al borde de la quiebra. Aunque Hungría no esté en el euro, esa conexión austriaca es vista con prevención.

Fraguando el tercer golpe

Pero realizar un tercer golpe de estado tecnocrático en Europa, después del griego y el italiano, es complicado, señala el diario "Népszabadság". "No es fácil destituir a un primer ministro desde el exterior cuando ha resultado electo y cuenta con dos tercios de los escaños del Parlamento, y aun lo es más si la oposición está fragilizada", observa.

Orban llegó al poder en 2010 como reacción al desencanto con una coalición de gobierno anterior encabezada por los socialistas.

Aquel desencanto también consagró al partido fascista Jobbik como tercera fuerza del país. En 2008 los socialistas y sus socios iniciaron duras medidas de ajuste y de desmonte del sector público bajo el dictado del FMI que Orban ha continuado.

El primer ministro tiene una sólida mayoría apoyando su proyecto retrógrado-populista, frente al escenario europeo, que responde a lo que la canciller alemana, Angela Merkel, define como una "democracia acorde con el mercado".

Los cien mil húngaros que salieron el 2 de enero a la calle en Budapest contra Orban, están aprisionados entre dos escenarios antidemocráticos, el nacional derechista de su gobierno y el europeo tecnocrático de Berlín y Bruselas, en muchas cosas redundantes, que disuelven ambos la democracia y la soberanía nacional.

"Además de querer conservar un régimen representativo y constitucional, las potencias occidentales y la Comisión Europea quieren que Hungría adopte una política económica que no sirve a los intereses del pueblo magiar", dice el filósofo Gáspár Miklós Tamás.

"Decepcionado en muchas ocasiones, el pueblo húngaro podría no ver en la "causa democrática" de Bruselas más que un mero adorno puesto como colofón a unas medidas de austeridad cada vez más pesadas, impuestas por las potencias occcidentales preocupadas por la estabilidad financiera", dice. Esa contradicción convierte en "muy frágil" la situación de la oposición húngara, concluye.

La extrema derecha puede liderar

"El gobierno debe repensar varias leyes, sobre todo las que conciernen a la independencia del Banco Central", señala el Financial Times Deutschland, una declaración en la que lo más significativo es ese "sobre todo".

Cuestionar la "independencia" bancaria, que no es más que servicio al sector privado y que en el caso del Banco Central Europeo condena a la eurozona a la miseria especulativa con los bonos de la deuda pública, es un peligroso precedente europeo de rebeldía y desafio a la nueva seudodemocracia europea "acorde con el mercado".

La paradoja es que ese precedente de rebeldía lo está sentando un gobierno populista con tendencia de extrema derecha, no un gobierno de izquierda. El mensaje no puede ser más claro: En Europa la crisis está creando agujeros negros.

El caso húngaro advierte, de la forma más clara, que la extrema derecha, con su desprecio al débil, su racismo, su xenofobia y su propensión al militarismo, está dispuesta a rellenar ese agujero con programas y propuestas perfectamente capaces de conquistar la calle y el liderazgo.

Rafael Poch, amigo y colaborador de SinPermiso, es el corresponsal en Berlín del diario barcelonés La Vanguardia.

La Vanguardia, 16 de enero de 2012

Traducción para www.sinpermiso.info: Betsabé García

lunes, 18 de noviembre de 2013

UE: El auge de los partidos de extrema derecha es un eco escalofriante de la década de 1930

 

 

Marine Le Pen                        Geert Wilders

 

John Palmer · · · · ·

“Un antídoto contra la extrema derecha requiere que la izquierda europea articule y desarrolle una alternativa global al estancamiento económico, la creciente disparidad de renta y riqueza y la degradación de nuestros derechos sociales, libertades civiles y derechos democráticos.”

Después de haber restado importancia a sus simpatías fascistas, la extrema derecha reaparece, después de un lavado de cara de relaciones públicas. Hay que frenarlos a tiempo.

Desde la crisis bancaria mundial en 2007, los comentaristas de todo el espectro político han predicho con toda seguridad no sólo el inminente colapso del euro, sino la implosión inevitable, más pronto que tarde, de la propia Unión Europea. Nada de ello ha ocurrido. Pero el proyecto europeo, que se inició después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, se enfrenta a la amenaza más grave de su historia. Esa amenaza se ha prefigurado escalofriantemente esta semana con el lanzamiento de una alianza pan-europea de partidos de extrema derecha, encabezada por el Frente Nacional francés y el Partido de la Libertad holandés liderados por Marine Le Pen y Geert Wilders respectivamente, que se han juramentado para acabar con "el monstruo de Bruselas".

Es evidente que el crecimiento del apoyo a los partidos de extrema derecha, anti-europeos, y contra los inmigrantes ha sido alimentado por la peor recesión mundial desde la década de 1930: el desempleo masivo y la caída de los niveles de vida, agravado por la obsesión derrotista por la austeridad de los líderes europeos. Los partidos que se escondía en las sombras, disimulando sus simpatías con el fascismo y el nazismo han reaparecido, después de haberse lavado la cara en una operación de relaciones públicas. Marine Le Pen, la dirigente del FN francés, minimiza el registro antisemita de su partido. El líder de la extrema derecha holandesa ha arado un surco ligeramente diferente, movilizando el miedo y la hostilidad no contra judíos, pero si contra los inmigrantes musulmanes. Al igual que Le Pen, Wilders esta obsesionado por una supuesta amenaza cosmopolita de la Unión Europea a la identidad nacional. Es un coro del que se hacen eco en otros países el Partido Popular danés, el Partido Finés y el Vlaams Belang flamenco, entre otros.

Los populistas franceses y holandeses están manteniendo cuidadosamente la distancia, por el momento, de partidos abiertamente neo-nazis, como Amanecer Dorado en Grecia, cuyas milicias paramilitares (Sturmabteilung) han aterrorizado a los refugiados e inmigrantes en Grecia, y a los fanfarrones húngaros de Jobbik, que acosan a la minoría romaní.

Según algunas encuestas, la extrema derecha podría ganar casi un tercio de los escaños del Parlamento Europeo en las próximas elecciones de mayo de 2014. Los partidos de centro - democristianos, socialdemócratas y liberales – seguirán teniendo muchos más eurodiputados. Pero a la hora de formar una mayoría creíble en el Parlamento Europeo, todos estos partidos podrían verse obligados a una cohabitación cuya proximidad no es precisamente lo mejor para la democracia.

Tal situación recordaría inquietantemente a 1936, cuando el centro y la izquierda - sobre todo en Francia - frenaron temporalmente el apogeo del fascismo a costa de crear una coalición sin principios e ineficaz. Su caída en vísperas de la Segunda Guerra Mundial aceleró la llegada del régimen colaboracionista de Philippe Pétain. La historia no suele repetirse de forma automática, pero sería absurdo correr el riesgo.

Más preocupante que el crecimiento de la extrema derecha son los gestos apaciguadores a los racistas y anti-inmigrantes de los principales políticos conservadores e incluso demócratas liberales y de algunos de los nuevos ideólogos populistas del "laborismo azul". La advertencia de los David Blunkett y similares de que la hostilidad hacia los inmigrantes gitanos podría dar lugar a una "explosión" popular recuerda la retórica de Enoch Powell.

Un antídoto contra la extrema derecha requiere que la izquierda europea articule y desarrolle una alternativa global al estancamiento económico, la creciente disparidad de renta y riqueza y la degradación de nuestros derechos sociales, libertades civiles y derechos democráticos. Pero esa alternativa tiene que construirse tanto a nivel nacional y local como europeo, así como, y requerirá más, no menos, integración europea.

El tiempo se agota, no sólo para los socialdemócratas europeos, sino también para la izquierda socialista en general y los verdes, para demostrar que pueden crear un contrapeso a la deriva hacia la derecha del centro. Sin el, la nueva alianza de extrema derecha sólo tiene que mantener unida y esperar su momento para atacar.

John Palmer fue el editor europeo del Guardian y fundador y director del European Policy Center.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

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